Pastora, tus ojos bellos,
mi cielo puedo llamallos,
pues en llegando á mirallos
se me passa el alma á ellos.
Ojos cuya perfección
desprecia humanos despojos,
los ojos los llamen ojos,
que el alma sabe quién son.
Pastora, la fuerza dellos
por espejo hace estimallos,
pues viene junto el mirallos
y el passarse el alma á ellos.
Muchas cosas dan señal
desta verdad sin recelo,
que tus ojos son del cielo
y su poder celestial.
Pastora, pues sólo vellos
fuerza el corazón á amallos,
y la gloria de mirallos
á passarse el alma á ellos.
Elisa fué en quien menos Galafrón puso
los ojos mientras duró su canto, y aun
ella la que menos estuvo en él: pero
todos conocieron el recato del pastor
y el desdén de la pastora, y no osando
alabarle á él por ella ni hablarle á ella
en él, todos callaban, hasta que Mendino,
al son de un rabel, con esta canción
rompió el silencio: