NOTAS:

[1248] M., _buscalle_.

[1249] M., _grande_.

[1250] M., _perficion_.

[1251] V., _daños_.

[1252] V., _atreuimiento_.

[1253] M., _grave_.

LIBRO CUARTO

DE LA DIANA DE GEORGE DE MONTEMAYOR

Ya la estrella del alua començaua a dar

su acostumbrado resplandor, y con su luz

los dulçes ruyseñores embiauan a las

nuues el suaue canto, quando las tres

Nimphas con su enamorada compañia, se

partieron de la isleta, donde Belisa su

triste uida passaua. La qual aunque fuese

más consolada en conuersaçion de las

pastoras y pastores enamorados, todauia

le apremiaba el mal de manera que no

hallaua remedio, para dexar de sentillo.

Cada pastor le contaua su mal, las

pastoras le dauan cuenta de sus amores,

por uer si seria parte para ablandar su

pena. Mas todo consuelo es escusado,

quando los males son sin remedio. La

dama disimulada yua tan contenta de la

hermosura y buena graçia de Belisa, que

no se hartaua de preguntalle cosas,

aunque Belisa se hartaua de responderle

a ellas. Y era tanta la conuersaçion

de las dos, que casi ponia embidia a

los pastores y pastoras. Mas no uuieron

andado mucho, quando llegaron a un

espesso bosque tan lleno de syluestres

y espessos arboles, que a no ser de las

tres Nimphas guiadas, no pudieran dexar

de perderse en él. Ellas yuan delante

por una muy angosta[1254] senda, por

donde no podian yr dos personas juntas.

Y auiendo ydo quanto media legua por

la espessura del bosque, salieron a un

muy grande, y espaçioso llano en medio

de dos caudalosos rios, ambos çercados

de muy alta y uerde arboleda. En medio

dél paresçia una gran casa de tan altos

y soberuios edifiçios, que ponian gran

contentamiento a los que los mirauan,

porque los chapiteles que por ençima de

los arboles sobrepujauan, dauan de si

tan gran resplandor, que pareçian hechos

de un finissimo cristal. Antes que al

gran palaçio llegassen, uieron salir dél

muchas Nimphas de tan gran hermosura,

que sería impossible podello dezir.

Todas uenian[1255] uestidas de telillas

blancas delicadas, texidas con plata y

oro sotilissimamente, sus guirnaldas de

flores sobre los dorados cabellos que

sueltos trayan. Detras dellas uenia una

dueña, que segun la grauedad y arte de su

persona, parescia muger de grandissimo

respecto, uestida de raso negro, arrimada

a una Nimpha muy más hermosa que todas.

Quando nuestras Nhimpas llegaron, fueron

de las otras reçebidas, con muchos

abraços, y con gran contentamiento. Como

la dueña llegasse, las tres Nimphas le

besaron con grandissima humildad las

manos, y ella las reçibio, mostrando muy

gran contento de su uenida. Y antes que

las Nimphas le dixessen cosa de las que

auian passado, la sábia Felicia (que

asi se llamaua la dueña) dixo contra

Felismena: hermosa pastora, lo que por

estas tres Nimphas aueys hecho no se

puede pagar con menos que con tenerme

obligada siempre a ser en vuestro fauor:

que no será poco, segun menester lo

aueys, y pues yo sin estar informada

de nadie, sé quien soys, y adonde os

lleuan uuestros pensamientos, contodo

lo que hasta agora os ha sucçedido, ya

entendereys si os puedo aprouechar en

algo. Pues tened animo firme, que si yo

biuo vos uereys lo que desseays, y aunque

ayays passado algunos trabajos, no ay

cosa que sin ellos alcançar se pueda.

La hermosa Felismena se marauilló de

las palabras de Feliçia, y queriendo

dalle las graçias que a tan gran promesa

se deuian, respondio: Dyscreta señora

mía (pues en fin lo aueys de ser de mi

remedio) quando de mi parte no haya

mereçimiento donde pueda caber la merçed

que pensays hazerme, poned los ojos en lo

que a vos misma deueys, y yo quedaré sin

deuda, y uos muy bien pagada. Para tan

grande mereçimiento como el vuestro (dixo

Feliçia), y tan extremada hermosura, como

naturaleza os ha conçedido, todo lo que

por uos se puede hazer es poco. La dama

se abaxó entonçes por besalle las manos,

y Feliçia la abraçó con grandissimo

amor, y boluiendose a los pastores y

pastoras, les dixo: animosos pastores y

discretas pastoras, no tengays miedo a la

perseuerençia de nuestros males, pues yo

tengo cuenta con el remedio dellos. Las

pastoras y pastores le besaron las manos,

y todos juntos se fueron al sumptuoso

palaçio, delante del qual estaua una gran

plaça çercada de altos açipreses todos

puestos muy por orden, y toda la plaça

era enlosada con losas de alabastro y

marmol negro, a manera de axedrez. En

medio della auia una fuente de marmol

jaspeado, sobre quatro muy grandes leones

de bronçe. En medio de la fuente estaua

una columna de jaspe, sobre la qual

quatro Nimphas de marmol blanco tenian

sus assientos. Los braços tenian alçados

en alto, y en las manos sendos uasos

hechos a la romana. De los quales por

vnas bocas de leones que en ellos auia,

echauan agua. La portada del Palacio era

de marmol serrado con todas las basas,

y chapiteles de las columnas dorados. Y

ansi mismo las vestiduras de las imagenes

que en ellos auia. Toda la casa paresçia

hecha de reluziente jaspe con muchas

almenas, y en ellas esculpidas algunas

figuras de Emperadores, y matronas

Romanas, y otras untiguallas semejantes.

Eran todas las ventanas cada vna de dos

arcos, las çerraduras y clavazon de

plata, todas las puertas de cedro. La

casa era quadrada, y a cada canto auia

una muy alta, y artifiçiosa torre. En

llegando la aportada, se pararon a mirar

su estraña hechura, y las imagenes que

en ella auia, que más parescia obra de

naturaleza que de arte, ni aun industria

humana, entre las quales auia dos Nimphas

de plata, que ençima de los chapiteles

de las columnas estauan, y cada una de

su parte tenian una tabla de alambre,

con unas letras de oro, que dezian desta

manera:

Qvien entra, mire bien como ha biuido

y el don de castidad, si le ha guardado,

y la que quiere bien, o le ha querido,

mire si a causa de otro se ha mudado,

y si la fe primera no ha perdido,

y aquel primer amor ha conseruado,

entrar puede en el templo de Diana,

cuya virtud y graçia es sobrehumana.

Qvando esto vuo oydo la hermosa Felismena

dixo contra las pastoras Beliza y

Selvagia. Bien seguras me paresçe que

podemos entrar en este sumptuoso palaçio

de yr contra las leyes que aquel letrero

nos pone. Sireno se atrauessó, diziendo:

esso no pudiera hazer la hermosa Diana

según ha ydo contra ellas, y aun contra

todas las que el buen amor manda guardar.

Feliçia dixo: no te congoxes, pastor, que

antes de muchos dias te espantarás de

auerte congoxado tanto por essa causa.

Y trauados de las manos, se entraron

en el aposento de la sábia Feliçia que

muy ricamente estaua adereçado de paños

de oro y seda de grandissimo ualor. Y

luego que fueron entradas, la çena se

aparejó, las mesas fueron puestas, y

cada uno por su orden se sentaron junto

a la gran sábia pastora. Felismena y las

Nimphas tomaron entre sí a los pastores

y pastoras: cuya conuersaçion les era en

extremo agradable. Alli las ricas mesas

eran de fino çedro, y los assientos de

marfil, con paños de brocado; muchas

taças y copas hechas de diuersas formas y

todas de grandissimo preçio, las unas de

uidrio artifiçiosamente labrado, otras de

fino cristal, con los pies y asas de oro:

otras de plata, y entre ellas engastadas

piedras preçiosas de grandissimo ualor.

Fueron seruidos de tanta diuersidad y

abundançia de manjares, que es impossible

podello dezir. Despues de alçadas las

mesas entraron tres Nhimphas por la

sala, una de las quales tañia un laud,

otra una harpa, y la otra un salterio.

Venian todas tocando sus instrumentos,

con tan grande conçierto y melodia, que

los presentes estauan como fuera de sí.

Pusieronse a una parte de la sala, y los

pastores y pastoras, importunados de

las tres Nimphas, y rogados de la sábia

Feliçia, se pusieron a la otra parte con

sus rabeles y una çampoña, que Seluagia

muy dulçemente tañia, y las Nimphas

comenzaron a cantar esta cançion, y los

pastores a respondelles de la manera que

oyreys.

_Nimphas._

Amor y fortuna,

autores de trabajo y sin razones,

más altas que la luna,

pornan las affiçiones,

y en esse mismo extremo la passiones.

_Pastores._

No es menos desdichado

aquel que jamas tuuo mal de amores,

que el más enamorado,

faltandole favores,

pues los que sufren más, son los mejores.

_Nimphas._

Si el mal de amor no fuera,

contrario a la razon, como lo uemos,

quiça que os lo creyera;

mas uiendo sus extremos

dichosa las que dél huyr podemos.

_Pastores._

Lo más dificultoso

cometen las personas animosas,

y lo que está dudoso,

las fuerças generosas,

que no es honra acabar pequeñas cosas.

_Nimphas._

Bien uee el enamorado,

que el crudo amor no está en cometimientos,

no en animo esforçado;

está en unos tormentos,

do los que penan más son más contentos.

_Pastores._

Si algun contentamiento

del graue mal de amor se nos recresçe,

no es malo el pensamiento

que a su passion se ofresce,

mas antes es mejor quien más padesce.

_Nimphas._

El más feliçe estado,

en que pone el amor al que bien ama,

en fin trae vn cuydado,

que al seruidor, o dama

ençiende allá en secreto uiua llama.

Y el más fauoreçido,

en un momento no es el que solia;

que el disfauor, y oluido,

el qual ya no temia

silençio ponen luego en su alegria.

_Pastores._

Caer de un buen estado,

es una graue pena y importuna,

mas no es amor culpado,

la culpa es de fortuna,

que no sabe exçeptar persona alguna.

Si amor promete uida,

injusta es esta muerte en que nos mete:

si muerte conosçida,

ningun yerro comete,

que en fin nos uiene a dar lo que promete.

_Nimphas._

Al fiero amor disculpan

los que se hallan dél más sojuzgados,

y a los esentos culpan,

mas destos dos estados

qualquiera escogera al de los culpados.

_Pastores._

El libre y el captiuo

hablar solo un lenguaje es escusado,

uereys que el muerto, el biuo,

amado, o desamado,

cada uno habla (en fin) segun su estado.

La sábia Feliçia, y la pastora Felismena,

estuuieron muy atentas a la musica de las

Nimphas y pastores, y ansi mismo a las

opiniones que cada uno mostraua tener,

y riendose Feliçia contra Felismena, le

dixo al oydo. ¿Quién creera, hermosa

pastora, que las más destas palabras

no os an tocado en el alma? Y ella con

mucha le respondió: han sido las palabras

tales, que al alma a quien no tocaren, no

deue estar tan tocada de amor, como la

mia. Feliçia entonçes (alçando un poco

la boz) le dixo: En estos cassos de amor

tengo yo una regla, que siempre la he

hallado muy uerdadera, y es, que el animo

generoso, el entendimiento delicado, en

esto del querer bien lleua grandissima

uentaja, al que no lo es. Porque como el

amor sea uirtud, y la uirtud siempre haga

assiento en el mejor lugar, está claro,

que las personas de suerte serán muy

mejor enamoradas, que aquellas a quien

esta falte. Los pastores y pastoras,

se sintieron de lo que Feliçia dixo,

y a Syluano le paresçio no dexalla

sin respuesta y assi le dixo: ¿En qué

consiste, señora, ser el animo generosa y

el entendimiento delicado? Feliçia (que

entendio a donde tiraua la pregunta del

pastor) por no descontentarle respondio:

no está en otra cosa sino en la propria

uirtud del hombre, como es en tener el

juyzio viuo, el pensamiento inclinado a

cosas altas, y otras uirtudes que nasçen

con ellos mismos. Satisfecho estoy (dixo

Syluano) y tambien lo deuen estar estos

pastores, porque imaginauamos que tomauas

(o discreta Feliçia) el ualor y uirtud

de más atras de la persona misma, digolo

porque asaz desfauorescido de los bienes

de naturaleza está el que los va a buscar

en sus passados. Todas las pastoras y

pastores mostraron gran contentamiento

de lo que Syluano auia respondido: y

las Nymphas se rieron mucho, de cómo

los pastores se yuan corriendo de la

proposiçion de la sábia Feliçia, la qual

tomando a Felismena por la mano, la

metio en vna camara sola, adonde era su

aposento. Y despues de hauer passado con

ella muchas cosas, le dio grandissima

esperança de conseguir su desseo, y el

virtuoso fin de sus amores, con alcançar

por marido a don Felis. Aunque tambien le

dixo, que esto no podia ser sin primero

passar por algunos trabajos, los quales

la dama tenia muy en poco, viendo el

galardon que dellos esperaua. Feliçia

le dixo que los vestidos de pastora se

quitasse por entonçes, hasta que fuesse

tiempo deboluer a ellos; y llamando a

las tres Nimphas que en su compañia

auian venido, hizo que la vistiessen en

su trage natural. No fueron las Nimphas

perezosas en hazello, ni Felismena

desobediente a lo que Feliçia le mandó.

Y tomandose de las manos, se entraron

en vna recamara, a vna parte de la

qual estaua vna puerta, y abriendo la

hermosa Dorida, baxaron por vna escalera

de alabastro, a vna hermosa sala, que

en medio della auia vn estanque de vna

clarissima agua, adonde todas aquellas

Nimphas se bañauan. Y desnudandose assi

ellas como Felismena se bañaron; y

peinaron despues sus hermosos cabellos,

y se subieron a la recamara de la sábia

Feliçia, adonde despues de auerse vestido

las Nimphas, vistieron ellas mismas a

Felismena, vna ropa, y basquiña de fina

grana: recamada de oro de cañutillo y

aljofar, y vna cuera, y mangas de tela de

plata emprensada: en la basquiña y ropa,

auia sembrados a trechos vnos plumages

de oro, en las puntas de los quales auia

muy gruessas perlas. Y tomandole los

cabellos con vna çinta encarnada, se los

reboluieron a la cabeça, poniendole un

escofion de redezilla de oro muy subtil

y en cada lazo de la red assentado con

gran artifiçio vn finissimo rubí, en dos

guedellas de cabellos, que los lados

de la cristalina frente adornauan, le

fueron puestos dos joyeles, engastados en

ellos muy hermosas esmeraldas y zafires

de grandissimo preçio. Y de cada vno

colgauan tres perlas orientales, hechas

a manera de vellotas. Las arracadas eran

dos nauezillas de esmeraldas, con todas

las xarçias de cristal. Al cuello le

pusieron un collar de oro fino, hecho

a manera de culebra enroscada, que de

la boca tenía colgada una aguila, que

entre las vñas tenía un rubí grande

de infinito preçio. Quando las tres

Nimphas de aquella suerte la uieron,

quedaron admiradas de su hermosura,

luego salieron con ella a la sala, donde

las otras Nimphas y pastores estauan, y

como hasta entonçes fuesse tenida por

pastora, quedaron tan admirados, que

no sabian qué dezir. La sábia Feliçia

mandó luego a sus Nimphas, que lleuasen

a la hermosa Felismena y a su compañia,

a uer la casa y templo adonde estauan,

lo qual fue luego puesto por obra, y la

sábia Feliçia se quedó en su aposento.

Pues tomando Polidora y Cinthia, en

medio a Felismena, y las otras Nimphas

a los pastores y pastoras, que por su

discreçion eran dellas muy estimados se

salieron en un gran patio: cuyos arcos

y columnas eran de marmol jaspeado, y

las basas y chapiteles de alabastro, con

muchos follages a la romana dorados en

algunas partes, todas las paredes eran

labradas de obra mosayca: las columnas

estaban assentadas sobre Leones, Orças,

Tigres de arambre, y tan al biuo, que

parescia, que querian arremeter a los

que alli entrauan: En medio del patio

auia un padron ochauado de bronzo,

tan alto como diez codos, ençima del

qual estaua armado de todas armas a

la manera antigua, el fiero Marte, a

quien los gentiles llamauan el dios de

las batallas. En este padron con gran

artifiçio estauan figurados los superbos

esquadrones romanos a una parte y a

otra los Cartagineses, delante el vno

estaua el brauo Hanibal, y del otro el

valeroso Sçipion Africano, que primero

que la edad y los años le acompañassen,

naturaleza mostró en él gran exemplo de

uirtud, y esfuerço. A la otra parte,

estaua el gran Marco Furio Camillo

conbatiendo en el alto Capitolio por

poner en libertad a la patria, de donde

él hauia sido desterrado. Alli estaua

Horaçio, Muçio Sceuola, el venturoso

Consul Marco Varron, César, Pompeyo, con

el magno Alexandro, y todos aquellos que

por las armas acabaron grandes hechos,

con letreros en que se declarauan sus

nombres, y las cosas en que cada vno más

se auia señalado. Un poco más arriba

destos estaua vn cauallero armado de

todas armas, con vna espada desnuda en la

mano, muchas cabeças de moros debaxo de

sus pies, con vn letrero que dezia:

Soy el Cid honra de España,

si alguno pudo ser más,

en mis obras lo veras.

Al otra parte, estaua otro cauallero

Español, armado de la misma manera,

alçada la sobre vista y con este letrero:

El conde fuy primero de Castilla,

Fernan Gonzalez, alto y señalado,

soy honra y prez de la española silla

pues con mis hechos tanto la he ensalçado.

Mi gran virtud sabra muy bien dezilla

la fama que la vio, pues ha juzgado

mis altos hechos, dignos de memoria,

como os dira la Castellana historia.

Junto á este estaua otro cauallero de

gran disposiçion y esfuerços, segun en su

aspecto lo mostraua, armado en blanco,

y por las armas sembrados muchos Leones

y Castillos, en el rostro mostraua una

çierta braueza, que casi ponia pauor en

los que lo mirauan, y el letrero dezia

ansi:

Bernardo del Carpio soy,

espanto de los paganos,

honra y prez de los christianos,

pues que de mi esfuerço doy

tal exemplo con mis manos:

fama, no es bien que las calles

mis hazañas singulares,

y si acaso las callares,

pregunten a Ronçesualles,

qué fue de los doze pares.

A la otra parte estava vn valeroso

capitan, armado de vnas armas doradas,

con seys vandas sangrientas por en medio

del escudo, y por otra parte muchas

vanderas, y vn rey preso con vna cadena,

cuyo letrero dezia desta manera:

Mis grandes hechos veran

los que no los han sabido

en que solo he meresçido,

nombre de gran capitan,

y tuue tan gran renombre

en nuestras tierras y extrañas,

que se tienen mis hazañas

por mayores que mi nombre.

Iunto a este valeroso capitan, estaua vn

cauallero armado en blanco, y por las

armas sembradas muchas estrellas, y de la

otra parte vn Rey con tres flordelises en

su escudo, delante del qual él rasgaua

ciertos papeles y vn letrero que dezia:

Soy Fonseca cuya historia

en Europa es tan sabida,

que aunque se acabó la uida,

no se acaba la memoria.

Fuy seruidor de my Rey,

a mi patria tuue amor,

jamas dexé por temor

de guardar aquella ley,

que el sieruo deue al señor.

En otro quadro del padron, estaua vn

cauallero armado, y por las armas

sembrados mucho escudos pequeños de oro,

el qual en el ualor de su persona daua

bien a entender el alta sangre de a do

proçedia: los ojos puestos en otros

muchos caualleros de su antiguo linaje,

el letrero que a sus pies tenía dezia

desta manera:

Don Luys de Vilanoua soy llamado

del gran marques de Trans he proçedido,

mi antiguedad, valor muy señalado,

en Françia, Italia, España es conosçido,

Bicorbe antigua casa es el estado,

que la fortuna aora ha conçedido

a un corazon tan alto, y sin segundo,

que poco es para él mandar el mundo.

Despues de auer particularmente mirado el

padron, estos y otros muchos caualleros,

que en él estauan esculpidos, entraron

en vna rica sala, lo alto de la qual era

todo de marfil, marauillosamente labrado:

las paredes de alabastro, y en ellas

esculpidas muchas historias antiguas, tan

al natural, que verdaderamente paresçia

que Lucreçia acabaua alli de darse la

muerte, y que la cautelosa Medea deshazia

su tela en la isla de Ithaca, y que la

ilustre Romana se entregaua a la parca,

por no ofender su honestidad, con la

vista del horrible monstruo, y que la

muger de Mauseolo estaua con grandissima

agonia, entendiendo en que el sepulchro

de su marido fuesse contado por vna de

las siete marauillas del mundo. Y otras

muchas historias y exemplos de mugeres

castissimas, y dignas de ser su fama por

todo el mundo esparzida, porque no tan

solamente a alguna dellas paresçia auer

con su uida dado muy claro exemplo de

castidad, mas otras que con la muerte

dieron muy grande testimonio de su

limpieza: entre las quales estaua la

grande española Coronel, que quiso mas

entregarse al fuego, que dexarse vençer

de un deshonesto apetito. Después de auer

visto cada vna las figuras, y uarias

historias, que por las paredes de la

sala estauan, entraron en otra quadra

más adentro, que segun su riqueza les

paresçio que todo lo que auian visto era

ayre en su comparaçion: porque todas las

paredes eran cubiertas de oro fino, y el

pauimiento de piedras preçiosas, entorno

de la rica quadra estauan muchas figuras

de damas españolas, y de otras naçiones,

y en lo muy alto la diosa Diana, de la

misma estatura que ella era, hecha de

metal Corinthio, con ropas de caçadora,

engastadas por ellas muchas piedras y

perlas de grandissimo valor, con su

arco en la mano, e su aljaua al cuello,

rodeada de Nimphas más hermosas que el

sol. En tan grande admiraçion puso a los

pastores y pastoras, las cosas que alli

veyan, que no sabian qué dezir: porque la

riqueza de la casa era tan grande, las

figuras que alli estauan tan naturales,

el artifiçio de la quadra, y la orden

que las damas que alli auia retratadas

tenian, que no les paresçia poderse

imaginar en el mundo cosa más perfecta.

A una parte de la quadra estauan quatro

laureles de oro esmaltados de uerde,

tan naturales que los del campo no lo

eran mas: y junto a ellos una pequeña

fuente toda de fina plata: en medio de

la qual estaua una Nimpha de oro, que

por los hermosos pechos, vna agua muy

clara echaua, y junto a la fuente sentado

el çelebrado Orpheo, encantado de la

edad que era al tiempo que su Euridiçe

fué del importuno Aristeo requerida:

tenía vestida vna cuera de tela de plata

guarnesçida de perlas, las mangas le

llegauan a medio braço solamente, y

de alli adelante desnudos; tenia vnas

calças hechas a la antigua, cortadas en

la rodilla de tela de plata, sembradas en

ellas vnas çitharas de oro, los cabellos

eran largos y muy dorados sobre los

quales tenía una muy hermosa guirnalda

de laurel. En llegando a él las hermosas

Nimphas, comenzó a tañer en una harpa que

en las manos tenía, muy dulçemente, de

manera que los que lo oyan, estauan tan

agenos de si, que a nadie se le acordaua

de cosa que por el uuiesse passado.

Felismena se sento en un estrado, que en

la hermosa quadra estaua todo cubierto

de paños de brocado, y las Nimphas y

pastoras entorno della, los pastores se

arrimaron a la clara fuente. De la misma

manera estauan todos oyendo al çelebrado

Orpheo, que al tiempo que en la tierra

de los Ciconios cantaua, quando Cipariso

fue conuertido en Cipres y Atis en Pino.

Luego començo el enamorado Orpheo al son

de su harpa a cantar dulçemente, que no

hay sabello dezir. Y boluiendo el rostro

a la hermosa Felismena, dio prinçipio a

los uersos siguientes:

CANTO DE ORPHEO

Escucha, o Felismena, el dulçe canto

de Orpheo, cuyo amor tan alto ha sido:

suspende tu dolor, Seluagia, en tanto

que canta tu amador de amor vençido;

oluida ya, Belisa, el triste llanto,

oyd a un triste (o Nimphas) que ha perdido

sus ojos por mirar, y vos pastores

dexad un poco estar el mal de amores.

No quiero yo cantar, ni Dios lo quiera,

aquel proçesso largo de mis males,

ni quando yo cantaua de manera,

que a mi traya las plantas y animales:

ni quando a Pluton ui, que no deuiera,

y suspendi las penas infernales,

ni como bolui el rostro á mi señora,

cuyo tormento aun biue hasta agora.

Mas cantaré con boz suaue y pura,

la grande perfeçion, la graçia estraña,

el ser, valor, beldad sobre natura,

de las que oy dan valor illustre a España:

mirad pues, Nimphas, ya la hermosura

de nuestra gran Diana y su compaña;

que alli está el fin, alli vereys la suma

de lo que contar puede lengua y pluma.

Los ojos leuantad, mirando aquella

que en la suprema silla está sentada,

el sçeptro, y la corona junto a ella,

y de otra parte la fortuna ayrada:

esta es la luz de España, y clara estrella,

con cuya absençia está tan eclipsada:

su nombre (o Nimphas) es doña Maria

gran Reyna, de Bohemia, de Austria Vngria.

La otra junta a ella es doña Ioana,

de Portugal Prinçesa, y de Castilla

infanta, a quien quitó fortuna insana,

el seçptro, la corona, y alta silla,

y a quien la muerte fue tan inhumana,

que aun ella assi se espanta y marauilla,

de ver quan presto ensagrento sus manos

en quien fue espejo y luz de Lusitanos.

Mirad, Nimphas, la gran doña Maria,

de Portugal infanta soberana,

cuya hermosura y graçia sube oy dia

a do llegar no puede vista humana:

mirad que aunque fortuna alli porfia

la vence el gran valor que della mana,

y no son parte el hado, tiempo, y muerte,

para vençer su grand bondad y suerte.

Aquellas dos que tiene alli a su lado,

y el resplandor del sol han suspendido,

las mangas de oro, sayas de brocado,

de perlas y esmeraldas guarnesçido:

cabellos de oro fino, crespo ondado,

sobre los hombros suelto y esparzido,

son hijas del infante Lusitano,

Duarte valeroso y gran Christiano.

Aquellas dos Duquesas señaladas

por luz de hermosura en nuestra España,

que alli veys tan al biuo debuxadas

con vna perfeçion, y graçia estraña,

de Najara y de Sessa son llamadas,

de quien la gran Diana se acompaña,

por su bondad, valor y hermosura,

saber, y discreçion sobre natura.

¿Ueys vn valor, no vista en otra alguna,

ueys vna perfeçion jamas oyda,

ueys una discreçion, qual fue ninguna,

de hermosura y graçia guarnescida?

¿ueys la que está domando a la fortuna

y a su pesar la tiene alli rendida?

la gran doña Leonor Manuel se llama,

de Lusitania luz que al orbe inflama.

Doña Luisa Carrillo, que en España

la sangre de Mendoça ha esclareçido:

de cuya hermosura y graçia extraña,

el mismo amor, de amor está uençido,

es la que a nuestra Dea ansi acompaña

que de la uista nunca la ha perdido:

de honestas y hermosas claro exemplo,

espejo y clara luz de nuestro templo.

¿Ueys una perfeçion tan acabada

de quien la misma fama está embidiosa?

¿ueys una hermosura más fundada

en graçia y discreçion que en otra cosa,

que con razon obliga a ser amada

porque es lo menos de ella el ser hermosa?

es doña Eufrasia de Guzman su nombre,

digna de inmortal fama y gran renombre.

Aquella hermosura peregrina

no uista en otra alguna sino en ella,

que a qualquier seso apremia y desatina,

y no hay poder de amor que apremie el della,

de carmesí uestida y muy más fina

de su rostro el color que no el de aquella,

doña Maria de Aragon se llama,

en quien se ocupará de oy más la fama.

¿Sabeys quién es aquella que señala

Diana, y nos la muestra con la mano,

que en graçia y discreçion a ella yguala,

y sobrepuja a todo ingenio humano,

y aun ygualarla en arte, en ser y en gala,

sería (segun es) trabajo en uano?

doña Ysabel Manrique y de Padilla,

que al fiero Marte uenze y marauilla.

Doña Maria Manuel y doña Ioana

Osorio, son las dos que estays mirando

cuya hermosura y graçia sobre humana,

al mismo Amor de amor está matando:

y esta nuestra gran Dea muy vfana,

de ueer a tales dos de nuestro uando,

loallas, segun son es escusado:

la fama y la razon ternan cuydado.

Aquellas dos hermanas tan nombradas

cada una es una sola y sin segundo,

su hermosura y graçias extremadas,

son oy en dia un sol que alumbra el mundo,

al biuo me paresçen trasladadas,

de la que a buscar fuy hasta el profundo:

doña Beatriz Sarmiento y Castro es una

con la hermosa hermana qual ninguna.

El claro sol que ueys resplandeçiendo

y acá, y allá sus rayos ya mostrando,

la que del mal de amor se está riendo,

del arco, aljaua y flechas no curando,

cuyo diurno rostro está diziendo,

muy más que yo sabré dezir loando,

doña Ioana es de Çarate, en quien vemos

de hermosura y graçia los extremos.

Doña Anna Osorio y Castro está cabe ella

de gran valor y graçia acompañada,

ni dexa entre las bellas de ser bella,

ni en toda perfeçion muy señalada,

mas su infelize hado vsó con ella

de una crueldad no vista ni pensada,

porque al ualor, linaje y hermosura

no fuesse ygual la suerte, y la uentura.

Aquella hermosura guarnecida

de honestidad, y graçia sobre humana,

que con razon y causa fue escogida

por honra y prez del templo de Diana,

contino uençedora, y no uençida

su nombre (o Nimphas) es doña Iuliana,

de aquel gran Duque nieta y Condestable,

de quien yo callaré, la fama hable[1256].

Mirad de la otra parte la hermosura

de las illustres damas de Valençia,

a quien mi pluma ya de oy mas procura

perpetuar su fama y su excelençia:

aqui, fuente Helicona, el agua pura

otorga, y tú, Minerua, enpresta sçiençia,

para saber dezir quién son aquellas

que no hay cosa que ver despues de vellas.

Las cuatro estrellas ved resplandesçientes

de quien la fama tal ualor pregona

de tres insignes reynos desçendientes,

y de la antigua casa de Cardona,

de la vna parte Duques exçelentes,

de otra el trono, el sçeptro, y la corona,

del de Segorbe hijas, cuya fama

del Borea al Austro, al Euro se derrama.

La luz del orbe con la flor de España,

el fin de la beldad y hermosura,

el coraçon real que le acompaña,

el ser, valor, bondad sobre natura,

aquel mirar que en verlo desengaña,

de no poder llegar alli criatura:

doña Anna de Aragon se nombra y llama,

a do por el amor, cansó la fama.

Doña Beatrix su hermana junto della

vereys, si tanta luz podeys miralla:

quien no podré alabar, es sola ella,

pues no ay podello hazer, sin agrauialla:

a aquel pintor que tanto hizo en ella,

le queda el cargo de poder loalla,

que a do no llega entendimiento humano

llegar mi flaco ingenio, es muy en vano.

Doña Françisca d'Aragon quisiera

mostraros, pero siempre está escondida:

su vista soberana es de manera,

que a nadie que la vee dexa con vida:

por esso no paresçe. ¡Oh quién pudiera

mostraros esta luz, que al mundo oluida,

porque el pintor que tanto hizo en ella,

los passos le atajó de meresçella.

A doña Madalena estays mirando

hermana de las tres que os he mostrado,

miralda bien, uereys que está robando

a quien la mira, y biue descuydado:

su grande hermosura amenazando

está, y el fiero amor el arco armado,

porque no pueda nadie, ni aun miralla,

que no le rinda o mate sin batalla.

Aquellos dos luzeros que a porfia

acá, y allá sus rayos uan mostrando,

y a la exçelente casa de Gandia,

por tan insigne y alta señalando,

su hermosura y suerte sube oy dia

muy más que nadie sube imaginando:

¿quién uee tal Margareta y Madalena,

que tema del amor la horrible pena?

Quereys, hermosas Nimphas, uer la cosa,

que el seso más admira y desatina?

mirá una Nimplia más que el sol hermosa,

pues quién es ella, o él jamas se atina:

el nombre desta fenix tán famosa,

es en Valençia doña Cathalina

Milan, y en todo el mundo es oy llamada

la más discreta, hermosa y señalada.

Alçad los ojos, y vereis de frente

del caudaloso rio y su ribera,

peynando sus cabellos, la exçelente

doña Maria Pexon y Çanoguera

cuya hermosura y gracia es euidente,

y en discreçion la prima y la primera:

mirad los ojos, rostro cristallino,

y aquí puede hazer fin uuestro camino.

Las dos mirad que están sobrepujando,

a toda discreçion y entendimiento,

y entre las más hermosas señalando

se uan, por solo vn par, sin par ni cuento,

los ojos que las miran sojuzgando:

pues nadie las miró que biua essento:

¡ued qué dira quien alabar promete

las dos Beatrizes, Vique y Fenollete!

Al tiempo que se puso alli Diana,

con su diuino rostro y excelente

salió un luzero, luego una mañana

de Mayo muy serena y refulgente:

sus ojos matan y su uista sana,

despunta alli el amor su flecha ardiente,

su hermosura hable, y testifique

ser sola y sin ygual doña Anna Vique.

Bolued, Nimphas, uereys doña Teodora

Carroz, que del valor y hermosura

la haze el tiempo reyna y gran señora

de toda discreçion y graçia pura:

qualquiera cosa suya os enamora,

ninguna cosa nuestra os assegura,

para tomar tan grande atreuimiento,

como es poner en ella el pensamiento.

Doña Angela de Borja contemplando

uereys que está (pastores) en Diana,

y en ella la gran dea está mirando

la graçia y hermosura soberana:

Cupido alli a sus pies está llorando,

y la hermosa Nimpha muy ufana,

en uer delante della estar rendido

aquel tyrano fuerte y tan temido.

De aquella illustre cepa Çanoguera,

salio una flor tan extremada y pura,

que siendo de su edad la primauera,

ninguna se le yguala en hermosura:

de su excelente madre es heredera,

en todo quanto pudo dar natura,

y assi doña Hieronyma ha llegado

en graçia y disceçion al sumo grado.

¿Quereys quedar (o Nimphas) admiradas,

y uer lo que a ninguna dió uentura:

quereys al puro extremo uer llegados

ualor, saber, bondad y hermosura?

mirad doña Veronica Marradas,

pues solo uerla os dize y assegura

que todo sobra, y nada falta en ella,

sino es quien pueda (o piense) meresçella.

Doña Luysa Penarroja uemos

en hermosura y graçia más que humana,

en toda cosa llega los estremos,

y a toda hermosura uençe y gana:

no quiere el crudo amor que la miremos

y quien la uió, si no la uee, no sana:

aunque despues de uista el crudo fuego

en su vigor y fuerça buelue luego.

Ya ueo, Nimphas, que mirays aquella

en quien estoy continuo contemplando,

los ojos se os yran por fuerça a ella,

que aun los del mismo amor está robando:

mirad la hermosura que ay en ella,

mas ued que no çegueys quiçá mirando

a doña Ioana de Cardona, estrella

que el mismo amor está rendido a ella.

Aquella hermosura no pensada

que ueys, si uerla cabe en nuestro uaso:

aquella cuya suerte fue estremada

pues no teme fortuna, tiempo o caso,

aquella discreçion tan leuantada,

aquella que es mi musa y mi parnaso:

Ioanna Anna, es Catalana, fin y cabo

de lo que en todas por estremo alabo.

Cabe ella está un estremo no uicioso,

mas en uirtud muy alto y estremado,

disposiçion gentil, rostro hermoso,

cabellos de oro, y cuello delicado,

mirar que alegra, mouimiento ayroso,

juyzio claro y nombre señalado,

doña Angela Fernando, aquien natura

conforme al nombre dio la hermosura.

Vereys cabe ella doña Mariana,

que de ygualalle nadie está segura;

miralda junto a la exçelente hermana,

uereys en poca edad gran hermosura,

uereys con ella nuestra edad ufana,

uereys en pocos años gran cordura,

uereys que son las dos el cabo y summa

de quanto dezir puede lengua y pluma.

Las dos hermanas Borjas escogidas,

Hippolita, Ysabel, que estays mirando,

de graçia y perfeçion tan guarnesçidas,

que al sol su resplandor está çegando,

miraldas y uereys de quantas uidas

su hermosura siempre ua triumphando:

mirá los ojos, rostro, y los cabellos,

que el oro queda atras y passan ellos.

Mirad doña Maria Çanoguera,

la qual de Catarroja es oy señora,

cuya hermosura y graçia es de manera,

que a toda cosa uençe y la enamora:

su fama resplandeçe por do quiera

y su uirtud la ensalça cada hora,

pues no ay qué dessear despues de uella,

¿quién la podrá loar sin offendella?

Doña Ysabel de Borja está defrente

y al fin y perfeçion de toda cosa,

mira la graçia, el ser, y la exçelente

color más biua que purpurea rosa,

mirad que es de uirtud y graçia fuente,

y nuestro siglo illustre en toda cosa:

al cabo está de todas su figura,

por cabo y fin de graçia y hermosura.

La que esparzidos tiene sus cabellos

con hilo de oro fino atras tomados,

y aquel diuino rostro, que él y ellos

a tantos coraçones trae domados,

el cuello de marfil, los ojos bellos,

honestos, baxos, uerdes, y rasgados,

doña Ioana Milan por nombre tiene,

en quien la uista pára y se mantiene,

Aquella que alli ueys, en quien natura

mostró su sçiençia ser marauillosa,

pues no ay pasar de alli en hermosura,

no ay más que dessear a una hermosa:

cuyo ualor, saber, y gran cordura

leuantarán su fama en toda cosa,

doña Mençia se nombra Fenollete,

a quien se rinde amor y se somete.

La cançion del çelebrado Orpheo, fue tan

agradable a los oydos de Felismena, y de

todos los que la oyan, que assi los tenia

suspensos, como si por ninguno de ellos

uuiera passado más de lo que presente

tenian. Pues auiendo muy particularmente

mirado el rico aposento, con todas las

cosas que en él auia que uer, salieron

las Nymphas por una puerta de la gran

sala, y por otra de la sala a un hermoso

jardin, cuya uista no menos admiraçion

les causó que lo que hasta alli auian

uisto, entre cuyos arboles y hermosas

flores auia muchos sepulchros de nimphas

y damas, las quales auian con gran

limpieça conseruado la castidad deuida

a la castissima diosa. Estauan todos

los sepulchros coronados de enredosa

yedra, otros de olorosos arrayhanes,

otros de uerde laurel. De más desto auia

en el hermoso jardin muchas fuentes de

alabastro, otras de marmol jaspeado, y

de metal, debaxo de parrales, que por

ençima de artifiçiosos arcos estendian

todas sus ramas, los myrthos hazian

cuatro paredes almenadas, y por ençima de

las almenas, paresçian muchas flores de

jazmin, madreselua, y otras muy apazibles

a la uista. En medio del jardin estaua

una piedra negra, sobre quatro pilares de

metal, y en medio de ella un sepulchro de

jaspe, que quatro Nimphas de alabastro

en las manos sostenian, entorno dél

estauan muchos blandones, y candeleros

de fina plata, muy bien labrados, y en

ellos hachas blancas ardiendo. En torno

de la capilla auia algunos bultos de

caualleros, otros de marmol jaspeado, y

de otras diferentes materias. Mostrauan

estas figuras tan gran tristeza en el

rostro, que la pusieron en el coraçon de

la hermosa Felismena, y de todos los que

el sepulchro veyan. Pues mirandolo muy

particularmente, vieron que a los pies

dél, en una tabla de metal que una muerte

tenía en las manos, estaua este letrero:

Aqui reposa doña Catalina

de Aragon y Sarmiento cuya fama,

al alto çielo llega, y se auezina,

y desde el Borea al Austro se derrama:

matéla, siendo muerte, tan ayna,

por muchos que ella ha muerto, siendo dama,

acá está el cuerpo, el alma allá en el çielo,

que no la meresçio gozar el suelo.

Despues de leydo el Epigramma, vieron

cómo en lo alto del sepulchro estaua vna

aguda de marmol negro, con vna tabla de

oro en las vñas, y en ella estos uersos.

Qual quedaria (o muerte) el alto çielo

sin el dorado Apollo y su Diana

sin hombre, ni animal el baxo suelo,

sin norte el marinero en mar insana,

sin flor, ni yerua el campo y sin consuelo,

sin el roçio d'aljofar la mañana,

assi quedó el ualor, la hermosura,

sin la que yaze en esta sepultura.

Quando estos dos letreros vuieron leydo,

y Belisa entendido por ellos quién

era la hermosa Nimpha que alli estaua

sepultada, y lo mucho que nuestra España

auia perdido en perdella, acordandosele

de la temprana muerte del su Arsileo, no

pudo dexar de dezir con muchas lagrimas:

Ay muerte, quán fuera estoy de pensar,

que me as de consolar con males agenos!

Dueleme en estremo lo poco que se gozó

tan gran ualor y hermosura como esta

Nimpha me dizien que tenía, porque ni

estaua presa de amor, ni nadie meresçio

que ella lo estuuiesse. Que si otra

cossa entendiera, por tan dichosa la

tuuiera yo en morirse, como a mí por

desdichada en uer, o cruda muerte, quan

poco caso hazes de mi: pues lleuandome

todo mi bien, me dexas, no para más, que

para sentir esta falta. O mi Arsileo, o

disçreçion jamás oyda, o el más claro

ingenio que naturaleza pudo dar. ¿Qué

ojos pudieron uerte, qué animo pudo

suffrir tu desastrado fin? O Arsenio,

Arsenio, Arsenio quan poco pudiste

suffrir la muerte del desastrado hijo,

teniendo más ocasion de suffrirla que yo?

¿Por qué (cruel Arsenio) no quesiste que

yo partiçipasse de dos muertes, que por

estoruar la que menos me dolia, diera

yo çien mil vidas, si tantas tuuiera? A

Dios, bienauenturada Nimpha, lustre y

honrra de la real casa de Aragon, Dios

dé gloria a tu anima, y saque la mia de

entre tantas desuenturas. Despues Belisa

vuo dicho estas palabras, y despues de

auer uisto otras muchas sepulturas,

muy riquissimamente labradas, salieron

por una puerta falsa que en el jardin

estaua, al verde prado: adonde hallaron

a la sabia Feliçia, que sola se andaua

recreando: la qual los reçibio con muy

buen semblante. Y en quanto se hazia hora

de çenar, se fueron a vna gran alameda,

que çerca de alli estaua, lugar donde las

Nimphas del sumptuoso templo, algunos

dias salian a recrearse. Y sentados en

un pradezillo, çercado de uerdes salzes,

començaron a hablar vnos con otros:

cada vno en la cosa que más contento le

daua. La sábia Feliçia llamó junto a

si al pastor Sireno, y a Felismena. La

Nimpha Dorida, se puso con Syluano hazia

vna parte del verde prado, y las dos

pastoras, Seluagia, y Belisa, con las

más[1257] hermosas Nimphas, Cinthia y

Polydora, se apartaron haçia otra parte:

de manera que aunque no estauan vnos

muy lexos de los otros, podian muy bien

hablar, sin que estoruasse vno lo que el

otro dezia. Pues queriendo Sireno, que la

platica, y conuersaçion se conformasse

con el tiempo y lugar, y tambien con

la persona a quien hablaua, començo a

hablar desta manera: No me paresçe fuera

de proposito, señora Feliçia, preguntar

yo una cosa que jamás pude llegar al

cabo del conosçimiento della: y es esta:

Affirman todos los que algo entienden,

que el uerdadero amor nasçe de la razon:

y si esto es ansi, quál es la causa

porque no hay cosa mas desenfrenada en

el mundo, ni que menos se dexe gouernar

por ella? Feliçia le respondió: Assi

como essa pregunta es más que de pastor:

assi era neçessario que fuesse más que

muger la que a ella respondiesse, mas con

lo poco que yo alcanço, no me paresçe

que porque el amor tenga por madre a la

razon, se ha de pensar que él se limite,

ni gouierne por ella. Antes has de

presuponer, que despues que la razon del

conosçimiento lo ha engendrado las menos

uezes quiere que lo[1258] gouierne. Y es

de tal manera desenfrenado, que las más

de las ueces uiene en daño y perjuyzio

del amante, pues por la mayor parte, los

que bien aman, se uienen a desamar a si

mismos, que es contra razon, y derecho de

naturaleza. Y esta es la causa, porque

le pintan çiego, y falto de toda razon.

Y como su madre Venus tiene los ojos

hermosos, ansi él dessea siempre lo más

hermoso. Pintanlo desnudo, porque el buen

amor, ni puede dissimularse con la razon,

ni encubrirse con la prudençia. Pintanle

con alas, porque ueloçissimamente entra

en el anima del amante: y quanto más

perfecto es, con tanto mayor ueloçidad y

enagenamiento de si mismo, va a buscar

la persona amada: por lo qual dezia

Euripides, que el amante biuia en el

cuerpo del amado. Pintanlo ansi mismo

flechando su arco, porque tira derecho

al coraçon, como a proprio blanco, y

tambien porque la llaga de amor, es como

la que haze la saeta, o flecha en la

entrada, y profunda en lo intrinseco del

que ama. Es esta llaga difficil de uer,

mala de curar, y muy tardia en el sanar.

De manera, Sireno, que no deue admirarte,

aunque el perfecto amor sea hijo de

razon, que no se gouierne por ella,

porque no hay cosa que despues de nasçida

menos corresponda al origen de adonde

nasçio. Algunos dizen, que no es otra

la differençia entre el amor uiçioso,

y el que no lo es, sino que el uno se

gouierna por razon, y el otro no se dexa

gouernar por ella, y engañanse: porque

aquel exçesso, y impetu no es más propio

del amor deshonesto, que del honesto:

antes es vna propriedad de qualquier

genero de amor: saluo que el uno haze la

uirtud mayor y en el otro acresçienta

mas el uiçio. Quién puede negar que en

el amor que uerdaderamente se honesta,

no se hallen marauillosos y exçessiuos

effectos? Preguntenlo a muchos que por

solo el amor de Dios no hizieron cuenta

de sus personas, ni estimaron por él

perder la uida (aunque sabido el premio

que por ello se esperaua, no dauan mucho)

pues quántos han procurado consumir sus

personas, y acabar sus uidas, inflamados

del amor de la uirtud, de alcançar fama

gloriosa? Cosa que la razon ordinaria no

permite, antes guia qualquiera effecto,

de manera que la uida pueda honestamente

conseruarse. Pues quántos exemplos te

podria yo traer de muchos que por solo

el amor de sus amigos, perdieron la uida,

y todo lo más que con ella se pierde:

Dexemos este amor, boluamos al amor del

hombre con la muger. Has de saber, que

si el amor que el amador tiene a su

dama (aunque inflamado en desenfrenada

affiçion) nasçe de la razon, y del

uerdadero conosçimiento y juyzio: que

por solas sus uirtudes la juyzgue digna

de ser amada: que este tal amor (a mi

paresçer, y no me engaño) no es illiçito,

ni deshonesto, porque todo el amor desta

manera, no tira a otro fin, sino a querer

la persona por ella misma, sin esperar

otro interesse ni galardon de sus amores.

Ansi que esto es lo que me paresçe que

se puede responder a lo que en este caso

me has preguntado. Sireno entonces le

respondio: Yo estoy, discreta señora,

satisfecho de lo que desseaua entender,

y ansi creo que lo estare (segun tu

claro juyzio) de todo lo que quisiera

saber de ti: aunque otro entendimiento

era menester más abundante que el mio,

para alcançar lo mucho que tus palabras

comprehenden. Syluano, que con Polidora

estaua hablando, dezia: Marauillosa cosa

es (hermosa Nimpha) ver lo que sufre vn

triste coraçon, que a los trançes de amor

está subjecto, porque el menor mal que

haze, es quitarnos el juyzio, perder la

memoria de toda cosa, y henchir la de

solo él: buelue ageno de si todo hombre,

y proprio de la persona amada. Pues qué

hará el desuenturado, que se vee enemigo

de plazer, amigo de soledad, lleno de

passiones, çercado de temores, turbado de

spiritu, martyrizado del seso, sustentado

de esperança, fatigado de pensamientos,

affligido de molestias, traspassado de

çelos, lleno perpetuamente de sospiros,

enojos, y agrauios que jamás le faltan?

Y lo que más me marauillo es que siendo

este amor tan intolerable y estremado en

crueldad, no quiera el spiritu apartarse

dél ni lo procure: mas antes tenga por

enemigo a quien se lo aconseja. Bien está

todo (dixo Polidora) pero yo sé muy bien

que por la mayor parte los que aman,

tienen más de palabras que de passiones.

Señal es essa (dixo Syluano) que no las

sabes sentir, pues no las puedes creer,

y bien paresçe que no has sido tocado

deste mal, ni plega a Dios que lo seas:

el qual ninguno lo puede creer, ni la

calidad, y multitud de los males que dél

proçeden, sino el que partiçipa dellos.

¿Cómo que piensas tú (hermosa Nimpha)

que hallandose continuamente el amante

confusa la razon, occupada la memoria,

enagenada la fantasia y el sentido

del exçessiuo amor fatigado, quedará

la lengua tan libre que pueda fingir

pasiones, ni mostrar otra cosa de lo que

siente? Pues no te engañes en esso, que

yo te digo que es muy al reues de lo que

tú lo imaginas. Vesme aqui donde estoy

que verdaderamente ninguna cosa ay en

mi, que se pueda gouernar por razon, ni

aun la podrá auer en quien tan ageno

estuuiere de su libertad como yo: porque

todas las subiectiones corporales dexan

libre (a lo menos) la voluntad, mas la

subjection de amor es tal, que la primera

cosa que haze, es tomaros possesion

della, y quieres tú, pastora, que forme

quexas, y finja sospiros, el que desta

manera se vee tratado? Bien paresçe en

fin que estás libre de amor, como yo

poco ha te dezia. Polidora le respondio:

yo conozco, Syluano, que los que aman,

reçiben muchos trabajos, y affliçiones,

todo el tiempo que no alcançan lo que

dessean: pero despues de conseguida la

cosa desseada, se les buelue en descanso

y contentamiento. De manera que todos

los males que passan, más proceden del

desseo, que de amor que tengan a lo que

dessean. Bien paresçe que hablas en

mal que no tienes experimentado (dixo

Syluano) porque el amor de aquellos

amantes cuyas penas çessan despues de

auer alcançado lo que dessean, no proçede

su amor de la razon, sino de un apetito

baxo y deshonesto. Seluagia, Belisa y la

hermosa Ciuthia, estauan tratando, quál

era la razon, porque en absencia las más

de las uezes se resfriaua el amor. Belisa

no podia creer que por nadie passasse

tan gran deslealtad, diziendo: que pues

siendo muerto el su Arsileo, y estando

bien segura de no uerle más, le tenía el

mismo amor que quando biuia, que ¿cómo

era possible, ni se podia suffrir, que

nadie oluidasse en absençia los amores,

que algun tiempo esperasse ver? La Nimpha

Ciuthia le respondio: no podré, Belisa,

responderte con tanta sufiçiençia como

por uentura la materia lo requeria, por

ser cosa que no se puede esperar del

ingenio de vna Nimpha como yo. Mas lo

que a mi me paresçe es que quando uno se

parte de la presençia de quien quiere

bien la memoria le queda por ojos: pues

solamente con ella uee lo que dessea.

Esta memoria tiene cargo de representar

al entendimiento lo que contiene en sí,

y del entenderse la persona que ama,

uiene la uoluntad, que es la terçera

potentia del ánima, a engendrar el desseo

mediante el qual tiene el ausente pena

por uer aquel que quiere bien. De manera

que todos estos effectos se deriuan de

la memoria, como de una fuente, donde

nasçe el prinçipio del desseo. Pues aueys

de saber aora, hermosas pastoras, que

como la memoria sea una cosa, que cuanto

más va, más pierde su fuerça y uigor

oluidandose de lo que le entregaron los

ojos: ansi tanbien lo pierden las otras

potençias, cuyas obras en ella tenian

su prinçipio, de la misma manera que a

los rios se les acabaria su corriente,

si dexassen de manar las fuentes adonde

nasçen. Y si como esto se entiende en el

que parte se entendiera tambien en el

que queda. Y pensar tú, hermosa pastora,

que el tiempo no curaria tu mal, si

dexasses el remedio dél en manos de la

sábia Feliçia, será muy gran engaño:

porque ninguno ay, a quien ella no dé

remedio, y en el de amores más que en

todos los otros. La sábia Feliçia, que

aunque estaua algo apartada, oyó lo que

Cinthia dixo, le respondio: No seria

pequeña crueldad poner yo el remedio, de

quien tanto lo ha menester, en manos de

medio tan espacioso, como es el tiempo.

Que puesto caso que algunas uezes no lo

sea, en fin, las enfermedades grandes, si

otro remedio no tienen sino el suyo, se

an de gastar tan despaçio que primero que

se acaben, se acabe la uida de quien las

tiene. Y porque mañana pienso entender

en lo que toca al remedio de la hermosa

Felismena, y de toda su compañia, y los

rayos del dorado Apollo paresce que uan

ya dando fin a su jornada, será bien que

nosotros lo demos a nuestra platica,

y nos uamos a mi aposento, que ya la

çena pienso que nos está aguardando. Y

ansi se fueron en casa de la gran sábia

Feliçia, donde hallaron ya las mesas

puestas, debaxo de unos uerdes parrales

que estauan en un jardin que en la casa

auia.[1259] Y acabando de çenar, la sábia

Feliçia rogo a Felismena que contasse

alguna cosa, ora fuesse hystoria, o

algun acresçimiento, que en la prouinçia

de Vandalia uuiesse sucçedido. Lo qual

Felismena hizo, y con muy gentil graçia

començo a contar lo presente:

En tiempo del ualeroso infante don

Fernando, que despues fue Rey de Aragon,

uuo un cauallero en España llamado

Rodrigo de Naruaez: cuya uirtud y

esfuerço fue tan grande, que ansi en la

guerra, como en la paz alcançó nonbre muy

prinçipal entre todos los de su tienpo,

y señaladamente se mostró quando el

dicho señor infante ganó de poder de los

moros la çiudad de Antequera: dando a

entender en muchas empresas y hechos de

armas que en esta guerra sucçedieron, un

animo muy entero, vn coraçon inuençible,

y una liberalidad, mediante la qual el

buen capitan no solo es estimado de su

gente: mas aun la agena haze suya. A cuya

causa meresçio que despues de ganada

aquella tierra en recompensa (aunque

desygual a sus exçelentes hechos) se

le dio la alcaydia y defensa della. Y

junto a esto, se le dió tambien la de

Alora, donde estuuo lo más del tiempo,

con çinquenta hidalgos escogidos a

sueldo del rey, para defensa y seguridad

de la fuerça. Los quales con el buen

gouierno de su capitan emprendian muy

ualerosas empresas en defençion de la

fe christiana, saliendo con mucha honra

dellas, y perpetuando su fama con los

señalados hechos que en ellos hazian.

Pues como sus animos fuessen tan enemigos

de la oçiosidad, y el exerçiçio de las

armas fuese tan acçepto al coraçon del

ualeroso Alcayde, vna noche del uerano,

cuya claridad y frescura de un blando

viento combidaua a no dexar de gozalla,

el Alcayde con nueue de sus caualleros,

porque los demas quedassen en guarda de

la fuerça armados a punto de guerra, se

salieron de Alora, por uer si los moros

sus fronteros se descuydauan, y confiados

en ser de noche, passauan por algun

camino, de los que çerca de la villa

estauan. Pues yendo los nueue caualleros

y su capitan ualeroso con todo el secreto

possible, y con muy gran cuydado de

no ser sentidos, llegaron a donde el

camino por do yua se repartia en dos, y

despues de tener su consejo, acordaron de

repartirse çinco por cada uno, con tal

orden que si los unos se uiessen en algun

aprieto, tocando una corneta, serian

socorridos de los otros. Y desta manera

el Alcayde, y los quatro dellos echaron a

la vna mano, y los otros çinco a la otra,

los quales yendo por el camino, hablando

en diuersas cosas y desseando cada vno

dellos hallar en qué emplear su persona,

y señalarse, como cada dia acostunbrauan

hazer, oyeron no muy lexos de si vna boz

de hombre que suauissimamente cantaua,

y de quando en quando daua vn suspiro,

que del alma le salia, en el qual daua

muy bien a entender que alguna passion

enamorada le occupaua el pensamiento.

Los caualleros que esto oyeron, se meten

entre un arboleda que cerca del camino

auia, y como la luna fuesse tan clara

que el dia no lo era más, uieron uenir

por el camino donde ellos yuan un moro

tan gentil hombre y bien tallado, que

su persona daua bien a entender que

deuia ser de gran linaje y esfuerço:

uenia en un gran cauallo ruoçio rodado,

uestida una marlota y albornoz de damasco

carmesi, con rapaçejos de oro, y las

labores dél çercadas de cordonçillos

de plata. Traya en la cinta un hermoso

alfanje con muchas borlas de seda y oro,

en la cabeça una toca Tunezi de seda y

algodon listada de oro y rapaçejos de lo

mismo, la qual dandole muchas bueltas

por la cabeça le seruia de ornamento y

defensa de su persona. Traya una adarga

en el braço yzquierdo muy grande, y en la

derecha mano vna lança de dos hierros.

Con tan gentil ayre, y continente uenia

el enamorado moro, que no se podia más

dessear, y aduertiendo a la cançion que

dezia, oyeron que el romançe (aunque en

arabigo le dixesse) era este:

En Cartama me he criado,

nasçi en Granada primero,

mas fuy de Alora frontero,

y en Coyn enamorado.

Aunque en Granada nasçi,

y en Cartama me crié,

en Coyn tengo mi fe,

con la libertad que di,

alli biuo adonde muero,

y estoy do está mi cuydado,

y de Alora soy frontero,

y en Coyn enamorado.

Los cinco caualleros que quiça de

las passiones enamoradas tenian poca

experiençia, o ya que la tuuiessen,

tenian más ojo al interesse que tan

buena presa les prometia, que a la

enamorada cançion del moro, saliendo de

la emboscada, dieron con gran impetu

sobre él; mas el valiente moro que en

semejantes cosas era esperimentado

(aunque entonces el amor fuesse señor de

sus pensamientos) no dexó de boluer sobre

sí con mucho animo, y con la lança en la

mano, comiença a escaramuçar con todos

los çinco christianos, a los quales muy

en breue dió a conosçer que no era menos

ualiente que enamorado. Algunos dizen que

uinieron a él uno a uno, pero los que

han llegado al cabo con la uerdad desta

historia, no dizen sino que fueron todos

juntos, y es razonable cosa de creer que

para prendelle yrian todos, y que quando

uiessen que se defendia, se apartarian

los quatro. Como quiera que sea, él los

puso en tanta neçessidad que derribando

los tres, los otros dos cometian con

grandissimo animo, y no era menester

poco segun el ualiente aduersario

que tenían, porque puesto caso que

anduuiesse herido en un muslo, aunque no

de herida peligrosa, no era su esfuerço

de manera que aun las heridas mortales

le pudiessen espantar, pues auiendo

perdido su lança, puso las piernas al

cauallo, haziendo muestra de huyr: los

dos caualleros lo seguian, y él buelue

a passar entrellos como un rayo, y en

llegando a donde estaua uno de los tres

quél auia derribado, se dexó colgar del

cauallo, y tomando la lança se boluio a

endereçar con gran ligereza en la silla.

A esta hora, vno de los dos escuderos

tocó el cuerno, y él se vino a ellos, y

los traya de manera que si aquella hora

el ualeroso Alcayde no llegara, lleuaran

el camino de los tres compañeros que en

el campo estauan tendidos. Pues como el

Alcayde llegó, y vido que ualerosamente

el moro se combatia tuuolo en mucho, y

desseó en extremo prouarse con él, y

muy cortesemente le dixo: Por çierto,

cauallero, no es vuestra valentia y

esfuerço de manera que no se gane mucha

honra en uenceros, y si esta la fortuna

me otorgasse no ternia mas que pedille:

mas aunque sé el peligro a que me pongo

con quien tan bien se sabe defender, no

dexaré de hazello, pues que ya en el

acometello no puede dexar de ganarse

mucho. Y diziendo esto, hizo apartar los

suyos, poniendose el vençido por premio

del uencedor. Apartados que fueron,

la escaramuça entre los dos ualientes

caualleros se començo. El ualeroso

Naruaez desseaua la victoria, porque

la valentia del Moro le acresçentaua

la gloria que con ella esperaua. El

esforçado Moro, no menos que el Alcayde

la desseaua, y no con otro fin, sino

de conseguir el de su esperança. Y

ansi andauan los dos tan ligeros en el

herirse y tan osados en acometerse, que

si el cansancio passado y la herida que

el Moro tenía no se lo estoruara, con

dificultad uuiera el Alcayde victoria

de aquel hecho. Mas esto, y el no poder

menearse su cauallo, muy claramente se

la prometian, y no porque en el Moro se

conosçiesse punto de couardia, mas como

uio que sola esta batalla le yua la vida,

la qual él trocara por el contentamiento

que la fortuna entonçes le negaua, se

esforço quanto pudo, y poniendose sobre

los estriuos, dió al Alcayde vna gran

lançada por ençima del adarga. El qual

reçebido aquel golpe, le respondio con

otro en el braço derecho, y atreuiendose

en sus fuerças si a braços uiniessen,

arremetió con él, y con tanta fuerça le

abraçó que sacandolo de la silla, dió con

él en tierra diziendo: Cauallero, date

por mí uençido, si más no estimas serlo,

que la vida en mis manos tienes. Matarme

(respondio el Moro) está en tu mano como

dizes, pero no me hará tanto mal la

fortuna que pueda ser vençido, sino de

quien mucho ha que me he dexado vençer, y

este solo contento me queda de la prision

a que mi desdicha me ha traydo. No miró

el Alcayde, tanto en las palabras del

moro, que por entonçes le preguntasse a

qué fin las dezia, mas vsando de aquella

clemençia que el uençedor ualeroso suele

usar con el desamparado de la fortuna,

lo ayudó a leuantar, y el mismo le

apretó las llagas, las quales no eran

tan grandes que le estoruassen a subir

en su cauallo, y assi todos juntos con

la presa tomaron el camino de Alora.

El Alcayde lleuaua siempre en el moro

puestos los ojos, paresçiendole de gentil

talle y disposiçion, acordauase de lo

que le auia uisto hazer, paresçiale

demasiada tristeza la que lleuaua para

un animo tan grande, y porque tambien se

iuntauan a esto algunos sospiros, que

dauan a entender más pena de la que se

podia pensar que cupiera en honbre tan

ualiente, y queriendose informar mejor

de la causa desto le dixo: Cauallero,

mira que el prisionero que en la prision

pierde el animo, auentura el derecho de

la libertad, y que en las cosas de la

guerra, se an de reçebir las aduersas con

tan buen rostro, que se merezca por esta

grandeza de animo gozar de las prosperas,

y no me paresçe que estos sospiros

corresponden al ualor y esfuerço que tu

persona ha mostrado, ni las heridas son

tan grandes, que se auentura la uida, la

qual no has mostrado tener en tanto, que

por la honra no dexasses de oluidalla.

Pues si otra ocasion te da tristeza,

dimela, que por la fe de cauallero te

juro, que use contigo de tanta amistad

que jamas te puedas quexar de auermelo

dixo. El moro oyendo las palabras del

Alcayde, las quales arguyan un animo

grande y magnanimo, y la offerta que

le auia hecho de ayudallo, paresciole

discreçion muy grande no encubrille la

causa de su mal, pues sus palabras le

dauan tan grande esperança de remedio,

y alçando el rostro que con el peso de

la tristeza lo lleuaua inclinado, le

dixo: ¿Cómo te llamas cauallero, que

tanto esfuerço me pones y sentimiento

muestras tener de mi mal? Esto no te

negaré yo, dixo el Alcayde, a mi me

llaman Rodrigo de Naruaez, soy Alcayde

de Alora y Antequera: tengo aquellas

dos fuerças por el Rey de Castilla mi

señor. Quando el moro le oyó esto, con

un semblante algo más alegre que hasta

alli, le dixo: En extremo me huelgo,

que mi mala fortuna traya un descuento

tan bueno, como es auerme puesto en tus

manos, de cuyo esfuerço y uirtud muchos

dias ha que soy informado, y aunque más

cara me costasse la experiençia, no

me puedo agrauiar, pues como digo, me

desagrauia uerme en poder de una persona

tan prinçipal. Y porque ser uençido de

ti me obliga a tenerme en mucho, y que

de mí no se entienda flaqueza sin tan

gran occasion que no sea en mi mano dexar

de tenella, suplicote por quien eres

que mandes apartar tus caualleros, para

que entiendas que no el dolor de las

heridas, ni la pena de uerme preso, es

causa de mi tristeza. El Alcayde oyendo

estas razones al moro tuuolo en mucho,

y porque en extremo desseaua informarse

de su sospecha, mandó a sus caualleros

que fuessen algo delante, y quedando

solos los dos, el moro sacando del alma

un profundo sospiro, dixo desta manera:

Valeroso Alcayde, si la experiençia de

tu gran uirtud no me la uuiese el tienpo

puesto delante los ojos, muy escusadas

serian las palabras que tu uoluntad me

fuerça a dezir, ni la cuenta que te

pienso dar de mi uida, que cada hora es

çercada de mil desassosiegos y sospechas;

la menor de las quales te paresçera

peor que mil muertes. Mas como de una

parte me assegure lo que digo, y de la

otra que eres cauallero y que o auras

oydo, ó avrá passado por ti semeiante

passion que la mia, quiero que sepas que

a mi me llaman Abindarraez el moço, a

differençia de un tio mio, hermano de mi

padre, que tiene el mesmo apellido. Soy

de los abençerrajes de Granada, en cuya

desuentura aprendi a ser desdichado,

y porque sepas quál fue la suya, y de

ay uengas a entender lo que se puede

esperar de la mia: sabras que uuo en

Granada un linaje de caualleros llamados

abençerrajes; sus hechos y sus personas

ansi en esfuerço para la guerra, como

en prudençia para la paz, y gouierno

de nuestra republica eran el espejo

de aquel reyno. Los uiejos eran del

consejo del Rey, los moços exerçitauan

sus personas en actos de caualleria

siruiendo a las damas y mostrando en sí

la gentileza y ualor de sus personas.

Eran muy amados de la gente popular,

y no mal quistos entre la prinçipal,

aunque en todas las buenas partes que

un cauallero deue tener se auentajassen

a todos los otros. Eran muy estimados

del Rey, nunca cometieron cosa en la

guerra ni el consejo, que la experiençia

no correspondiesse a lo que dellos se

esperaua, en tanto grado era loada su

ualentia, libertad y gentileza, que se

trajo por exemplo, uo auer abençerraje

couarde, escasso, ni de mala disposiçion.

Eran maestros de los trajes, de las

inuençiones, la cortesia y seruiçio de

las damas andaua en ellos en su uerdadero

punto, nunca abençerraje siruio dama de

quien no fuesse fauoresçido, ni dama

se tuuo por digna deste nombre que no

tuuiesse abençerraje por seruidor. Pues

estando ellos en esta prosperidad y

honra y en la reputaçion que se puede

dessear, uino la fortuna embidiosa del

descanso y contentamiento de los hombres,

a deriballos de aquel estado, en el

más triste y desdichado que se puede

imaginar, cuyo prinçipio fue auer el Rey

hecho çierto agrauio a dos abençerrajes,

por donde les leuantaron que ellos con

otros diez caualleros de su linaje se

auian conjurado de matar al Rey y diuidir

el reyno entre si, por uengarse de la

injuria alli reçibida. Esta conjuraçion,

ora fuesse uerdadera, o que ya fuesse

falsa, fue descubierta antes que se

pusiesse en execuçion, y fueron presos

y cortadas las cabeças a todos, antes

que uiniesse a notiçia del pueblo, el

qual sin duda se alçara, no consintiendo

en esta justiçia. Lleuandolos pues a

iustiçiar, era cosa estrañissima uer los

llantos de los unos, las endechas de

los otros, que de conpassion de estos

caualleros por toda la çiudad se hazian.

Todos corrian al Rey, comprauanle la

misericordia con grandes summas de oro y

plata, mas la seueridad fue tanta, que

no dio lugar a la clemençia. Y como esto

el pueblo uio, los començo a llorar de

nueuo; llorauan los caualleros con quien

solian acompañarse, llorauan las damas, a

quien seruian; lloraua toda la çiudad la

honra y autoridad que tales çiudadadanos

le dauan. Las bozes y alaridos eran

tantos que paresçian hundirse. El Rey

que a todas estas lagrimas y sentimiento

çerraua los oydos, mandó que se

executasse la sentençia, y de todo aquel

linaje no quedó hombre que no fuesse

degollado aquel dia, saluo mi padre y

un tio mio, los quales se halló que no

auian sido en esta conjuraçion. Resultó

más deste miserable caso, derriballes las

casas, apregonallos el Rey por traydores,

confiscalles sus heredades y tierras,

y que ningun abençerraje más pudiesse

biuir en Granada, saluo mi padre y mi

tio, con condiçion que si tuuiessen

hijos, a los uarones embiassen luego en

nasçiendo a criar fuera de la çiudad,

para que nunca boluiessen a ella; y que

si fuessen henbras, que siendo de edad,

las casassen fuera del reyno. Quando

el Alcayde oyo el estraño cuento de

Abindarraez y las palabras con que se

quexaua de su desdicha, no pudo tener sus

lagrimas, que con ellas no mostrasse el

sentimiento que de tan desastrado caso

deuia sentirse. Y boluiendose al moro,

le dixo: Por çierto, Abindarraez, tú

tienes grandissima occasion de sentir la

gran cayda de tu linaje, del qual yo no

puedo creer que se pusiesseen hazer tan

grande trayçion, y quando otra prueua no

tuuiesse, sino proçeder della un honbre

tan señalado como tú, bastaria para

yo creer que no podria caber en ellos

maldad. Esta opinion que tienes de mí,

respondio el moro, Alá te la pague, y él

es testigo que la que generalmente se

tiene de la bondad de mis passados, es

essa misma. Pues como yo nasçiesse al

mundo con la misma uentura de los mios,

me embiaron (por no quebrar el edicto

del Rey) a criar a una fortaleza que

fue de christianos, llamada Cartama,

encomendandome al Alcayde della, con

quien mi padre tenía antigua amistad,

hombre de gran calidad en el reyno, y de

grandissima uerdad y riqueza: y la mayor

que tenia era una hija, la qual es el

mayor bien que yo en esta uida tengo. Y

Alá me la quite si yo en algun tiempo

tuuiere sin ella otra cosa que me dé

contento. Con esta me crié desde niño,

porque tambien ella lo era, debaxo de un

engaño, el qual era pensar que eramos

ambos hermanos, porque como tales nos

tratauamos y por tales nos teniamos, y

su padre como a sus hijos nos criaua. El

amor que yo tenia a la hermosa Xarifa

(que assi se llama esta señora que lo es

de mi libertad) no sería muy grande si yo

supiesse dezillo; basta auerme traydo a

tienpo que mil uidas diera por gozar de

su uista solo vn momento. Yua cresçiendo

la edad, pero mucho más cresçia el amor,

y tanto que ya paresçia de otro metal

que no de parentesco. Acuerdome que un

dia estando Xarifa en la huerta de los

jazmines conponiendo su hermosa cabeça,

mirela espantado de su gran hermosura, no

sé cómo me peso de que fuesse mi hermana.

Y no aguardando más, fueme a ella, y con

los braços abiertos, ansi como me uio,

me salió a reçebir, y sentandome en la

fuente iunto a ella, me dixo: Hermano,

¿cómo me dexaste tanto tienpo sola? Yo le

respondia: Señora mia, gran rato ha que

os busco: y nunca hallé quien me dixesse

do estauades hasta que mi coraçon me lo

dixo: mas dezidme agora, ¿qué çertedad

teneys uos de que somos hermanos? Yo no

otra (dixo ella) más del grande amor

que os tengo, y uer que hermanos nos

llaman todos y que mi padre nos trata a

los dos como a hijos. Y si no fueramos

hermanos (dixe yo) quisierades me tanto?

¿No ueys (dixo ella) que a no lo ser,

no nos dexarian andar siempre juntos y

solos, como nos dexan? Pues si este bien

nos auian de quitar (dixe yo) más uale

el que me tengo. Entonces encendiosele

el hermoso rostro, y me dixo: ¿Qué

pierdes tu en que seamos hermanos?

Pierdo a mi y a uos (dixe yo). No te

entiendo (dixo ella), mas a mí paresçeme

que ser hermanos nos obliga a amarnos

naturalmente. A mí (dixe yo) sola uuestra

hermosura me obliga á quereros, que esta

hermandad antes me resfria algunas uezes;

y con esto abaxando mis ojos de empacho

de lo que dixe, uila en las aguas de la

fuente tan al proprio como ella era, de

suerte que a do quiera que boluia la

cabeça, hallaua su ymagen y trasunto,

y la uia uerdadera transladada en mis

entrañas. Dezia yo entonçes entre mí: Si

me ahogassen aora en esta fuente a do

ueo a mi señora, quánto más desculpado

moriria yo que Narciso; y si ella me

amasse como yo la amo, qué dichoso sería

yo. Y si la fortuna permitiesse biuir

siempre juntos, qué sabrosa uida sería la

mia! Estas palabras dezia yo a mi mesmo,

y pesárame que otro me las oyera. Y

diziendo esto lebanteme, y boluiendo las

manos hazia vnos jazmines, de que aquella

fuente estaua rodeada, mezclandolos con

arrayanes hize vna hermosa guirnalda, y

poniendomela sobre mi cabeça, me bolui

coronado y vençido; entonçes ella puso

los ojos en mí más dulçemente al pareçer,

y quitandome la guirnalda la puso sobre

su cabeça, pareçiendo en aquel punto más

hermosa que Venus, y boluiendo el rostro

hazia mí, me dixo: ¿Qué te pareçe de

mí, Abindarraez? Yo la dixe: Pareçeme

que acabays de vençer a todo el mundo,

y que os coronan por reyna y señora

dél. Leuantandose me tomó de la mano,

diciendome: Si esso fuera, hermano, no

perdierades uos nada. Yo sin la responder

la segui hasta que salimos de la huerta.

De ahi algunos dias, ya que al crudo amor

le pareçio que tardaua mucho en acabar de

darme el desengaño de lo que pensaua que

auia de ser de mí, y el tiempo queriendo

descubrir la çelada, venimos a saber

que el parentesco entre nosotros era

ninguno, y asi quedó la afiçion en su

verdadero punto. Todo mi contentamiento

estaua en ella: mi alma tan cortada a

medida de la suya, que todo lo que en su

rostro no auia, me pareçia feo, escusado

y sin prouecho en el mundo. Ya a este

tiempo, nuestros pasatiempos eran muy

diferentes de los pasados: ya la mirava

con reçelo de ser sentido: ya tenia zelo

del sol que la tocaba, y aun mirandome

con el mismo contento que hasta alli

me auia mirado, a mí no me lo pareçia,

porque la desconfianza propia es la cosa

más çierta en vn coraçon enamorado.

Suçedio que estando ella vn dia junto

a la clara fuente de los jazmines, yo

llegué, y comenzando a hablar con ella

no me pareçio que su habla y contenencia

se conformaua con lo pasado. Rogome que

cantasse, porque era vna cosa que ella

muchas vezes holgaua de oyr: y estaua yo

aquella ora tan desconfiado de mí que no

creí que me mandaua cantar porque holgase

de oyrme, sino por entretenerme en

aquello, de manera que me faltase tiempo

para deçille mi mal. Yo que no estudiaua

en otra cosa, sino en hazer lo que mi

señora Xarifa mandaua, comenze en lengua

arabiga a cantar esta cançion, en la qual

la di a entender toda la crueldad que

della sospechaua:

Si hebras de oro son vuestros cabellos,

a cuia sombra estan los claros ojos,

dos soles cuyo çielo es vuestra frente;

faltó rubí para hazer la boca,

faltó el christal para el hermoso cuello,

faltó diamante para el blanco pecho.

Bien es el coraçon qual es el pecho,

pues flecha de metal de los cabellos,

iamas os haze que boluays el cuello,

ni que deis contento con los ojos:

pues esperad vn sí de aquella boca

de quien miró jamas con leda frente.

¿Hay más hermosa y desabrida frente

para tan duro y tan hermoso pecho?

¿Hay tan diuina y tan airada boca?

¿tan ricos y auarientos ay cabellos?

¿quién vio crueles tan serenos ojos

y tan sin mouimiento el dulce cuello?

El crudo amor me tiene el lazo al cuello,

mudada y sin color la triste frente,

muy cerca de cerrarse estan mis ojos:

el coraçon se mueue acá en el pecho,

medroso y erizado está el cabello,

y nunca oyó palabra desa boca.

O más hermosa y más perfecta boca

que yo sabré dezir: o liso cuello,

o rayos de aquel sol que no cabellos,

o christalina cara, o bella frente,

o blanco ygual y diamantino pecho,

¿quando he de uer clemencia en esos ojos?

Ya siento el nó en el boluer los ojos,

oid si afirma pues la dulce boca,

mirad si está en su ser el duro pecho,

y cómo acá y allá menea el cuello,

sentid el ceño en la hermosa frente;

pues ¿qué podre esperar de los cabellos?

Si saben dezir no el cuello y pecho,

si niega ya la frente y los cabellos,

¿los ojos qué haran y hermosa boca?

Pudieron tanto estas palabras que siendo

ayudadas del amor de aquella a quien se

dezian, yo ui derramar vnas lagrimas que

me enternecieron el alma, de manera que

no sabre dezir si fue maior el contento

de uer tan uerdadero testimonio del amor

de mi señora o la pena que reçibi de la

ocasion de derramallas. Y llamandome me

hizo sentar junto a si, y me comenzo a

hablar desta manera: Abindarraez, si el

amor a que estoy obligada (despues que me

satisfize de tu pensamiento) es pequeño

o de manera que no pueda acauarse con la

uida, yo espero que antes que dejemos

solo el lugar donde estamos, mis palabras

te lo den a entender. No te quiero poner

culpa de lo que las desconfianzas te

hazen sentir, porque sé que es tan çierta

cosa tenellas que no ay en amor cosa que

más lo sea. Mas para remedio de esto y

de la tristeza, que yo tenía en uerme

en algun tiempo apartada de tí; de oy

más te puedes tener por tan Señor de mi

libertad, como lo serás no queriendo

rehusar el vinculo de matrimonio,

lo qual ante todas cosas impide mi

honestidad y el grande amor que tengo.

Yo que estas palabras oi, haçiendomelas

esperar amor muy de otra manera, fue

tanta mi alegria que sino fue hincar los

hinojos en tierra besandole sus hermosas

manos, no supe hazer otra cosa. Debajo

de esta palabra viví algunos dias con

maior contentamiento del que yo aora

sabre dezir: quiso la ventura envidiosa

de nuestra alegre vida quitarnos este

dulce y alegre contentamiento, y fue

desta manera: que el Rey de Granada por

mejorar en cargo al Alcayde de Cartama,

embiole a mandar que luego dexasse la

fortaleza, y se fuesse en Coyn, que es

aquel lugar frontero del uuestro, y me

dexasse a mí en Cartama en poder del

Alcayde que alli viniesse. Sabida esta

tan desastrada nueua por mi señora y

por mí, juzgad vos si en algun tiempo

fuesses enamorado, lo que podriamos

sentir. Juntamonos en un lugar secreto a

llorar nuestra perdida y apartamiento.

Yo la llamaua señora mia, mi bien solo,

y otros diuersos nombres quel amor me

mostraua. Deziale llorando: apartandose

nuestra hermosura de mi, ¿tendreys alguna

uez memoria deste uuestro captiuo? Aqui

las lagrimas y sospiros atajauan las

palabras, y yo esforçandome para dezir

más, dezia algunas razones turbadas,

de que no me acuerdo: porque mi señora

lleuó mi memoria tras si. ¿Pues quién

podra dezir lo que mi señora sentía

deste apartamiento, y lo que a mi hazian

sentir las lagrimas que por esta

causa derramaua? Palabras me dixo ella

entonçes que la menor dellas bastaua

para dar en qué entender al sentimiento

toda la uida. Y no te las quiero dezir

(ualeroso Alcayde), porque si tu pecho no

ha sido tocado de amor, te paresçerían

impossibles; y si lo ha sido, ueriades

que quien las oyesse, no podra quedar

con la uida. Baste que el fin dellas

fue dezirme que en auiendo occasion, o

por enfermedad de su padre, o ausençia,

ella me embiaria a llamar para que

vuiesse effecto lo que entre nos dos

fue conçertado. Con esta promessa mi

coraçon se assossego algo, y besé las

manos por la merçed que me prometia.

Ellos se partieron luego otro dia, yo me

quedé como quien camina por vnas asperas

y fragosas montañas, y passandosele el

sol, queda en muy escuras tinieblas:

començe a sentir su ausençia asperamente,

buscando todos los falsos remedios contra

ella. Miraua las uentanas donde se solia

poner, la camara en que dormia, el jardin

donde reposaua y tenía la siesta, las

aguas donde se bañaua, andaua todas sus

estancias, y en todas ellas hallaua vna

cierta representaçion de mis fatigas.

Verdad es que la esperança que ma dio de

llamarme me sostenia, y con ella engañaua

parte de mis trabajos. Y aunque algunas

uezes de uer tanto dilatar mi desseo, me

causaua más pena, y holgara de que me

dexaran del todo desesperado, porque la

desesperacion fatiga hasta que se tiene

por cierta, mas la esperança hasta que

se cumple, el desseo. Quiso mi buena

suerte que oy por la mañana mi señora me

cumplio su palabra, embiandome, a llamar,

con vna criada suya, de quien como de sí

fiaua, porque su padre era partido para

Granada, llamado del Rey, para dar buelta

luego. Yo resusçitado con esta improuisa

y dichosa nueua, aperçibime luego para

caminar. Y dexando venir la noche por

salir más secreto y encubierto, puseme

en el habito que me encontraste el más

gallardo que pude, por mejor mostrar a mi

señora la vfania y alegria de mi coraçon.

Por çierto no creyera yo que bastaran

dos caualleros juntos a tenerme campo,

porque traya a mi señora comigo, y si

tú me vençiste no fue por esfuerço, que

no fue possible, sino que mi suerte tan

corta o la determinaçion del çielo, quiso

atajarme tan supremo bien. Pues considera

agora en el fin de mis palabras el bien

que perdi y el mal que posseo. Yo yua de

Cartama a Coyn breue jornada, aunque el

desseo la alargaua mucho, el más vfano

abencerraje que nunca se uio, yua llamado

de mi señora, a uer a mi señora, a gozar

de mi señora. Veo me agora herido,

captiuo y en poder de aquel que no sé

lo que hará de mí: y lo que más siento

es que el término y coyuntura de mi

bien se acabó esta noche. Dexame pues,

christiano, consolar entre mis sospiros.

Dexame desahogar mi lastimado pecho,

regando mis ojos con lagrimas, y no

juzgues esto a flaqueza, que fuera harto

mayor tener animo para poder suffrir (sin

hazer lo que hago) en tan desastrado y

riguroso trançe. Al alma le llegaron al

ualeroso Naruaez las palabras del moro,

y no poco espanto reçibio del estraño

sucçesso de sus amores. Y paresçiendole

que para su negoçio, ninguna cosa podia

dañar más que la dilaçion, le dixo a

Abindarraez: quiero que ueas que puede

más mi uirtud que tu mala fortuna, y si

me prometes de boluer a mi prision dentro

del terçero dia, yo te dare libertad para

que sigas tu començado camino, porque me

pesaria atajarte tan buena empresa. El

abençerraje que aquesto oyó quiso echarse

a sus pies, y dixole: Alcayde de Alora,

si vos hazeys esso, a mi dareys la vida,

y uos aureys hecho la mayor gentileza de

coraçon que nunca nadie hizo: de mí tomad

la seguridad que quisieredes por lo que

me pedis, que yo cumplire con uos lo que

assentare. Entonces Rodrigo de Naruaez

llamó a sus compañeros, y dixoles:

Señores, fiad de mí este prisionero,

que yo salgo por fiador de su rescate.

Ellos dixeron que ordenasse a su noluntad

de todo, que de lo que él hiziesse

serian muy contentos. Luego el Alcayde

tomando la mano derecha a Abençerraje,

le dixo: Vos prometeys como cauallero de

uenir a mi castillo de Alora, a ser mi

prisionero dentro del terçero dia? El le

dixo: sí prometo: pues yd con la buena

uentura; y si para nuestro camino teneys

neçessidad de mi persona, o de otra cosa

alguna, tambien se hará. El moro se lo

agradesçio mucho, y tomó vn cauallo quel

Alcayde le dió, porque el suyo quedó de

la refriega passada herido, y ya yua muy

cansado y fatigado de la mucha sangre

que con el trabajo del camino le salia.

Y buelta la rienda se fue camino de Coyn

a mucha priessa. Rodrigo de Naruaez y

sus compañeros se boluieron a Alora,

hablando en la valentia y buenas maneras

del abençerraje. No tardó mucho el moro,

segun la priessa que lleuaua, en llegar

a la fortaleza de Coyn, donde yendose

derecho como le era mandado, la rodeó

toda, hasta que halló una puerta falsa

que en ella auia: y con toda su priessa

y gana de entrar por ella, se detuuo

un poco alli hasta reconosçer todo el

campo por uer si auia de qué guardarse:

y ya que uio todo sossegado tocó con el

cuento de la lança a la puerta, porque

aquella era la señal que le auia dado la

dueña que le fue a llamar; luego ella

misma le abrio, y le dixo: Señor mio,

uuestra tardança nos ha puesto en gran

sobresalto, mi señora ha gran rato que

os espera, apeaos y subid a donde ella

está. El se apeó de su cauallo, y le puso

en un lugar secreto que allí halló, y

arrimando la lança a una pared con su

adarga y çimitarra, lleuandole la dueña

por la mano, lo mas passo que pudieron,

por no ser conosçidos de la gente del

castillo, se subieron por una escalera

hasta el aposento de la hermosa Xarifa.

Ella que auia sentido ya su uenida, con

la mayor alegria del mundo lo salió a

reçebir, y ambos con mucho regozijo y

sobresalto se abraçaron sin hablarse

palabra del sobrado contentamiento, hasta

que ya tornaron en si. Y ella le dixo:

¿En qué os aueys detenido, señor mio,

tanto que uuestra mucha tardança me ha

puesto en grande fatiga y confusion?

Señora mia (dixo él) uos sabeys bien que

por mi negligencia no aurá sido, mas no

siempre sucçeden las cosas como hombre

dessea, assi que si me he tardado, bien

podeys creer que no ha sido más en mi

mano. Ella atajandole su platica, le

tomó por la mano, y metiendole en un

rico aposento se sentaron sobre una

cama que en él auia, y le dixo: He

querido, Abindarraez, que ueays en qué

manera cumplen las captiuas de amor sus

palabras, porque desde el dia que uos la

di por prenda de mi coraçon, he buscado

aparejos para quitarosla. Yo os mandé

uenir a este castillo para que seays

mi prisionero como yo lo soy uuestra.

He os traydo aqui para hazeros señor

de mi y de la hazienda de mi padre,

debaxo de nombre de esposo, que de otra

manera ni mi estado, ni uuestra lealtad

lo consentiria. Bien sé yo que esto

será contra la uoluntad de mi padre,

que como no tiene conosçimiento de

uuestro ualor tanto como yo, quisiera

darme marido más rico, más yo uuestra

persona y el conosçimiento que tendreys

con ella tengo por la mayor riqueza del

mundo. Y diziendo esto baxó la cabeça,

mostrando vn çierto y nueuo empacho de

auerse descubierto y declarado tanto. El

moro la tomó en sus braços, y besandole

muchas uezes las manos, por la merçed

que le hazia, dixole: Señora de mi

alma, en pago de tanto bien como me

offreçeys no tengo qué daros de nueuo,

porque todo soy uuestro, solo os doy

esta prenda en señal, que os reçibo

por mi señora y esposa: y con esto

podeys perder el empacho y verguença

que cobrastes quando uos me reçebistes

a mi. Ella hizo lo mismo, y con esto

se acostaron en su cama, donde con la

nueua experiençia ençendieron el fuego

de sus coraçones. En aquella empresa

passaron muy amorosas palabras y obras

que son más para contemplaçion que no

para escriptura. Al moro estando en

tan gran alegria, subitamente vino vn

muy profundo pensamiento, y dexando

lleuarse del, parose muy triste, tanto

que la hermosa Xarifa lo sentio, y

de uer tan subita nouedad, quedó muy

turbada. Y estando attenta, sintiole dar

vn muy profundo y aquexado sospiro,

reboluiendo el cuerpo a todas partes.

No podiendo la dama suffrir tan grande

offensa de su hermosura y lealtad,

paresçiendo que en aquello se offendia

grandemente, leuantandose un poco sobre

la cama, con voz alegre y sossegada,

aunque algo turbada, le dixo: ¿Qué es

esto, Abindarraez? paresçe que te has

entristeçido con mi alegria, y yo te oy

sospirar, y dar solloços reboluiendo el

coraçon y cuerpo a muchas partes. Pues

si yo soy todo tu bien y contentamiento,

cómo no me has dicho por quién sospiras,

y si no lo soy, porqué me engañaste? si

as hallado en mi persona alguna falta de

menor gusto que imaginauas, pon los ojos

en mi uoluntad que basta encubrir muchas.

Si sirues otra dama dime quien es para

que yo la sirua, y si tienes otra fatiga

de que yo no soy offendida, dimela, que

yo morire o te sacaré della. Y trauando

dél con un impetu y fuerça de amor le

boluio. El entonces confuso y auergonçado

de lo que auia hecho, paresçiendole

que no declararse sería darle occasion

de gran sospecha, con un apassionado

sospiro le dixo: Esperança mía, si yo

no os quisiera más que a mí, no uniera

hecho semejante sentimiento, porque el

pensar, que comigo traya, suffriera con

buen animo, quando yua por mi solo, más

aora que me obliga a apartarme de uos,

no tengo fuerças para sufrillo, y porque

no esteys más suspensa sin auer porqué,

quiero deziros lo que passa. Y luego le

conto todo su hecho, sin que la faltasse

nada, y en fin de sus razones le dixo con

hartas lagrimas: De suerte, señora, que

uuestro captiuo lo es tambien del Alcayde

de Alora; yo no siento la pena de la

prision, que uos enseñastes a mi coraçon

a suffrir, mas biuir sin uos tendria

por la misma muerte. Y ansi uereys que

mis sospiros se causan más de sobra de

lealtad, que de falta della. Y con esto,

se tornó a poner tan pensatiuo y triste,

como ante que començasse a dezirlo. Ella

entonçes con un semblante alegre le dixo:

No os congoxeys, Abindarraez, que yo tomo

a mi cargo el remedio de vuestra fatiga

porque esto a mí me toca, quanto mas que

pues es uerdad que qualquier prisionero

que aya dado la palabra de boluer a la

prision cumplira con embiar el rescate

que se le puede pedir, ponelde uos mismo

el nombre que quisieredes, que yo tengo

las llaues de todos los cofres y riquezas

que mi padre tiene, y yo las pondre todas

en uuestro poder, embiad de todo ello lo

que os paresçiere. Rodrigo de Naruaez es

buen cavallero y os dió vna vez libertad,

y le fiastes el presente negoçio, por

lo qual le obliga aora a usar de mayor

uirtud. Yo creo se contentará con esto,

pues teniendoos en su poder ha de hazer

por fuerça lo mismo de rescataros por

lo que él pidiere. El abençerraje le

respondio: Bien paresçe, señora, que

el amor que me teneys no da lugar que

me aconsejeys bien, que çierto no caere

yo en tan gran yerro como éste, porque

si quando me uenia a uerme solo con uos

estaua obligado a cumplir mi palabra,

agora que soy uuestro se entiende más

obligaçion. Yo mismo boluere a Alora y me

pondre en las manos del Alcayde della,

y tras hazer yo lo que deuo, haga la

fortuna lo que quisiere. Pues nunca Dios

quiera, dixo Xarifa, que yendo uos a ser

preso, yo quede libre, pues no lo soy:

yo quiero acompañaros en esta jornada;

que ni el amor que os tengo, ni el miedo

que he cobrado a mi padre de auelle

offendido, me consentiran hazer otra

cosa. El moro llorando de contentamiento

la abraço y le dixo: Siempre vays, alma

mia, acresçentandome las merçedes,

hagase lo que uos quereys, que assi lo

quiero yo. Con este acuerdo antes que

fuesse de dia se leuantaron, y proueydas

algunas cosas al viaje neçessarias,

partieron muy secretamente para Alora.

Ya amenesçia, y por no ser conosçida,

lleuaua el rostro cubierto. Con la gran

priessa que lleuauan llegaron en muy

breue tiempo a Alora, y yendose derechos

al castillo, como a la puerta tocaron,

fue luego abierta por las guardas, que ya

tenian notiçia de lo passado. El ualeroso

Alcayde los reçibio con mucha cortesia, y

saliendo a la puerta Abindarraez, tomando

a su esposa por la mano, se fue a él y le

dixo: Mira, Rodrigo, de Naruaez, si te

cumplo bien mi palabra, pues te prometi

de boluer un preso, y te traygo dos, que

uno bastaua para uençer muchos. Ves aqui

mi señora: juzga si he padesçido con

justa causa, reçibenos por tuyos, que yo

fio mi persona y su honra de tus manos.

El Alcayde holgo mucho, y dixo a la dama:

Señora, yo no sé de uosotros quál uençio

al otro: mas yo deuo mucho a entrambos.

Venid y reposareys en nuestra casa, y

tenedla de aqui adelante por tal, pues

lo es su dueño. Con esto se fueron a su

aposento, y de ay a poco comieron, porque

uenian cansados. El Alcayde preguntó al

moro qué tal uenia de sus llagas. Paresçe

(dixo el) que con el camino las tengo

harto enconadas y con dolor. La hermosa

Xarifa muy alterada desto, dixo: ¿Qué es

esto, señor, llagas teneys uos que yo

no sepa? Dixo el: Quien escapó de las

uuestras en poco tendra todas las otras.

Verdad es que de la escaramuça de la

noche saqué dos pequeñas heridas, y el

trabajo del camino y el no auerme curado

me ha hecho algun daño, pero todo es

poco. Bueno sera que os acosteys (dixo

el Alcayde) y vendra un cyrujano que yo

tengo aqui en el castillo y curaros ha.

Luego la hermosa Xarifa le hizo desnudar,

todauia alterada, pero con harto sossiego

y reposo en su rostro, por no le dar pena

mostrando que la tenía. El cyrujano uino,

y mirandole las heridas dixo: Que como

auian sido en soslayo no eran peligrosas,

ni tardarian en sanar mucho, y con çierto

remedio que luego le hizo, le mitigó el

dolor, y de ay a quatro dias como le

curaua con tanto cuydado estuuo sano.

Acabando un dia de comer, el abençerraje

dixo al Alcayde estas palabras: Rodrigo

de Naruaez (segun eres discreto) por la

manera de nuestra uenida aurás entendido

lo demas, yo tengo esperança que este

negoçio que aora tan dañado está se ha

de remediar por tus manos. Esta es la

hermosa Xarifa de quien te dixe es mi

señora y esposa, no quiso quedar en Coyn

de miedo de su padre, porque aunque él no

sabe lo que ha passado, todauia se temio

que este caso auia de ser descubierto. Su

padre está aora con el Rey de Granada, y

yo sé que el Rey te ama por tu esfuerço y

uirtud aunque eres christiano. Suplicote

alcançes dél que nos perdone auerse hecho

esto sin su liçençia y sin que él lo

supiesse: pues ya la fortuna lo rodeó

y traxo por este camino. El Alcayde le

dixo: Consolaos, señores, que yo os

prometo como hijo dalgo, de hazer quanto

pudiere sobre este negoçio, y con esto

mandó traer papel y tinta, y determinó de

escreuir una carta al Rey de Granada, que

en uerdaderas y pocas palabras le dixesse

el caso, la qual dezia assi:

Muy poderoso Rey de Granada, el

Alcayde de Alora Rodrigo de Naruaez

tu servidor besa tus reales manos, y

digo que Abindarraez Abençerraje, que

se crió en Cartama auiendo nasçido en

Granada, estando en poder del Alcayde

de la dicha fortaleza, se enamoró de la

hermosa Xarifa su hija. Despues tú por

hazer merced al Alcayde, le passaste á

Coyn. Los enamorados por assegurarse

se desposaron entre sí; y llamado el

Abençerraje por el ausençia del padre

della que contigo tienes, fue a su

fortaleza, yo le encontre en el camino,

y en çierta escaramuça que con él tuue

en que se mostró muy valiente, esforçado

y animoso, le gané por mi prisionero, y

contandome su caso, apiadado y conmouido

de sus ruegos, le hize libre por dos

dias, él fue y se vió con su esposa,

de suerte que en la jornada cobró a su

esposa y perdio la libertad. Pues uiendo

ella que el Abençerraje boluio a mi

prision, quiso uenir con él, y assi estan

aora los dos en mi poder. Suplico te no

te offenda el nombre de Abençerraje, pues

éste y su padre fueron sin culpa de la

coniuraçion contra tu Real persona hecha,

y en testimonio dello biuen ellos agora.

A tu Alteza humildemente suplico el

remedio destos tristes amantes se reparta

entre ti y mí, yo perdonare su rescate

dél, y libremente le soltaré, y manda

tú al padre della, pues es tu vassallo,

que a ella la perdone, y a él reçiba por

hijo, porque en ello allende de hazerme a

mí singular merçed, harás aquello que de

tu uirtud y grandeza se espera.

Con esta carta despachó vno de sus

escuderos. El cual llegando hasta el Rey,

se la dio, él la tomó, y sabiendo cuya

era, holgo mucho, porque a este solo

christiano amaua por su ualor y persona,

y en leyendola, boluio el rostro, y

uio al Alcayde de Coyn, y tomandole a

parte, le dio la carta, diziendole: lee

esta carta, y él la leyo, y en uer lo

que passaua, reçibio gran alteraçion.

El Rey dixo: No te congoxes, aunque

tengas causa; que ninguna cosa me pedira

el Alcayde de Alora, que pudiendo la

hazer, no la haga, y ansi te mando uayas

sin dilaçion a Alora, y perdones a tus

hijos, y los lleues luego á tu casa,

que en pago deste seruiçio yo te haré

siempre merçedes. El Moro lo sintio en

el alma, más uiendo que no podia passar

del mandado de su Rey, boluiendo de

buen continente, y sacando fuerças de

flaqueza, como mejor pudo, dixo que ansi

lo haria. Partiose lo más presto que pudo

el Alcayde de Coyn, y llegó a Alora, a

donde ya por el escudero se sabía lo que

passaua, y fue muy bien reçebido. El

Abençerraje y su hija paresçieron ante

él con harta uerguença, y le besaron las

manos, e los reçibio muy bien, y les

dixo: No se trate de cosas passadas; el

Rey me mandó hiziesse esto, yo os perdono

el aueros casado, sin que lo supiesse yo;

que en lo demás, hija, nos escogistes

mejor marido que yo os lo supiera dar.

Rodrigo de Naruaez holgo mucho de uer lo

que passaua, y les hazia muchas fiestas

y banquetes. Vn dia acabando de comer,

les dixo: Yo tengo en tanto auer sido

alguna parte para que este negoçio esté

en tan buen estado, que ninguna cosa me

pudiera hazer más alegre, y ansi digo

que sola la honra de aueros tenido por

mis prisioneros, quiero por el rescate

desta prisión: vos, Abindarraez, sois

libre, y para ello teneys liçençia de

yros donde os pluguiere, cada y cuando

que quisieredes. El se lo agradesçio

mucho, y ansi se adereçaron para partir

otro dia, acompañandolos Rodrigo de

Naruaez, salieron de Alora, y llegaron a

Coyn donde se hizieron grandes fiestas y

regozijos a los desposados, las quales

fiestas pasadas, tomando los un dia a

parte el padre, les dixo estas palabras:

Hijos, agora que sois señores de mi

hazienda, y estais en sosiego, razon

es que cumplays con lo que deueys al

Alcayde de Alora, que no por auer usado

con uosotros de tanta uirtud y gentileza,

es razon pierda el derecho de vuestro

rescate, antes se le deue (si bien se

mira) muy mayor, yo os quiero dar quatro

mil doblas zaenes, embiadselas, y tenedle

desde aqui adelante, pues lo meresçe,

por amigo, aunque entre él y uosotros

sean las leyes diferentes. El Abençerraje

se lo agradesçio mucho, y tomandolas,

las embió a Rodrigo de Naruaez, metidas

dentro de un mediano y rico coffre, y

por no mostrarse de su parte corto y

desagradecido, juntamente le embió seys

muy hermosos y enjaezados cauallos, con

seys adargas y lanças, cuyos hierros y

recatones eran de fino oro. La hermosa

Xarifa le escriuio una muy dulce y

amorosa carta, agradesçiendole mucho lo

que por ella auia hecho. Y no queriendo

mostrarse menos liberal y agradesçida

que los demas, le embió una caxa de

açipres muy olorosa, y dentro en ella

mucha y muy preçiosa ropa blanca para

su persona. El Alcayde ualeroso tomó

el presente, y agradesçiendolo mucho

a quien se lo embiaua, repartio luego

los cauallos y adargas y lanças por los

hidalgos que le acompañaron la noche

de la escaramuça, tomando uno para sí,

el que más le contentó, y la caxa de

açipres, con lo que la hermosa Xarifa

le auia embiado, y boluiendo las quatro

mil doblas al mensajero, le dixo: Deçid

a la señora Xarifa, que yo recibo las

doblas en rescate de su marido, y a ella

le siruo con ellas para ayuda de los

gastos de su boda, porque por sola su

amistad trocaré todos los intereses del

mundo, y que tenga esta casa por tan suya

como lo es de su marido. El mensajero se

boluio a Coyn, donde fue bien reçibido,

y muy loada la liberalidad del magnanimo

capitan, cuyo linaje dura hasta aora, en

Antequera, correspondiendo con magnificos

hechos al origen donde proçeden. Acabada

la historia, la sábia Feliçia alabó mucho

la graçia, y buenas palabras con que la

hermosa Felismena la auia contado, y lo

mismo hizieron las que estaban presentes,

las cuales tomando liçençia de la sábia

se fueron a reposar.

_Fin del cuarto libro._

Orígenes de la novela, Tomo II · 第 254 / 605 题