SIRALVO

Ya que me faltan para dibuxaros

pincel divino y mano soberana,

y no la presunción de retrataros,

con mal cortada péñola liviana,

de mis entrañas quiero trasladaros,

donde os pintó el Amor, con tanta gana,

que, por no ser á su primor ingrato,

se quedó por alcaide del retrato.

Ricas madexas de inmortal tesoro,

cadenas vivas, cuyos lazos bellos

no se preciaron de imitar al oro,

porque apenas el oro es sombra dellos:

luz y alegría que en tinieblas lloro,

ébano fino, tales sois, cabellos,

que aunque mil muertes muera quien os mira,

_dichosa el alma que por vos sospira_.

Campo agradable, cielo milagroso,

hermosa frente, en cuyo señorío

goza la vista un Mayo deleitoso

y el corazón un riguroso Estío;

nieve, blanco jazmín, marfil precioso,

fuego, espina cruel, espejo mío,

pues la beldad en vos de sí se admira,

_dichosa el alma que por vos sospira_.

Ojos, de aquella eterna luz maestra

de donde mana estotra luz visible,

que la noche y el día, el cielo muestra,

de aquélla fuistes hechos, y es possible

ser verde el rayo de la lumbre vuestra:

para hacer vuestro poder sufrible,

ora miréis con mansedumbre ó ira,

_dichosa el alma que por vos sospira_.

Si distinto elemento el primor fuera

de la tierra, del agua, el aire, el fuego,

bella nariz, vos fuérades su esfera,

pues doquiera que estéis se halla luego

centro de la belleza verdadera,

donde la perfeción goza sossiego

y en quien naturaleza se remira,

_dichosa el alma que por vos sospira_.

Sale la esposa de Titón bordando

de leche y sangre el ancho y limpio cielo;

van por monte y por sierra matizando

oro y aljófar, rosa y lirio el suelo,

vuestra labor, mejillas, imitando,

que, llenas de beldal y de consuelo,

dicen las Gracias puestas á la mira:

_dichosa el alma que por vos sospira_.

Puede humana invención, en breve y poca

materia, dibujar parte por parte

el cielo todo, soberano boca;

mas no de vos la más pequeña parte,

ámbar, perlas, rubí, cristal de roca,

que confudido habeis ingenio y arte;

espíritu que por tal gloria respira,

_dichosa el alma que por vos sospira_.

Cuello gentil, coluna limpia y pura

por quien Amor un Hércules tornado,

por fin del Mundo y de la hermosura

sobre esse monte ilustre os ha plantado

pues en vos se remata la ventura,

y en vos sólo el deseo está amarrado,

aunque esperanza á vuelo se retira,

_dichosa el alma que por vos sospira_.

Jardín nevado, cuyo tierno fruto

dos pomas son de plata no tocada,

do las almas golosas á pie enjuto

para nunca salir hallan entrada,

que el crudo Amor, como hortelano astuto,

allí se acoge y prende allí en celada;

si á tal prisión de vuestro grado aspira,

_dichosa el alma que por vos sospira_.

Hermosa mano, rigurosa y dina

de atar las del Amor en lazo estrecho,

á cuya fuerza la mayor se inclina

y el más exento y libre paga pecho:

pues veros es bastante medicina

del corazón, por vos mil partes hecho,

siendo la mano con que Amor nos tira,

_dichosa el alma que por vos sospira_.

Donaire, gala, discreción, sujeto,

secretos solo al alma revelados,

quién fuera tan dichoso y tan discreto

que os viera encarecidos gozados;

ya que tan alto don no me prometo,

ni me conceden tanto bien los Hados,

pues todo el ser del mundo en vos espira,

_dichosa el alma que por vos sospira_.

¡Oh, cómo está el retrato boníssimo!,

dixo Florela; y sacando de la manga una

cajuela de marfil, aquí está, prosiguio,

el que hizo el lusitano: una ventaja hace

el tuyo á éste, que se puede oir sin

verse; más otra hace éste al tuyo, que se

puede conocer sin oirse. Tómale, pastor;

que en nadie del mundo estará más seguro

que en ti, y yo sé que FILIDA holgará

de que tú le tengas. A la fe, Florela,

dixo SIRALVO, como ella sabe que tengo el

original en el alma, no se recelará de

que traya el traslado en el seno. Essa

es la verdadera, dixo Florela; mas ya

ves, si alguno te lo viesse, cómo sería

caso peligroso. Descuida, pastora, dixo

Siralvo, y abriendo la caja, vido á la

luna su sol. Por gran rato estuvo elevado

en él, y cuando su turbación le dió

lugar, assí dixo, puestos en él los ojos:

Orígenes de la novela, Tomo II · 第 375 / 605 题