ALFEO

¡Andria, contra mí se esmalta

cuanta virtud hay en tí,

donde sólo para mí

lo que sobra es lo que falta,

y porfías;

si te sigo, te desvías,

persíguesme si me guardo,

y cuando yo más me ardo

más te enfrías!

Prosiguiendo en su canción, los dos

pastores quedaron tendidos sobre la

menuda hierba, suspensos, oyendo la

diversidad de aves que cantaban junto

á sus oídos, el manso arroyo que de la

fuente salía, á cuyo son, las manos en

las mejillas, se adurmieron. Duerman,

dejémoslos, que en siendo hora, no les

faltarán amigos que los recuerden, y

cuando no lo hagan, cuidados tienen ellos

que lo sabrán hacer.

CUARTA PARTE

DEL PASTOR DE FILIDA

Possible será que una sola beldad rija y

dispense en los amores, pero dificultoso

me parece, porque no sólo sus efetos en

nosotros son contrarios, sino también en

sí mismo; poder diviso es sin duda, y sí

lo es, ¿cómo permanece? ¿hay por ventura

quien haya determinado esta contienda?

Quiza sí; pero cada uno aprobará conforme

á su voluntad, de do se deja entender que

en cada pecho nace y gobierna quien le

condena ó le absuelve, y este señor allí

mengua ó crece, como le viene la gana ó

halla nuestro sujeto. Grande es Amor,

grande sobre el poder humano; mas no se

entienda que este grande Amor es aquel

crimen del mundo injusto; que desde que

la malicia tocó en su materia baja y

vil el cendrado oro de la edad dichosa,

juntamente Amor se desterró del concurso

de las gentes, y buscó la soledad de

las selvas, contento de habitar con

los sencillos pastores, dejando en los

anchos poblados (desde los más humildes

techos hasta los resplandecientes de

oro y plata) una ponzoña incurable,

vengadora de sus injurias, que hasta hoy

permanece; luego ya se determina que en

las selvas vive Amor, y en los poblados

su ira y saña. Yo sin ninguna duda lo

creo, que puesto caso que de las incultas

plantas apenas la esperanza y el miedo

se desvían, cualquier efeto suyo puede

fundarse en razón, que menos ó más se

contradice su fuerza allí donde el Amor

se sigue con vanagloria, y es la beldad

estimada en menos que el arreo, y la

voluntad se hace precio, los celos son

invidias y pundonores, la perseverancia

tema y los servicios engaños. Imaginario

es el Amor, venganza justa del cielo,

triste del que con él mora y infinito

el número de los tristes, porque los

más moran con él. Allá se avengan y no

permita el cielo que llegue su infición

y daño á las silvestres cabañas, donde

al menos nadie finge, el celoso no es

traidor, ni el olvidado enemigo, el

querido no es engañado, ni el cohecho

hace bien ni mal. No dudo yo que en

la mayor Babilonia permita Amor algún

pecho lleno de fe y lealtad, y entre la

soledad de los campos alguna intención

dañada, para confusión de aquéllos y

ventaja de estotros; mas pocos son, y

tan pocos que por milagro se puede topar

con ellos. Bien probarán los pastores

del Tajo con su intención la mía, y bien

me acuerdo que el enamorado Filardo,

la noche antes quedó en la cabaña de

Fidea, con Silvia y Dinarda; pues agora

sabed que, recogidas las tres pastoras

después de largas y dulces pláticas, el

celoso amante, vencido del dolor que

le atormentaba, buscó á Pradelio y con

palabras graves y corteses le llevó á la

falda de un collado, lugar solo y propio

para su intención. No se receló Pradelio

de Filardo porque sabía que era noble de

corazón y de trato llano y seguro, ni

Filardo jamás pensó ofenderle, porque de

nada le tenía culpa, y junto con esso le

conocía por bastante para su defensa.

Golpeándole iba á Filardo el corazón,

y mil veces en el camino escogiera no

haberse determinado, pero ya que no se

vino en tiempo de volver atrás, lo más

sereno que pudo soltó la voz y díxole:

¿Qué has entendido siempre de mi amistad,

pastor? Hasta ahora, dijo Pradelio, no

la he probado, pero entiendo que á mí ni

á nadie la puedes hacer mala. No cierto,

dixo Filardo, pero si esso es assí, ¿por

qué me haces tanto daño? ¿Daño? dixo

Pradelio; no sé cómo. Yo te lo diré, dixo

Filardo. ¿No sabes, Pastor, que yo amo á

Filena más que á mí, y que fuí la causa

de que tú la conociesses, y después que

ella te conoce nunca más ha vuelto los

ojos á mirarme, y yo muero sin remedio,

porque sin ella me es imposible vivir?

Pues yo, pastor, dixo Pradelio, ¿qué

puedo hacer que bien te esté? Mucho,

dixo Filardo; con no verla, quitarás la

ocasión de mi tormento. ¿Qué es la causa,

dixo Pradelio, que huelgas de verla

tú? Amarla como la amo, dixo Filardo.

Pues si esso te obliga, dixo Pradelio,

la misma obligación tengo yo; y si te

parece que tú me la diste á conocer,

quiérote desengañar, que antes que tú la

conociesses la amaba yo. Basta decirlo

tú, dixo Filardo, para que yo lo crea,

Y aun para ser verdad, dixo Pradelio,

y esto nadie mejor que Filena lo puede

saber; si tienes tanta parte con ella,

que te lo diga. Por gran amiga la tengo

de aclarar dudas, y si no estás tan

adelante, no te penes, Filardo, que es

la vida breve y inhumanidad gastarla en

pesadumbres. Pastor, dixo Filardo, yo no

vengo por consejos, que valen baratos y

cómpranse muy caros. Tú te resumes en

no hacerme el gusto que te pido: Filena

haga el suyo, que quizá pararás en lo que

yo pararé. Sin duda, dixo Pradelio, tú

fuiste muy favorecido de Filena. Como tú

lo eres, dixo Filardo. ¿Pues qué se puede

hacer? dixo Pradelio. A las mujeres,

y más á las que tanto valen, amarlas

es lo más justo, y el tiempo del favor

estimarle con el alma: y si esto faltare,

como el buen labrador cultivar de nuevo,

que tierras son que tras los cardos

suelen dar el fruto. Mientras tú la

gozas, dixo Filardo, poca esperanza dél

me puede á mí quedar. Y á mí poco miedo,

dixo Pradelio, mientras que tú la deseas.

Filena, aunque moza y poco cursada en

esto, es de tan claro entendimiento y de

bondad tan natural, que lo que contigo

hizo y contigo hace, sólo le sale de

una condición afable y llana, con que

generalmente trata sus amigos, sino que

los hombres burlados de aquella llaneza,

aficionados á su hermosura, al punto

armamos torres de viento y arrojamos la

presunción por donde jamás ha passado

su pensamiento. Yo asseguro que si te

entendió que no era tu trato con ella tan

llano como el suyo contigo, essa fué la

causa de sus desdenes, y lo mismo haría

conmigo si me desviasse del camino que

ella lleva. Gracias te doy, pastor, dixo

Filardo, con la buena conclusión de tus

bienes y mis males. Si yo no hubiera

arado con Filena, maestro quedaba para

saberlo hacer. Yo nací antes que tú,

Pradelio, y moriré primero; vive en paz

con tus favores, que eres digno y muy

digno de gozarlos. En estas pláticas se

les passó la noche á los pastores, y

ya que el alba rompía, Finea y las dos

pastoras, desamparando el lecho, guiaron

á la cabaña de Filena, por complacer á

Silvia que iba intencionada de valer con

ella á Filardo en todo lo que pudiesse.

Pues como toparon á los dos pastores,

Dinarda les pidió compañía y todos cinco

caminaron; pero no le parecio á Finea

que fuessen ociosos, y vuelta á Filardo

encarecidamente le pidió que cantasse y

á Pradelio que tañesse. El lo hará todo,

dixo Pradelio. Si haré, dixo Filardo, que

_quien consigo discorda, con ninguno se

podrá templar_.

Orígenes de la novela, Tomo II · 第 383 / 605 题