FILARDO

Si á tanto llega el dolor

de sospechas y recelos,

no le llame nadie celos,

sino rabia del amor.

Dolor, que siempre está verde,

aunque vos más os sequéis,

y á donde quiera que estéis,

veis presente á quien os muerde;

mal que para su rigor

se conjuran hoy los cielos,

no le llame nadie celos,

sino rabia del amor.

Pues derriba una sospecha

la vida más poderosa,

y una presunción celosa

deja una gloria deshecha,

y á fuerza de su furor

se aborrecen los consuelos,

no la llame nadie celos,

sino rabia del amor.

No valen fuerzas ni mañas

contra mal tan inhumano,

porque el hambriento gusano

que se ceba en las entrañas,

allí vierte á su sabor

sus centellas y sus hielos;

no le llame nadie celos,

sino rabia del amor.

Si deste diente tocado

debe un corazón rabiar,

nadie lo podrá juzgar

sino aquél que lo ha probado;

yo que en medio del favor

gusté tan enormes duelos,

no puedo llamarlos celos,

sino rabia del amor.

Quien tal pide que tal pague, dixo

Filardo al fin de su canción. Veis aquí,

pastora, cuál estoy, y cuál está la

lira, y cuál el canto. Assí estuviera tu

corazón, dixo Finea, que, como cantas

sin gusto, no te satisfaces á tí como

á nosotros. Pues assí te ha parecido

el pastor, págamelo en otro tanto, y

di alguna canción de las que suele

decir Filena, que, aunque poco ganoso

de hacerlo ni excusarlo, quiero ver si

hay en el mundo orejas que se muevan á

mi ruego. Las mías, dixo Finea, prestas

estarán á oirte y á obedecerte: toca

la lira, que á tu son quiero cantar.

No andaba tras esso, dixo Filardo;

mas hágase lo que quieres. Tocando el

instrumento, la serrana le acompañó

diciendo assí:

Orígenes de la novela, Tomo II · 第 372 / 605 题