Cuando el Amor, con poderosa mano,
prendió mi pensamiento,
prometióme salud, paz y alegria;
fiéme del tirano,
y si ve mi contento,
por diverso camino se desvía;
no espere más, Amor, quien de ti fía.
¡Oh, mala rabia te atraviesse el pecho,
porque sientas un poco
de lo que siente el que por tí se huía,
tu voluntad despecho,
tu entendimiento loco,
y tu memoria como está la mía,
y vengárase, Amor, quien de ti fía!
¿Qué ley del cielo ó tierra puedes darnos,
que obliguen nuestras penas
á más de padecer en su porfía?
mas quieres obligarnos;
nuevos fueros ordenas,
que llamemos reposo la agonía.
¡Oh, desdichado, Amor, quien de ti fía!
¿Hemos por dicha visto de tu casa
salir algún pagado,
como salen quexosos cada día?
¡Oh, mano al bien escassa!
¡oh, mal aconsejado
el que se alegra con tu compañía,
y más, Amor, aquel que de ti fía!
Pone en sulcar las ondas confianza,
en seca arena siembra,
coger el viento en ancha red confía,
quien funda su esperanza,
en corazón de hembra,
qué es tu templo, tu cetro y monarquía.
¿Qué fruto espera, Amor, quien de ti fía?
El que de libre se te hace esclavo,
en tus leyes professo,
morir mejor partido le sería,
pues queda al cabo, al cabo,
pobre, enfermo, sin seso,
y arrepentidos los de su valía;
en esto para, Amor, quien de ti fía.
Buena ha estado la lisonja, dixo Silvia;
si dessa manera sobornas á todos los
que has menester, yo los doy por
desapassionados de tu gusto. Pastora,
dixo Filardo, quien me hiciesse á mí
mudar estas canciones, bien poderosa
sería. Yo sé que cualquiera entiende
cuán digno es de perdón el forzado. Cante
Pradelio, que como le hacen otro son,
podrá llevar otros tenores. Esso no se
excusa, dixo Dinarda, y tomando á Filardo
la lira la dió á Pradelio, el cual ansí
obedeció á la pastora, sin poner excusa: