Junto á la clara fuente,
sentada con su esposo
la pérfida Diana estaba un día,
y yo á mi mal presente
tras un jaral umbroso,
muriendo de dolor de lo que vía:
él nada le decía,
mas con mano grossera
trabó la delicada
á torno fabricada,
y estuvo un rato assí, que no debiera;
y yo tal cosa viendo,
de ira mortal y fiera envidia ardiendo.