_Glosa._
Qué tiempos, que mouimientos,
qué caminos tan estraños,
qué engaños, qué desengaños,
qué grandes contentamientos
nasçieron de tantos daños:
todo lo sufre vna fe
y un buen amor lo assegura,
y pues que mi desuentura,
ya de enfadada se fue,
ven, ventura, uen y dura.
Sueles, ventura, mouerte
con ligero mouimiento,
y si en darme este contento
no ymaginas tener fuerte,
más me uale mi tormento;
que si te vas al partir,
falta el seso y la cordura:
mas si para estar segura
te determinas venir,
ven, ventura, uen y dura.
Si es en uano mi uenida,
si acaso biuo engañado,
que todo teme vn cuytado,
no fuera perder la uida
consejo más açertado?
o temor, eres estraño,
siempre el mal se te figura,
mas ya que en tal hermosura
no puede caber engaño,
ven, ventura, uen y dura[1265].
Qvando Belisa oyó la musica de su
Arsileo, tan gran alegría llegó a su
coraçon, que sería imposible sabello
dezir, y acabando de todo punto de
dexar la tristeza que el alma le tenía
occupada, de adonde procedia su hermoso
rostro no mostrar aquella hermosura de
que la naturaleza tanta parte le auia
dado, ni aquel ayre y graçia, causa
prinçipal de los sospiros del su Arsileo,
dixo con vna tan nueua graçia y hermosura
que las Nimphas dexó admiradas: Esta sin
duda es la boz del mi Arsileo, si es
verdad, que no me engaño en llamarle mío.
Quando el pastor vio delante de sus ojos
la causa de todos sus males passados, fue
tan grande el contentamiento que reçibió,
que los sentidos, no siendo parte para
conprehendelle en aquel punto, se le
turbaron de manera que por entonçes no
pudo hablar. Las Nimphas sintiendo lo
que en Arsileo auio causado la vista de
su pastora, se llegaron a él a tiempo
que suspendiendo el pastor por vn poco
lo que el contentamiento presente le
causaua, con muchas lagrimas dezia: O
pastora Belisa, con qué palabras podré yo
encaresçer la satisfacçion que la fortuna
me ha hecho de tantos y tan desusados
trabajos, como a causa tuya, he passado?
O quién me dara un coraçon nueuo, y no
tan hecho a pesares como el mío, para
reçebir vn gozo tan estremado, como el
que tu uista me causa? O fortuna, ni yo
tengo más que te pedir, ni tú tienes más
que darme. Sola una cosa te pido. Ya que
tienes por costumbre, no dar a nadie
ningun contento estremado, sin dalle
algun disgusto en cuenta dél, que con
pequeña tristeza, y de cosa que duela
poco, me sea templada la gran fuerça de
la alegria, que en este dia me diste: O
hermosas Nimphas, ¿en cuyo poder auia
de estar tan gran thesoro, sino en el
vuestro, adonde pudiera él estar mejor
empleado? Alegrense vuestros coraçones
con el gran contentamiento, que el mio
resçibe: que si algun tiempo quesistes
bien, no os paresçerá demasiado. O
hermosa pastora, por qué no me hablas?
ha te pesado por ventura de ver al tu
Arsileo? ha turbado tu lengua, el pesar
de auello uisto, o el contentamiento de
velle? Respondeme, porque no sufre lo
que te quiero yo estar dudoso de cosa
tuya? La pastora entonçes le respondio:
muy poco sería el contento de verte (o
Arsileo) si yo con palabras pudiesse
dezillo. Contentate con saber el extremo
en que tu fingida muerte me puso, y por
él verás la gran alegria en que tu vida
me pone. Y viniendole a la pastora, al
postrero punto destas palabras, las
lagrimas a los ojos, calló lo mas que
dezir quisiera: a las quales las Nimphas
enternesçidas de las blandas palabras que
los dos amantes se dezian, les ayudaron.
Y porque la noche se les açercaua, se
fueron todos juntos hazia la casa de
Feliçia, contandose vno a otro lo que
hasta alli auian passado. Belisa preguntó
a Arsileo por su padre Arsenio: y el
respondio que en sabiendo que ella era
desaparesçida, se auia recogido en una
heredad suya, que está en el camino, a
do biue con toda la quietud posible, por
auer puesto todas las cosas del mundo
en oluido, de que Belisa en extremo se
holgó, y assi llegaron en casa de la
sábia Feliçia donde fueron muy bien
reçebidos. Y Belisa le besó muchas vezes
las manos, diziendo que ella auia sido
causa de su buen suçesso, y lo mismo hizo
Arsileo, a quien Feliçia mostro gran
voluntad de hazer siempre por él lo que
en ella fuesse.
_Fin del quinto libro._