CARTA DE ÇELIA A DON FELIS

«Nvnca cosa que yo sospechasse de

nuestros amores, dio tan lexos de la

uerdad queme diesse occasion de no creer

más vezes a mi sospecha, que uuestra

disculpa, y si en esto os hago agrauio,

ponedlo a cuenta de uuestro descuydo,

que bien pudierades negar los amores

passados, y no dar occasion a que por

uuestra confession os condenasse. Dezis

que fuy causa que oluidassedes los amores

primeros: consolaos con que no faltará

otra que lo sea de los segundos. Y

asseguraos, señor don Felis, porque os

certifico, que no ay cosa que peor esté

a un cauallero, que hallar en qualquier

dama occasion de perderse por ella. Y no

dire más, porque en males sin remedio, el

no procurarselo es la mejor».

Despues que uuo acabado de leer la

carta, me dixo, ¿qué te parescen,

Valerio, estas palabras? Paresceme, le

respondi, que se muestran en ellas tus

obras. Acaba, dixo don Felis. Señor, le

respondi yo, parescer me han segun ellas

os parescieren, porque las palabras de

los que quieren bien, nadie las sabe

tan bien juzgar como ellos mismos. Mas

lo que yo siento de la carta, es que

essa dama quisiera ser la primera, a

la qual no deue la fortuna tratalla de

manera que nadie pueda auer embidia de

su estado. Pues ¿qué me aconsejarias?

dixo don Felis. Si tu mal suffre consejo

(le respondi yo) parescer me hya que

pensamiento no se diuidiesse en esta

segunda passion, pues a la primera se

deue tanto. Don Felis me respondió

(sospirando y dandome vna palmada en el

ombro), o Valerio, qué discreto eres.

Quán buen consejo me das, si yo pudiesse

tomalle. Entremosnos a comer, que en

acabando, quiero que lleues una carta mia

a la señora Çelia, y uerás si meresçe que

a trueque de pensar en ella, se oluide

otro qualquier pensamiento. Palabras

fueron estas que a Felismena llegaron

al alma: mas como tenía delante sus

ojos aquel a quien mas que a sí quería,

solamente miralle era el remedio de la

pena que qualquiera destas cosas me hazia

sentir. Despues que uuimos comido, don

Felis me llamó, y haziendome grandissimo

cargo de lo que deuia, por auerme dado

parte de su mal, y auer puesto el remedio

en mis manos, me rogó le lleuasse una

carta, que escrita le tenía, la qual él

primero me leyó, y dezia desta manera:

Orígenes de la novela, Tomo II · 第 251 / 605 题