[1210] En la edición de Milán, «_debaxo de nombres pastorales_».
[1211] _Le_ en la edición de Venecia, 1585, y en otras. _La_ en la
rarísima de Milán.
[1212] _Y qué cabellos_, añade, á modo de paréntesis, la de Milán.
[1213] Así en la edición de Milán. _Ignorancia_ en la de Venecia.
[1214] M., _causaron_.
[1215] M., desta manera.
[1216] M., _imaginasse_.
[1217] M., _que yo pudiesse_.
[1218] M., _de favores_.
[1219] Todo esto falta en la edición de Venecia, y se ha tomado de la
de Milán.
[1220] M., _rendido_.
[1221] M., _cayo_.
[1222] M., _acabando_.
[1223] M., _prompta está_.
[1224] Así en M. La de Venecia y otras dicen _en mirar mi pastor_, lo
cual no hace sentido.
[1225] M., así. V., _sintiéndola_,
[1226] M., _fuesse_.
[1227] _Les_ en la edición de Milán.
[1228] M., _turasse_.
[1229] M., _hablelle_.
[1230] M., _hazían_.
[1231] V., _quedara_.
[1232] Falta el _vano_ en la edición de Venecia y otras. Está en la de
Milán.
[1233] M., _veis_.
[1234] M., _Mas no cese el lamentar_.
LIBRO SEGUNDO
DE LA DIANA DE GEORGE DE MONTEMAYOR
Los pastores ya, que por los campos del
caudaloso Ezla apascentauan sus ganados,
se començauan a mostrar cada uno con su
rebaño por la orilla de sus cristallinas
aguas tomando el pastor, antes que el
sol saliesse, y aduirtiendo el mejor
lugar, para despues passar la calurosa
fiesta, quando la hermosa pastora
Seluagia por la cuesta que de la aldea
baxaua al espesso bosque, uenia trayendo
delante de si sus mansas ouejuelas, y
despues de auellas metido entre los
arboles baxos y espessos, de que alli
auia mucha abundancia, y uerlas ocupadas
en alcançar las más baxuelas ramas,
satisfaziendo el hambre que trayan, la
pastora se fue derecha a la fuente de
los alisos, donde el dia antes, con los
dos pastores auia passado la siesta.
E como uio el lugar tan aparejado
para tristes imaginaciones, se quiso
aprouechar del tiempo, sentandose cabe
la fuente, cuya agua con la de sus ojos
acrescentaua. Y despues de auer gran
rato imaginado, començo a dezir: ¿Por
uentura, Alanio, eres tú aquel, cuyos
ojos nunca ante los mios ui enxutos de
lagrimas? ¿Eres tú el que tantas uezes
a mis pies ui tendido, pidiendome con
razones amorosas, la clemencia que yo
por mi mal usé contigo? ¿Dime pastor (y
el mas falso que se puede imaginar en
la uida) es uerdad que me querias, para
cansarte tan presto de quererme? Deuias
imaginar, que no estaua en más oluidarte
yo, que en saber que era de ti oluidada:
que officio es de hombres, que no tratan
los amores, como deuen tratarse, pensar
que lo mismo podran acabar sus damas
consigo, que ellos an acabado. Aunque
otros uienen a tomallo por remedio, para
que en ellas se acresciente el amor.
Y otros porque los celos, que las mas
uezes fingen, uengan a subjectar a sus
damas: de manera que no sepan, ni puedan
poner los ojos en otra parte, y los más
uienen poco a poco a manifestar todo lo
que de antes fingian, por donde muy más
claramente descubren su deslealtad. E
uienen todos estos estremos a resultar
en daño de las tristes, que sin mirar
los fines de las cosas, nos uenimos a
afficionar, para jamas dexar de quereros,
ni uosotros de pagarnoslo tan mal, como
tú me pagas lo que te quise y quiero.
Assi que qual destos ayas sido, no puedo
entendello. E no te espantes, que en los
casos de desamor entienda poco, quien en
los de amor está tan exercitada. Siempre
me mostraste gran honestidad en tus
palabras, por donde nunca menos esperé
de tus obras. Pense que un amor, en el
qual me dauas a entender que tu desseo
no se estendia a querer de mí más que
quererme, jamas tuuiera fin; porque si
a otra parte encaminaras tus desseos no
sospechara firmeza en tus amores. ¡Ay
triste de mí! que por temprano que uine a
entenderte, ha sido para mí tarde. Venid
nos acá, mi çampoña, y passare con uos el
tiempo, que si yo con sola uos lo uuiera
pasado, fuera de mayor contento para mí;
y tomando su çampoña, començo a cantar la
siguiente cancion:
Aguas que de lo alto desta sierra,
baxays con tal ruydo al hondo ualle
porqué no imaginays la que del alma
destilan siempre mis cansados ojos,
y que es la causa, el infelice tiempo,
en que fortuna me robo mi gloria?
Amor me dió esperança de tal gloria,
que no ay pastora alguna en esta sierra,
que assi pensasse de alabar el tiempo
pero despues me puso en este ualle
de lagrimas, a do lloran mis ojos
no uer lo que estan viendo los del alma.
¿En tanta soledad, qué haze un alma
que en fin llegó a saber que cosa es gloria?
¿o a donde boluere mis tristes ojos,
si el prado, el bosque, el monte, el soto y sierra
el arboleda y fuentes deste ualle
no hazen oluidar tan dulce tiempo?
¿Quien nunca imaginó que fuera el tiempo
verdugo tan cruel para mi alma?
¿o qué fortuna me apartó de un ualle,
que toda cosa en el me daua gloria?
hasta el hambriento lobo, que a la sierra
subia, era agradable ante mis ojos.
¿Mas qué podran, fortuna, uer los ojos,
que ueian su pastor en algun tiempo
baxar con sus corderos, de una sierra,
cuya memoria siempre está en mi alma?
¡o fortuna enemiga de mi gloria!
¡cómo me cansa este enfadoso ualle!
¿Mas cuando tan ameno y fresco valle,
no es agradable a mis cansados ojos,
ni en él puedo hallar contento, gloria,
ni espero ya tenelle en algun tiempo?
ued en qué estremo deue estar mi alma:
¡o quien boluiese á aquella dulce sierra!
¡O alta sierra, ameno y fresco ualle
do descansó mi alma, y estos ojos!
dezid: uerme he algun tiempo, en tanta gloria.
A este tiempo Syluano estaua con su
ganado entre unos myrthos que cerca de
la fuente auia, metido en sus tristes
imaginaciones; y quando la boz de
Seluagia oyó, despierta como de un sueño,
y muy atento estuuo a los uersos que
cantaua. Pues como este pastor fuesse tan
mal tratado de amor, y tan desfauorecido
de Diana, mil uezes la passion le hazia
salir de seso, de manera, que oy se daua
en dezir mal de amor, mañana en alaballe,
un dia en estar ledo, y otro en estar más
triste que todos los tristes; oy en dezir
mal de mugeres, mañana en encarecellas
sobre todas las cosas. Y ansi biuia el
triste una uida, que seria gran trabajo
dalla a entender; y más a personas
libres. Pues auiendo oydo el dulce canto
de Seluagia, y salido de sus tristes
imaginaciones, tomó su rabel, y començo a
cantar lo siguiente:
Cansado esta de oyrme el claro rio,
el ualle y soto tengo importunados:
y estan de oir mis quexas ¡o amor mio!
alisos, hayas, olmos ya cansados:
inuierno, primauera, otoño, estio,
con lagrimas regando estos collados,
estoy a causa tuya, o cruda fiera,
¿no auria en esta boca vn nó, si quiera?
De libre me heziste ser catiuo,
de hombre de razon, quien no la siente,
quesiste me hazer de muerto, biuo,
y alli de biuo muerto encontinente:
De afable me heziste ser esquiuo:
de conuersable, aborrescer la gente:
solia tener ojos, y estoy ciego,
hombre de carne fuy, ya soy de fuego.
¿Qué es esto coraçon, no estays cansado?
¿aun ay más que llorar? ¿dezi, ojos mios?
mi alma, ¿no bastaua el mal passado?
lagrimas, ¿aun hazeys crecer los ríos?
entendimiento, ¿vos no estays turbado?
sentido, ¿no os turbaron sus desuios?
¿pues cómo entiendo, lloro, veo y siento,
si todo lo ha gastado ya el tormento?
¿Quién hizo a mi pastora ¡ay, perdido!
aquel cabello de oro, y no dorado,
el rostro de cristal tan escogido,
la boca de un rubi muy estremado,
el cuello de alabastro, y el sentido
muy más que otra ninguna leuantado?
¿por qué su coraçon no hizo ante
de cera, que de marmol y diamante?
Vn dia estoy conforme a mi fortuna,
y al mal que me ha causado mi Diana,
el otro el mal me afflige y importuna,
cruel la llamo fiera, y inhumana,
y assi no hay en mi mal orden alguna,
lo que oy affirmo, niegolo mañana:
todo es assi, y passo assi una uida,
que presto uean mis ojos consumida.
Cuando la hermosa Seluagia en la boz
conoscio al pastor Syluano, se fue luego
a él, y recebiendose los dos con palabras
de grande amistad, se assentaron a la
sombra de un espesso myrtho, que en medio
dexaba vn pequeño pradezuelo[1235] más
agradable por las hermosas y doradas
flores de que él estaua matizado, de lo
que sus tristes pensamientos pudieran
dessear. Y Syluano començó a hablar desta
manera: No sin grandissima compassion
se deue considerar, hermosa Seluagia,
la diuersidad de tantos y tan desusados
infortunios, como succeden a los tristes
que queremos bien. Mas entre todos ellos
ninguno me paresce que tanto se deue
temer, como aquel que succede despues de
auerse uisto la persona en un[1236] buen
estado. Y esto como tú ayer me dezias,
nunca llegué a sabello por experiencia.
Mas como la uida que passo es tan
agena de descanso, y tan entregada a
tristezas, infinitas uezes estoy buscando
inuenciones para engañar el gusto. Para
lo qual me uengo a imaginar muy querido
de mi señora, y sin abrir mano desta
imaginacion me estoy todo lo que puedo,
pero despues que llego a la uerdad de
mi estado, quedo tan confuso que no
sé decillo; porque sin yo querello,
me uiene a faltar la paciencia. Y
pues la imaginacion no es cosa que se
pueda suffrir, ued qué haria la uerdad?
Seluagia le respondió: Quisiera yo,
Syluano, estar libre desta passion, para
saber hablar en ella, como en tal materia
seria menester. Que no quieras mayor
señal de ser el amor mucho, o poco, la
passion pequeña o grande, que oilla dezir
al que la siente. Porque nunca passion
bien sentida, pudo ser bien manifestada
con la lengua del que la padesce.
Ansi que estando yo tan subjecta a mi
desuentura, y tan quexosa de la sin razon
que Alanio me haze, no podré dezir lo
mucho que dello siento. A tu discrecion
lo dexo, como a cosa de que me puedo
muy bien fiar. Syluano dixo sospirando.
Aora yo, Seluagia, no sé qué diga, ni
qué remedio podria auer en nuestro mal.
¿Tú por dicha sabes alguno? Seluagia
respondió, ¿y como aora lo sé? Sabes qué
remedio, pastor? Dexar de querer. ¿Y esso
podrias tú acabarlo[1237] contigo? (dixo
Syluano). Como la fortuna, o el tiempo
lo ordenasse (respondio Seluagia). Aora
te digo (dixo Syluano muy admirado) que
no te haria agrauio en no auer manzilla
de tu mal, porque amor que está subjecto
al tiempo, y a la fortuna, no puede ser
tanto que dé trabajo a quien lo padece.
Seluagia le respondió. ¿Y podrias tú,
pastor, negarme, que sería possible auer
fin en tus amores, o por muerte, o por
ausencia, o por ser fauorescido en otra
parte, y tenido en más tus seruicios?
No me quiero (dixo Syluano) hazer tan
hypocrita en amor, que no entienda lo
que me dizes ser possible, mas no en mí.
Y mal aya el amador que aunque a otros
uea succederles, y la manera que me
dizes, tuuiere tan poca constancia en los
amores, que piense poderle a él succeder
cosa tan contraria a su fe. Yo muger soy
(dixo Seluagia) y en mí uerás, si quiero,
todo lo que se puede querer. Pero no me
estorua esto imaginar, que en todas las
cosas podria auer fin, por más firmes que
sean porque officio es del tiempo, y de
la fortuna andar en estos mouimientos tan
ligeros, como ellos lo han sido siempre;
y no pienses, pastor, que me haze dezir
esto el pensamiento de oluidar aquel que
tan sin causa me tiene oluidada, sino lo
que desta passion tengo esperimentado.
A este tiempo oyeron un pastor, que por
el prado adelante uenia cantando, y
luego fue conocido[1238] ser el oluidado
Sireno, el qual uenia al son de su rabel
cantando estos uersos:
Andad mis pensamientos do algun dia
os yuades de vos muy confiados,
vereys horas y tiempos ya mudados,
vereys que uuestro bien passó: solia.
Vereys que en el espejo a do me uia
y en el lugar do fuystes estimados,
se mira por mi suerte y tristes hados
aquel que ni aun pensallo merescia.
Vereys tambien cómo entregué la uida
a quien sin causa alguna la desecha,
y aunque es ya sin remedio el graue daño
dezilde (si podeis) á la partida
que allá prophetizaua mi sospecha,
lo que ha cumplido acá su desengaño.
Despues que Sireno puso fin a su canto,
uido como hazia el uenia la hermosa
Seluagia, y el pastor Syluano, de que
no recibio pequeño contentamiento, y
despues de auerse recebido, determinaron
yrse a la fuente de los alisos, donde
el dia antes auian estado. Y primero
que allá llegassen (dixo Syluano).
Escucha, Seluagia, ¿no oyes cantar? Sí
oigo (dixo Seluagia) y aun paresce mas
de una boz. ¿Adonde será? (dixo Sireno).
Paresceme (respondió Seluagia) que es
en el prado de los laureles por donde
passa el arroyo que corre desta clara
fuente. Bien será que nos lleguemos
allá, y de manera que no nos sientan
los que cantan, porque no interrumpamos
la musica. Vamos (dixo Seluagia) y
assi su passo a passo se fueron hazia
aquella parte donde las bozes se oyan:
y escondiendose entre unos arboles, que
estauan junto al arroyo: uieron sobre las
doradas flores assentadas tres nimphas,
tan hermosas, que parescia auer en ellas
dado la naturaleza clara muestra de lo
que puede. Venian uestidas de unas ropas
blancas labradas por encima de follajes
de oro: sus cabellos, que los rayos del
sol oscurescian, rebueltos a la cabeça,
y tomados con sendos hilos de orientales
perlas, con que encima de la crystallina
frente se hazia una lazada, y en medio
della estaua una aguila de oro, que entre
las vñas tenia un muy hermoso diamante.
Todas tres de concierto tañian sus
instrumentos tan suauemente, que junto
con las diuinas bozes no parescieron sino
musica celestial, y la primera cosa que
cantaron, fue este villancico:
Contentamientos de amor
que tan cansados llegays,
si uenis ¿para que os uays?
Aun no acabays de uenir
despues de muy desseados,
cuando estays determinados
de madrugar y partyr,
si tan presto os aueys d'yr,
y tan triste me dexays,
placeres, no me ueays.
Los contentos huyo dellos,
pues no me uienen a uer
más que por darme a entender
lo que se pierde en perdellos,
y pues ya no quiero uellos,
descontentos, no os partays,
pues bolueys despues que os uays.
Despues que uuieron cantado, dixo la una,
que Dorida se llamaua: Cinthia[1239], ¿es
esta la ribera adonde un pastor llamado
Sireno anduuo perdido por la hermosa
pastora Diana? La otra le respondio:
esta sin duda debe ser: porque junto
a vna fuente, que está cerca de este
prado, me dizen que fue la despedida
de los dos digna de ser para siempre
celebrada, segun las amorosas razones
que entre ellos passaron. Cuando Sireno
esto oyó quedó fuera si en uer que las
tres nimphas tuuiessen noticia de sus
desuenturas. Y prosiguiendo Cinthia
dixo: Y en esta misma ribera ay otras
muy hermosas pastoras y otros pastores
enamorados, adonde el amor ha mostrado
grandissimos effectos, y algunos muy
al contrario de lo que se esperaua. La
tercera, que Polidora se llamaua, le
respondio: cosa es essa de que yo no me
espantaria, porque no ay successo en amor
por auieso que sea, que ponga espanto
a los que por estas cosas han passado.
Mas dime, Dorida, ¿cómo sabes tú de essa
despedida? Selo (dixo Dorida) porque al
tiempo que se despidieron junto a la
fuente que digo lo oyó Celio, que desde
encima de un roble les estaria acechando,
y la puso toda al pie de la letra en
uerso, de la misma manera que ella passó;
por esso si me escuchays, al son de mi
instrumento pienso cantalla. Cinthia le
respondio: hermosa Dorida, los hados te
sean fauorables, como nos es alegre tu
gracia y hermosura, y no menos sera oyrte
cantar cosa tanto para saber. Y tomando
Doria su harpa, començo a cantar desta
manera:
_Canto de la nimpha._
Ivnto a una uerde ribera,
de arboleda singular,
donde para se alegrar
otro que mas libre fuera,
hallara tiempo y lugar:
Sireno, un triste pastor,
recogia su ganado,
tan de ueras lastimado
quanto burlando el amor
descansa el enamorado.
Este pastor se moria
por amores de Diana,
una pastora loçana
que en hermosura excedia
la naturaleza humana,
la qual jamas tuuo cosa
que en si no fuese estremada,
pues ni pudo ser llamada
discreta, por no hermosa:
ni hermosa por no auisada.
No era desfauorecido,
que a serlo quiça pudiera
con el uso que tuuiera,
suffrir despues de partido,
lo que de absencia sintiera:
Que el coraçon desusado,
de suffrir pena, o tormento,
si no sobra entendimiento,
qualquier pequeño cuydado
le cautiua el suffrimiento.
Cabe un rio caudaloso,
Ezla por nombre llamado,
andaua el pastor cuytado
de absencia muy temeroso,
repastando su ganado:
Y a su pastora aguardando
está con graue passion,
que estaua aquella sazon
su ganado apacentando
en los montes de Leon.
Estaua el triste pastor
en quanto no parescia,
imaginando aquel dia
en que el falso dios de Amor
dio principio a su alegria:
Y dize viendose tal:
el bien que el amor me ha dado
ymagino yo cuytado,
porque este cercano mal
lo sienta despues doblado.
El sol por ser sobre tarde
con su fuego no le offende,
mas el que de amor depende,
y en el su coraçon arde
mayores llamas enciende.
La passion lo combidaua,
la arboleda le mouia,
el rio parar hazia,
el ruyseñor ayudaua
a estos uersos que dezia.
_Cancion de Sireno._
Al partir llama partida
el que no sabe de amor,
mas yo le llamo un dolor
que se acaba con la uida.
Y quiera Dios que yo pueda
esta uida sustentar,
hasta que llegue al lugar
donde el coraçon me queda;
porque el pensar en partida
me pone tan gran pauor
que a la fuerça del dolor
no podra esperar la uida.
Esto Sireno cantaua
y con su rabel tañia,
tan ageno de alegria,
quel llorar non le dejaua
pronunciar lo que dezia.
Y por no caer en mengua
si le estorua su passion,
accento, o pronunciacion,
lo que empezaua la lengua
acabaua el coraçon.
Ya despues que vuo cantado,
Diana vió que venia
tan hermosa, que vestia
de nueua color el prado,
donde sus ojos ponia.
Su rostro como vna flor,
y tan triste que es locura
pensar que humana criatura
juzgue qual era mayor,
la tristeza o hermosura.
Muchas uezes se paraua
bueltos los ojos al suelo,
y con tan gran desconsuelo
otras uezes los alçaua
que los incaua en el cielo:
Diziendo con más dolor,
que cabe en entendimiento:
pues el bien trae tal descuento,
de oy más bien puedes, amor,
guardar tu contentamiento.
La causa de sus enojos
muy claro alli la mostraua;
si lagrimas derramaua
preguntenlo a aquellos ojos
con que a Sireno mataua.
Si su amor era sin par,
su ualor no lo encubria,
y si la absencia temia
pregúntelo a este cantar
que con lagrimas dezia:
_Cancion de Diana_
No me diste, o crudo amor
el bien que tuue en presencia,
sino porque el mal de absencia
me parezca muy mayor.
Das descanso, das reposo,
no por dar contentamiento,
mas porque esté el suffrimiento
algunos tiempos ocioso.
Ved qué inuenciones de amor
darme contento en presencia,
porque no tenga en absencia
reparo contra el dolor.
Siendo Diana llegada
donde sus amores uio,
hablar quiso y no habló[1240],
y el triste no dixo nada,
aunque el hablar cometio:
Quanto auia que hablar,
en los ojos lo mostrauan,
mostrando lo que callauan,
con aquel blando mirar
con que otras uezes hablauan.
Ambos juntos se sentaron,
debaxo un myrtho florido,
cada uno de otro uencido
por las manos se tomaron,
casi fuera de sentido:
Porque el plazer de mirarse,
y el pensar presto no uerse,
los hazen enternescerse
de manera que a hablarse,
ninguno pudo atreuerse,
Otras uezes se topauan
en esta uerde ribera,
pero muy de otra manera
el toparse celebrauan,
que esta que fue la postrera:
Estraño effecto de amor
verse dos que se querian,
todo quanto ellos podian
y recebir mas dolor,
que al tiempo que no se uian.
Via Sireno llegar
el graue dolor de absencia,
ni alli le basta paciencia,
ni alcança para hablar
de sus lagrimas licençia.
A su pastora miraua,
su pastora mira a él,
y con un dolor cruel
la habló, mas no hablaua
que el dolor habla por él.
¿Ay, Diana, quien dixera,
que quando yo más penara
que ninguno imaginara,
en la hora que te uiera
mi alma no descansara?
¿En qué tiempo y qué sazon,
creyera (señora mia)
que alguna cosa podria
causarme mayor passion
que tu presencia alegria?
¿Quién pensara que estos ojos
algun tiempo me mirassen,
que, señora, no atajassen,
todos los males y enojos
que mis males me causassen?
Mira, señora, mi suerte,
si ha traydo buen rodeo;
que si antes mi desseo
me hizo morir por uerte,
ya muero porque te veo.
Y no es por falta de amarte,
pues nadie estuuo tan firme,
mas por porque suelo uenirme
a estos prados a mirarte,
y aora uengo a despedirme:
Oy diera por no te uer,
aunque no tengo otra uida,
esta alma de ti uencida
solo por entretener
el dolor de la partida.
Pastora, dame licencia
que diga que mi cuydado
sientes en el mismo grado,
que no es mucho en tu presencia
mostrarme tan confiado.
Pues Diana, si es asi,
¿cómo puedo yo partirme?
¿o tú cómo dexas yrme?
¿o cómo uengo yo aqui
sin empacho a despedirme?
Ay Dios, ay pastora mia,
¿cómo no ay razon que das
para de ti me quexar?
¿y cómo tú cada dia
la ternás de me oluidar?
No me hazes tú partir
esto tambien lo dire,
menos lo haze mi fe:
y si quisiesse dezir
quien lo haze: no lo sé.
Lleno de lagrimas tristes,
y a menudo sospirando
estaua el pastor hablando
estas palabras que oystes,
y ella las oye llorando:
a responder se offrescio,
mil uezes lo cometia,
mas de triste no podia
y por ella respondio
el amor que le tenía.
A tiempo estoy, o Sireno,
que dire mas que quisiera:
que aun que mi mal s'entendiera
tuuiera, pastor, por bueno,
el callarlo, si pudiera.
Mas ay de mí desdichada,
uengo a tiempo a descubrillo,
que ni aprovecha dezillo
para escusar mi jornada,
ni para yo despidillo.
¿Porqué te uas, di, pastor,
porqué me quieres dexar
donde el tiempo y el lugar,
y el gozo de nuestro amor,
no se me podra oluidar?
¿Que sentiré, desdichada,
llegando a este ualle ameno,
cuando diga: ¡ah tiempo bueno,
aqui estuue yo sentada,
hablando con mi Sireno!
Mira si será tristeza,
no uerte, y uer este prado,
de arboles tan adornado,
y mi nombre en su corteza,
por tus manos señalado:
o si aurá igual dolor,
que el lugar adó me uiste,
uerle tan solo, y tan triste,
donde con tan gran temor
tu pena me descubriste.
Si esso duro coraçon
se ablanda para llorar
¿no se podria ablandar
para uer la sin razon,
que hazes en me dexar?
Oh, no llores, mi pastor,
que son lagrimas en uano;
y no esta el seso muy sano
de aquel que llora el dolor,
si el remedio está en su mano.
Perdoname, mi Sireno,
si te offendo en lo que digo,
dexa me hablar contigo
en aqueste valle ameno,
do no me dexas comigo.
Que no quiero ni aun burlando
uerme apartada de ti:
¿No te uayas, quieres, di?
duelate ora uer llorando
los ojos con que te ui».
Volvio Sireno a hablar,
dixo: ya deues sentir
si yo me quisiera yr,
mas tú me mandas quedar,
y mi uentura partir.
Viendo tu gran hermosura,
estoy, señora, obligado,
a obedecer te de grado;
mas triste, que a mi uentura
he de obedeçer forçado.
Es la partida forçada,
pero no por causa mia,
que qualquier bien dexaria
por uerte en esta majada,
do ui el fin de mi alegria.
Mi amo aquel gran pastor,
es quien me haze partir,
a quien presto uea uenir
tan lastimado de amor,
como yo me siento yr.
Oxala estuuiera aora,
porque tú fueras seruida,
en mi mano mi partida
como en la tuya, señora,
está mi muerte y mi uida.
Mas creeme que es muy en uano,
segun contino me siento
passarte por pensamiento
que pueda estar en mi mano,
cosa que me dé contento.
Bien podria yo dexar
mi rebaño y mi pastor,
y buscar otro señor:
mas si el fin voy a mirar
no conuiene a nuestro amor:
Que dexan lo este rebaño,
y tomando otro qualquiera,
dime tú de que manera
podré uenir sin tu daño
por esta uerde ribera:
Si la fuerça desta llama
me detiene, es argumento
que pongo en ti el pensamiento:
y uengo a uender tu fama,
señora, por mi contento.
Si dizen que mi querer
en ti lo puedo emplear,
a ti te uiene a dañar
¿que yo qué puedo perder?
¿o tú qué puedes ganar?
La pastora a esta sazon
respondió con gran dolor:
Para dexarme, pastor,
¿cómo has hallado razon,
pues que no la ay en amor?
Mala señal es hallarse,
pues vemos por esperiencia,
que aquel que sabe en presencia
dar desculpa de absentarse,
sabra suffrir el absencia.
Ay triste, que pues te uas,
no sé qué será de ti,
ni sé que será de mi,
ni si allá te acordaras,
que me uiste o que te ui?
Ni sé si recibo engaño,
en auerte descubierto
este dolor que me ha muerto:
mas lo que fuere en mi daño,
esto sera lo más cierto.
No te duelan mis enojos,
vete, pastor, a embarcar,
passa de presto la mar,
pues que por la de mis ojos
tan presto puedes passar.
Guardete Dios de tormenta,
Sireno mi dulce amigo,
y tenga siempre contigo
la fortuna mejor cuenta,
que tú la tienes comigo.
Muero en uer que se despiden
mis ojos de su alegria,
y es tan grande el agonia
que estas lagrimas me impiden
dezirte lo que queria.
Estos mis ojos, zagal,
antes que cerrados sean
ruego yo a Dios que te uean;
que aunque tú causas su mal
ellos no te lo dessean.
Respondió: señora mia,
nunca viene solo vn mal,
y vn dolor aunque mortal
siempre tiene compañia,
con otro mas principal.
Y assi uerme yo partir
de tu vista y de mi uida,
no es pena tan desmedida,
como verte a ti sentir
tan de veras mi partida.
Mas si yo acaso oluidare
los ojos en que me vi,
oluidese Dios de mi,
o si en cosa imaginare,
mi señora, si no en ti.
Y si agena hermosura
causare en mí mouimiento,
por vna hora de contento
me trayga mi desuentura
cien mil años de tormento.
E si mudare mi fe
por otro nueuo cuydado,
cayga del mejor estado
que la fortuna me dé
en el más desesperado.
No me encargues la venida,
muy dulce señora mia,
porque assaz de mal sería
tener vo en algo la uida
fuera de tu compañia.
Respondiole: oh mi Sireno,
si algun tiempo te oluidare,
las yeruas que yo pisare
por aqueste ualle ameno
se sequen quando passare.
Y si el pensamiento mio
en otra parte pusiere,
suplico a Dios que si fuere
con mis ouejas al rio
se seque quando me uiere.
Toma, pastor, vn cordon
que hize de mis cabellos,
porque se te acuerde en uellos
que tomaste possession
de mi coraçon y dellos.
Y este anillo as de lleuar
do estan dos manos asidas,
que aunque se acaben las uidas,
no se pueden apartar
dos almas que estan vnidas.
Y él dixo: que te dexar
no tengo, si este cayado
y este mi rabel preciado,
con que tañer y cantar
me uias por este prado:
Al son dél, pastora mia,
te cantaua mis canciones,
contando tus perfecciones,
y lo que de amor sentia
en dulces lamentaciones.
Ambos a dos se abraçaron,
y esta fue la uez primera,
y pienso fue la postrera
porque los tiempos mudaron
el amor de otra manera.
E aunque a Diana le dio
pena rauiosa y mortal
la ausencia de su zagal,
en ella misma halló
el remedio de su mal.
Acabó la hermosa Dorida el suaue canto,
dexando admiradas á Cinthia y Polidora
en uer que una pastora fuesse vaso donde
amor tan encendido pudiesse caber. Pero
tambien lo quedaron de imaginar cómo el
tiempo auia curado su mal, paresciendo
en la despedida sin remedio. Pues el
sin uentura Sireno en quanto la pastora
con el dulce canto manifestaua sus
antiguas cuytas y sospiros, no dexaua
de darlos tan a menudo, que Seluagia y
Syluano eran poca parte para consolalle,
porque no menos lastimado estaua
entonces, que al tiempo que por él avian
passado. Y espantose mucho de uer que
tan particularmente se supiesse lo que
con Diana passado auia. Pues no menos
admiradas estaban Seluagia, y Syluano, de
la gracia con que Dorida cantaua y tañia.
A este tiempo las hermosas nimphas,
tomando cada una su instrumento, se yuan
por el uerde prado adelante, bien fuera
de sospecha de podelles acaecer lo que
aora oyreys. E fue, que auiendose alexado
muy poco de adonde los pastores estauan,
salieron de entre unas retamas altas, a
mano derecha del bosque, tres saluages,
de extraña grandeza y fealdad. Venían
armados de coseletes y celadas de cuero
de tigre. Eran de tan fea catadura, que
ponian espanto, los coseletes trayan por
braçales unas bocas de serpientes, por
donde sacauan los braços que gruessos
y uellosos parescian, y las celadas
uenian a hazer encima de la frente unas
espantables cabeças de leones, lo demas
trayan desnudo, cubierto de espesso y
largo uello, unos bastones herrados de
muy agudas puntas de azero. Al cuello
trayan sus arcos, y flechas, los escudos
eran de unas conchas de pescado muy
fuerte. E con una increyble ligereza
arremeten a ellas diziendo: a tiempo
estays, o ingratas y desamoradas Nimphas,
que os obligaua la fuerça a lo que el
amor no os ha podido obligar, que no era
justo que la fortuna hiziesse tan grande
agrauio á nuestros captiuos coraçones
como era dilatalles tanto su remedio. En
fin tenemos en la mano el galardon de
los sospiros, con que a causa uuestra,
importunauamos las aues, y animales
de la escura y encantada selua donde
habitamos, y de las ardientes lagrimas
con que haziamos crescer el impetuoso,
y turbio rio que sus temerosos campos
ua regando. E pues para que quedeys con
las uidas, no teneys otro remedio, sino
dalle, a nuestro mal, no deys lugar a que
nuestras crueles manos tomen uengança de
la que de nuestros affligidos coraçones
aueys tomado. Las nimphas con el subito
sobresalto, quedaron tan fuera de si, que
no supieron responder a las soberuias
palabras que oyan, sino con lagrimas.
Mas la hermosa Dorida, que más en si
estaua que las otras, respondió: Nunca
yo pense que el amor pudiera traer a tal
estremo a un amante, que viniesse a las
manos con la persona amada. Costumbre
es de couardes tomar armas contra las
mugeres: y en un campo donde no hay
quien por nosotras puede responder,
sino es nuestra razon. Mas de una cosa
(ó crueles) podeys estar seguros, y
es, que nuestras amenazas no nos harán
perder un punto de lo que a nuestra
honestidad deuemos, y que más facilmente
os dexaremos la uida en las manos, que
la honra. Dorida (dixo uno dellos) a
quien de mal tratarnos ha tenido poca
razon no es menester escuchalle alguna. E
sacando el cordel al arco que al cuello
traya, le tomó sus hermosas manos, y muy
descomedidamente se las ató, y lo mismo
hizieron sus compañeros a Cinthia y a
Polidora. Los dos pastores y la pastora
Seluagia, que atonitos estauan de lo que
los saluages hazian, uiendo la crueldad
con que a las hermosas nimphas tratauan,
y no pudiendo suffrillo, determinaron
de morir o defendellas. E sacando todos
tres sus hondas proueydos sus zurrones
de piedras salieron al uerde prado, y
comiençan a tirar a los saluages, con
tanta maña y esfuerço, como si en ello
les fuera la uida. E pensando occupar a
los saluages, de manera que en quanto
ellos se defendian, las nimphas se
pusiessen en saluo, les dauan la mayor
priessa que podian, mas los saluages
recelosos de lo que los pastores
imaginauan, quedando el uno en guarda
de las prisioneras, los dos procurauan
herirlos ganando tierra. Pero las piedras
eran tantas, y tan espessas, que se
lo defendian. De manera que en quanto
las piedras los duraron, los saluages
lo passaban mal, pero como despues los
pastores se occuparon en baxarse por
ellas, los saluages se les allegauan
con sus pesados alfanges en las manos,
tanto que ya ellos estauan sin esperança
de remedio. Mas no tardó mucho que de
entre la espessura del bosque, junto a la
fuente donde cantauan, salio una pastora
de tan grande hermosura y disposicion,
que los que la uieron quedaron admirados.
Su arco tenia colgado del braço yzquierdo
y vna aljaua de saetas al hombro, en las
manos un baston de syluestre enzina,
en el cabo del qual auia una muy larga
punta de azero. Pues como assi uiesse
las tres Nimphas, la contienda entre los
dos saluages, y los pastores, que ya no
esperauan, sino la muerte, poniendo con
gran presteza vna aguda saeta en su arco,
con tan grandissima fuerza y destreza la
despidio, que al uno de los saluages se
la dexó escondida en el duro pecho. De
manera que la de amor, que el coraçon
le traspassaua, perdio su fuerça, y el
saluage la uida a bueltas della. Y no
fue perezosa en poner otra saeta en su
arco, ni menos diestra en tiralla, pues
fue de manera, que acabó con ella las
passiones enamoradas del segundo saluage,
como las del primero auia acabado. Y
queriendo tirar al tercero, que en
guarda de las tres Nimphas estaua, no
pudo tan presto hazello, que él no se
uiniesse a juntar con ella, queriendo la
herir con su pesado alfange. La hermosa
pastora alçó el baston, y como el golpe
descargasse sobre las barras del fino
azero que tenia, el alfange fue hecho
dos pedaços: y la hermosa pastora le dio
tan gran golpe con su baston, por encima
de la cabeça, que le hizo arrodillar y
yuntandole[1241] con la azerada punta a
los ojos, con tan gran fuerça le apreto,
que por medio de los sesos se lo passó a
la otra parte: y el feroz saluage dando
vn espantable grito, cayó muerto en el
suelo. Las nimphas viendose libres de tan
gran fuerça, y los pastores y pastora de
la muerte de la qual muy cerca estauan:
y viendo cómo por el gran esfuerço de
aquella pastora, ansi vnos como otros
auian escapado, no podian juzgarla por
cosa humana. A esta hora, llegandose
la gran pastora a ellas, las començo
a desatar las manos, diziendoles: No
merescian menos pena que la que tienen,
o hermosas nimphas, quien tan lindas
manos osaua atar, que mas son ellas para
atar coraçones, que para ser atadas. Mal
ayan hombres tan soberuios, y de tan
mal conoscimiento, mas ellos, señoras,
tienen su pago, y yo tambien le tengo
en aueros hecho este pequeño seruicio,
y en auer llegado a tiempo que a tan
gran sin razon pudiesse dar remedio,
aunque a estos animosos pastores, y
hermosa pastora, no en menos se deue
tener lo que an hecho, pero ellos y yo
estamos muy bien pagados, aunque en ello
perdieramos la vida, pues por tal causa
se auenturaua. Las nimphas quedaron tan
admiradas de su hermosura y discrecion,
como del esfuerço que en su defensa
auia mostrado. E Dorida con un gracioso
semblante le respondió: Por cierto,
hermosa pastora, si vos segun el animo
y valentia que oy mostrastes no soys
hija del fiero Marte, segun la hermosura
lo deueys ser de la deesa Venus, y del
hermoso Adonis, y si de ninguno destos,
no podeys dexallo de ser de la discreta
Minerua, que tan gran discretion no puede
proceder de otra parte, aunque lo mas
cierto deue ser aueros dado naturaleza
lo principal de todos ellos. E para tan
nueua y tan grande merced, como es la
que auemos recebido, nueuos y grandes
auian de ser los seruicios con que deuia
ser satisfecha. Mas podria ser que algun
tiempo se osfresciesse ocasion, en que
se conosciesse la voluntad que de seruir
tan señalada merced tenemos. E porque
paresce que estays cansada, vamos a la
fuente de los alisos, que está junto
al bosque, y alli descansareys. Vamos
señora (dixo la pastora) que no tanto
por descansar del trabajo del cuerpo,
lo desseo, quanto por hablar en otro,
en que consiste el descanso de mi anima
y todo mi contentamiento. Esse se os
procurará aqui con toda la diligentia
possible (dixo Polidora) porque no aya
a quien con mas razon procurar se deua.
Pues la hermosa Cinthia se boluio a los
pastores, diziendo: Hermosa pastora, y
animosos pastores, la deuda, y obligacion
en que nos aueys puesto, ya la veys,
plega a dios que algun tiempo la podamos
satisfazer, segun que es nuestro desseo.
Seluagia respondió: A estos dos pastores,
se deuen, hermosas nimphas, essas
offertas, que yo no hize mas de dessear
la libertad, que tanta razon era que
todo el mundo desseasse. Entonces (dixo
Polidora): ¿Es este el pastor Sireno tan
querido algun tiempo, como aora oluidado
de la hermosa Diana: y esse otro su
competidor Syluano? Si (dixo Seluagia).
Mucho me huelgo (dixo Polidora) que
seays personas a quien podamos en algo
satisfazer lo que por nosotras aueys
hecho. Dorida muy espantada dixo: ¿qué
cierto es éste Sireno? Muy contenta estoy
en hallarte, y en auerme tú dado ocasion
a que yo busque a tu mal algun remedio,
que no será poco. Ni aun para tanto mal
bastaria siendo poco, dixo Sireno. Aora
vamos a la fuente (dixo Polidora) que
allá hablaremos mas largo. Llegados que
fueron a la fuente lleuando las nimphas
en medio a la pastora se assentaron
entorno della; y los pastores a peticion
de las nimphas se fueron a la aldea a
buscar de comer, porque era ya tarde, y
todos lo auian menester. Pues quedando
las tres nimphas solas con la pastora,
la hermosa Dorida començó a hablar desta
manera.
Esforçada y hermosa pastora, es cosa para
nosotras tan estraña ver una persona
de tanto ualor y suerte, en estos
ualles y bosques apartados del concurso
de las gentes, como para ti será uer
tres Nimphas solas, y sin compañia que
defendellas pueda de semejantes fuerças.
Pues para que podamos saber de ti lo que
tanto desseamos, forçado será merçello
primero con dezir quien somos: y para
esto sabras, esforçada pastora, que
esta Nimpha se llama Dorida, y aquella
Cinthia, y yo Polidora: viuimos en la
selua de Diana, adonde habita la sabia
Felicia, cuyo offiçio es dar remedio
a passiones enamoradas: y veniendo
nosotros de visitar a una Nimpha su
parienta, que biue desta otra parte de
los puertos Galiçianos, llegamos á este
valle vmbroso y ameno. E paresçiendonos
el lugar conueniente para passar la
calorosa siesta, a la sombra de estos
alisos y verdes lauros, embidiosas de
la harmonia que este impetuoso arroyo
por medio del verde prado lleua, tomando
nuestros instrumentos, quisimos imitada,
e nuestra ventura, o por mejor dezir, su
desuentura, quiso que estos saluages,
que segun ellos dezian, muchos dias ha
que de nuestros amores estauan presos,
vinieron a caso por aqui. Y auiendo
muchas vezes sido importunadas de sus
bestiales razones, que nuestro amor les
otorgassemos, y viendo ellos que por
ninguna uia les dauamos esperança de
remedio, se determinaron poner el negoçio
a las manos, y hallando nos aqui solas,
hizieron lo que vistes al tiempo que con
vuestro socorro fuimos libres. La pastora
que oyó lo que la hermosa Dolida auia
dicho, las lagrimas dieron testimonio de
lo que su affligido coraçon sentia, y
boluiendose a las Nimphas, les començo a
hablar desta manera:
No es amor de manera (hermosas Nimphas de
la casta diosa) que pueda el que lo tiene
tener respecto a la razon, ni la razon
es parte para que un enamorado coraçon
dexe el camino por do sus fieros destinos
le guiaren. Y que esto sea uerdad, en
la mano tenemos la experiençia, que
puesto caso que fuessedes amadas destos
saluages fieros, y el derecho del buen
amor no daua lugar a que fuessedes
dellos offendidas, por otra parte, vino
aquella desorden con que sus varios
effectos haze, a dar tal industria, que
los mismos que os auian de seruir, vos
offendiessen. E porque sepays que no
me muero solamente por lo que en este
valle os ha succedido, os dire lo que
no pense dezir, sino a quien entregué
mi libertad, si el tiempo, o la fortuna
dieren lugar a que mis ojos le vean, y
entonçes vereys, cómo en la escuela de
mis desuenturas deprendi a hablar en los
malos successos de amor, y en lo que este
traydor haze en los tristes coraçones
que subjectos le estan. Sabreys pues,
hermosas Nimphas, que mi naturaleza
es la gran Vandalia, provincia no muy
remota desta adonde estamos, nascida en
una ciudad llamada Soldina: mi madre
se llamó Delia, y mi padre Andronio,
en linaje y bienes de fortuna los más
prinçipales de toda aquella prouinçia.
Acaescio pues que como mi madre auiendo
muchos años que era casada, no tuuiesse
hijos (y a causa desto biuiesse tan
descontenta, que no tuuiesse un dia de
descanso) con lagrimas y sospiros cada
hora importunaua el çielo, y haziendo
mil ofrendas y sacrifiçios, suplicaua a
Dios le diesse lo que tanto desseaua, el
qual fue seruido, vistos sus continuos
ruegos y oraçiones, que siendo ya passada
la mayor parte de su edad, se hiziesse
preñada. El alegria que dello reçibio
juzguelo quien despues de muy deseeada
una cosa, la uentura se la pone en las
manos. E no menos partiçipó mi padre
Andronio deste contentamiento porque lo
tuuo tan grande, que seria impossible
podelle encarescer. Era Delia mi señora
affiçionada a leer historias antiguas,
en tanto estremo, que si enfermedades, o
negoçios de grande importançia no se lo
estoruauan, jamas passaua el tiempo en
otra cosa. E acaescio que estando, como
digo, preñada, y hallandose una noche
mal dispuesta, rogo a mi padre que le
leyesse alguna cosa, para que occupando
ella el pensamiento, no sintiesse el
mal que la fatigaua. Mi padre que en
otra cosa no entendia, sino en dalle
todo el contentamiento possible, le
començo a leer aquella hystoria de
Paris, quando las tres Deas[1242] se
pusieron a juyzio delante dél, sobre
la mançana de la discordia. Pues como
mi madre tuuiesse que Paris auia dado
aquella sentençia apassionadamente, y
no como deuia, dixo que sin duda él no
auia mirado bien la razon de la diosa
de las batallas, porque preçediendo las
armas a todas las otras qualidades, era
justa cosa que se le diesse. Mi señor
respondio que la mançana se auia de dar
a la más hermosa, y que Venus lo era
más que otra ninguna, por lo qual Paris
auia sentençiado muy bien, si despues
no le succediera mal. A esto respondio
mi madre, que puesto caso que en la
mançana estuuiesse escrito se diesse a
la más hermosa, que esta hermosura no
se entendia corporal, sino del ánima:
y que pues la fortaleza era una de las
cosas que más hermosura le dauan, y
el exerçiçio de las armas era un acto
exterior desta virtud, que a la diosa de
las batallas le deuia de dar la mançana,
si Paris juzgara como hombre prudente
y desapassionado. Assi que, hermosas
Nimphas, en esta porfia estuuieron gran
rato de la noche, cada uno alegando las
razones más a su proposito que podia.
Estando en esto, uino el sueño a uençer
a quien las razones de su marido no
pudieron. De manera que estando muy
metida en su disputa, se dexó dormir. Mi
padre entonçes se fue a su aposento, y a
mi señora le paresçio, estando durmiendo,
que la diosa Venus venia a ella, con un
rostro tan ayrado, como hermoso, y le
dezia: Delia, no sé quien te ha mouido
ser tan contraria de quien jamas lo ha
sido tuya. Si memoria tuuiesses del
tiempo que del amor de Andronio tu marido
fuyste presa, no me pagarias tan mal lo
mucho que me deues: pero no quedarás sin
galardon; yo te hago saber que pariras
vn hijo y vna hija, cuyo parto no te
costará menos que la vida, y a ellos
costará el contentamiento lo que en mi
daño as hablado: porque te çertifico que
seran los más desdichados en amores,
que hasta su tiempo se ayan uisto. E
dicho esto, desaparesçio, y luego se
le figuró a mi señora madre que venia
a ella la diosa Pallas, y con rostro
muy alegre le dezia: Discreta y dichosa
Delia, ¿con qué te podré pagar lo que en
mi fauor contra la opinion de tu marido
esta noche has alegado, sino con azerte
saber, que pariras vn hijo y vna hija
los mas venturosos en armas que hasta
su tiempo aya auido? Dicho esto luego
desaparescio, despertando mi madre con
el mayor sobresalto del mundo: y de ay a
un mes, poco más o menos pario a mi, y a
otro hermano mio, y ella murio de parto,
y mi padre del grandissimo pesar que
vuo murio de ay a pocos dias. E porque
sepays (hermosas Nimphas) el estremo en
que amor me ha puesto, sabed que siendo
yo muger de la qualidad que aueys oydo,
mi desuentura me ha forçado que dexe
mi habito natural, y mi libertad, y el
debito que a mi honrra deuo, por quien
por ventura pensará que la pierdo, en
ser de mí bien amado. Ved qué cosa tan
escusada para vna muger ser dichosa en
las armas, como si para ellas se vuiessen
hecho. Deuia ser porque yo (hermosas
Nimphas) les pudiesse hazer este pequeño
seruiçio, contra aquellos peruersos; que
no lo tengo en menos que si la fortuna me
començasse a satisfazer algun agrauio de
los muchos que me ha hecho.
Tan espantadas quedaron las Nimphas
de lo que oyan, que no le pudieron
responder, ni repreguntar cosas de
las que la hermosa pastora dezia. Y
prosiguiendo en su historia, les dixo:
Pues como mi hermano y yo nos criassemos
en un monasterio de monjas, donde vna
tia mia era abadessa, hasta ser de edad
de doze años, y auiendolos cumplidos,
nos sacassen de alli: A él lleuaron a
la corte del magnanimo y inuencible
Rey de los Lusitanos (cuya fama, y
increyble bondad tan esparzida está por
el vniuerso) a donde, siendo en edad de
tomar armas, le succedieron por ellas
cosas tan auentajadas y de tan gran
esfuerço, como tristes y desuenturadas
por los amores. E con todo esso fue mi
hermano tan amado de aquel inuictissimo
Rey, que nunca jamás le consintio salir
de su corte. La desdichada de mí, que
para mayores desuenturas me guardauan
mis hados, fue[1243] lleuada en casa de
vna aguela mia (que no deuiera, pues fue
causa de biuir con tan gran tristeza,
qual nunca muger padescio). Y porque
(hermosas Nimphas) no ay cosa que no
me sea forçado dezirosla, ansi por la
grand uirtud, de que vuestra estremada
hermosura da testimonio, como porque el
alma me da que aueys de ser gran parte de
mi consuelo: sabed que como yo estuuiesse
en casa de mi aguela, y fuesse ya de
quasi diezisiete años, se enamoró de mí
un cauallero que no biuia tan lexos de
nuestra posada que desde un terrado que
en la suya auia no se viesse un jardin
adonde yo passaua lar tardes del uerano.
Pues como de alli el desagradescido Felis
uiesse a la desdichada Felismena (que
este es el nombre de la triste que sus
desuenturas está contando) se enamoró de
mí, o se fingio enamorado. No sé quál me
crea, pero sé que quien menos en este
estado creyere más acertará. Muchos dias
fueron los que Felis gastó en darme a
entender su pena: y muchos más gasté yo
en no darme por hallada que él por mi
la padesciesse: y no sé cómo el amor
tardó tanto en hazerme fuerça que le
quisiesse; deuio tardar, para despues
uenir con mayor impetu. Pues como yo por
señales, y por passeos, y por musicas,
y torneos, que delante de mi puerta
muchas uezes se hazian, no mostrasse
entender que de mi amor estaua preso,
aunque desde el primero dia lo entendi:
determinó de escriuirme. Y hablando con
una criada mia, a quien muchas uezes
auia hablado, y aun con muchas dadiuas
ganado la noluntad, le dio una carta
para mí. Pues uer las saluas que Rosina
(que assi la llamauan) me hizo primero
que me la diesse, los juramentos que me
juró, las cautelosas palabras que me
dixo, porque no me enojasse, cierto fue
cosa de espanto. E con todo esso se la
bolui arrojar a los ojos, diziendo: Si no
mirasse a quien soy, y lo que se podria
dezir, esse rostro que tan poca uerguença
tiene, yo le haria señalar, de manera que
fuesse entre todos conoscido. Mas porque
es la primera uez, basta lo hecho, y
auisaros que os guardeys de la segunda.
Paresceme que estoy aora viendo (dezia la
hermosa Felismena) cómo aquella traydora
de Rosina supo callar, dissimulando
lo que de mi enojo sentio: porque la
vierades (o hermosas Nimphas) fingir vna
risa tan dissimulada, diziendo: Iesus,
señora, yo para que ryessemos con ella la
di a nuestra merçed, que no para que se
enojasse dessa manera: Que plega a Dios,
si mi intençion ha sido dalle enojo, que
Dios me le dé el mayor que hija de madre
aya tenido. Y a esto añadio otras muchas
palabras, como ella las sabia dezir, para
amansar el enojo que yo de las suyas
auia reçebido: y tomando su carta, se me
quitó delante. Yo despues de passado esso
començe de imaginar en lo que alli podria
uenir, y tras esto, paresce que el amor
me yua poniendo desseo de ver la carta;
pero tambien la verguença estoruaua a
tornalla a pedir a mi criada, auiendo
passado con ella lo que os he contado.
Y assi passé aquel dia hasta la noche
en muchas variedades de pensamientos.
Y quando Rosina entró a desnudarme;
al tiempo que me queria acostar. Dios
sabe, si yo quisiera que me boluiera
a importunar, sobre que reçibiesse la
carta: mas nunca me quiso hablar, ni
por pensamiento en ella. Yo por ver
si saliendole al camino, aprouecharia
algo, le dixe: ¿ansi, Rosina, que el
señor Felis sin mirar más, se atreue
a escreuirme? Ella muy secamente me
respondio: Señora, son cosas que el amor
trae consigo: suplico a vuestra merçed me
perdone, que si yo pensara que en ello
le enojaua, antes me sacara los ojos.
Qual yo en entonçes quedé, Dios lo sabe:
pero con todo esso dissimulé, y me dexó
quedar aquella noche con mi deseo, y con
la ocasion de no dormir. Y assi fue,
uerdaderamente ella fue para mi la mas
trabajosa y larga, que hasta entonces
auia passado. Pues uiniendo el dia: y más
tarde de lo que yo quisiera, la discreta
Rosina entró a darme de uestir, y se dexó
adrede caer la carta en el suelo. Y como
la vi le dixe: ¿qué es esto que cayó ay?
Muestralo aca. No es nada, señora, dixo
ella. Ora muestralo aca, dixe yo, no me
enojes o dime lo que es. Iesus, señora,
dixo ella, ¿para qué lo quiere uer? la
carta de ayer es. No es por çierto, dixe
yo, muestrala acá por ver si mientes.
Aun yo no lo vue dicho, quando ella me
la puso en las manos, diziendo: mal me
haga Dios si es otra cosa. Yo aunque la
conoci muy bien, dixe: en verdad que no
es esta, que yo la conozco, y de algun
tu enamorado deue ser: yo quiero leella,
por ver las neçedades que te escriue;
abriendola vi que dezia desta manera:
Señora: siempre imaginé que vuestra
discreçion me quitara el miedo de
escreuiros, entendiendo sin carta lo que
os quiero: mas ella misma ha sabido tan
bien dissimular, que alli estuuo el daño,
donde pense que el remedio estuuiesse. Si
como quien soys juzgays mi atreuimiento,
bien sé que no tengo vna hora de vida:
pero si lo tomays segun lo que amor suele
hazer, no trocaré por ella mi esperança.
Suplicoos, señora, no os enoje mi carta,
ni me pongays culpa por el escreuiros,
hasta que experimenteys si puedo dexar de
hazerlo. Y que me tengais en possession
de vuestro, pues todo lo que puede ser de
mí, está en vuestras manos, las quales
beso mil bezes.
Pues como yo viesse la carta de mi don
Felis, o porque la leí en tiempo que
mostraua en ella quererme más que a si,
o porque de parte de esta ánima cansada
auia disposiçion para imprimirse en
ella el amor de quien me escreuia: yo
començe a querelle bien, y por mi mal yo
lo començe, pues auia de ser causa de
tanta desuentura. E luego pidiendo perdon
a Rosina de lo que antes auia passado,
como quien menester la auia para lo de
adelante: y encomendandole el secreto de
mis amores, bolui otra vez a leer la
carta, parando a cada palabra un poco,
y bien poco deuio de ser, pues yo tan
presto me determiné, aunque ya no estaua
en mi mano, el no determinarme: y tomando
papel y tinta, le respondi desta manera.
No tengas en tan poco, don Felis, mi
honra que con palabras fingidas pienses
perjudicalla. Bien sé quien eres y vales,
y aun creo que desto te aurá nascido el
atreuerte, y no de la fuerça que dizes
que el amor te ha hecho. E si es ansi
como me afirma mi sospecha, tan en vano
es su trabajo, como tu valor y suerte,
si piensas hazerme yr contra lo que a la
mia deuo. Suplicote que mires quán pocas
uezes succeden bien las cosas que debaxo
de cautela se comiençan, y que no es de
cauallero entendellas de una manera, y
dezillas de otra. Dizesme que te tengo
en possession de cosa mia. Soy tan mal
condiçionada que aun de la esperiençia
de las cosas no me fio quanto más de tus
palabras. Mas con todo esto tengo en
mucho lo que en la tuya me dizes, que
bien me basta ser desconfiada, sin ser
tambien desagradescida.
Esta carta le embié que no deuiera, pues
fue occasion de todo mi mal, porque luego
començo a cobrar osadia para me declarar
más sus pensamientos, y a tener ocasion
para me pedir que le hablasse: en fin
(hermosas Nimphas) que algunos dias se
gastaron en demandas, y en respuestas,
en los quales el falso amor hazia en mí
su acostumbrado offiçio: pues cada hora
tomaua más possession desta desdichada.
Los torneos se tornaron[1244] a renouar,
las musicas de noche jamas cessauan, las
cartas, los amores nunca dexauan de yr de
una parte a otra, y ansi passó casi un
año: al cabo del qual, yo me vi tan presa
de sus amores, que no fui parte para
dexar de manifestalle mi pensamiento,
cosa que él desseaua mas que a su propia
uida. Quiso pues mi desuentura, que
al tiempo en que nuestros amores más
ençendidos andauan, su padre lo supiesse,
y quien se lo dixo se lo supo encarescer
de manera, que temiendo no se casasse
conmigo, lo embió a la corte de la gran
princessa Augusta Cesarina, diziendo
que no era justo que un cauallero moço
y de linage tan prinçipal, gastasse la
moçedad en casa de su padre, donde no se
podian aprender sino los viçios de que
la ociosidad es maestra. El se partio
tan triste, que su mucha tristeza le
estoruó auisarme de su partida, yo quedé
tal quando lo supe, qual puede imaginar
quien algun tiempo se vio tan presa de
amor, como yo por mi desdicha lo estoy.
Dezir yo aora la vida que passaua en su
ausencia, la tristeza, los sospiros, las
lagrimas, que por estos cansados ojos
cada dia derramaua no sé si podré:
que pena es la mia, que aun dezir no se
puede, ved cómo podra suffrirse: Pues
estando yo en medio de mi desuentura,
y de las ansias que la ausencia de don
Felis me hazia sentir, paresciendome que
mi mal era sin remedio, y que despues
que en la corte se viesse, a causa
de otras damas de más hermosura, y
qualidad, tambien de la ausençia que es
capital enemiga del amor, yo auia de ser
oluidada: determiné auenturarme a hazer
lo que nunca muger penso. Y fue vestirme
en habito de hombre, y yrme a la corte,
por ver aquel en cuya vista estaua toda
mi esperança, y como lo pense, ansi lo
puse por obra, no dandome el amor lugar
a que mirasse lo que a mí propria deuia.
Para lo qual no me faltó industria,
porque con ayuda de vna grandissima amiga
mia y thesorera de mis secretos que me
compró los vestidos que yo le mandé, y
un cauallo en que me fuesse, me parti de
mi tierra, y aun de mi reputacion (pues
no puedo creer que jamas pueda cobralla)
assi me fue derecha a la corte, passando
por el camino cosas que si el tiempo me
diera lugar para contallas, no fueran
poco gustosas de oyr. Veynte dias tardé
en llegar, en cabo de los quales llegando
donde desseaua, me fuy a posar vna casa
la más apartada de conuersaçion que yo
pude. Y el grande desseo que lleuaua de
ver aquel destruydor de mi alegria, no
me dexaua imaginar en otra cosa, sino en
cómo, o de dónde podia velle. Preguntar
por él a mi huesped no osaua, porque
quiça no se descubriesse mi venida.
Ni tampoco me parescia bien yr yo a
buscalle: porque no me succediesse alguna
desdicha, a causa de ser conoscida. En
esta confusion passé todo aquel dia
hasta la noche, la qual cada hora se me
hazia un año. Y siendo poco más de media
noche, el huesped llamó a la puerta de mi
aposento, y me dixo que si queria gozar
de una musica que en la calle se daua,
que me leuantasse de presto, y abriesse
una ventana. Lo que yo hize luego, y
parandome en ella, oí en la calle vn
page de don Felis, que se llamaua Fabio
(el qual luego en la habla conosçi) cómo
dezia a otros que con el yuan: Ahora,
señores, es tiempo, que la dama está en
el corredor sobre la huerta tomando el
frescor de la noche. E no lo vuo dicho,
quando començaron a tocar tres cornetas y
un sacabuche, con tan gran concierto, que
parescia una musica celestial. E luego
començo una boz cantando a mi parescer lo
mejor que nadie podria pensar. E aunque
estuue suspensa en oyr a Fabio, en aquel
tiempo ocurrieron muchas imaginaciones,
todas contrarias a mi descanso, no dexé
de aduertir a lo que se cantaua, porque
no lo hazian de manera que cosa alguna
impidiesse el gusto que de oyllo se
reçebia, y lo que se cantó primero, fue
este romance:
Oydme, señora mia,
si acaso os duele mi mal,
y aunque no os duela el oylle,
no me dexeys de escuchar;
dadme este breue descanso
porque me fuerçe a penar:
¿no os doleys de mis sospiros,
ni os enternesce el llorar,
ni cosa mia os da pena
ni la pensays remedyar?
¿Hasta quando mi señora,
tanto mal ha de durar?
no está el remedio en la muerte,
sino en vuestra voluntad,
que los males que ella cura,
ligeros son de passar:
no os fatigan mis fatigas
ni os esperan fatigar:
de uoluntad tan essenta
¿qué medio se ha de esperar
y esse coraçon de piedra
cómo lo podré ablandar?
Bolued, señora, estos ojos
que en el mundo no ay su par.
Mas no los boluays ayrados
si no me quereys matar,
aunque de una y de otra suerte
matays con solo mirar.
Despues que con el primero concierto de
musica vuieron cantado este romance, oí
tañer vna dulçayna, y vna harpa, y la boz
del mi don Felis. El contento que me dio
el oylle, no ay quién lo pueda imaginar:
porque se me figuró que lo estaua oyendo
en aquel dichoso tiempo de nuestros
amores. Pero despues que se desengañó la
imaginacion, viendo que la musica se daua
a otra, y no a mí, sabe Dios si quisiera
más passar por la muerte. Y con un ansia
que el anima me arrancaua, pregunté
al huesped, si sabía a quién aquella
musica se daua. El me respondio, que no
podia pensar a quien se diesse, aunque
en aquel barrio biuian muchas damas y
muy principales. Y quando vi que no me
daua razon de lo que preguntaua, bolui
a oyr el mi don Felis, el qual entonçes
començaba al son de una harpa que muy
dulçemente tañia a cantar este soneto:
_Soneto._
Gastando fue el amor mis tristes años
en vanas esperanças, y escusadas:
fortuna de mis lagrimas cansadas,
exemplos puso al mundo muy estraños.
El tiempo como autor de desengaños,
tal rastro dexa en él de mis pisadas
que no aurá confianças engañadas,
ni quien de oy más se quexe de sus daños.
Aquella a quien amé quanto deuia,
enseña a conoscer en sus amores,
lo que entender no pude hasta aora,
Y yo digo gritando noche y dia:
¿no veys que os desengaña, o amadores,
amor, fortuna, el tiempo, y mi señora?
Acabado de cantar este soneto, pararon vn
poco tañiendo quatro vihuelas de arco,
y un clauicordio tan concertadamente,
que no sé si en el mundo pudiera auer
cosa más para oyr, ni que mayor contento
diera, a quien la tristeza no tuuiera tan
sojuzgada como a mí: y luego començaron
quatro bozes muy acordadas a cantar esta
cançion:
_Cancion._
No me quexo yo del daño
que tu uista me causó,
quexome porque llegó
a mal tiempo el desengaño.
Iamas ui peor estado,
que es el no atreuer ni osar,
y entre el callar y hablar,
verse un hombre sepultado:
y ansi no quexo del daño,
por ser tú quien lo causó,
sino por ver que llegó
a mal tiempo el desengaño.
Siempre me temo saber
qualquiera cosa encubierta
porque sé que la más cierta,
más mi contraria ha de ser:
y en sabella no está el daño,
pero sela a tiempo yo
que nunca jamas siruio
de remedio, el desengaño.
Acabada esta cançion, començaron a sonar
muchas diuersidades de instrumentos, y
bozes muy excellentes conçertadas con
ello, con tanta suauidad, que no dexaran
de dar grandissimo contentamiento a
quien no estuuiera tan fuera dél como
yo. La musica se acabó muy cerca del
alua, trabajé de ver a mi don Felis, mas
la escuridad de la noche me lo estoruó.
Y viendo cómo eran ydos, me volvi a
acostar, llorando mi desuentura, que no
era poco de llorar, viendo que aquel
que más queria me tenia tan oluidada,
como sus musicas dauan testimonio. Y
siendo ya hora de leuantarme, sin otra
consideraçion, me sali de casa, y me fuy
derecha al gran palaçio de la princessa,
adonde me paresçio que podria uer lo que
tanto desseaua, determinando de llamarme
Valerio si mi nombre me preguntassen.
Pues llegando yo a una plaça, que delante
del palaçio auia, començe a mirar las
ventanas y corredores, donde ui muchas
damas tan hermosas, que ni yo sabria aora
encaresçello, ni entonces supe más que
espantarme de su gran hermosura, y de
los atauios de joyas, y inuençiones de
uestidos y tocados que trayan. Por la
plaça se passeauan muchos caualleros muy
ricamente vestidos, y en muy hermosos
cauallos, mirando cada vno a aquella
parte donde tenia el pensamiento. Dios
sabe si quisiera yo uer por alli a mi
don Felis, y que sus amores fueran en
aquel çelebrado palaçio, porque a lo
menos estuuiera yo segura de que él
jamas alcançara otro gualardon de sus
seruiçios sino mirar y ser mirado: y
algunas uezes hablar a la dama a quien
siruiesse, delante de cien mil ojos, que
no dan lugar a más que esto. Mas quiso
mi uentura, que sus amores fuessen en
parte donde no se pudiesse tener esta
seguridad. Pues estando yo junto a la
puerta del gran palaçio, vi vn page de
don Felis, llamado Fabio, que yo muy
bien conoscia: el qual entró muy de
priessa en el gran palaçio, y hablando
con el portero que a la segunda puerta
estaua, se boluio por el mismo camino.
Yo sospeché que avia uenido a saber
si era hora que don Felis uiniesse á
algún negoçio de los que de su padre en
la corte tenía: y que no podria dexar
de uenir presto por alli. Y estando
yo imaginando la gran alegria que con
su uista se me aparejaua, le vi venir
muy acompañado de criados, todos muy
ricamente vestidos, con una librea de
un paño de color de çielo, y faxas de
terçiopelo amarillo, bordadas por ençima
de cordonzillo de plata, las plumas
azules y blancas y amarillas. El mi
don Felis traya calças de terçiopelo
blanco recamadas, y aforradas en tela de
oro azul: el jubon era de raso blanco,
recamado de oro cañutillo, y vna cuera
de terçiopelo de las mismas colores y
recamo, una ropilla suelta de terçiopelo
negro, bordada de oro y aforrada en
raso azul raspado, espada, daga, y
talabarte de oro, una gorra muy bien
adereçada de vnas estrellas de oro, y en
medio de cada vna engastado un grano de
aliofar gruesso, las plumas eran azules,
amarillas y blancas, en todo el uestido
traya sembrados muchos botones de perlas:
venia en un hermoso cauallo rucio rodado,
con unas guarniçiones azules y de oro,
y mucho aliofar. Pues quando yo assi le
vi, quedé tan suspensa en velle, y tan
fuera de mí con la subita alegria, que no
sé cómo lo sepa dezir. Verdad es, que no
pude dexar de dar con las lagrimas de mis
ojos alguna muestra de lo que su vista
me hazia sentir: pero la verguença de
los que alli estauan, me lo estoruó por
entonçes. Pues como don Felis llegando a
palaçio, se apeasse y subiesse por vna
escalera, por donde yuan al aposento de
la gran prinçessa, yo llegué a donde sus
criados estauan, y viendo entre ellos
a Fabio, que era el que de antes auia
visto, le aparté, diziendole: Señor,
¿quién es este cauallero que aqui se
apeó, porque me paresce mucho a otro
que yo he visto bien lexos de aqui?
Fabio entonces me respondio: Tan nueuo
soys en la corte, que no conosceys a don
Felis? Pues no creo yo que ay cauallero
en ella tan conoscido. No dudo desso, le
respondi, más yo dire quán nueuo soy en
la corte, que ayer fue el primer dia que
en ella entré. Luego no hay que culparos,
dixo Fabio: sabed que este cauallero se
llama Don Felis, natural de Vandalia, y
tiene su casa en la antigua Soldina, está
en esta corte en negoçios suyos y de su
padre. Yo entonçes le dixe: suplicoos
me digais porqué trae la librea destas
colores. Si la causa no fuera tan publica
y lo callara (dixo Fabio) mas porque no
ay persona que no lo sepa, ni llegareys
a nadie que no os lo pueda dezir, creo
que no dexo de hazer lo que deuo en
deziroslo. Sabed que él sirue aqui a
una dama que se llama Çelia, y por esto
trae librea de azul, que es color de
çielo, y lo blanco y amarillo que son
colores de la misma dama. Quando esto
le oí, ya sabreys quál quedaria, mas
dissimulando mi desuentura le respondi.
Por çierto esta dama le deue mucho, pues
no se contenta con traer sus colores,
mas aun su nombre proprio quiere traer
por librea, hermosa deue de ser. Sí es
por çierto, dixo Fabio, aunque harto más
lo era otra a quien él en nuestra tierra
seruya, y aun era más fauorescido de
ella que desta lo es. Mas esta uellaca
de ausençia deshaze las cosas quo hombre
piensa que estan mas firmes. Quando yo
esto le oy, fueme forçado tener cuenta
con las lagrimas: que a no tenella, no
pudiera Fabio dexar de sospechar alguna
cosa, que a mí no estuuiere bien.
Y luego el page me preguntó, cuyo era,
y mi nombre, y adonde era mi tierra.
Al qual yo respondi, que mi tierra era
Vandalia, mi nombre Valerio, y que hasta
entonpes no biuia con nadie. Pues desta
manera (dixo él) todos somos de una
tierra, y aun podriamos ser de una casa,
si uos quisiessedes: porque don Felis
mi señor, me mandó que le buscasse un
page. Por esso si uos quereys seruirle,
uedlo. Que comer, y beuer, uestir, y
quatro reales para jugar, no os faltarán:
pues moças, como unas reynas, aylas en
nuestra calle: y uos que soys gentil
hombre, no aurá ninguna que no se pierda
por uos. Y aun sé yo que una criada de
un canonigo uiejo harto bonita, que para
que fuessemos los dos bien proveydos
de pañizuelos y torreznos, y uino de
sant Martin, no auriades menester más,
que de seruirla. Quando yo esto le oy,
no pude dexar de reyrme en uer quan
naturales palabras de page eran las que
me dezia. Y porque me paresçio, que
ninguna cosa me conuenia más para mi
descanso que lo que Fabio me aconsejaua,
le respondi: Yo a la uerdad, no tenia
determinado de seruir a nadie: mas ya
que la fortuna me ha traydo a tiempo,
que no puedo hazer otra cosa paresceme
que lo mejor sera biuir con nuestro
Señor: porque deue ser cauallero más
afable y amigo de sus criados, que otros.
Mal lo sabeys, me respondió Fabio. Y os
prometo, a fe de hijo dalgo (porque lo
soy: que mi padre es de los Cachopines
de Laredo) que tiene don Felis mi señor
de las mejores condiçiones que aueys
uisto en nuestra uida, y que nos haze
el mejor tratamiento, que nadie haze a
sus pages, si no fuessen estos negros
amores, que nos hazen passear mas de lo
que querriamos, y dormir menos de lo
que hemos menester, no auria tal señor.
Finalmente (hermosas Nimphas) que Fabio
habló a su señor don Felis en saliendo: y
él mandó que aquella tarde me fuesse a su
posada: yo me fuy, y él me reçibió por su
page, haziendome el mejor tratamiento del
mundo, y ansi estuue algunos dias, uiendo
lleuar y traer recaudos de una parte a
otra: cosa que era para mí sacarme el
alma, y perder cada hora la paçiençia.
Passado un mes, uino don Felis a estar
tambien conmigo, que abiertamente me
descubrió sus amores, y me dixo desd'el
principio dellos, hasta el estado en que
entonces estauan, encargandome el secreto
de lo que en ellos passaua, diziendome
cómo auia sido bien tratado della al
principio, y que despues se auia cansado
de fauorescelle. Y la causa dello auia
sido, que no sabia quien le auia dicho
de unos amores que él auia tenido en su
tierra, y que los amores que con ella
tenia, no era sino por entretenerse, en
quanto los negocios que en corte hazia no
se acabauan. Y no ay duda (me dezia el
mismo don Felis) sino que yo los començe,
como ella dize, mas agora Dios sabe si
ay cosa en la uida a quien tanto quiera.
Quando yo esto le oy dezir, ya sentireys,
hermosas Nimphas, lo que podria sentir.
Mas con toda la dissimulaçion possible
respondi: Mejor fuera, señor, que la
dama se quexara con causa, y que esso
fuera ansi, porque si essa otra a quien
antes seruiades, no os meresçio que la
oluidassedes, grandissimo agrauio le
hazeys. Don Felis me respondio: no me da
el amor que yo a mi Celia tengo lugar
para entendello ansi, mas antes me pareçe
que me le hize muy mayor en auer puesto
el amor primero en otra parte, que en
ella. Dessos agrauios (le respondi) bien
sé quién se lleua lo peor. Y sacando el
desleal una carta del seno, que aquella
hora auia reçebido de su señora, me la
leyó (pensando que me hazia mucha fiesta)
la qual dezia desta manera: