Ojos que cuesta el reposo
volver á mirar con ellos,
_más valiera no tenellos_.
Ojos que saben prenderme,
pero nunca rescatarme,
osados á aventurarme,
cobardes á socorrerme;
pues no estiman el perderme
en el menor gusto dellos,
_más valiera no tenellos_.
Ojos de tan malas mañas
que, estando por veladores,
dan passo como traidores
á las banderas extrañas,
hasta las mismas entrañas
que en llanto salen por ellos,
_más valiera no tenellos_.
Ojos con quien miro y veo
que aquí consiste mi daño,
y si dicen que me engaño
muero, y digo que lo creo;
pues llevan tras el deseo
la razón por los cabellos,
_más valiera no tenellos_.
Ojos que, cuanto se piensa
en los males que se ofrecen,
por su deleite escarnecen,
sin dar otra recompensa;
pues recibe el alma ofensa
si quiero vengarme dellos,
_más valiera no tenellos_.
No pudo tanto la pastora Finea, mientras
duró el suave cantar de Belisa, que no
volviesse sus muy suaves ojos muchas
veces á los de Pradelio, que atentamente
la miraban. Pero Filardo, que cada vez
que la pastora lo hacía, como de agudo
hierro sentia traspassar su corazón con
la rabia de los celos y la fuerza del
amor, turbó su rostro y cubrióse de
sudor su frente, y sin aguardar á que
le rogassen, pidió á Sasio que tocasse
la lira, y acompañole, desta arte
lamentándose: