Pues ya se esconde el sol tras las montañas,
dejad el pasto, ovejas, escuchando
las voces roncas, ásperas y extrañas
que estoy sin tiento ni orden derramando.
Oid cómo las míseras entrañas
se están en vivas llamas abrasando
con el ardor que enciende en la alma insana
la angélica hermosura de Diana.