Si me hallasse en Indias de contento,
y descubriesse su mayor tesoro
en el lugar donde tristeza ó lloro
jamás hubiessen destemplado el viento;
Donde la voluntad y el pensamiento
guardassen siempre al gusto su decoro,
sin ti estaría, sin ti que sola adoro,
pobre, encogido, amargo y descontento.
¿Pues qué haré donde contino suenan
agüeros tristes de presente daño,
propio lugar de miserable suerte;
Y adonde mis amigos me condenan,
y es el cuchillo falsedad y engaño,
y tú el verdugo que me das la muerte?
Con el postrero acento de Filardo abrió
el mago una pequeña puerta, y con aspecto
grave y afables razones los saludó y
convidó á su cueva. Pues como fuesse
aquello á lo que venían, fácilmente
acetaron, y por una tabla que el mago
tenía en el fosso, que sería de quince
pies en largo, hecha á la propia medida,
passaron allá y entraron en aquel lugar
inculto, donde lo que hay menos que ver
es el dueño. Aquí en estas peñas cavadas
solo vivo y solo valgo, y aunque no á
todos comunico mi pecho, bien sé, nobles
pastores, que sois dignos de amor y
reverencia; mas vos, Coridón ausente, y
vos, Filardo olvidado, perdonaréis por
ahora, y vos, Mendino, oid quién sois
y lo que de vos ha sido y será, que
dichoso es el hombre que sabe sus daños
para hacerles reparo y sus bienes para
alegrarse en ellos; y viendo que Mendino
le prestaba atención, en estas palabras
soltó su voz el mago: