[1254] V., _angusta_.
[1255] M., _venir_.
[1256] En la edición de Milán se intercalan aquí las cuatro octavas
siguientes:
A Plania Lampuñana más hermosa
que l' hermosura misma, y más perfeta,
mirad, pastores, y vereis la cosa
que más animos rinde y los subjeta.
Mirad por una parte quán graçiosa,
por otra ved quán grave y quán discreta:
y vereis de las partes hecho un todo,
que a todas las del mundo exçede el modo.
Aquella clara luz que rresplandeçe
de modo que el sol huye y se le esconde,
doña Artemisa es sola, qu'engrandeçe
la insigne y alta cosa de Vizconde.
La flor de Italia es ella y quien mereçe
estar adonde está: que bien rresponde
linaje a hermosura y gentileza
y a quanto pudo dar naturaleza
Mirad Barbara Estanga, a quien s'inclina
no solo Amor, sino Minerva y Marte,
donde hay tanta beldad que s'imagina
que solo paró alli natura y arte:
su discreçion, su platica divina
para escreuilla soi muy poca parte:
ni bastan las çien lenguas de la fama
para saber loar tan alta dama.
¿Quién es aquella fénis do ha mostrado
su fuerza y su poder naturaleza?
¿Quién es la que hoy al mundo ha despojado
de gran valor, virtud, bondad, grandeza?
¿Quién es esta, dezid, do se han sumido
la hermosura, graçia y gentileza?
Doña Luisa de Lugo y de Mendoza
a quien la poca edad no haze moza.
[1257] Falta el _más_ en la edición de Milán.
[1258] _Le_ en la edición de Milán.
[1259] En la edición de Milán termina aquí el libro 4.º con estas
palabras: «Y acabando de çenar, y tomando liçençia de la sabia Feliçia,
se fué cada uno al aposento que aparejado le estaba».
Falta, por consiguiente, toda la historia de Abindarráez, que es
adición, hecha en ediciones posteriores á la muerte de Jorge de
Montemayor.
LIBRO QUINTO
DE LA DIANA DE GEORGE DE MONTEMAYOR
Otro dia por la mañana, la sábia
Felicia leuantó, y se fue al aposento
de Felismena, la cual halló acabandose
de vestir, no con pocas lagrimas,
paresçiendole cada hora de las que alli
estaua mil años. Y tomandola por la mano,
se salieron a vn corredor que estaua
sobre el jardin, adonde la noche antes
hauian çenado, y hauiendole preguntado la
causa de sus lagrimas, y consolandola con
dalle esperança que sus trabajos aurian
el fin que ella deseaua, le dixo: Ninguna
cosa hay oy en la vida más aparejada
para quitalla a quien quiere bien, que
quitalle con esperanças inçiertas el
remedio de su mal: porque no ay hora,
en quanto desta manera biue, que no le
parezca tan espaçiosa quanto las de
la vida son apressuradas. Y porque mi
desseo es, que el nuestro se cumpla, y
despues de algunos trabajos, consigays
el descanso que la fortuna os tiene
prometido, uos partireys desta uuestra
casa, en el mismo habito en que veniades,
quando a mis Nimphas defendistes de
la fuerça que los fieros saluages les
querian hazer. Y tened entendido, que
todas las vezes que mi aiuda y fauor os
fuera neçessario, lo hallareys sin que
ayays menester embiarmelo a pedir: assi
que (hermosa Felismena) vuestra partida
sea luego, y confiad en Dios que vuestro
desseo aurá buen fin: porque si yo de
otra suerte lo entendiera, bien podeys
creer, que no me faltarán otros remedios
para hazeros mudar el pensamiento, como
a algunas personas lo he hecho. Muy
grande alegria reçibio Felismena, de
las palabras, que la sábia Feliçia le
dixo, a las quales respondio: No puedo
alcançar (discreta señora) con qué
palabras podria encaresçer, ni con qué
obras podria seruir la merçed que de vos
reçibo. Dios me llegue a tiempo en que la
experiençia os dé a entender mi desseo.
Lo que mandays pondre yo luego por obra,
lo cual no puede dexar de suçederme muy
bien: siguiendo el consejo de quien para
todas las cosas sabe dallo tan bueno. La
sabia Feliçia la abraçó, diziendo: yo
espero en Dios, hermosa Felismena, de
veros en esta casa con más alegria de la
que lleuais. Y porque los dos pastores
y pastoras nos estan esperando, razon
será que vaya a dalles el remedio que
tanto an menester. Y saliendose ambas a
dos a vna sala hallaron a Syluano, y a
Sireno, y a Belisa, y a Seluagia, que
esperandolos estauan, y la sábia Feliçia
dixo a Felismena: Entretened (hermosa
señora) nuestra compañia entre tanto que
yo uengo: y entrandole en un aposento, no
tardó mucho en salir, con dos uasos en
las manos de fino cristal con los pies de
oro esmaltados, y llegandose a Sireno, le
dixo: Oluidado pastor, si en tus males
uuiera otro remedio, si no este, yo te
lo[1260] buscara con toda diligençia
possible, pero ya que no puedes gozar de
aquella que tanto te quiso, sin muerte
agena, y está este en mano de solo Dios,
es menester que reçibas otro remedio
para no dessear cosa que es imposible
alcançalla. Y tú, hermosa Seluagia, y
desamado Syluano, tomad esse uaso, en
el qual hallareys grandissimo remedio
para el mal passado, y prinçipio para
grandissimo contento: del qual uosotros
estays bien descuydados. Y tomando el
uaso, que tenía en la mano yzquierda, le
puso en la mano a Sireno, y mandó que
lo beuiesse, y Sireno lo hizo luego,
y Seluagia y Syluano beuieron ambos
el otro: y en este punto cayeron todos
tres en el suelo adormidos, de que no
poco se espantó Felismena, y la hermosa
Belisa, que alli estaua, a la qual dixo
la sábia Feliçia: no te desconsueles (o
Belisa) que aun yo espero de uerte tan
consolada como la que más lo estouiere.
Y hasta que la uentura se canse de
negarte el remedio que para tan graue
mal as menester, yo quiero que quedes
en mi conpañia. La pastora le quiso
besar las manos por ello, Feliçia no
lo consintio: mas antes la abraçó,
mostrandole mucho amor. Felismena estaua
espantada del sueño de los pastores,
y dixo a Feliçia: paresçe me, señora,
que si el descanso destos pastores está
en dormir, ellos lo hazen de manera,
que biuiran los más descansados del
mundo. Feliçia le respondio: No os
espanteys desso: porque el agua que
ellos beuieron, tiene tal fuerça ansi la
una, como la otra, que todo el tiempo
que yo quisiere, dormiran, sin que
baste ninguna persona a despertallos. Y
para que ueays si esto es ansi, prouá
a llamarlo. Felismena llegó entonces a
Syluano, y tirándole por vn braço, le
començo a dar grandes bozes, las quales
aprouecharon tanto, como si las diera
a un muerto: y lo mismo le auino con
Sireno y Seluagia, de lo que Felismena
quedó assaz marauillada. Feliçia le dixo:
pues más os marauillareys despues que se
despierten, porque uereys una cosa la más
estraña que nunca imaginastes; y porque
me paresçe que el agua deue auer obrado
lo que es menester, yo quiero despertar,
y estad atenta, porque oyreys marauillas.
Y sacando un libro de la manga, se llegó
a Sireno: y en tocandole con él sobre la
cabeça, el pastor se leuantó luego en pie
con todo su juyzio, y Feliçia le dixo:
Dime, Sireno, si acaso uiesses la hermosa
Diana con su esposo, y estar los dos con
todo el contentamiento del mundo riendose
de los amores que tú con ella auias
tenido, qué harias? Sireno respondio: Por
çierto señora, ninguna pena me darian,
antes les ayudaria a reyr de mis locuras
passadas. Feliçia le replicó: ¿y si acaso
ella fuera ahora soltera y se quisiera
casar con Syluano y no contigo, qué
hiziera? Sireno le respondio: yo mismo
fuera el que tratara de conçertallo. ¿Qué
os parece (dixo Feliçia contra Felismena)
si el agua sabe desatar los nudos, que
este peruerso de amor haze? Felismena
respondio: jamas, pudiera creer yo, que
la sçiençia de una persona humana pudiera
llegar a tanto como esto. Y boluiendo á
Sireno, le dixo: ¿qué es esto, Sireno?
Pues las lagrimas y sospiros con que
manifestauas tu mal, tan presto se an
acabado? Sireno le respondio: pues que
los amores se acabaron, no es mucho
que se acabase lo que ellos me hazian
hazer. Felismena le boluio a dezir: ¿y
que es possible, Sireno, que ya no
quieres bien más a Diana? El mismo bien
le quiero (dixo Sireno) que os quiero a
uos, y a otra qualquiera persona, que
no me aya offendido. Y viendo Feliçia
quán espantada estaua Felismena de la
subita mudança de Sireno, le dixo:
Con esta mediçina curara yo, hermosa
Felismena, vuestro mal, y el vuestro,
pastora Belisa, si la fortuna, no
os tuuiera guardadas para muy mayor
contentamiento de lo que fuera ueros
en nuestra libertad. Y para que ueays
quán differentemente ha obrado en
Syluano y en Seluagia la mediçina
bien será despertarlos, pues basta lo
que han dormido. Y poniendo el libro
sobre la cabeça a Siluano se leuantó,
diziendo: ¡O hermosa Seluagia, quán gran
locura ha sido, auer empleado en otra
parte el pensamiento despues que mis
ojos te uieron! ¿Qué es esso Syluano,
dixo Feliçia, teniendo tan presto el
pensamiento en tu pastora Diana, tan
subitamente le pones ahora en Seluagia?
Syluano le respondio: Discreta señora,
como el nauio anda perdido por la mar sin
poder tomar puerto seguro, ansi anduuo mi
pensamiento en los amores de Diana todo
el tiempo que la quise bien, mas agora he
llegado a un puerto, donde plega a Dios
que sea tan bien recebido, como el amor
que yo le tengo lo meresçe. Felismena
quedó tan espantada del segundo genero
de mudança que uio en Syluano, como del
primero que en Sireno auia uisto, y
dixole riendo: pues qué hazes, que no
despiertas a Seluagia, que mal podra oyr
tu pena una pastora que duerme? Siluano
entonces tirandole del braço le començo
a dezir a grandes bozes: Despierta,
hermosa Seluagia, pues despertaste mi
pensamiento del sueño de las ignorancias
passadas. Dichoso yo, pues la fortuna me
ha puesto en el mayor estado que se podia
dessear: ¿qué es esto, no me oyes, o no
quieres responderme? Cata que no suffre
el amor que te tengo, no ser oydo. O
Seluagia, no duermas tanto, ni permitas
que tu sueño sea causa que el de la
muerte dé fin á mis dias. Y viendo que
no aprouechaua nada llamarla, començo a
derramar lagrimas en tan gran abundançia,
que los presentes no pudieron dexar de
ayudalle, mas Feliçia dixo: Syluano
amigo, no te afflijas, que yo haré que
responda Seluagia, y que la respuesta sea
tal, como tú desseas; y tomandole por la
mano, le metio en un aposento, y le dixo:
No salgas de ay, hasta que te llame.
Y luego boluio a do Seluagia estaua,
y tocandola con el libro despertó,
como los demas auian hecho. Feliçia le
dixo: Pastora, muy descuydada duermes.
Seluagia respondio: Señora, qué es del
mi Syluano? no estaua él junto conmigo?
Ay Dios, quién me lo lleuó de aqui? Si
boluiera? Y Feliçia le dixo. Escucha,
Seluagia, que paresçe que desatinas: as
de saber que el tu querido Alanio está
a la puerta, y dize que ha andado por
muchas partes perdido, en busca tuya, y
trae liçençia de su padre para casarse
contigo. Essa liçençia (dixo Seluagia)
le aprouechará a él muy poco, pues no
la tiene de mi pensamiento. Syluano
qué es dél? Adonde está? Pues como el
pastor Syluano oyó hablar a Seluagia, no
pudo suffrir sin salir luego á la sala
donde estaua, y mirandose los dos con
mucho amor, lo confirmaron tan grande
entre sí, que sola la muerte bastó para
acaballo, de que no poco contentamiento
reçibio Sireno, y Felismena, y aun la
pastora Belisa. Feliçia les dixo: Razon
será, pastores y hermosa pastora, que
os boluays a vuestros ganados, y tened
entendido que mi fauor jamas os podra
faltar, y el fin de vuestros amores
será quando por matrimonio cada uno
se ayunte con quien dessea. Yo terné
cuydado de auisaros, quando sea tiempo,
y vos (hermosa Felismena) aparejaos
para la partida, porque mañana cumple
que partays de aqui. En esto entraron
todas las Nimphas por la puerta de la
sala, las cuales ya sabian el remedio
que la sábia Feliçia auia puesto en
el mal de los pastores: de lo cual
reçibieron grandissimo plazer, mayormente
Dorida, Cinthia, y Polidora: por auer
sido ellas la principal ocasion de su
contentamiento. Los dos nueuos enamorados
no entendian en otra cosa, sino en
mirarse uno a otro, con tanta afecçion
y blandura como si uuiera mil años que
vuieran dado prinçipio a sus amores. Y
aquel dia estuuieron alli todos, con
grandissimo contentamiento, hasta que
otro dia de mañana, despidiendose los
dos pastores, y pastora, de la sábia
Feliçia, y de Felismena, y de Belisa, y
assi mismo de todas aquellas Nimphas,
se boluieron con grandissima alegria
a su aldea, donde aquel mismo dia
llegaron. Y la hermosa Felismena que
ya aquel dia se auia uestido en trage
de pastora, despidiendose de la sábia
Feliçia, y siendo muy particularmente
auisada de lo que auia de hazer, con
muchas lagrimas la abraçó, y acompañada
de todas aquellas Nimphas, se salieron
al gran patio, que delante de la puerta
estaua, y abraçando a cada vna por
si, se partio por el camino donde la
guiaron. No yua sola Felismena este
camino, ni aun sus imaginaciones la
dauan lugar a que lo fuesse, pensando
yua en lo que la sábia Feliçia le auia
dicho, y por otra parte considerando
la poca ventura que hasta alli auia
tenido en sus amores, le hazia dudar de
su descanso. Con esta contrariedad de
pensamientos yua lidiando, los quales
aun que por vna parte la cansauan, por
otra la entretenian, de manera que no
sentia la soledad del camino. No vuo
andado mucho por en medio de vn hermoso
valle, quando a la cayda del Sol, vio
de lexos vna choça de pastores, que
entre vnas enzinas estaua a la entrada
de vn bosque, y persuadida de la hambre,
se fue hazia ella, y tambien porque la
fiesta començaua de manera que le seria
forçado passalla debaxo de aquellos
arboles. Llegado a la choça, oyó que vn
pastor dezia a vna pastora que cerca
dél estaua assentada: No me mandes,
Amarilida, que cante, pues entiendes
la rayon que tengo de llorar todos los
dias que el alma no desampare estos
cansados miembros; que puesto caso que
la musica es tanta parte para hacer
acresçentar la tristeza del triste,
como la alegria del que más contento
biue, no es mi mal de suerte, que pueda
ser disminuydo, ni accresçentado, con
ninguna industria humana. Aqui tienes
tu çampoña, tañe, canta, pastora, que
muy bien lo puedes hazer: pues que[1261]
tienes el coraçon libre y la voluntad
essenta de las subiecçiones de amor. La
pastora le respondio: no seas, Arsileo,
auariento de lo que la naturaleza con
tan larga mano te ha conçedido: pues
quien te lo pide sabra complazerte en lo
que tú quisieres pedille. Canta si es
possible aquella cançion que a petiçion
de Argasto heziste, en nombre de tu
padre Arsenio, quando ambos seruiades
a la hermosa pastora Belisa. El pastor
le respondio: Estraña condiçion es
la tuya (o Amarilida) que siempre me
pides que haga lo que menos contento
me da. ¿Qué haré que por fuerça he de
complazerte, y no por fuerça, que assaz
de mal aconsejado seria quien de su
voluntad no te siruiesse? Mas ya sabes
cómo mi fortuna me va a la mano, todas
las vezes que algun aliuio quiero tomar:
o Amarilida, viendo la razon que tengo
de estar contino llorando me mandas
cantar? Por qué quieres ofender a las
ocasiones de mi tristeza? Plega a Dios
que nunca mi mal vengas a sentillo en
causa tuya propia, porque tan a tu costa
no te informe la fortuna de mi pena. Ya
sabes que perdi a Belisa, ya sabes que
biuo sin esperanza de cobralla: por qué
me mandas cantar? Mas no quiero que me
tengas por descomedido, que no es de mi
condiçion serlo con las pastoras á quien
todos estamos obligados a complazer. Y
tomando un rabel, que çerca de sí tenía,
le començo a templar, para hazer lo que
la pastora le mandaua. Felismena que
açechando estaua oyó muy bien lo que
el pastor y pastora passauan: quando
vio que hablauan en Arsenio y Arsileo,
seruidores de la pastora Belisa, a los
cuales tenía por muertos, segun lo que
Belisa auia contado a ella, y a las
Nimphas y pastores, quando en la cabaña
de la isleta la hallaron, uerdaderamente
penso lo que veya ser alguna vision, o
cosa de sueño. Y estando atenta, uio como
el pastor començo a tocar el rabel tan
diuinamente, que paresçia cosa del cielo:
y auiendo tañido vn poco, con vna boz
más angelica, que de hombre humano, dio
prinçipio a esta cançion:
¡Ay vanas esperanças, quantos dias
anduue hecho sieruo de vn engaño,
y quán en vano mis cansados ojos
con lagrimas regaron este valle!
pagado me an amor y la fortuna,
pagado me an, no sé de qué me quexo.
Gran mal deuo passar, pues yo me quexo,
que hechos á sufrir estan mis ojos
los trances del amor, y la fortuna:
¿sabeys de quien me agrauio? de un engaño
de una cruel pastora deste valle,
do puse por mi mal mis tristes ojos.
Con todo mucho deuo yo a mis ojos,
aunque con el dolor dellos me quexo,
pues ui por causa suya en este valle,
la cosa más hermosa que en mis dias,
jamas pense mirar, y no me engaño:
preguntenlo al amor y la fortuna.
Aunque por otra parte la fortuna,
el tiempo, la ocasion, los tristes ojos,
el no estar reçeloso del engaño,
causaron todo el mal de que me quexo:
y ansi pienso acabar mis tristes dias,
contando mis passiones a este valle.
Si el rio, el soto, el monte, el prado, el valle,
la tierra, el cielo, el hado, la fortuna,
las horas, los momentos, años, dias,
el alma, el coraçon, tambien los ojos,
agrauian mi dolor, quando me quexo,
¿por qué dizes pastora que me engaño?
Bien sé que me engañé, más no es engaño,
porque de auer yo uisto en este ualle
tu estraña perfecçion, jamas me quexo,
sino de ver que quiso la fortuna
dar a entender a mis cansados ojos,
que allá uernia el remedio tras los dias.
Y son pasados años, meses, dias,
sobre esta confiança y claro engaño:
cansados de llorar mis tristes ojos,
cansado de escucharme el soto, el valle,
y al cabo me responde la fortuna,
burlandose del mal de que me quexo.
¿Mas o triste pastor, de qué me quexo,
si no es de no acabarse ya mis dias?
¿por dicha era mi esclaua la fortuna?
¿halo ella do pagar, si yo me engaño?
¿no anduuo libre, essento en este ualle?
¿quién me mandaua a mi alçar los ojos?
¿Mas quién podra tambien domar sus ojos
o cómo biuire si no me quexo,
del mal que amor me hizo en este ualle?
mal aya un mal que dura tantos dias,
mas no podra tardar, si no me engaño,
que muerte no dé fin a mi fortuna.
Venir suele bonanças tras fortuna,
mas ya nunca veran jamas mis ojos:
ni aun pienso caer en este engaño,
bien basta ya el primero de quien quexo,
y quexaré, pastora, quantos dias
durare la memoria deste ualle.
Si el mismo dia, pastora, que en el ualle
dio causa que te uiesse mi fortuna,
llegara el fin de mis cansados dias,
o al menos uiera esquiuos essos ojos:
çessara la razon con que me quexo,
y no pudiera yo llamarme a engaño.
Mas tú determinando hazerme engaño
quando me uiste luego en este ualle,
mostrauaste benigna, ved si quexo
contra razon de amor, y de fortuna;
despues no sé por qué buelues tus ojos,
cansarte deuen ya mis tristes dias.
Cançion de amor, y de fortuna quexo:
y pues duró vn engaño tantos dias,
regad ojos, regad el soto, el ualle.
Esto cantó el pastor con muchas
lagrimas, y la pastora lo oyó con grande
contentamiento de uer la graçia con que
tañia y cantaua: mas el pastor despues
que dio fin a su cançion, soltando el
rabel de las manos, dixo contra la
pastora: ¿Estás contenta, Amarilida, que
por solo tu contentamiento, me hagas
hazer cosa que tan fuera del mio es?
Plega a Dios (o Alteo) la fortuna te
trayga al punto a que yo por tu causa
he uenido: para que sientas el cargo en
que te soy por el mal que me hiziste. O
Belisa, quién ay en el mundo, que más
te deua que yo? Dios me trayga a tiempo
que mis ojos gozen de ver tu hermosura,
y los tuyos vean si soy en conosçimiento
de lo que les deuo. Esto dezia el pastor
con tantas lagrimas que no vuiera coraçon
por duro que fuera, que no se ablandara.
Oyendole la pastora, le dixo: Pues que ya
(Arsileo) me has contado el prinçipio de
tus amores, y cómo Arsenio tu padre fue
la prinçipal causa de que tu quisiesses
bien á Belisa, porque siruiendola él, se
aprouechaua de tus cartas y cançiones, y
aun de tu musica (cosa que él pudiera muy
bien escusar) te ruego me cuentes cómo
la perdiste. Cosa es essa (le respondio
el pastor) que yo querria pocas vezes
contar, mas ya que es tu condiçion mandar
me hazer y dezir aquello en que más pena
recibo, escucha, que en breues palabras
te lo dire. Auia en mi lugar vn hombre
llamado Alfeo, que entre nosotros tuuo
siempre fama de grandissimo nigromante,
el qual quería bien a Belisa primero
que mi padre la començasse a seruir, y
ella no tan solamente no podia velle,
mas aun si le hablauan en él, no auia
cosa que más pena le diesse. Pues como
éste supiesse un conçierto que entre mí
y Belisa auia, de ylla a hablar desde
ençima de vn moral, que en una huerta
suya estaua, el diabolico Alfeo hizo
a dos espiritus que tomasse el uno la
forma de mi padre Arsenio, y el otro la
mia, y que fuesse el que tomó mi forma
al conçierto, y el que tomó la de mi
padre uiniesse alli, y le tirasse con
una ballesta, fingiendo que era otro, y
que uiniesse él luego, como que lo auia
conosçido, y se matase de pena de auer
muerto a su hijo, a fin de que la pastora
Belisa se diesse la muerte, uiendo muerto
a mi padre y a mí, o a lo menos hiziesse
lo que hizo. Esto hazia el traydor de
Alfeo, por lo mucho que le pesaua de
saber lo que Belisa me queria, y lo poco
que se le daua por él. Pues como esto
ansi fue hecho, y a Belisa le paresçiese
que mi padre y yo fuessemos muertos, de
la forma que he contado, desesperada se
salio de casa, y se fue donde hasta agora
no se ha sabido della. Esto me conto la
pastora Armida, y yo uerdaderamente lo
creo, por lo que despues acá ha suçedido.
Felismena que entendio lo que el pastor
auia dicho, quedó en extremo marauillada,
paresçiendole que lo que dezia lleuaua
camino de ser assí, y por las señales
que en él vio vino en conosçimiento de
ser aquel Arsileo, seruidor de Belisa,
al qual ella tenía por muerto, y dixo
entre si: No sería razon que la fortuna
diesse contento ninguno a la persona,
que lo negasse a vn pastor que tambien
lo mereçe, y lo ha menester. A lo menos,
no partiré yo deste lugar, sin darsele
tan grande, como lo reçebira con las
nueuas de su pastora. Y llegandose a
la puerta de la choça, dixo contra
Amarilida: Hermosa pastora, a vna sin
ventura que ha perdido el camino, y aun
la esperança de cobralle, no le dierades
licencia para que passasse la fiesta
en este vuestro aposento? La pastora
quando la vio, quedó tan espantada de
ver su hermosura, y gentil disposiçion,
que no supo respondelle: empero Arsileo
le dixo: por çierto, pastora, no falta
otra cosa para hazer lo que por vos es
pedido, sino la posada no ser tal como
vos la meresceys, pero si desta manera
soys seruida, entrá que no aura cosa que
por seruiros no se haga. Felismena le
respondió: Esas palabras (Arsileo) bien
paresçen tuyas, mas el contento que yo en
pago dellas te dexaré, me dé Dios a mí en
lo que tanto ha que desseo. Y diziendo
esto, se entró en la choça, y el pastor
y la pastora se leuantaron, haziendole
mucha cortesia, y boluiendose a sentar
todos, Arsileo le dixo: por ventura,
pastora, ha os ha dicho alguno mi nombre,
o aueys me uisto en alguna parte antes de
aora? Felismena le respondió: Arsileo,
más sé de ti de lo que piensas, aunque
estés en trage de pastor, muy fuera de
como yo te ui, quando en la academia
Salamantina estudiauas. Si alguna cosa
ay que comer, mandamela dar, porque
despues te dire vna cosa que tú muchos
dias ha que desseas saber. Esso haré yo
de muy buena gana (dixo Arsileo) porque
ningun seruiçio se os puede hazer, que
no quepa en vuestro meresçimiento. Y
descolgando Amarilida y Arsileo sendos
çurrones, dieron de comer a Felismena,
de aquello que para sí tenian. Y despues
que vuo acabado, deseando Felismena de
alegrar a aquel que con tanta tristeza
biuia, le empeço a hablar desta manera:
No ay en la vida (o Arsileo) cosa que
en más se deua tener, que la firmeza,
y más en coraçon de muger adonde las
menos vezes suele hallarse, mas tambien
hallo otra cosa, que las más vezes son
los hombres causa de la poca constançia
que con ellos se tiene. Digo esto, por
lo mucho que tú deues a vna pastora que
yo conozco, la qual si agora supiesse
que eres biuo, no creo que auria cosa en
la uida que mayor contento le diesse. Y
entonçes, le començo a contar por orden
todo lo que auia passado, desde que
mató los tres saluages, hasta que uino
en casa de la sábia Felicia. En la qual
cuenta, Arsileo oyo nueuas de la cosa
que más queria, con todo lo que con ella
auian passado las Nimphas, al tiempo
que la hallaron durmiendo en la isleta
del estanque, como atras aueys oydo, y
lo que sintio de saber que la fe que su
pastora le tenía jamas su coraçon auia
desamparado, y el lugar cierto donde la
auia de hallar, fue su contentamiento
tan fuera de medida, que estuuo en poco
de ponelle a peligro la vida. Y dixo
contra Felismena: ¿qué palabras bastarian
(hermosa pastora) para encaresçer la
gran merçed que de vos he reçebido, o
qué obras para poderos la seruir? Plega
a Dios que el contentamiento, que vos me
aueys dado, os dé él en todas las cosas
que vuestro coraçon dessea. O mi señora
Belisa, que es posible, que tan presto
he yo de ver aquellos ojos, que tan gran
poder en mí tuuieron? Y que despues de
tantos trabajos me auia de sucçeder tan
soberano descanso? Y diziendo esto con
muchas lagrimas tomaua las manos de
Felismena, y se las besana. Y la pastora
Amarilida hazia lo mesmo, diziendo:
verdaderamente (hermosa pastora) vos
aueys alegrado vn coraçon el más triste
que yo he pensado ver, y el que menos
meresçia estarlo. Seys meses ha, que
Arsileo biue en esta cabaña la más triste
vida que nadie puede pensar. Y vnas
pastoras que por estos prados repastan
sus ganados (de cuya compañía yo soy)
algunas uezes le entrauamos a ver y a
consolar, si su mal sufriera consuelo.
Felismena le respondio: no es el mal de
que está doliente, de manera que pueda
reçebir consuelo de otro, sino es de la
causa dél o de quien le dé las nueuas que
yo aora le he dado. Tan buenas son para
mí, hermosa pastora (le dixo Arsileo) que
me han renouado un coraçon enuegeçido en
pesares. A Felismena se le entrenesçio el
coraçon tanto de uer las palabras que el
pastor dezia, y de las lagrimas, que de
contento lloraua, quanto con las suyas
dió testimonio, y desta manera estuuieron
alli toda la tarde, hasta que la fiesta
fue toda passada, que despidiendose
Arsileo de las dos pastoras, se partio
con mucho contento, para el templo de
Diana, por donde Felismena le auia guiado.
Syluano y Seluagia con aquel contento que
suelen tener los que gozan despues de
larga ausençia de la vista de sus amores,
caminauan hazia el deleytoso prado,
donde sus ganados andauan pasçiendo,
en compañia del pastor Sireno; el qual
aunque yua ageno del contentamiento que
en ellos ueya, tambien lo yua de la pena
que la falta dél suele causar. Porque
ni él pensaua en querer bien ni se le
daua nada en no ser querido. Syluano
le dezia: Todas las uezes que te miro
(amigo Sireno) me paresçe que ya no eres
el que solias: mas antes creo que te has
mudado, juntamente con los pensamientos.
Por una parte casi tengo piedad de ti,
y por otra, no me pesa de verte tan
descuydado de las desuenturas de amor.
¿Por qué parte (dixo Sireno) tienes
de mí manzilla? Syluano le respondio.
Porque me paresçe, que estar vn hombre
sin querer, ni ser querido, es el más
enfadoso estado, que puede ser en la
vida. No ha muchos dias (dixo Sireno)
que tú entendias esto muy al reues,
plega a Dios que en este mal estado me
sustente a mí la fortuna, y a ti en el
contento que reçibes con la vista de
Seluagia. Que puesto caso, que se puede
auer embidia de amar, y ser amado de
tan hermosa pastora: yo te aseguro que
la fortuna no se descuyde de templaros
el contento que reçebis con vuestros
amores. Seluagia dixo entonces: no será
tanto el mal que ella con sus desuariados
sucçesos nos puede hazer, quanto es el
bien de verme tan bien empleada. Sireno
le respondió: Ah Seluagia, que yo me
he visto tambien querido quanto nadie
puede verse, y tan sin pensamiento de
ver fin a mis amores, como vosotros lo
estays aora: Mas nadie haga cuenta sin
la fortuna, ni fundamento sin considerar
las mudanças de los tiempos. Mucho deuo
a la sábia Feliçia, Dios se lo pague,
que nunca yo pense poder contar mi mal
en tiempo que tan poco lo sintiesse. En
mayor deuda le soy yo (dixo Seluagia)
pues fue causa que quisiesse bien a
quien yo jamas dexe de uer delante mis
ojos. Syluano dixo boluiendo los suyos
hazia ella: essa deuda, esperança mia,
yo soy el que con más razon la deuia
pagar, a ser cosa que con la vida pagar
se pudiera. Essa os dé Dios, mi bien
(dixo Seluagia) porque sin ella la mia
sería muy escusada. Sireno viendo las
amorosas palabras que se dezian, medio
riendo les dixo: No me paresçe mal que
cada uno se sepa pagar tan bien que ni
quiera quedar en deuda, ni que le deuan,
y aun lo que me paresçe, es que segun las
palabras que unos a otros dezis, sin yo
ser el terçero, sabriades tratar nuestros
amores. En estas y otras razones passauan
los nueuos enamorados y el descuydado
Sireno el trabajo de su camino, al qual
dieron fin al tiempo que el sol se queria
poner, y antes que llegassen a la fuente
de los Alisos, oyeron vna boz de una
pastora, que dulçemente cantaua: la qual
fue luego conosçida, porque Syluano en
oyendola, les dixo: Sin duda es Diana,
la que junto a la fuente de los Alisos
canta. Seluagia respondio: Verdaderamente
aquella es, metamonos entre los myrthos,
junto a ella, porque mejor podamos oylla.
Sireno les dixo: Sea como nosotros
ordenaredes, aunque tiempo fue que me
diera mayor contento su musica, y aun su
vista que no agora. Y entrandose todos
tres por entre los espesos myrthos, ya
que el sol se queria poner, vieron junto
a la fuente a la hermosa Diana, con tan
grande hermosura, que como si nunca la
vuieran visto, ansi quedaron admirados:
tenía sueltos sus hermosos cabellos, y
tomadas atras con una çinta encarnada,
que por medio de la cabeça los repartia.
Los ojos puestos en el suelo y otras
vezes en la clara fuente, y limpiando
algunas lagrimas, que de quando en quando
le corrian, cantaua este romançe.
Quando yo triste nasçi,
luego nasçi desdichada:
luego los hados monstraron
mi suerte desuenturada,
el sol escondió sus rayos,
la luna quedó eclipsada,
murio mi madre en pariendo,
moça hermosa, y mal lograda:
el ama que me dio leche,
jamas tuuo dicha en nada,
ni menos la tune yo,
soltera ni desposada.
Quise bien, y fuy querida:
oluidé, y fuy oluydada:
esto causó vn casamiento,
que a mí me tiene cansada.
Casara yo con la tierra,
no me viera sepultada
entre tanta desuentura
que no puede ser contada.
Moça me casó mi padre,
de su obediençia forçada:
puse a Sireno en oluido
que la fe me tenía dada,
pago tan bien mi descuydo
qual no fue cosa pagada.
Celos me hazen la guerra,
sin ser en ellos culpada:
con çelos uoy al ganado,
con çelos a la majada,
y con çelos me leuanto
contino a la madrugada:
con çelos como a su mesa,
y en su cama só acostada,
si le pido de que ha çelos,
no sabe responder nada;
jamas tiene el rostro alegre,
siempre la cara inclinada,
los ojos por los rincones,
la habla triste y turbada,
¡cómo biuira la triste
que se uee tan mal casada!
A tiempo pudiera tomar a Sireno el triste
canto de Diana, con las lagrimas que
derramaua cantando y la tristeza de que
su rostro daua testimonio, que al pastor
pusieran en riesgo de perder la uida,
sin ser nadie parte para remedialle,
mas como ya su coraçon estaua libre de
tan peligrosa prision, ningun contento
reçibio con la uista de Diana, ni pena
con sus tristes lamentaçiones. Pues el
pastor Syluano, no tenía a su paresçer
porque pesalle de ningun mal que a Diana
sucçediesse; visto como ella jamas se
auia dolido de lo que a su causa auia
passado. Sola Seluagia le ayudó con
lagrimas, temerosa de su fortuna. Y dixo
contra Sireno. Ninguna perfecçion, ni
hermosura puede dar la naturaleza, que
con Diana largamente no la aya repartido:
porque su hermosura no creo yo que tiene
par, su graçia, su discreçion, con todas
las otras partes que una pastora deue
tener. Nadie le haze uentaja, sola una
cosa le faltó, de que yo siempre le vue
miedo, y esto es la ventura: pues no
quiso dalle compañia con que pudiesse
passar la uida, con el descanso que
ella meresçe. Sireno respondio: quien
a tantos le ha quitado, justa cosa es
que no le tenga. Y no digo esto, porque
no me pese del mal desta pastora, sino
por la grandissima causa que tengo
de dessearsele. No digas esso (dixo
Seluagia) que yo no puedo creer que
Diana te aya ofendido en cosa alguna.
¿Qué offensa te hizo ella en casarse,
siendo cosa que estaua en la uoluntad de
su padre, y deudos, más quen la tuya? Y
despues de casada, qué pudo hazer por lo
que tocaua a su honra, sino oluidarte?
cierto, Sireno, para quexarte de Diana
más legitimas causas auia de auer que
las que hasta aora emos uisto, Siluano
dixo: Por cierto, Sireno, Seluagia tiene
tanta razon en lo que dize que nadie
con ella se lo puede contradizir. Y si
alguno con causa se puede quexar de su
ingratitud, yo soy: que la quise todo
lo que se puede querer, y tuuo tan mal
conosçimiento, como fue el tratamiento
que vistes que siempre me hazia.
Seluagia respondio, poniendo en él unos
amorosos ojos, y dixo: Pues no erades
uos mi pastor para ser mal tratado, que
ninguna pastora ay en el mundo, que no
gane mucho en que uos la querays. A este
tiempo Diana sintio que çerca della
hablauan, porque los pastores se auian
descuydado algo de hablar, de manera que
ella no les oyesse: y leuantandose en
pie miró entre los myrthos y conosçio
los pastores y pastora que entre ellos
estaba asentada. Los quales uiendo que
auian sido uistos, se unieron a ella,
y la resçibieron con mucha cortesia, y
ella a ellos, con muy gran comedimiento,
preguntandoles adonde auian estado. A
lo qual, ellos respondieron con otras
palabras, y otros mouimientos de rostro,
de lo que respondian a lo que ella solia
preguntalles: cosa tan nueua para Diana,
que puesto caso que los amores de ninguno
dellos le diessen pena, en fin le pesó de
uerlos tan otros de lo que solian; y más
quando entendio en los ojos de Syluano
el contentamiento que los de Seluagia le
dauan, y porque era ya hora de recogerse,
y el ganado tomaua su acostumbrado
camino hazia el aldea, ellos se fueron
tras él: y la hermosa Diana dixo contra
Sireno: muchos dias ha (pastor) que por
este valle no te he visto: más ha (dixo
Sireno) que a mí me yua la vida que no
me viesse quien tan mala me la ha dado,
mas en fin no da poco contento hablar en
la fortuna passada el que ya se halla en
seguro puerto. En seguro te paresçe, dixo
Diana, el estado en que agora biues? No
deue ser muy peligroso (dixo Sireno),
pues yo oso hablar delante de ti desta
manera. Diana respondio: nunca yo me
acuerdo verte por mí tan perdido, que
tu lengua no tuuiesse la libertad que
aora tiene. Sireno le respondio: tan
discreta eres en imaginar esso, como en
todas las otras cosas. Por qué causa?
(dixo Diana) Porque no ay otro remedio,
dixo Sireno, para que tú no sientas lo
que perdiste en mí, sino pensar que
no te quería yo tanto que mi lengua
dexasse de tener la libertad que dizes.
Mas con todo esso plega a Dios (hermosa
Diana) que siempre te dé tanto contento
quanto en algun tiempo me quesiste, que
puesto caso que ya nuestros amores sean
passados, las reliquias que en el alma
me han quedado bastan para dessearte yo
todo el contentamiento posible. Cada
palabra dessas para Diana era arrojalle
vna lança, que Dios sabe si quisiera
ella más yr oyendo quexas, que creyendo
libertades, y aunque ella respondia
a todas las cosas, que los pastores
le dezian, con çierto descuydo, y se
aprouechaua de toda su discreçion para no
dalles á entender que le pesaua de uer
los tan libres, todavia se entendia muy
bien el descontento que sus palabras le
dauan. Y hablando en estas y otras cosas,
llegaron al aldea, a tiempo que de todo
punto el sol auia escondido sus rayos, y
despidiendose unos de otros, se fueron a
sus posadas.
Pues boluiendo a Arsileo, el qual con
grandissimo contentamiento, y desseo de
uer a[1262] su pastora, caminaua hazia
el bosque donde el templo de la diosa
Diana estaua, llegó junto a vn arroyo,
que çerca del sumptuoso templo por entre
unos uerdes alisos corria, a la sonbra
de los quales se asento, esperando que
uiniesse por alli alguna persona, con
quien hiziesse saber a Belisa de su
uenida, porque le paresçia peligroso
dalle algun sobresalto, teniendolo ella
por muerto. Por otra parte el ardiente
desseo que tenía de uerla no le daba
lugar a ningun reposo. Estando el pastor
consultando consigo mismo el consejo que
tomaria, uio uenir hazia si una Nimpha
de admirable hermosura, con un arco en
la mano, y una aljaua al cuello: mirando
a una y a otra parte, si auia alguna
caça en qué emplear una aguda saeta, que
en el arco traya puesta. Y quando uio
al pastor se fue derecha a él, y él se
leuantó, y le hizo el acatamiento que a
tan hermosa Nimpha deuia hazerse. Y de la
misma manera fue della reçibido, porque
ésta era la hermosa Polidora, una de
las tres que Felismena, y los pastores
libraron del poder de los saluages, y muy
affiçionada a la pastora Belisa. Pues
boluiendose ambos assentar sobre la uerde
yerua, Polidora le preguntó de qué tierra
era, y la causa de su uenida. A lo qual
Arsileo respondio: Hermosa Nimpha, la
tierra donde yo nasçi me ha tratado de
manera, que paresçe que me hago agrauio
en llamarla mía, aunque por otra parte le
deuo más de lo que yo sabria encaresçer.
Y para que yo te diga la causa que tuuo
la fortuna de traerme a este lugar, sería
menester que primero me dixesses, si eres
de la compañia de la sábia Feliçia, en
cuya casa me dizen que está la hermosa
pastora Belisa (causa de mi destierro) y
de toda la tristeza que la ausençia me
ha hecho suffrir. Polidora respondio:
de la compañia de la sábia Feliçia soy
y la mayor amiga dessa pastora que has
nombrado que ella en la uida puede tener,
y para que tambien me tengas en la
misma posession, si aprouechasse algo,
aconsejarte hya, que siendo posible
oluidalla, que lo hiziesses. Porque tan
imposible es remedio de tu mal, como del
que ella padesçe, pues la dura tierra
come ya aquel de quien con tanta razon
lo esperaua. Arsileo le respondio:
Será por uentura esse que dizes que la
tierra come, su seruidor Arsileo? Si por
çierto, dixo Polidora, esse mismo es el
que ella quiso más que a sí, el que con
más razon podemos llamar desdichado,
despues de ti, pues tienes puesto el
pensamiento en lugar donde el remedio
es imposible. Que puesto caso que jamas
fuy enamorada, yo tengo por aueriguado,
que no es tan grande mal la muerte, como
el que deue padesçer la persona que
ama a quien tiene la uoluntad empleada
en otra parte. Arsileo le respondio:
Bien creo, hermosa Nimpha, que segun la
constançia y bondad de Belisa, no será
parte la muerte para que ella ponga el
pensamiento en otra cosa, y que no aurá
nadie en el mundo que de su pensamiento
le quitasse. Y en ser esto ansi, consiste
toda mi bienauenturança. ¿Cómo, pastor
(le dixo Polidora) queriendola tú de la
manera que dizes, está tu feliçidad en
que ella tenga en otra parte tan firme
el pensamiento? Essa es nueua manera de
amor, que yo hasta agora no he oydo.
Arsileo le respondio: para que no te
marauilles, hermosa Nimpha, de mis
palabras, ni de la suerte del amor que
a mi señora Belisa tengo, está un poco
atenta, y contarte he lo que tú jamas
pensaste oyr, aunque el prinçipio dello
te deue auer contado essa tu amiga y
señora de mi coraçon. Y luego le conto
desdel prinçipio de sus amores, hasta el
engaño de Alfeo con los encantamientos
que hizo, y todo lo demas que destos
amores hasta entonçes auia sucçedido, de
la manera que atras lo he contado, lo
qual contaua el pastor, aora con lagrimas
cansadas de traer a la memoria sus
desuenturas pasadas, aora con sospiros
que del alma le salian, imaginando lo que
en aquellos passos su señora Belisa podia
sentir. Y con las palabras y mouimientos
del rostro, daua tan grande spirito a lo
que dezia, que a la Nimpha Polidora puso
en grande admiraçion, mas quando entendio
que aquel era uerdaderamente Arsileo, el
contento que desto reçibio, no se atreuia
dallo a entender con palabras, ni aun
le paresçia que podria hazer más que
sentillo. Ved qué se podia esperar de la
desconsolada Belisa, quando lo supiesse!
Pues poniendo los ojos en Arsileo, no sin
lagrimas de grandissimo contentamiento
le dixo: Quisiera yo (Arsileo) tener
tu discreçion y claridad de ingenio
para darte a entender lo que siento del
allegre sucçesso que a mi Belisa le ha
soliçitado la fortuna, porque de otra
manera sería escusado pensar yo que tan
baxo ingenio como el mio, podria dallo a
entender. Siempre yo tuue creydo que en
algun tiempo la tristeza de mi Belisa se
auia de boluer en grandissima alegria,
porque su hermosura y discreçion,
juntamente con la grandissima fe que
siempre te ha tenido, no meresçia menos.
Mas por otra parte tuue temor que la
fortuna no tuuiesse cuenta con dalle
lo que yo tanto le desseaua. Porque su
condiçion es, las más de las uezes, traer
los sucçessos muy al reues del desseo
de los que quieren bien. Dichoso te
puedes llamar, Arsileo, pues mereçiste
ser querido en la vida, de manera que
en la muerte no pudiesses ser oluidado.
Y porque no se sufre dilatar mucho tan
gran contentamiento a vn coraçon que
tan neçessitado dél está, dame liçençia
para que yo vaya a dar tan buenas nueuas
a tu pastora, como son las de tu vida
y su desengaño. Y no te vayas deste
lugar, hasta que yo buelua con la persona
que tú más deseas ver, y con más razon
te lo meresçe. Arsileo le respondio:
hermosa Nimpha, de tan gran discreçion
y hermosura como la tuya, no se puede
esperar sino todo el contento del mundo.
Y pues tanto desseas darmele, haz en
ello tu voluntad, que por ella me pienso
regir, ansi en esto, como en lo de más
que sucçediere. Y despidiendose vno de
otro, Polidora se partio a dar la nueua
a Belisa, y Arsileo la quedó esperando a
la sombra de aquellos alisos; el qual por
entretener el tiempo en algo, como suelen
hazer las personas que esperan alguna
cosa que gran contento les dé, sacó su
rabel, y començo a cantar desta manera.
Ya dan buelta el amor y la fortuna,
y vna esperança muerta, o desmayada
la esfuerça cada vno,[1263] y la assegura.
Ya dexan infortunios la posada
de vn coraçon en fuego consumido,
y una alegria viene no pensada.
Ya quita el alma al luto, y el sentido
la posada apareja a la alegria,
poniendo en el pesar eterno oluido.
Qualquiera mal de aquellos que solia
passar quando reynaua mi tormento,
y en fuego del ausençia me ençendia.
A todos da fortuna tal descuento,
que no fue tanto mal del mal passado,
quanto es el bien, del bien que agora siento.
Bolued, mi coraçon sobresaltado
de mil desassosiegos, mil enojos:
sabed gozar si quiera un buen estado.
Dexad vuestro llorar, cansados ojos,
que presto gozareys de uer aquella,
por quien gozó el amor de mis despojos.
Sentidos que buscays mi clara estrella,
embiando acá y allá los pensamientos,
a uer lo que sentis delante della?
A fuera soledad y los tormentos,
sentidos a su causa, y dexen desto
mis fatigados miembros muy essentos.
O tiempo no te pares, passa presto,
fortuna, no le estorues su uenida:
ay Dios? que aun me quedó por passar esto?
Ven mi pastora dulçe, que la uida
que tú pensaste que era ya acabada,
está para seruirte aperçebida.
No uienes, mi pastora desseada?
ay Dios, si la ha topado, o se ha perdido
en esta selua de arboles poblada?
O si esta Nimpha que de aqui se ha ydo
quiça que se oluidó de yr a buscalla:
más no, tal voluntad no suffre oluido.
Tú sola eres pastora adonde halla
mi alma su descanso y su alegria,
por qué no vienes presto a asseguralla?
¿No vees como se ua passando el dia,
y si se passa acaso sin yo verte,
yo boluere al tormento que solia,
y tú de veras llorarás mi suerte?
Quando Polidora se partió de Arsileo,
no muy lexos de alli topó a la pastora
Belisa, que en compañia de las dos
Nimphas, Cinthia y Polidora, se andaua
recreando por el espesso bosque; y
como ellas la viessen venir con grande
priesa, no dexaron de alborotarse
paresçiendoles que yua huyendo de alguna
cosa de que ellas tambien les cumpliesse
de[1264] huyr. Ya que uuo llegado vn
poco más cerca, la alegria que en su
hermoso rostro uieron las asseguró,
y llegando a ellas, se fue derecha a
la pastora Belisa, y abraçandola, con
grandissimo gozo y contentamiento le
dixo: Este abraço (hermosa pastora) si
uos supiessedes de qué parte uiene, con
mayor contento le reçibiriades del que
aora teneys. Belisa le respondio: de
ninguna parte (hermosa Nimpha) él puede
uenir, que yo en tanto le tenga, como
es de la vuestra, que la parte de que
yo lo pudiera tener en más, ya no es
en el mundo, ni aun yo deuria querer
biuir, faltandome todo el contento que
la uida me podia dar. Essa uida espero
yo en Dios, dixo Polidora, que uos de
aqui adelante terneys con más alegria de
la que podeys pensar. Y sentemonos a la
sombra deste uerde aliso, que grandes
cosas traygo que deçiros. Belisa y las
Nimphas se assentaron, tomando en medio
a Polidora, la qual dixo a Belisa: Dime,
hermosa pastora, tienes tú por çierta la
muerte de Arsenio y Arsileo? Belisa le
respondio, sin poder tener las lagrimas:
Tengola por tan çierta, como quien con
sus mismos ojos la uio, uno atrauessado
con una saeta, y al otro matarse con
su misma espada. Y qué dirias (dixo
Polidora) a quien te dixesse, que estos
dos que tú uiste muertos, son biuos, y
sanos, como tú lo eres? Respondiera yo a
quien esso me dixesse (dixo Belisa) que
ternía desseo de renouar mis lagrimas,
trayendomelos a la memoria, o que
gustaua de burlarse de mis trabajos.
Bien segura estoy (dixo Polidora) que tú
esso pienses de mí pues sabes que me han
dolido más que a ninguna persona que tú
lo ayas contado. Mas dime, quién es un
pastor de tu tierra, que se llama Alfeo?
Belisa respondio: El mayor hechizero y
encantador que ay en nuestra Europa:
y aun algun tiempo, se preçiaua él de
seruirme. Es hombre (hermosa Nimpha)
que todo su trato y conuersaçion es con
los demonios a los quales él haze tomar
la forma que quiere. De tal manera que
muchas uezes pensays que con vna persona
a quien conosçeys, estays hablando, y
vos hablays con el demonio a que él haze
tomar aquella figura. Pues has de saber,
hermosa pastora, dixo Polidora, que esse
mismo Alfeo con sus hechizerias, ha
dado causa al engaño en que hasta agora
has biuido, y a las infinitas lagrimas
que por esta causa has llorado porque
sabiendo él que Arsileo te auia de
hablar aquella noche que entre uosotros
estaua conçertado, hizo que dos spiritus
tomassen las figuras de Arsileo y de su
padre, y queriendote Arsileo hablar,
passasse delante de ti lo que uiste.
Porque paresçiendote que eran muertos,
desesperasses, o a lo menos, hiziesses
lo que heziste. Quando Belisa oyo lo
que la hermosa Polidora le auia dicho,
quedó tan fuera de sí, que por vn rato
no supo respondelle; pero boluiendo en
si, le dixo, Grandes cosas, hermosa
Nimpha, me has contado, si mi tristeza
no me estoruasse creellas. Por lo que
dizes que me quieres, te suplico que me
digas de quién has sabido, que los dos
que yo vi delante de mis ojos muertos,
no eran Arsenio y Arsileo? De quién?
(dixo Polidora) del mismo Arsileo. Cómo
Arsileo? Respondió Belisa. Que es posible
que el mi Arsileo está biuo? y en parte
que te lo pudiesse contar? Yo te diré
quán posible es, dixo Polidora, que si
uienes comigo, antes que lleguemos a
aquellas tres hayas, que delante de los
ojos tienes, te lo mostraré. Ay Dios,
dixo Belisa, qué es esto que oyo? Que
es verdad, que está alli todo mi bien?
Pues qué hazes (hermosa Nimpha) que no me
lleuas a uerle? No cumples con el amor
que dizes siempre me as tenido. Esto
dezia la hermosa pastora, con vna mal
segura alegria, con vna dudosa esperança
de lo que tanto deseaua, mas leuantandose
Polidora, y tomandola por la mano,
juntamente con las Nimphas Cinthia, y
Dorida, que de plazer no cabian en ver
el buen suçesso de Belisa, se fueron
hazia el arrroyo, donde Arsileo estaua.
Y antes que allá llegassen, vn templado
ayre, que de la parte de donde estaua
Arsileo venia, les hirio con la dulçe
boz del enamorado pastor en los oydos,
el qual aun a este tiempo no auia dexado
la musica: mas antes començó de nueuo a
cantar esta mote antiguo, con la glosa
que el mismo alli a su proposito hizo.