[1260] _Le_ en la edición de Milán.
[1261] Falta el _que_ en la edición de Milán.
[1262] Falta el _á_ en la edición de Milán.
[1263] _Cada cual_, en la edición de Milán.
[1264] Falta el _de_ en la edición de Milán.
[1265] En la edición de Milán, siempre _tura_ en vez de _dura_.
LIBRO SEXTO
DE LA DIANA DE GEORGE DE MONTEMAYOR
Despues que Arsileo se partio, quedó
Felismena con Amarilida la pastora que
con él estaua, pidiendose vna a otra
cuenta de sus vidas, cosa muy natural de
las que en semejantes partes se hallan. Y
estando Felismena contando a la pastora
la causa de su venida, llegó a la choça
vn pastor de muy gentil disposiçion y
arte: aunque la tristeza paresçia que
le traya encubierta gran parte della.
Quando Amarilida le vio, con la mayor
presteza que pudo se leuantó para yrse,
mas Felismena la trauó de la saya,
sospechando lo que podia ser, y le dixo:
No sería justo (hermosa pastora) que
esse agrauio reçebiesse de ti, quien
tanto desseo tiene de seruirte, como
yo. Mas como ella porfiasse de yrse de
alli, el pastor con muchas lagrimas
dezia: Amarilida, no quiero que teniendo
respecto a lo que me haze suffrir, te
duelas deste desuenturado pastor, sino
que tengas cuenta con tu gran valor y
hermosura, y con que no ay cosa en la
uida que peor esté a una pastora de tu
qualidad, que tratar mal a quien tanto
la[1266] quiere. Mira, Amarilida mia,
estos cansados ojos, que tantas lagrimas
han derramado, y uerás la razon que los
tuyos tienen de no mostrarse ayrados
contra este sin uentura pastor. ¡Ay que
me huyes por no uer la razon que tienes
de aguardarme! Espera, Amarilida, oyeme
lo que digo, y siquiera no me respondas.
¿Qué te cuesta oyr a quien tanto le ha
costado uerte? Y boluiendose a Felismena
con muchas lagrimas le pedia que no le
dexasse yr: la qual importunaua con
muy blandas palabras a la pastora, que
no tratasse tan mal a quien mostraua
quererla más que a sí: y que le
escuchasse pues en ello auenturaua tan
poco. Mas Amarilida respondio: Hermosa
pastora, no me mandeys oyr a quien dé
más credito a sus pensamientos que a
mis palabras. Cata que este que delante
de ti está, es uno de los desconfiados
pastores, que se sabe, y de los que mayor
trabajo dan a las pastoras que quieren
bien. Filemon dixo contra Felismena:
Yo quiero (hermosa pastora) que seas
el juez entre mi y Amarilida, y si yo
tengo culpa del enojo que comigo tiene,
quiero perder la vida. E si ella la
tuuiera, no quiero otra cosa, sino que
en paga desto, conozca lo que me deue.
De perder tú la vida (dixo Amarilida)
yo estoy bien segura, porque ni a ti te
quieres tanto mal, que lo hagas, ni a mí
tanto bien, que por mi causa te pongas
en auentura de perder la vida. Mas yo
agora quiero, que esta hermosa pastora
juzgue, vista mi razon y la tuya, quál
es más digno de culpa entre los dos.
Sea assi (diso Felismena) y sentemonos
al pie desta verde haya, junto al prado
florido que delante los ojos tenemos,
porque quiero ver la razon, que cada vno
tiene, de quexarse del otro. Despues
que todos se vuieron assentado sobre la
uerde yerua, Filemon començo a hablar
desta manera: Hermosa pastora, confiado
estoy, que si acaso has sido tocada de
amores, conoçeras la poca razon que
Amarilida tiene de quexarse de mí y de
sentir tan mal de la fe que le tengo,
que venga a ymaginar lo que nadie de su
pastor imaginó. Has de saber, hermosa
pastora, que quando yo nasçi, y aun
ante mucho que nasçiesse, los hados me
destinaron para que amasse esta hermosa
pastora que delante mis tristes y tus
hermosos ojos está, y a esta causa he
respondido con el effecto de tal manera,
que no creo que ay amor como el mio,
ni ingratitud como la suya. Sucçedio,
pues, que seruiendola desde mi niñez, lo
mejor que yo he sabido, aurá como çinco
o seis meses, que mi desuentura aportó
por aqui a vn pastor llamado Arsileo, el
qual buscaua vna pastora, que se llama
Belisa, que por çierto mal suçesso,
anda por estos bosques desterrada. Y
como fuesse tanta su tristeza, sucçedio
que esta cruel pastora que aqui veys,
o por mançilla que tuuo dél, o por la
poca que tiene de mí, o por lo que ella
se sabe, jamas la he podido apartar
de su compañia. Y si acaso le hablaua
en ello paresçia que me queria matar,
porque aquellos ojos que alli veys, no
causan menos espanto, quando miran,
estando ayrados, que alegria, quando
estan serenos. Pues como yo estuuiesse
tan occupado, el coraçon de grandissimo
amor, el alma de vna affeçion[1267] jamas
oyda, el entendimiento de los mayores
çelos, que nunca nadie tuuo, quexauame a
Arsileo con sospiros, y a la tierra con
amargo llanto: mostrando la sin razon que
Amarilida me hazia. Ha le causado tan
grande aborresçimiento auer yo imaginado
cosa contra su honestidad que por
vengarse de mi, ha perseuerado en ello
hasta aora, y no tan solamente haze esto,
mas en viendome delante sus ojos, se va
huyendo como la medrosa çierua de los
hambrientos lebreles. Ansi que por lo que
deues a ti misma, te pido que juzgues,
si es bastante la causa que tiene de
aborresçerme y si mi culpa es tan graue,
que merezca por ella ser aborresçido.
Acabado Filemon de dar cuenta de su mal,
y de la sin razon que su Amarilida le
hazia, la pastora Amarilida començo a
hablar desta manera: Hermosa pastora,
auerme Filemon, que ahi está, querido
bien (a lo menos auerlo mostrado) sus
seruicios an sido tales, que me sería
mal contado dezir otra cosa; pero si yo
tambien he desechado, por causa suya, el
seruiçio de otros muchos pastores, que
por estos valles repastan sus ganados, y
zagales a quien naturaleza no ha dotado
de menos graçia que a otros, el mismo
puede dezillo. Porque las muchas uezes
que yo he sido requestada, y las que he
tenido la firmeza que a su fe deuia,
no creo que ha sido muy lexos de su
presençia, mas no auia de ser esto parte
para que él me tuuiesse tan en poco que
ymaginasse de mí cosa contra lo que a mí
misma soy obligada; porque si es ansi, y
él lo sabe, que a muchos que por mí se
perdian, yo he desechado por amor dél,
¿cómo auia yo de desechar a él por otro?
¿O pensaua en él, o en mis amores? Cien
mil uezes me ha Filemon açechado, no
perdiendo pisada, de las que el pastor
Arsileo y yo dauamos por este hermoso
ualle, mas él mismo diga si algun dia oyó
que Arsileo me dixesse cosa que supiesse
a amores, o si yo le respondia alguna que
lo paresçiesse ¿Qué dia me vio hablar
Filemon con Arsileo, que entendiesse de
mis palabras otra cosa, que consolalle de
tan graue mal como padesçia? Pues si esto
auia de ser causa que sospechasse mal de
su pastora, ¿quién mejor puede juzgarlo
que él mismo? Mira, hermosa Nimpha, quan
entregado estaua a sospechas falsas y
dudosas ymaginaçiones, que jamas mis
palabras pudieron satisfazelle, ni acabar
con él que dexasse de ausentarse deste
ualle, pensando él que con ausençia daria
fin a mis dias, y engañose, porque antes
me paresçe que lo dio al contentamiento
de los suyos. Y lo bueno es que aun no
se contentaua Filemon de tener çelos
de mí, que tan libre estaua como tú,
hermosa pastora, aurás entendido, más
aun lo publicaua en todas las fiestas,
bayles, luchas, que entre los pastores
desta sierra se hazian. Y esto ya tú
conosçes, si uenia en mayor daño de
mi honra que de su contentamiento. En
fin, él se ausentó de mi presençia, y
pues tomó por mediçina de su mal cosa
que más se lo ha acresçentado, no me
culpe si me he sabido mejor aprouechar
del remedio de lo que él ha sabido
tomalle. Y pues tú, hermosa pastora,
as uisto el contento que yo reçebi, en
que dixesses al desconsolado Arsileo
nueuas de su pastora, y que yo misma fuy
la que le importuné que luego fuesse a
buscalla, claro está que no podia auer
entre los dos cosa de que pudiessemos
ser tan mal juzgados, como este pastor
inconsideradamente nos ha juzgado. Ansi
que esta es la causa de yo me auer
resfriado del amor que a Filemon tenía,
y de no me querer más poner a peligro de
sus falsas sospechas, pues me ha traydo
mi buena dicha a tiempo, que sin forçarme
a mí misma, pudiesse muy bien hazello.
Despues que Amarilida vuo mostrado la
poca razon que el pastor auia tenido
de dar credito a sus ymaginaçiones y
la libertad en que el tienpo le auia
puesto (cosa muy natural de coraçones
essentos), el pastor le respondio desta
manera: No niego yo (Amarilida) que
tu bondad y discreçion no basta para
desculparte de qualquiera sospecha. ¿Mas
quieres tú por uentura hazer nouedades en
amores, y ser inuentora de otros nueuos
effectos de los que hasta agora auemos
uisto? ¿Quándo quiso bien vn amador,
que qualquiera occasion de çelos, por
pequeña que fuesse, no le atormentasse
el alma, quanto más siendo tan grande
como la que tú con larga conuersaçion y
amistad de Arsileo me ha dado? ¿Piensas
tú, Amarilida, que para los çelos son
menester çertidumbres? Pues engañaste,
que las sospechas son las prinçipales
causas de tenellos. Creer yo que querias
bien a Arsileo por via de amores, no
era mucho, pues el publicallo yo, tan
poco era de manera que tu honra quedasse
offendida: quanto más que la fuerça
de amor era tan grande, que me hazia
publicar el mal de que me temia. Y puesto
caso que tu bondad me assegurasse, quando
a hurto de mis sospechas la consideraua,
todavia tenía temor de lo que me podia
suçeder, si la conuersaçion yua delante.
Quanto a lo que dizes que yo me ausenté,
no lo hize por darte pena, sino por uer
si en la mia podria auer algun remedio,
no uiendo delante mis ojos a quien tan
grande me la daua, y tambien porque mis
importunidades no te la causassen. Pues
si en buscar remedio para tan graue mal,
fuy contra lo que te deuia: ¿qué más pena
que la que tu ausençia me hizo sentir?
¿O qué más muestra de amor que no ser
ella causa de oluidarte? ¿Y qué mayor
señal del poco que comigo tenias, que
auelle tú perdido de todo punto con mi
ausençia? Si dizes que jamas quisiste
bien a Arsileo, aun esso me da a mi mayor
causa de quexarme, pues por cosa en que
tan poco te yua, dexauas a quien tanto
te desseaua seruir. Ansi que tanto mayor
quexa tengo de ti, quanto menos fue el
amor que a Arsileo has tenido. Estas son
(Amarilida) las razones, y otras muchas
que no digo, que en mi fauor puedo traer:
las quales no quiero que me ualgan, pues
en caso de amores suelen ualer tan poco.
Solamente te pido que tu çlemençia y
la fe que sienpre te he tenido, esten,
pastora, de mi parte, porque si ésta
me falta, ni en mis males podra auer
fin, ni medio en tu condiçion. Y con
esto el pastor dio fin a sus palabras,
y prinçipio a tantas lagrimas, que
bastaron juntamente con los ruegos, y
sentençia que en este caso Felismena dio,
para que el duro coraçon de Amarilida
se ablandasse, y el enamorado pastor
boluiesse en graçia de su pastora: de lo
qual quedó tan contento, como nunca jamas
lo estuuo, y aun Amarilida no poco gozosa
de auer mostrado quán engañado estaua
Filemon en las sospechas que della tenía.
Y despues de auer passado alli aquel
dia con muy gran contentamiento de los
dos confederados amadores, y con mayor
desassosiego de la hermosa Felismena,
ella otro dia por la mañana se partio
dellos, despues de muy grandes abraços, y
prometimientos de procurar siempre la una
de saber del buen sucçesso de la otra.
Pues Sireno muy libre del amor, y
Seluagia y Syluano muy más enamorados que
nunca, la hermosa Diana muy descontenta
del triste sucçesso de su camino, passaua
la uida apasçentando su ganado por la
ribera del caudaloso Ezla: adonde muchas
uezes, topandose unos a otros, hablauan
en lo que mayor contento les daua. Y
estando un dia la discreta Seluagia con
el su Syluano junto a la fuente de los
alisos, llegó acaso la pastora Diana, que
uenia en busca de un cordero que de la
manada se le auia huydo, el qual Syluano
tenía atado a un myrtho, porque quando
alli llegaron, le halló beuiendo en la
clara fuente, y por la marca conosçio
ser de la hermosa Diana. Pues siendo,
como digo, llegada y resçebida de los
dos nueuos amantes, con gran cortesia se
assento entre la uerde yerua, arrimada a
uno de los alisos que la fuente rodeauan,
y despues de auer hablado en muchas
cosas, le dixo Syluano: ¿Cómo (hermosa
Diana) no nos preguntas por Sireno? Diana
entonces le respondio: Como no querria
tratar de cosas passadas, por lo mucho
que me fatigan las presentes: tienpo
fue que preguntar yo por él le diera
más contento, y aun a mí el hablalle,
de lo que a ninguno de los dos aora
nos dara, mas el tienpo cura infinitas
cosas que a la persona le paresçen sin
remedio. Y si esto assi no entendiesse,
ya no auria Diana en el mundo, segun los
desgustos y pesadumbres que cada dia se
me offreçen. No querra Dios tanto mal
al mundo (respondio Seluagia), que le
quite tan grande hermosura como la tuya.
Essa no le faltará en quanto tú biuieres
(dixo Diana) y adonde está tu graçia y
gentileza muy poco se perderia en mí.
Sino miralo por el tu Syluano, que jamas
pensé yo que él me oluidara por otra
pastora alguna, y en fin me ha dado de
mano por amor de ti. Esto dezia Diana,
con una risa muy graçiosa, aunque no se
reya destas cosas tanto, ni tan de gana,
como ellos pensauan. Que puesto caso
que ella uuiesse querido a Sireno más
que a su uida, y a Syluano le uuiesse
aborresçido, más le pesaua del oluido de
Syluano, por ser causado de otra, de cuya
vista estaua cada dia gozando con gran
contentamiento de sus amores, que del
oluido de Sireno, a quien no mouia ningun
pensamiento nueuo. Quando Syluano oyó
lo que Diana auia dicho, le respondio:
Oluidarte yo, Diana, seria escusado,
porque no es tu hermosura y ualor de los
que oluidarse pueden. Verdad es que yo
soy de la mi Seluagia: porque de más de
auer en ella muchas partes, que hazello
me obligan, no tuuo en menos su suerte,
por ser amada de aquél a quien tú en tan
poco tuuiste. Dexemos esso (dixo Diana)
que tú estás muy bien empleado, y yo no
lo miré bien, en no quererte como tu
amor me lo meresçia. Si algun contento
en algun tienpo desseaste darme, ruegote
todo quanto puedo que tú y la hermosa
Seluagia canteys alguna cançion por
entretener la fiesta: que me paresçe
que comiença de manera que será forçado
passalla debaxo de estos alisos, gustando
del ruydo de la clara fuente, el qual no
ayudará poco a la suavidad de vuestro
canto. No se hizieron de rogar los nueuos
amadores, aunque la hermosa Seluagia no
gustó mucho de la platica que Diana con
Syluano auia tenido. Mas porque en la
cançion pensó satisfazer al son de la
çampoña que Diana tañía, començaron los
dos a cantar desta manera:
Zagal alegre te ueo,
y tu fe firme y segura.
--Cortome amor la uentura
a medida del desseo.
¿Qué desseaste alcançar,
que tal contento te diesse?
--Querer a quien me quisiesse,
que no hay más que dessear.
Essa gloria en que te ueo,
tienes la por muy segura.
--No me la ha dado uentura
para burlar al desseo.
¿En quanto estuuiese firme[1268],
moririas sospirando?
--De oyllo dezir burlando
estoy ya para morirme.
¿Mudarias (aunque feo)
viendo mayor hermosura?
--No porque sería locura
pedirme más el desseo.
¿Tienesme tan grande amor,
como en tus palabras siento?
--Esso a tu meresçimiento
lo preguntarás mejor.
Algunas uezes lo creo,
y otras no estoy muy segura.
--Solo en eso la uentura
haze offensa a mi desseo.
Finge que de otra zagala
te enamoras más hermosa.
--No me mandes hazer cosa,
que aun para fingida es mala.
Muy más firmeza te ueo,
pastor, que a mi hermosura.
--Y a mí muy mayor uentura
que jamas cupo en desseo.
A este tiempo baxaua Sireno del aldea, á
la fuente de los alisos, con grandissimo
desseo de topar a Seluagia, o a Syluano.
Porque ninguna cosa por entonçes le daua
más contento que la conuersaçion de
los dos nueuos enamorados. Y paseando
por la memoria los amores de Diana, no
dexaua de causalle soledad el tiempo
que la auia querido, no porque entonçes
le diesse pena su amor, mas porque en
todo tienpo la memoria de un buen estado
causa soledad al que le ha perdido.
Y antes que llegasse a la fuente, en
medio del uerde prado, que de myrthos
y laureles rodeado estaua, halló las
ouejas de Diana, que solas por entre los
arboles andauan pasçiendo, so el amparo
de los brauos mastines. Y como el pastor
se parasse a mirallas, ymaginando el
tienpo en que le auian dado más en que
entender que las suyas proprias; los
mastines con gran furia se uinieron a
él, mas como llegassen y dellos fuesse
conosçido, meneando las colas y baxando
los pescueços que de agudas puntas de
azero estauan rodeados, se le echaron
a los pies, y otros se empinauan con
el mayor regozijo del mundo. Pues las
ouejas no menos sentimiento hizieron,
porque la borrega mayor, con su rustico
çençerro, se uino al pastor, y todas
las otras guiadas por ella, o por el
conosçimiento de Sireno, le çercaron
alrededor, cosa que él no pudo uer sin
lagrimas, acordandosele que en compañía
de la hermosa pastora Diana auia
repastado aquel rebaño. Y uiendo que en
los animales sobraua el conosçimiento que
en su señora auia faltado, cosa fue ésta,
que si la fuerça del agua que la sabia
Feliçia le auia dado, no le uuiera hecho
oluidar los amores, quiça no uuiera cosa
en el mundo que le estoruara boluer a
ellos. Mas uiendose çercado de las ouejas
de Diana, y de los pensamientos que la
memoria della ante los ojos le ponia,
començo a cantar esta cançion al son de
su loçano rabel.
Passados contentamientos
¿qué quereys?
dexadme, no me canseys.
Memoria, ¿quereys oyrme?
los dias, las noches buenas,
paguelos con las setenas,
no teneys más que pedirme,
todo se acabó en partirme,
como ueys,
dexadme, no me canseys.
Campo uerde, ualle vmbroso,
donde algun tiempo gozé,
ved lo que despues passé,
y dexadme en mi reposo:
si estoy con razon medroso,
ya lo ueys,
dexadme, no me canseys.
Vi mudado un coraçon,
cansado de assegurarme,
fue forçado aprouecharme,
del tiempo, y de la occasion;
memoria do no ay passion,
¿qué quereys?
dexadme, no me canseys.
Corderos y ouejas mias,
pues algun tiempo lo fuistes,
las horas lentas o tristes
passaronse con los dias,
no hagays las alegrias
que soleys,
pues ya no me engañareys.
Si uenis por me turbar,
si uenis por consolar,
ya no hay mal que consolar:
si uenis por me matar,
bien podeys,
matadme y acabareys.
Despues que Sireno vuo cantado, en
la boz fue conosçido de la hermosa
pastora Diana y de los dos enamorados,
Seluagia y Syluano. Ellos le dieron
bozes, diziendo que si pensaua passar
la fiesta en el campo, que alli estaua
la sabrosa fuente de los alisos, y la
hermosa pastora Diana, que no seria mal
entretenimiento para passalla. Sireno
le respondio que por fuerça auia de
esperar todo el dia en el campo, hasta
que fuesse hora de boluer con el ganado
a su aldea, y viniendose adonde el
pastor y pastoras estauan, se sentaron
en torno de la clara fuente, como otras
uezes solian. Diana, cuya uida era tan
triste qual puede ymaginar quien uiesse
una pastora la más hermosa y discreta
que entonces se sabia, tan fuera de su
gusto casada, siempre andaua buscando
entretenimientos para passar la uida
hurtando el cuerpo a sus imaginaçiones.
Pues estando los dos pastores hablando
en algunas cosas tocantes al pasto de
los ganados y al aprouechamiento dellos,
Diana les rompio el hilo de su platica,
diziendo contra Syluano: Buena cosa es,
pastor, que estando delante la hermosa
Seluagia trates de otra cosa, sino de
encaresçer su hermosura y el gran amor
que te tiene: dexa el campo, y los
corderos, los malos, o buenos sucçessos
del tiempo y fortuna, y goza, pastor, de
la buena que has tenido, en ser amado
de tan hermosa pastora, que adonde el
contentamiento del spirito es razon que
sea tan grande, poco al caso hazen los
bienes de fortuna. Siluano entonces le
respondio: Lo mucho que yo, Diana, te
deuo, nadie lo sabría encaresçer, como
ello es, sino quien huuiese entendido la
razon que tengo de conoçer esta deuda,
pues no tan solo me enseñaste a querer
bien, mas aun aora me guyas y muestras
vsar del contentamiento que mis amores
me dan. Infinita es la razon que tienes
de mandarme que no trate de otra cosa,
estando mi señora delante, sino del
contento que su vista me causa, y assi
prometo de hacello, en quanto el alma no
se despidiere destos cansados miembros.
Mas de una cosa estoy espantado, y es
de ver como el tu Sireno buelue a otra
parte los ojos, quando hablas; paresçe,
que no le agradan tus palabras, ni se
satisfaçe de lo que respondes. No le
pongas culpa (dixo Diana) que hombres
descuydados y enemigos de lo que a si
mismos deuen, esso y más harán. ¿Enemigo
de lo que a mí mismo deuo? (respondia
Sireno). Si yo jamas lo fuy, la muerte
me dé la pena de mi yerro. Buena manera
es essa de desculparte. ¡Desculparme
yo, Sireno (dixo Diana) si la primera
culpa contra ti no tengo por cometer,
jamas me vea con más contento, que el
que agora tengo! Bueno es que me pongas
tú culpa por auerme casado, teniendo
padres. Mas bueno es (dixo Sireno) que
casasses teniendo amor. ¿Y qué parte
(dixo Diana) era el amor, adonde estaua
la obediencia que a los padres se deuia?
¿Mas qué parte (respondio Sireno) eran
los padres, la obediençia, los tiempos,
ni los malos ó fauorables sucçessos de
la fortuna, para sobrepujar vn amor tan
verdadero, como antes de mi partida me
mostraste? Ah Diana, Diana, que nunca yo
pense que vuiera cosa en la uida que vna
fe tan grande pudiera quebrar: quanto
más, Diana, que bien te pudieras casar,
y no olvidar a quien tanto te queria.
Mas mirandolo desapassionadamente, muy
mejor fue para mí ya que te casauas, el
oluidarme. ¿Por qué razon (dixo Diana?)
Porque no ay (respondio Sireno) peor
estado que es querer vn pastor á una
pastora casada: ni cosa que más haga
perder el seso, al que uerdadero amor
le tiene. Y la razon dello es, que como
todos sabemos, la principal passion, que
a un amador atormenta, despues del desseo
de su dama son los çelos. Pues qué te
paresçe, que será para un desdichado que
quiere bien, saber que su pastora está
en braços de su uelado, y él llorando en
la calle su desuentura: Y no para aqui
el trabajo, mas en ser un mal que no os
podeys quexar dél, porque en la hora
que os quexaredes, os ternan por loco,
o desatinado. Cosa la más contraria al
descanso que puede ser: que ya cuando
los çelos son de otro pastor que la
sirua, en quexar de los fauores que le
haze y en oyr desculpas, passays la
vida, mas este otro mal es de manera
que en un punto la perdereys, sino
teneys cuenta con uuestro desseo. Diana
entonçes respondio: Dexa essas razones,
Sireno, que ninguna neçesidad tienes de
querer, ni ser querido. A trueque de no
tenella de querer (dixo Sireno) me alegro
en no tenella de ser querido. Estraña
libertad es la tuya (dixo Diana). Mas
lo fue tu oluido (respondio Sireno),
si miras bien en las palabras que a la
partida me dixiste, mas como dizes,
dexemos de hablar en cosas passadas,
y agradezcamos al tiempo y a la sábia
Feliçia las presentes, y tú, Syluano,
toma tu flauta y templemos mi rabel con
ella, y cantaremos algunos versos: aunque
coraçon tan libre como el mio, ¿qué
podra cantar, que dé contento a quien
no le tiene? Para esto yo te dare buen
remedio, dixo Syluano. Hagamos cuenta
que estamos los dos de la manera que
esta pastora nos traya al tiempo que por
este prado esparzimos nuestras quexas. A
todos paresçio bien lo que Syluano dezia,
aunque Seluagia no estaua muy bien en
ello, mas por no dar a entender çelos
donde tan gran amor amor conosçia, calló
por entonçes y los pastores començaron a
cantar desta manera: