Cuando natura con atenta mano,
viendo el Sér soberano de do viene,
el ser que el hombre tiene y es dechado,
dó está representado, y junto todo,
quiso con nuevo modo hacer prueba
maravillosa y nueva, no del pecho,
cuyo poder y hecho á todo excede,
pero de cuánto puede y cuánto es buena
capacidad terrena en fortaleza,
en gracia, en gentileza, en cortesía,
en gala, en gallardía, en arte, en ciencia,
en ingenio, en prudencia y en conceto,
en virtud y respeto, y finalmente,
en cuanto propiamente acá en el suelo
una muestra del cielo sea possible,
con la voz apacible, el rostro grave,
como aquella que sabe cuanto muestra
su poderosa diestra y sola abarca,
invocando á la Parca cuidadosa,
«Obra tan generosa se te ofrece,
le dice, que parece menosprecio
hacer caudal y precio de otra alguna
de cuantas con la luna se renuevan,
ó con el sol se ceban y fatigan,
ó á la sombra mitigan su trabajo;
tus hombros pon debajo de mi manto,
obrador sacrosanto de tu ciencia,
y con tal diligencia luego busca
aquel copo que ofusca lo más dino,
que después del Austrino al mundo es solo;
de los rayos de Apolo está vestido
de beldad, guarnecido de limpieza,
allí acaba y empieza lo infinito,
es AVE el sobrescrito sin segundo,
á cuyo nombre el mundo se alboroza,
de MENDOZA, y MENDOZA sólo suena
donde la luz serena nos alegra,
y á do la sombra negra nos espanta;
agora te adelanta en el estilo,
y del copo tal hilo saca y tuerce,
que por más que se esfuerce en obra y pueda,
mi mano nunca exceda en otra á ésta».
Dijo Natura, y presta al mandamiento,
Lachesis, con contento y regocijo,
sacó del escondrijo de Natura
aquella estambre pura, aquel tesoro,
ciñó la rueca de oro, de oro el huso,
y como se dispuso al exercicio,
la mano en el oficio, assí á la hora
la voz clara sonora á los loores:
«Oid los moradores de la tierra
cuánta gloria se encierra en esta vida,
que hilo por medida más que humana;
aquí se cobra y gana el bien passado,
que del siglo dorado fué perdido
este bien, escogido por amparo
de bondad y reparo de los daños
que el tiempo en sus engaños nos ofrezca;
porque aquí resplandezca la luz muerta,
la verdad halla puerta y la mentira
cuchillo que la admira y nos consuela,
y la virtud espuela, el vicio freno,
en quien lo menos bueno al mundo espante:
crece, gentil INFANTE, ENRIQUE crece,
que FORTUNA te ofrece tanta parte,
no que pueda pagarte con sus dones,
pero con ocasiones, de tal suerte,
que el que quiera ofenderte ó lo intentare,
si á tu ojo apuntare el suyo saque
y su cólera aplaque con su daño;
del propio y del extraño serás visto,
y de todos bien quisto, INFANTE mío;
mas ¡ay! que el desvarío del tirano
mundo cruel, temprano te amenaza,
tan áspero fin traza á tus contentos,
que tendrás los tormentos por consuelo;
cuando el Amor del suelo lo más raro
te diere menos caro, hará trato
que tendrás por barato desta fiesta
lo que la vida cuesta; mas entiende
que si el Hado pretende darte asalto,
y que te halles falto de la gloria,
do estará tu memoria, el cielo mismo
te infundirá un abismo de cordura,
con que la desventura se mitigue,
que aunque muerte te obligue, cuando á hecho
rompa el ínclito pecho de tu padre,
de claro aguelo y madre á sentimiento,
y el duro acaecimiento que te espera
de que á tus ojos muera la luz bella,
de aquella, digo, aquella que nacida
será tu misma vida muertos ellos,
serás la Fénix dellos; crece ahora,
que ya la tierra llora por tenerte,
por tratarte y por verte y será presto».
Dijo Lachesis esto, y yo te digo,
que tú eres buen testigo en lo que ha sido,
y si en lo no venido no reposas,
esfuérzate en las cosas que te ofenden,
que en el tiempo se entienden las verdades
y el franco pecho en las adversidades.
Ganoso anduvo Mendino de oir á Sincero,
y valiérale más no haberlo hecho, porque
una vez le oyó y mil se arrepintió de
haberle oído. Imprimióse una imagen de
muerte en su corazón, que si juntamente
en él no estuviera la de Elisa, cayera
sin duda en el postrer desmayo. Cruel
fué Sincero con Mendino en afirmarle lo
que fuera possible ser tan falso como
verdadero, mas pocos hay que encubran su
saber, aunque el mostrarlo sea á costa
del amigo. Tal quedó el pastor, que no
fué poco poderse despedir del mago, que
con ofertas y abrazos salió con ellos
hasta passar el soto, donde se quedó,
y ellos volvieron á la ribera, que al
parecer de Mendino ya no era lugar de
contento, sino de profundo dolor, con
quien anduvo luchando muchos días por
no poderle excusar y por hacerlo de que
Elisa lo sintiesse. ¡Oh cuántas veces el
leal amador mostró placer en el rostro,
que en el alma era rabia y ponzoña, y
cuántas veces su risa fué rayo, que
penetraba su pecho y aun los mismos
ratos de la presencia de Elisa, que en
muerte y afrenta le fueran consuelo, le
eran allí desesperación, y así no tenía
gusto sin acibar ni trabajo con alivio!
«¿Es possible, decía, que la celestial
belleza de Elisa ha de faltar á mis
ojos, y que muerta Elisa yo podré vivir,
y mis esperanzas juntas con Elisa se
harán polvo que lleve el viento? Primero
ruego á la deidad donde todo se termina
que mude en mí la sentencia, y si no,
yo me la doy, Elisa, que ya que no sea
poderoso para que no mueras, serélo á
lo monos para no vivir». Estas y tales
razones decía Mendino á solas con la
boca, y acompañado con el corazón, y
Elisa, inocente destos daños, siempre
se ocupaba en agradarle y engañar á
Galafrón, como Mendino á Filis. Tres
veces se vistió el Tajo de verdura, y
otras tantas se despojó della, en tanto
que Elisa sin sobresalto, y Mendino
siempre con él, gozaron de la mayor fe
y amor que jamás cupo en dos corazones
humanos, y al principio del tercero
invierno, cuando el fresno de hoja y
el campo de hermosura, juntamente se
despojó de vida el corazón de Mendino no
olvidado, no celoso ni ausente menos que
del alma, porque adoleció Elisa de grave
enfermedad é inútiles los remedios de
la tierra, aquella alma pura, buscando
los celestiales, desamparó aquel velo de
tan soberana natural belleza, dejando
un dolor universal sobre la haz del
mundo y una ventaja de todo en el pecho
del sin ventura pastor, que aun para
quejarse no le quedó licencia, solo
por la soledad de los montes buscaba á
Elisa, y en lágrimas sacaba su corazón
por los ojos; allí, con aquellas peñas
endurecidas, comunicaba su terneza, y en
ellas mismas ponía sentimiento. Con él
lloraron SIRALVO, Castalio y Coridón. Con
él lloraron los montes y los ríos; con él
las ninfas y pastoras, mas nadie sentía
que él lloraba. Gran pérdida fué aquélla,
y grande el dolor de ser perdida, y
muchos los que perdieron. Esto se pudo
ver por las majadas de Sileno, donde no
quedó pastor que no llorasse y gimiese,
y desamparando las cubiertas cabañas,
passaban la nieve y el granizo por los
montes las noches, y por los yermos los
días, mayormente en el lugar do fué Elisa
sepultada, en una gran piedra coronada
de una alta pirámide, á la sombra de
algunos árboles, y á la frescura de
algunas fuentes, todos los rabadanes,
pastoras y ninfas de más estima cubrieron
sus frentes con dolor y bañaron con
lágrimas sus mejillas en compañía del
anciano padre, donde Mendino, que más
sentía, era quien menos lo mostraba,
por el decoro de Elisa y el estorbo de
Filis, y así apartado, donde de nadie
podía ser visto ni oído, satisfacía á
su voluntad en lágrimas sin medida y en
quexas sin consuelo; y cuando el bravo
dolor le daba alguna licencia, cantaba en
vez de llorar, y peor era su canto que si
llorara, que cuando el triste canta, más
llora, y más MENDINO, que desta suerte
cantaba: