[1235] M., _pradecillo_.
[1236] Falta el un en la edición de Milán.
[1237] M., _acaballo_.
[1238] _Dellos_ añade la edición de Milán.
[1239] M., _Hermana Cinthia_.
[1240] M., _quiso hablar, mas no habló_.
[1241] M., _apuntándole_.
[1242] M. _Deesas_.
[1243] M., _fui_.
[1244] M., _volvieron_.
[1245] M., _la avisan_.
[1246] M., _en tiempo_.
[1247] M., _allá_.
LIBRO TERÇERO
DE LA DIANA DE GEORGE DE MONTEMAYOR
Con muy gran contentamiento caminauan
las hermosas Nimphas con su compañia por
medio de un espesso bosque, y ya que el
sol se queria poner, salieron a un muy
hermoso ualle, por medio del qual yua un
impetuoso arroyo, de una parte y otra
adornado de muy espessos salces y alisos,
entre los quales auia otros muchos
generos de arboles más pequeños, que
enredandose a los mayores, entretexendose
las doradas flores de los unos por entre
las uerdes ramas de los otros, dauan con
su uista gran contentamiento. Las Nimphas
y pastores tomaron una senda que por
entre el arroyo y la hermosa arboleda se
hazia, y no anduuieron mucho espaçio,
quando llegaron a un uerde prado muy
espaçioso, a donde estaua un muy hermoso
estanque de agua: del qual proçedia el
arroyo que por el ualle con gran[1249]
impetu corria. En medio del estanque
estaua una pequeña isleta adonde auia
algunos arboles por entre los quales se
deuisaua una choça de pastores: alrededor
della andaua un rebaño de ouejas,
pasciendo la uerde yerua. Pues como a las
Nimphas paresciesse aquel lugar aparejado
para passar la noche que ya muy cerca
venía, por unas piedras que del prado a
la isleta estauan por medio del estanque
puestas en orden, passaron todas, y
se fueron derechas a la choça, que en
la isleta parescia. Y como Polidora,
entrando primero dentro, se adelantasse
un poco, aun no huuo entrado, quando con
gran priessa boluio a salir, y boluiendo
el rostro a su compañia, puso un dedo
ençima de su hermosa boca, haziendoles
señas que entrassen sin ruido. Como
aquello uiessen las Nimphas y los
pastores, con el menes rumor que pudieron
entraron en la choça: y mirando a una
parte y a otra, uieron a un rincon un
lecho, no de otra cosa sino de los ramos
de aquellos salces, que en torno de la
choça estauan, y de la uerde yerua, que
junto al estanque se criaua. Ençima de la
qual uieron una pastora durmiendo, cuya
hermosura no menos admiraçion les puso,
que si la hermosa Diana uieran delante
de sus ojos. Tenia una saya azul clara,
un jubon de una tela tan delicada, que
mostraua la perfeçion y compas del blanco
pecho, porque el sayuelo que del mesmo
color de la saya era, le tenia suelto, de
manera que aquel graçioso buelto se podia
bien diuisar. Tenía los cabellos, que
más ruuios que el sol parescian sueltos
y sin orden alguna. Mas nunca orden
tanto adornó hermosura, como la desorden
que ellos tenian, y con el descuydo del
sueño, el blanco pie descalço, fuera de
la saya se le parescia, mas no tanto
que a los ojos de los que lo mirauan
paresciesse deshonesto. Y segun parescia
por muchas lagrimas, que aun durmiendo
por sus hermosas mexillas derramaua, no
le deuia el sueño impedir sus tristes
imaginaciones. Las Nimphas y pastores
estauan tan admirados de su hermosura y
de la tristeza que en ella conoscian,
que no sabian qué se dezir, si no
derramar lagrimas de piedad de las que
á la hermosa pastora ueyan derramar. La
qual estando ellos mirando, se boluio
hazia un lado, diziendo con un sospiro
que del alma la salia: ¡ay desdichada de
ti, Belisa, que no está tu mal en otra
cosa, sino en ualer tan poco tu uida,
que con ella no puedes pagar las que por
causa tuya son perdidas! Y luego con tan
grande sobresalto despertó, que paresció
tener el fin de sus dias presente, mas
como uiesse las tres Nimphas, y las
hermosas dos pastoras, juntamente con
los dos pastores, quedó tan espantada,
que estuuo un rato sin bolver en sí,
boluiendo a mirallos, sin dexar de
derramar muchas lagrimas, ni poner
silençio a los ardientes sospiros que
del lastimado coraçon embiaua, començo a
hablar desta manera. Muy gran consuelo
sería para tan desconsolado coraçon como
este mio, estar segura de que nadie con
palabras, ni con obras pretendiesse
darmele, porque la gran razon, ¡o
hermosas Nimphas! que tengo de biuir tan
embuelta en tristezas, como biuo, ha
puesto enemistad entre mí y el consuelo
de mi mal. De manera que si pensasse en
algun tiempo tenelle, yo misma me daria
la muerte. Y no os espanteys preuenirme
yo deste remedio, pues no ay otro para
que me dexe de agrauiar del sobresalto
que reçebi en ueros en esta choça (lugar
aparejado no para otra cosa, sino para
llorar males sin remedio), y esto sea
auiso, para que qualquiera que a su
tormento le esperare, se salga dél:
porque infortunios de amor le tienen
cerrado, de manera que jamás dexan entrar
aqui alguna esperança de consuelo.
Mas ¿qué uentura ha guiado tan hermosa
compañia do jamás se uio cosa que diese
contento? ¿Quién pensays que haze
cresçer la uerde yerua desta isla, y
acresçentar las aguas que la çercan,
si no mis lagrimas? ¿Quién pensays que
menea los arboles deste hermoso ualle,
sino la boz de mis sospiros tristes,
que inchando el ayre, hazen aquello que
él por sí no haria? ¿Porqué pensays que
cantan los dulçes paxaros por entre las
matas, quando el dorado Phebo está en
toda su fuerça, sino para ayudar a llorar
mis desuenturas? ¿A qué pensays que las
temerosas fieras salen al uerde prado,
sino a oyr mis continuas quexas? ¡Ay
hermosas Nimphas! no quiera Dios que os
aya traydo a este lugar uuestra fortuna
para lo que yo uine a él, porque çierto
paresce (segun lo que en él passó), no
auelle hecho naturaleza para otra cosa,
sino para que en él passen su triste
uida los incurables de amor. Por esso si
alguna de uosotras lo es, no passe más
adelante: y vayase presto de aqui: que no
sería mucho que la naturaleza del lugar
le hiciesse fuerça. Con tantas lagrimas
dezia esto la hermosa pastora, que no
auia ninguno de los que alli estauan, que
las suyas detener pudiesse. Todos estauan
espantados de uer el spiritu que con el
rostro y mouimientos daua a lo que dezia,
que çierto bien pareçian sus palabras
salidas del alma: y no se suffria menos
que esto, porque el triste successo de
sus amores, quitaua la sospecha de ser
fingido lo que mostraua. Y la hermosa
Dorida le habló desta manera: Hermosa
pastora, ¿qué causa ha sido la que tu
gran hermosura ha puesto en tal estremo?
¿Qué mal tan estraño te pudo hazer amor,
que aya sido parte para tantas lagrimas
acompañadas de tan triste y tan sola
uida, como en este lugar deues hazer?
Mas ¿qué pregunto yo? Pues en uerte
quexosa de amor, me dizes más de lo que
yo preguntarte puedo. Quesiste assegurar
quando aqui entramos, de que nadie te
consolasse: no te pongo culpa, officio
es de personas tristes, no solamente
aborrecer al consuelo, mas aun a quien
piensa que por alguna uia pueda darsele.
Dezir que yo podria darle a tu mal, ¿que
aprouecha si él mismo no te da liçençia
que me creas? Dezir que te aproueches de
tu juyzio y discreçion bien sé que no le
tienes tan libre, que puedas hazello.
Pues ¿qué podría yo hazer para darte
algun aliuio, si tu determinaçion me
ha de salir al encuentro? De una cosa
puedes estar çertificada, y es que no
auria remedio en la uida, para que la
tuya no fuesse tan triste, que yo dexase
de dartele, si en mi mano fuesse. Y si
esta uoluntad alguna cosa meresçe, yo
te pido de parte de los que presentes
están, y de la mia, la causa de tu mal
nos cuentes, porque algunos de los que en
mi compañia uienen, estan con tan gran
neçessidad de remedio, y os tiene amor
en tanto estrecho, que si la fortuna
no los socorre, no sé que sera de sus
uidas. La pastora que de esta manera uio
hablar a Dorida, saliendose de la choça,
y tomandola por la mano la lleuó cerca
de una fuente que en un uerde pradezillo
estaua, no muy apartado de alli, y las
Nimphas y los pastores se fueron tras
ellas, y juntos se assentaron en torno a
la fuente, auiendo el dorado Phebo dado
fin a su xornada, y la nocturna Diana
principio a la suya, con tanta claridad
como si el medio día fuera. Y estando
de la manera que aueys oydo, la hermosa
pastora le començó a dezir lo que oyreys.
Al tienpo (o hermosas Ninphas de la
casta Diosa) que yo estaua libre de
amor, oy dezir vna cosa que despues me
desengañó la experiencia (hallandola muy
al reues de lo que me certificauan).
Dezian me que no auia mal que dezillo
no fuese algun aliuio para el que lo
padezia, y hallo que no ay cosa que más
mi desuentura acresciente, que pasalla
por la memoria y contalla a quien libre
della se vee. Porque si yo otra cosa
entendiese, no me atreueria a contaros
la historia de mis males. Pero pues que
es verdad, que contarosla no será causa
alguna de consuelo á mi desconsuelo que
son las dos cosas, que de mí son mas
aborresçidas, estad atentas, y oyreys el
mas desastrado caso que jamas en amor
ha succedido. No muy lexos deste valle,
hazia la parte donde el sol se pone, está
vna aldea en medio de vna floresta, cerca
de dos rios que con sus aguas riegan
los arboles amenos cuya espressura es
tanta que desde vna casa a la otra no se
paresce. Cada vna dellas tiene su termino
redondo, adonde los jardines en verano
se visten de olorosas flores, de mas de
la abundancia de la ortaliza, que alli
la naturaleza produze, ayudada de la
industria de los que en la gran España
llaman Libres, por el antiguedad de sus
casas y linages. En este lugar nasció
la desdichada Belisa (que este nonbre
saqué de la pila, adonde pluguiera a
Dios dexara el anima). Aqui pues biuia
vn pastor de los principales en hazienda
y linage, que en toda esta prouincia se
hallaua, cuyo nombre era Arsenio, el
qual fue casado con una zagala la más
hermosa de su tiempo: mas la presurosa
muerte (o porque los hados lo permitieron
o por euitar otros males que su hermosura
pudiera causar) le cortó el hilo de la
uida, pocos años despues de casada. Fue
tanto lo que Arsenio sintió la muerte de
su amada Florida que estuuo muy cerca
de perder la uida: pero consolauase con
un hijo que le quedara llamado Arsileo,
cuya hermosura fue tanta que conpetia
con la de Florida su madre. Y con todo,
este Arsenio biuia la más sola y triste
uida que nadie podria imaginar. Pues
uiendo su hijo ya en edad conuenible para
ponelle en algun exerçiçio uirtuoso,
teniendo entendido que la ociosidad
en los moços es maestra de uicios, y
enemiga de virtud determinó embialle a
la academia Salmantina con intençion
que se exerçitasse en aprender lo que a
los hombres sube a mayor grado que de
hombres, y asi lo puso por obra. Pues
siendo ya quinze años pasados que su
muger era muerta, saliendo yo un dia
con otras uezinas a un mercado, que en
nuestro lugar se hazia, el desdichado de
Arsenio me uio, por su mal, y aun por
el mio, y de su desdichado hijo. Esta
uista causó en él tan grande amor, como
de alli adelante se paresció. Y esto me
dió él a entender muchas uezes, porque
ahora en el campo yendo a lleuar de comer
a los pastores, aora yendo con mis paños
al rio, aora por agua a la fuente, se
hazia encontradizo conmigo. Yo que de
amores aquel tiempo sabia poco, aunque
por oydas alcançasse alguna cosa de sus
desuariados effectos, unas uezes hazia
que no lo entendia, otras uezes lo echaua
en burlas, otras me enojaua de uello tan
importuno. Mas ni mis palabras bastauan a
defenderme dél, ni el grande amor que él
tenía le daua lugar a dexar de seguirme.
Y desta manera se passaron más de quatro
años, que ni él dexaua su porfia, ni yo
podia acabar conmigo de dalle el mas
pequeño fauor de la uida. A este tiempo
uino el desdichado de su hijo Arsileo del
estudio, el qual entre otras ciencias que
auia estudiado, auia florescido de tal
manera en la poesia y en la musica, que a
todos los de su tiempo hazia uentaja.
Su padre se alegró tanto con él que no
ay quien lo pueda encarecer (y con gran
razon) porque Arsileo era tal, que no
solo de su padre que como a hijo deuia
amalle, mas de todos los del mundo
merescia ser amado. Y as si en nuestro
lugar era tan querido de los principales
dél y del comun, que no se trataua entre
ellos sino de la discrecion, gracia,
gentileza, y otras buenas partes de que
su mocedad era adornada. Arsenio se
encubria de su hijo, de manera que por
ninguna uia pudiesse entender sus amores,
y aunque Arsileo algun dia le viese
triste, nunca echó de uer la causa, mas
antes pensaua que eran reliquias que de
la muerte de su madre le auian quedado.
Pues desseando Arsenio (como su hijo
fuese tan excelente Poeta) de aver de su
mano vna carta para embiarme, y por hazer
lo de manera que él no sintiese para
quien era, tomó por remedio descubrirse a
un grande amigo suyo natural de nuestro
pueblo, llamado Argasto, rogandole muy
encaresçidamente como cosa que para si
auia menester, pidiese a su hijo Arsileo
una carta hecha de su mano, y que le
dixese que era para embiar lexos de alli
a una pastora a quien seruia, y no le
quería aceptar por suyo. Y asi le dixo
otras cosas que en la carta auia de dezir
de las que más hazian a su proposito.
Argasto puso tan buena diligencia en
lo que le rogó, que huuo de Arsileo la
carta, importunado de sus ruegos, de la
misma manera que el otro pastor se la
pidió. Pues como Arsenio le uiese muy
al proposito de lo que él deseaua, tuuo
manera cómo uiniese a mis manos, y por
ciertos medios que de su parte huuo, yo
la recebi (aunque contra mi uoluntad) y
vi que dezia desta manera.
CARTA DE ARSENIO
Pastora, cuya uentura
Dios quiera que sea tal,
que no uenga a emplear mal
tanta gracia y hermosura,
y cuyos mansos corderos,
y ovejuelas almagradas
veas crecer a manadas
por cima destos oteros.
Oye a un pastor desdichado,
tan enemigo de si,
quanto en perderse por ti,
se halla bien empleado;
buelue tus sordos oydos,
ablanda tu condiçion,
y pon ya esse coraçon
en manos de los sentidos.
Buelue esos crueles ojos
a este pastor desdichado,
descuydate del ganado,
piensa un poco en mis enojos,
haz ora algun mouimiento,
y dexa el pensar en ál,
no de remediar mi mal,
mas de uer como lo siento.
¡Quantas uezes has venido,
al campo con tu ganado,
y quantas uezes al prado,
los corderos has traydo!
Que no te diga el dolor,
que por ti me buelue loco,
mas ualeme esto tan poco,
que encubrillo es lo mejor.
¿Con qué palabras dire,
lo que por tu causa siento,
o con qué conosçimiento
se conosçera mi fe?
¿qué sentido bastará,
aunque yo mejor lo diga,
para sentir la fatiga
que a tu causa amor me da?
¿Porqué te escondes de mi,
pues conosces claramente,
que estoy quando estoy presente,
muy más absente de ti?
quanto a mi por suspenderme,
estando adonde tú estes,
quanto a ti porque me uees,
y estás muy lexos de uerme.
Sabesme tan bien mostrar
quando engañarme pretendes,
al reues de lo que entiendes,
que al fin me dexo engañar:
mira sy hay que querer más,
o ay de amor más fundamento,
que biuir mi entendimiento
con lo que a entender le das.
Mira este estremo en que estoy,
uiendo mi bien tan dudoso,
que uengo a ser embidioso
de cosas menos que yo:
al aue que lleua el uiento,
al pesce en la tempestad,
por sola su libertad
dare yo mi entendimiento.
Veo mil tiempos mudados,
cada dia hay nouedades,
mudanse las voluntades,
rebiuen los oluidados,
en toda cosa hay mudança,
y en ti no la vi jamás,
y en esto solo uerás
quan en balde es mi esperança.
Passauas el otro dia
por el monte repastando,
sospiré imaginando,
que en ello no te offendia:
al sospiro, alçó un cordero
la cabeça, lastimado:
y arrojastele el cayado,
ved qué coraçon de azero.
¿No podrias, te pregunto,
tras mil años de matarme,
solo un dia remediarme,
o si es mucho, un solo punto?
hazlo por uer como prueuo,
o por uer si con fauores
trato mejor los amores,
despues matame de nueuo.
Desseo mudar estado,
no de amor a desamor,
mas de dolor a dolor,
y todo en un mismo grado:
y aunque fuesse de una suerte
el mal, quanto a la substançia,
que en sola la circunstançia
fuesse más, o menos fuerte.
Que podria ser señora,
que vna circunstançia nueua
te diesse de amor más prueua,
que te he dado hasta agora,
y a quien no le duele vn mal,
ni ablanda un firme querer,
podria quiça doler
otro que no fuesse tal.
Vas al rio, uas al prado,
y otras uezes a la fuente,
yo pienso muy diligente,
si es ya yda, o si ha tornado,
si se enojará si voy,
si se burlará si quedo,
como me lo estorba el miedo,
ved el estremo en que estoy.
A Siluia tu gran amiga
vó a buscar medio mortal,
por si a dicha de mi mal,
le has dicho algo, me lo diga:
mas como no habla en ti,
digo que esta cruda fiera,
no dize a su compañera,
ninguna cosa de mí.
Otras uezes açechando
de noche te ueo estar,
con gracia muy singular
mil cantarçillos cantando:
pero buscas los peores,
pues los oyo uno a uno,
y jamás te oyo ninguno
que trate cosa de amores.
Vite estar el otro dia
hablando con Madalena,
contauate ella su pena,
oxala fuera la mia:
pense que de su dolor,
consolaras a la triste,
y riendo le respondiste:
es burla, no hay mal de amor,
Tú la dexaste llorando,
yo llegueme luego alli,
quexoseme ella de ti:
respondile sospirando:
no te espantes desta fiera,
porque no está su plazer
en solo ella no querer,
sino en que ninguna quiera.
Otras uezes te ueo yo
hablar con otras zagalas,
todo es en fiestas y galas,
en quien bien o mal bayló,
fulano tiene buen ayre,
fulano es çapateador,
si te tocan en amor
echaslo luego en donayre.
Pues guarte, y biue contento,
que de amor y de uentura
no hay cosa menos segura,
que el coraçon más exempto:
y podria ser ansi
que el crudo amor te entregasse,
a pastor que te tratasse
como me tratas a mí.
Mas no quiera Dios que sea,
si ha de ser a costa tuya,
y mi uida se destruya
primero que en tal te uea:
que un coraçon que en mi pecho
está ardiendo en fuego estraño,
más temor tiene a tu daño,
que respecto a tu prouecho.
Con grandisimas muestras de tristeza,
y de coraçon muy de ueras lastimado,
relataua la pastora a Belisa la carta de
Arsenio, ó por mejor dezir, de Arsileo
su hijo: parando en muchos uersos y
diziendo algunos dellos dos uezes: y a
otros boluiendo los ojos al çielo, con
una ansia que parescia que el coraçon
se le arrancaua. Y prosiguiendo la
historia triste de sus amores, les dezia:
Esta carta (o hermosas Nimphas) fue
principio de todo el mal del triste que
la compuso, y fin de todo el descanso de
la desdichada a quien se escriuió. Porque
auiendola yo leydo, por çierta diligençia
que en mi sospecha me hizo poner,
entendi que la carta auia proçedido más
del entendimiento del hijo, que de la
afficion del padre. Y porque el tiempo se
llegaua en que el amor me auia de tomar
cuenta de la poca que hasta entonçes de
sus effectos auia hecho, o porque en
fin hauia de ser, yo me senti un poco
más blanda que de antes: y no tan poco
que no diese lugar a que amor tomasse
possession de mi libertad. Y fue la mayor
nouedad que jamás nadie uio en amores lo
que este tyrano hizo en mí, pues no tan
solamente me hizo amar a Arsileo, mas aun
a Arsenio su padre. Verdades que al padre
amaua yo por pagarle en esto el amor
que me tenía, y al hijo por entregalle
mi libertad, como desde aquella hora se
la entregué. De manera que al uno amaua
por no ser ingrata, y al otro por no ser
más en mi mano. Pues como Arsenio me
sintiesse algo más blanda (cosa que él
tantos dias auia que desseaua), no huuo
cosa en la uida que no la hiziesse por
darme contento: porque los presentes eran
tantos, las joyas y otras muchas cosas,
que a mí pesaua uerme puesta en tanta
obligaçion. Con cada cosa que me embiaua,
uenia un recaudo tan enamorado, como él
lo estaua. Yo le respondia no mostrandole
señales de gran amor, ni tan poco me
mostraua tan esquiua como solia. Mas el
amor de Arsileo cada dia se arraigaua mas
en mi coraçon, y de manera me occupaua
los sentidos, que no dexaua en mi anima
lugar ocioso. Succedió, pues, que una
noche del uerano, estando en conuersaçion
Arsenio y Arsileo con algunos uezinos
suyos debaxo de un fresno muy grande,
que en vna plaçuela estaua de frente de
mi posada, començo Arsenio a loar mucho
el tañer y cantar de su hijo Arsileo,
por dar occasion a que los que con él
estauan le rogassen que embiasse por una
harpa a casa, y que alli tañesse, porque
estaua en parte que yo por fuerça auia de
gozar de la musica. Y como él lo penso,
assi le uino a sucçeder, porque siendo
de los presentes importunado, embiaron
por la harpa y la musica se començo.
Quando yo oí a Arsileo y senti la melodia
con que tañia, la soberana gracia con
que cantaua, luego estuue al cabo de lo
que podia ser: entendiendo que su padre
me queria dar musica, y enamorarme con
las gracias del hijo. Y dixe entre mí:
¡Ay, Arsenio, que no menos te engañas
en mandar a tu hijo que cante, para que
yo le oyga, que embiarme carta escrita
de su mano! A lo menos si lo que dello
te ha de succeder, tú supiesses, bien
podrias amonestar de oy más a todos los
enamorados, que ninguno fuesse osado de
enamorar a su dama con graçias agenas:
porque algunas uezes, suele acontesçer
enamorarse más la dama del que tiene
la graçia, que del que se aprouecha de
ella, no siendo suya. A este tiempo el
mi Arsileo, con una graçia nunca oyda,
començó a cantar estos uersos:
_Soneto._
En este claro sol que resplandesçe
en esta perfeçion[1250] sobre natura,
en esa alma gentil, esa figura
que alegra nuestra edad, y la enrriqueze
hay luz que ziega, rostro que enmudeçe,
pequeña piedad, gran hermosura,
palabras blandas, condiçion muy dura,
mirar que alegra y vista que entristeçe.
Por eso estoy, señora, retirado,
por eso temo ver lo que deseo,
por eso paso el tiempo en contemplarte.
Estraño caso, efecto no pensado,
que vea el maior bien quando te veo,
y tema el mayor mal si vo a mirarte.
Despues que huuo cantado el soneto que os
he dicho, comenzó a cantar esta cançion,
con graçia tan estremada, que a todos
los que lo oian, tenia suspensos, y a la
triste de mí más presa de sus amores que
nunca nadie lo estuvo.
Alçé los ojos por veros,
baxelos despues que os vi,
porque no ay passar de alli,
ni otro bien sino quereros.
¿Que más gloria que miraros,
si os entiende el que os miró?
Porque nadie os entendió
que canse de contemplaros.
Y aunque no pueda entenderos,
como yo no os entendi,
estará fuera de sí,
quando no muera por veros.
Si mi pluma otras loaua
ensayose en lo menor,
pues todas son borrador
de lo que en vos trasladaua.
Y si antes de quereros,
por otra alguna escreui,
creed que no es porque la ui,
mas porque esperaua ueros.
Mostrose en vos tan subtil
naturaleza y tan diestra,
que una sola façion vuestra
hará hermosas çien mil.
La que llega a pareceros
en lo menos que en vos vi,
ni puede pasar de alli
ni el que os mira sin quereros.
Quien ve qual os hizo Dios,
y uee otra mui hermosa,
parece que vee una cosa,
que en algo quiso ser vos.
Mas si os vee como ha de veros
y como señora os vi,
no hay comparaçion alli,
ni gloria, sino quereros.
No fue solo esto lo que Arsileo aquella
noche al son de su harpa cantó. Asi
como Orfeo al tiempo que fue en demanda
de su ninfa Euridice, con el suabe
canto enterneçia las furias infernales,
suspendiendo por gran espacio la pena de
los dañados[1251]: asi el mal logrado
mançebo Arsileo, suspendia, y ablandaua,
no solamente los coraçones de los
que presentes estauan, mas aun a la
desdichada Belisa, que desde una açotea
alta de mi posada le estaua con grande
atencion[1252] oyendo. Y assi agradaua al
çielo, estrellas y a la clara luna, que
entonçes en su uigor y fuerça estaua, que
en qualquiera parte que yo entonçes ponia
los ojos, pareçe que me amonestaua que le
quisiesse más que a mi uida. Mas no era
menester amonestarmelo nadie, porque si
yo entonçes de todo el mundo fuera señora
me parescia muy poco para ser suya. Y
desde alli, propuse de tenelle encubierta
esta uoluntad lo menos que yo pudiesse.
Toda aquella noche estuue pensando el
modo que ternia en descubrille mi mal,
de suerte que la uerguença no reçibiesse
daño, aunque quando este no hallara, no
me estoruara el de la muerte. Y como
quando ella ha de uenir, las occasiones
tengan tan gran cuydado de quitar los
medios que podrian impedilla, el otro dia
adelante, con otras donzellas mis uezinas
me fue forçado yr a un bosque espesso,
en medio del qual auia una clara fuente,
adonde las mas de las siestas lleuauamos
las uacas, assi porque alli pasciessen,
como para que uenida la sabrosa y fresca
tarde cogiessemos la leche de aquel dia
siguiente, con que las mantecas, natas y
quesos se auian de hazer. Pues estando
yo y mis compañeras assentadas en torno
de la fuente, y nuestras vacas echadas a
la sombra de los vmbrosos y siluestres
arboles de aquel soto, lamiendo los
pequeñuelos bezerrillos, que juntos a
ellas estauan tendidos, una de aquellas
amigas mias (bien descuydada del amor
que entonçes a mí me hazia la guerra) me
importunó, so pena de jamás ser hecha
cosa de que yo gustasse, que tuuiese por
bien de entretener el tiempo cantando
vna cançion. Poco me valieron escusas,
ni dezilles que los tiempos y ocasiones
no eran todos vnos, para que dexasse de
hazer lo que con tan grande instançia me
rogauan, y al son de vna çampoña, que la
vna dellas començó a tañer, yo triste
començe a cantar estos versos:
Passaua amor su arco desarmado
los ojos baxos, blando y muy modesto,
dexauame ya atras muy descuydado.
Quán poco espaçio pude gozar esto;
fortuna de embidiosa dixo luego:
teneos amor, ¿porque passays tan presto?
Boluió de presto a mi aquel niño çiego,
muy enojado en verse reprendido:
que no ay reprehension, do está su fuego.
Estaua çiego amor, mas bien me vido:
tan çiego le vea yo, que a nadie vea,
que ansi çegó mi alma y mi sentido.
Vengada me vea yo de quien dessea
a todos tanto mal que no consiente
vn solo coraçon que libre sea.
El arco armó el traydor muy breuemente,
no me tiró con xara enerbolada,
que luego puso en él su flecha ardiente.
Tomome la fortuna desarmada,
que nunca suele amor hazer su hecho,
sino en la más essenta y descuydada.
Rompió con su saeta un duro pecho,
rompió una libertad jamás subiecta,
quedé tendida, y él muy satisfecho.
¡Ay uida libre, sola, y muy quieta!
¡Ay prado visto con tan libres ojos!
¡Mal aya amor, su arco y su saeta!
Seguid amor, seguilde sus antojos,
venid de gran descuido a vn gran cuydado,
passad de un gran descanso, a mil enojos.
Vereys quál queda un coraçon cuytado:
que no ha mucho que estuuo sin sospecha
de ser de un tal tyrano sojuzgado.
Ay alma mia en lagrimas desecha,
sabed suffrir, pues que mirar supistes:
mas si fortuna quiso, ¿qué aprouecha?
Ay tristes ojos, si el llamaros tristes
no offende en cosa alguna el que mirastes,
¿do está mi libertad, do la pusistes?
Ay prados, bosques, seluas que criastes
tan libre coraçon como era el mio,
¿porqué tan grande[1253] mal no le estoruastes?
¡O apresurado arroyo, y claro rio,
adonde beuer suele mi ganado
inuierno, primauera, otoño, estio!
¿Porqué me has puesto, di, a tan mal recado,
pues solo en ti ponia mis amores,
y en este ualle ameno y uerde prado?
Aqui burlaua yo de mil pastores,
que burlarán de mi, quando supieren,
que a esperimentar comienço sus dolores.
No son males de amor los que me hieren,
que a ser de solo amor, passallos hia,
como otros mil que en fin de amores mueren.
Fortuna es quien me aflige y me desuia
los medios, los caminos y ocasiones,
para poder mostrar la pena mia.
¿Cómo podra, quien causa mis passiones,
si no las sabe dar remedio a ellas?
Mas no ay amor do faltan sinrazones.
A quanto mal fortuna, trae aquellas
que haze amar, pues no ay quien no le enfade
ni mar, ni tierra, luna, sol, ni estrellas.
Sino a quien ama, no ay cosa que agrade,
todo es assi, y assi fuy yo mezquina,
a quien el tiempo estorua y persuade.
Cessad mis uersos ya, que amor se indigna
en uer quán presto dél me estoy quexando,
y pido ya en mis males mediçina.
Quexad, mas ha de ser de quando en quando,
aora callad uos, pues ueys que callo,
y quando veys que amor se ua enfadando,
cessad, que no es remedio el enfadallo.
A las Nimphas y pastores parescieron
muy bien los versos de la pastora
Belisa, la qual con muchas lagrimas
dezia, prosiguiendo la historia de sus
males: Mas no estaua muy lexos de alli
Arsileo quando yo estos uersos cantaua,
que auiendo aquel dia salido a caça,
y estando en lo más espeso del bosque
passando la siesta, paresçe que nos
oyó, y como hombre affiçionado a la
musica, se fue su passo a passo entre
una espesura de arboles, que junto a la
fuente estauan: porque de alli mejor
nos pudiesse oyr. Pues auiendo çessado
nuestra musica, él se uino a la fuente,
cosa de que no poco sobresalto reçebi. Y
esto no es de marauillar, porque de la
misma manera se sobresalta vn coraçon
enamorado, con un subito contentamiento,
que con una tristeza no pensada. El se
llegó donde estauamos sentadas, y nos
saludó con todo el comedimiento possible,
y con toda la buena criança que se puede
imaginar: que uerdaderamente (hermosas
Nimphas) quando me paro a pensar la
discreçion, graçia y gentileza del sin
uentura Arsileo, no me paresçe que fueron
sus hados y mi fortuna causa de que la
muerte me lo quitasse tan presto delante
los ojos, mas antes fue no meresçer el
mundo gozar más tiempo de un moço a quien
la naturaleza auia dotado de tantas y tan
buenas partes. Despues que como digo,
nos uuo saludado, y tuuo liçençia de
nosotras, la qual muy comedidamente nos
pidio, para passar la siesta en nuestra
compañia, puso los ojos en mí (que no
deuiera) y quedó tan preso de mis amores
como despues se paresçio en las señales
con que manifestaua su mal. Desdichada
de mí que no uue menester yo de miralle
para querelle, que tan presa de sus
amores estaua antes que le uiesse como él
estuuo despues de auerme uisto. Mas con
todo esso, alçé los ojos para miralle,
al tiempo que alçaua los suyos para
uerme, cosa que cada uno quisiera dexar
de auer hecho: yo porque la uerguença
me castigó, y él porque el temor no le
dexó sin castigo. Y para dissimular su
nuevo mal, començó a hablarme en cosas
bien diferentes de las que él me quisiera
dezir, yo le respondi a algunas dellas,
pero más cuidado tenía yo entonçes de
mirar, si en los mouimientos del rostro,
o en la blandura de las palabras mostraua
señales de amor, que en respondelle á
lo que me preguntaua. Ansi desseaua
yo entonçes uelle sospirar, por me
confirmar en mi sospecha: como si no
le quisiera más que a mi. Y al fin no
desseaua uer en él alguna señal que no
la uiesse. Pues lo que con la lengua
alli no me pudo dezir, con los ojos me
lo dió bien a entender. Estando en esto
las dos pastoras que conmigo estauan, se
leuantaron a ordeñar sus vacas: yo les
rogué que me escusassen el trabajo con
las mias: porque no me sentia buena. Y no
fue menester rogarselo más, ni a Arsileo
mayor occasion para dezirme su mal: y no
sé si se engañó, imaginando la occasion,
porque yo queria estar sin compañia,
pero sé que determinó de aprouecharse
de ella. Las pastoras andauan occupadas
con sus vacas, atandoles sus mansos
bezerrillos a los pies, y dexandose ellas
engañar de la industria humana, como
Arsileo tanbien nueuamente preso de amor
se dexaua ligar de manera que otro que
la pressurosa muerte, no pudiera dalle
libertad. Pues uiendo yo claramente,
que quatro o cinco uezes auia cometido
el hablar, y le auia salido en uano su
comedimiento: porque el miedo de enojarme
se le auia puesto delante, quise hablarle
en otro proposito, aunque no tan lexos
del suyo, que no pudiesse sin salir
dél, dezirme lo que desseaua. Y assi le
dixe: Arsileo, ¿hallaste bien en esta
tierra? que segun en la que hasta agora
has estado, aurá sido el entretenimiento
y conuersaçion differente del nuestro:
estraño te deues hallar en ella. El
entonçes me respondió: no tengo tanto
poder en mí, ni tiene tanta libertad mi
entendimiento, que pueda responder a essa
pregunta. Y mudandole el proposito, por
mostralle el camino con las occasiones le
bolui a dezir: an me dicho, que ay por
allá muy hermosas pastoras, y si esto es
ansi, quán mal te deuemos parescer las
de por acá. De mal conoscimiento sería
(respondió Arsileo) si tal confessasse:
que puesto caso, que allá las ay tan
hermosas como te han dicho, acá las ay
tan auentajadas, como yo las he uisto.
Lisonja es essa en todo el mundo (dixe
yo medio riendo) mas con todo esto, no
me pesa que las naturales estén tan
adelante en tu opinion, por ser yo una
dellas. Arsileo respondió: y aun essa
sería harto bastante causa, quando otra
no uuiesse, para dezir lo que digo. Assi
que de palabra en palabra, me uino a
dezir lo que desseaua oylle, aunque por
entonçes no quise darselo a entender, mas
antes le rogué, que atajasse el paso a
su pensamiento. Pero reçelosa que estas
palabras no fuesen causa de resfriarse
en el amor (como muchas uezes acaesce
que el desfauorescer en los principios
de los amores, es atajar los passos a
los que comiençan a querer bien) bolui a
templar el desabrimiento de mi respuesta,
diziendole: Y si fuere tanto el amor
(o Arsileo) que no te dé lugar a dexar
de quererme, en lo secreto: porque de
los hombres de semejante discreçion que
la tuya, es tenello aun en las cosas
que poco importan. Y no te digo esto,
porque de una, ni de otra manera te ha
de aprouechar de más que de quedarte yo
en obligaçion, si mi consejo en este
caso tomares. Esto dezia la lengua, mas
otra cosa dezian los ojos con que yo
le miraua, y echando algun sospiro que
sin mi liçençia daua testimonio de lo
que yo sentia, lo qual entendiera muy
bien Arsileo, si el amor le diera lugar.
Desta manera nos despedimos, y despues
me habló muchas uezes, y me escriuio
muchas cartas, y vi muchos sonetos de
su mano, y aun las más de las noches me
dezia cantando, al son de su harpa, lo
que yo llorando le escuchaua. Finalmente
que venimos cada vno a estar bien
çertificados del amor que el vno al otro
tenía. A este tiempo, su padre Arsenio me
importunaua de manera con sus recaudos y
presentes, que yo no sabia el medio que
tuuiesse para defenderme dél. Y era la
más estraña cosa que se vió jamás: pues
ansi como se yua más acrescentando el
amor con el hijo, assi con el padre se
yua más estendiendo el affiçion, aunque
no era todo de vn metal. Y esto no me
daua lugar a desfauorescelle, ni a dexar
de reçebir sus recaudos. Pues viuiendo yo
con todo el contentamiento del mundo, y
viendome tan de veras amada de Arsileo,
a quien yo tanto queria, paresçe que
la fortuna determinó de dar fin a mis
amores, con el más desdichado sucçesso,
que jamás en ellos se ha visto, y fue
desta manera: que auiendo yo conçertado
de hablar con mi Arsileo vna noche, que
bien noche fue ella para mí: pues nunca
supe despues acá, qué cosa era dia,
concertamos que él entrase en una huerta
de mi padre, y yo desde vna ventana de mi
aposento, que caya enfrente de vn moral,
donde él se podia subir por estar más
çerca, nos hablariamos: ¡ay desdichada
de mí, que no acabo de entender a qué
proposito le puse en este peligro, pues
todos los dias, aora en el campo, aora en
el rio. aora en el soto, llevando a él
mis vacas, aora al tiempo que las traya a
la majada, me pudiera él muy bien hablar,
y me hablaua los más de los dias. Mi
desuentura fue causa que la fortuna se
pagasse del contento, que hasta entonçes
me auia dado, con hazerme que toda la
uida biuiesse sin él. Pues uenida la hora
del conçierto y del fin de sus dias, y
principio de mi desconsuelo, vino Arsileo
al tiempo, y al lugar conçertado, y
estando los dos hablando, en lo que puede
considerar quien algun tiempo ha querido
bien, el desuenturado de Arsenio su
padre, las más de las noches me rondaua
la calle (que aun si esto se me acordara,
mas quitomelo mi desdicha de la memoria,
no le consintiera yo ponerse en tal
peligro); pero asi se me oluidó, como si
yo no lo supiera. Al fin que él acertó a
venir aquella hora por alli, y sin que
nosotros pudiessemos velle, ni oylle,
nos vió él, y conosçio ser yo la que a
la ventana estaua, mas no entendió que
era su hijo el que estaua en el moral,
ni aun pudo sospechar quien fuesse, que
esta fue la causa prinçipal de su mal
successo. Y fue tan grande su enojo, que
sin sentido alguno se fue a su posada,
y armando una ballesta, y poniendola
vna saeta muy llena de venenosa yerua,
se uino al lugar do estauamos, y supo
tan bien açertar a su hijo, como sino
lo fuera. Porque la saeta le dio en el
coraçon, y luego cayó muerto del árbol
abaxo, diziendo: ¡Ay Belisa, quán poco
lugar me da la fortuna para seruirte,
como yo desseaua! Y aun esto no pudo
acabar de dezir. El desdichado padre que
con estas palabras conosció ser homiçida
de Arsileo su hijo, dixo con una boz
como de hombre desesperado: ¡Desdichado
de mí, si eres mi hijo Arsileo que en
la boz no paresçes otro! Y como llegasse
a él, y con la luna que en el rostro le
daua le deuisasse bien y le hallase que
auia espirado, dixo: O cruel Belisa,
pues que el sin ventura mi hijo, por tu
causa, de mis manos ha sido muerto, no
es justo que el desuenturado padre quede
con la vida. Y sacando su misma espada,
se dio por el coraçon de manera que en
un punto fue muerto. O desdichado caso,
o cosa jamás oida ni vista. ¡O escandalo
grande para los oydos, que mi desdichada
historia oyeren, o desuenturada Belisa,
que tal pudieron uer tus ojos, y no tomar
el camino que padre y hijo por tu causa
tomaron! No paresciera mal tu sangre
mixturada con la de aquellos que tanto
desseauan seruirte. Pues como yo mezquina
ui el desauenturado caso, sin más pensar,
como muger sin sentido, me sali de casa
de mis padres, y me uine importunando con
quexas al alto çielo, y inflamando el
ayre con sospiros, a este triste lugar
(quexandome de mi fortuna, maldiziendo la
muerte que tan en breue me auia enseñado
a sufrir sus tiros) adonde ha seys meses
que estoy sin auer uisto, ni hablado
con persona alguna, ni procurado uerla.
Acabando la hermosa Belisa de contar su
infelice historia, començo a llorar tan
amargamente, que ninguno de los que alli
estauan, pudieron dexar de ayudarle con
sus lagrimas. Y ella prosiguiendo dezia:
Esta es (hermosas Nimphas) la triste
historia de mis amores, y del desdichado
sucçesso dellos, ved si este mal es
de los que el tiempo puede curar? ¡Ay
Arsileo, quantas vezes temi, sin pensar
lo que temia! mas quien a su temor no
quiere creer, no se espante, quando vea
lo que ha temido, que bien sabia yo que
no podiades dexar de encontraros, y que
mi alegria no auia de durar más que hasta
que su padre Arsenio sintiesse nuestros
amores. Pluguiera a Dios que assi fuera
que el mayor mal que por esso me pudiera
hazer fuera desterrarte: y mal que con
el tiempo se cura, con poca difficultad
puede suffrirse. ¡Ay Arsenio, que no me
estorua la muerte de tu hijo dolerme de
la tuya, que el amor que continuo me
monstraste, la bondad y limpieza con
que me quisiste, las malas noches que a
causa mia passaste, no suffre menos si no
dolerme de tu desastrado fin: que esta es
la hora que yo fuera casada contigo, si
tu hijo a esta tierra no uiniera! Dezir
yo que entonçes no te queria bien seria
engañar el mundo, que en fin no hay muger
que entienda que es uerdaderamente amada,
que no quiera poco o mucho, aunque de
otra manera lo dé a entender: ay lengua
mia, callad que más aueys dicho de lo que
os an preguntado. ¡O hermosas Nimphas!
perdonad si os he sido importuna, que
tan grande desuentura como la mia no
se puede contar con pocas palabras.
En quanto la pastora contaua lo que
aueys oydo, Sireno, Syluano, Seluagia,
y la hermosa Felismena, y aun las tres
Nimphas fueron poca parte para oylla
sin lagrimas: aunque las Nimphas, como
las que de amor no auian sido tocadas,
sintieron como mugeres su mal, mas no
las circunstançias dél. Pues la hermosa
Dorida uiendo que la desconsolada pastora
no cesaua el amargo llanto, la començo a
hablar diziendo: Cessen, hermosa Belisa,
tus lagrimas, pues uees el poco remedio
dellas: mira que dos ojos no bastan a
llorar tan graue mal. Mas qué dolor
puede auer, que no se acabe, o acabe al
mismo que lo padesçe? Y no me tengas por
tan loca que piense consolarte, mas a
lo menos podria mostrarte el camino por
donde pudiesse algun poco aliuiar tu
pena. Y para esto te ruego, que uengas en
nuestra compañia, ansi porque no es cosa
justa que tan mal gastes la uida, porque
adonde te lleuaremos podras escoger la
que quisieres, y no aurá persona, que
estorualla pueda. La pastora respondió:
lugar me pareçia este harto conveniente
para llorar mi mal y acabar en él la
uida: la qual si el tiempo no me haze
más agrauios de los hechos, no deue
ser muy larga. Mas ya que tu uoluntad
es essa, no determino de salir della
en solo un punto: y de oy mas podeis
(hermosas Nimphas) usar de la mia, segun
a las uuestras les paresçiere. Mucho le
agradesçieron todos auelles conçedido de
irse en su compañia. Y porque ya eran
más de tres horas de la noche aunque la
luna era tan clara, que no echauan memos
el dia çenaron de lo que en sus çurrones
los pastores trayan, y despues de haber
çenado, cada vno escogió el lugar de que
más se contentó, passar lo que de la
noche les quedaua. La qual los enamorados
passaron con más lagrimas que sueño, y
los que no eran reposaron del cansançio
del dia.
_Fin del terçero libro._