BERARDO

Antes que el sol, dejando el hemisphero,

caer permita en hierbas el rocío,

tú, simple oveja, y tú, manso cordero,

prestad grata atención al canto mío.

No cantaré el ardor terrible y fiero,

mas el mortal temor helado y frío,

con que enfrena y corrige el alma insana

la angélica hermosura de Diana.

Orígenes de la novela, Tomo II · 第 290 / 605 题