FILARDO

Vuestra beldad, vuestro valor, pastora,

contrarios son al que su fuerza trata,

que si la hermosura le enamora,

la gravedad de la ocasión le mata;

los contentos del alma que os adora,

el temor los persigue y desbarata,

lucha mi amor y mi desconfianza,

crece el deseo y mengua la esperanza.

Los venturosos ojos del que os mira,

os juzgan por regalo del tormento,

y el alma triste que por vos suspira,

por rabia y perdición del pensamiento;

essa beldad que al corazón admira,

esse rigor que atierra el sufrimiento,

poniéndonos el seso en su balanza,

sube el deseo y baja la esperanza.

Aunque me vi llegado al fin de amaros,

ningún medio hallé de enterneceros,

que como fué forzoso el desearos,

lo fué el desconfiar de mereceros;

el que goza la gloria de miraros

y padece el dolor de conoceros,

conocerá cuán poco bien se alcanza,

rey el deseo, esclava la esperanza.

Si propia obligación de hermosura

es mansedumbre al alma que la estima,

y al fuerte do razón más assegura,

tantos peligros voluntad arrima,

vaya para menguada mi ventura,

pues lo más sano della me lastima;

mas si holgáis de ver mi mala andanza,

viva el deseo y muera la esperanza.

Bien muestra Amor su mano poderosa,

pero no justiciera en mi cuidado,

atando una esperanza tan medrosa

al yugo de un deseo tan osado,

que en cuanto aquél pretende, puede y osa,

ella desmedra, teme y cae al lado,

que mal podrán hacer buena alianza

fuerte el deseo y débil la esperanza.

La tierna planta que, de flores llena,

el bravo viento coge sin abrigo,

bate sus ramas y en su seno suena,

llévala y torna, y vuélvela consigo,

siembra la flor ó al hielo la condena,

piérdese el fruto, triunfa el enemigo;

sin más reparo y con mayor pujanza

persigue mi deseo á mi esperanza.

Cantó Filardo, y Mendino quedó de su

canción muy lastimoso. Coridón no, que

estaba ausente de su bien, y cuantos

males no eran de ausencia le parecían

fáciles de sufrir. Cada uno siente su

dolor, y el de Filardo no era de olvidar

que era de olvido, y ahora, después de

haber alabado su cantar tan igual en

la voz y el arte, los tres pastores se

metieron en largas pláticas de diversas

cosas, y la última fué la ciencia de la

Astrología, que grandes maestros della

había en el Tajo; allí estaba el grave

Erión, de quien después trataremos; el

antiguo Salcino, el templado Micanio,

con otros muchos de igual prueba; mas

entre todos, Filardo alabó el gran saber

de Sincero, y la llaneza y claridad con

que oía y daba sus respuestas: por esto

le dió gran gana á Mendino de verse con

Sincero, que muchos días había deseado

saber á dónde llegaba el arte destos

magos; y como Filardo dijo que sabía

su morada, los tres se concertaron de

buscarle el día siguiente, antes que el

Sol estorbasse su camino, con lo cual

tomaron el de sus cabañas, donde cada uno

á su modo passó el día y la noche, y ya

que el alba y el cuidado del concierto

desterraron el sueño, Coridón y Filardo

buscaron á Mendino, cuando él salía de

sus cabañas á buscarlos, y escogiendo la

vía más breve y menos agra passaron el

monte, y á dos millas que por selvas y

valles anduvieron, en lo más secreto de

un espesso soto hallaron un edificio de

natura, á manera de roca, en una peña

viva, cercado de dos brazas de fosso de

agua clara hasta la mitad de la hondura;

aquí quiso Filardo merecer la entrada,

y sentado sobre la hierba sacó la lira,

á cuyo son con este soneto despertó á

Sincero:

Orígenes de la novela, Tomo II · 第 357 / 605 题