Tauriso, el fresco viento, que alegrándonos
murmura entre los árboles altíssimos,
la vista y los oídos deleitándonos;
Las chozas y sombríos ameníssimos;
las cristalinas fuentes, que abundancia
derraman de licores sabrosíssimos;
La colorada flor, cuya fragrancia
á despedir bastara la tristicia,
que hace al corazón más fiera instancia:
No vencen la braveza y la malicia
del crudo rey, tan áspero y mortífero,
cuyo castigo es pura sin justicia.
Ningún remedio ha sido salutífero
á mi dolor, pues siempre enbraveciéndose
está el veneno y tóxico pestífero.