Ojos, que mayor lumbre habéis ganado
mirando el sol que alumbra en vuestro día,
pensamiento en mil bienes ocupado,
corazón, aposento de alegría:
sino quisiera verme, ni pensado
hubiera en me querer, Belisa mía,
tuviera por dichosa y alta suerte
mirar, pensar y amar hasta la muerte.
Ya quería Syreno replicar á la respuesta
de Arsileo, cuando EUGERIO le atajó y
dijo: Pastores, pues habéis de recebir
el premio de mi mano, razón será que el
cantar sea de la suerte que á mi más me
contenta. Canta tú primero, Syreno, todos
los versos que tu Musa te dictare, y
luego tú, Arsileo, dirás otros tantos ó
los que te paresciere. Plácenos, dijeron,
y Syreno comenzó assí: