No sé, hermosa Ysmenia, si me quexe
de ti, o si te dé gracias, por auerme
puesto en tal pensamiento, ni creo sabria
determinar quál destas cosas hazer, hasta
que el successo de mis amores me lo
aconseje. Por vna parte me duele tu mal,
por otra veo que tú saliste al camino
a recebille. Libre estaua Seluagia al
tiempo que en el templo la engañaste,
y aora está subiecta a la uoluntad de
aquel a quien tú quesiste entregalla.
Dizesme que dexe de querer a Alanio:
con lo que tú en esse caso harias,
puedo responderte. Vna cosa me duele
en estremo, y os uer que tienes mal de
que no puedes quexarte, el qual da muy
mayor pena a quien lo padesce. Considero
aquellos ojos con que me uiste, y aquel
rostro que despues de muy importunada
me monstraste, y pesame que cosa tan
parescida al mi Alanio, padezca tan
estraño descontento. Mira qué remedio
este para poder auello en tu mal. Por
la liberalidad que comigo has usado en
darme la más preciosa joya que tenias,
te beso las manos. Dios quiera que en
algo te pueda seruir. Si uieres allá el
mi Alanio, dile la razon que tiene de
quererme; que ya él sabe la que tiene de
oluidarte. Y Dios te dé el contentamiento
que desseas, con que no sea a costa del
que yo recibo en uerme tan bien empleada.
No pudo Ysmenia acabar de leer esta
carta, porque al medio della, fueron
tantos los sospiros y lagrimas que por
sus ojos derramaua, que penso perder
la uida llorando. Trabajaua quanto
podia porque Alanio dexasse de querer,
y buscaua para esto tantos remedios,
como él para apartarse donde pudiesse
uerla. No porque la queria mal, mas por
parecelle que con esto me pagaua algo de
lo mucho que me deuia. Todos los dias que
en este proposito biuio, no vuo alguno
que yo dexasse de uerle: porque el camino
que de su lugar al mio auia jamas dexaua
de ser por él passado. Todos trabajos
tenia en poco, si con ellos le parescia
que yo tomaua contento. Ysmenia los dias
que por él preguntaua, y le dezian que
estaua en mi aldea, no tenia paciencia
para suffrillo. E con todo esto no auia
cosa que más contento le diesse, que
hablalle en él. Pues como la necessidad
sea tan ingeniosa que uenga a sacar
remedios donde nadie penso hallarlos,
la desamada Ysmenia se auenturó a tomar
uno, qual pluguiera a Dios, que por el
pensamiento no le passara, y fue fingir
que queria bien a otro pastor llamado
Montano, de quien mucho tiempo auia sido
requerida. Y era el pastor con quien
Alanio peor estaua: y como lo determinó,
assi lo puso por obra por uer si con esta
subita mudança podria atraer a Alanio a
lo que desseaua, porque no ay cosa que
las personas tengan por segura, aunque
la tengan en poco, que si de subito
la pierden, no les llegue al alma el
perdella. Pues como uiesse Montano que
su señora Ysmenia tenia por bien de
corresponder al amor que él tanto tiempo
le auia tenido, ya oyreys[1233] lo que
sintiria. Fue tanto el gozo que recibio,
tantos los seruicios, que le hizo, tantos
los trabajos en que por causa suya se
puso, que fueron parte juntamente con
las sin razones que Alanio le auia
hecho, para que saliesse uerdadero, lo
que fingiendo la pastora auia començado;
y puso Ysmenia su amor en el pastor
Montano con tanta firmeza, que ya no
auia cosa a quien más quisiesse que a
él, ni que menos deseasse uer que al mi
Alanio. Y esto le dio ella a entender
lo mas presto que pudo, paresciendole,
que en ello se vengaua de su oluido, y
de auer puesto en mí el pensamiento.
Alanio aunque sintio en estremo el ver
a Ysmenia perdida por pastor con quien
él tan mal estaua, era tanto el amor
que me tenia, que no daua a entenderlo
quanto ello era. Mas andando algunos
dias, y considerando que él era causa de
que su enemigo fuesse tan favorescido
de Ysmenia, y que la pastora ya huía de
uelle (muriendose no mucho antes quando
no le ueia) estuuo para perder el seso
por enojo, y determinó de estorbar esta
buena fortuna de Montano. Para lo qual
començo nueuamente de mirar a Ysmenia,
y de no uenir a uerme tan publico como
solia ni faltar tantas uezes en su aldea,
porque Ysmenia no lo supiesse. Los amores
entre ella y Montano yuan muy adelante,
y los mios con el mi Alanio, se quedauan
atras todo lo que podian, no de mi parte,
pues sola la muerte podria apartarme
de mi proposito, mas de la suya, que
jamas pense uer cosa tan mudable. Porque
como estaua tan encendido en colera con
Montano, la qual no podia ser executada,
sino con amor en la su Ysmenia, y para
esto las uenidas a mi aldea era gran
impedimiento, y como el estar ausente de
mi, le causasse oluido, y la presencia
de la su Ysmenia grandissimo amor, el
boluio a su pensamiento primero, y yo
quedé burlada del mio. Mas con todos
los seruicios que a Ysmenia hazia, los
recados que le embiaua, las quexas que
formaua della, jamas la pudo mouer de
su proposito, ni uuo cosa que fuesse
parte para hazelle perder un punto d'el
amor que a Montano tenia. Pues estando
yo perdida por Alanio, Alanio por
Ysmenia, Ysmenia por Montano, succedio
que a mi padre se le offresciessen
ciertos negocios sobre las dehesas del
Estremo, con Phileno, padre del pastor
Montano; para lo qual los dos uinieron
muchas uezes a mi aldea, y en tiempo
que Montano, o por los sobrados fauores
que Ysmenia le hazia (que en algunos
hombres de baxo espiritu causan fastidio)
o porque tambien tenia celos de las
diligencias de Alanio, andaua ya un poco
frio en sus amores. Finalmente que él me
uio traer mis ouejas a la majada, y en
uiendome començo a quererme, de manera
(segun lo que cada dia yua moustrando)
que ni yo a Alanio, ni Alanio a Ysmenia,
ni Ysmenia a él, no era possible tener
mayor afection. Ved qué estraño embuste
de amor. Si por uentura Ysmenia yua al
campo, Alanio tras ella, si Montano yua
al ganado, Ysmenia tras él, si yo andaua
al monte con mis ouejas, Montano tras
mi. Si yo sabia que Alanio estaua en un
bosque donde solia repastar, allá me
yua tras el. Era la más nueua cosa del
mundo oyr cómo dezia Alanio sospirando,
¡ay Ysmenia!, y cómo Ysmenia dezia ¡ay
Seluagia!, y cómo Seluagia dezia ¡ay
Montano! y cómo Montano dezia ¡ay mi
Alanio! Succedio que un dia nos juntamos
los quatro en una floresta, que en medio
de los dos lugares auia, y la causa fue,
que Ysmenia auia ydo a uisitar unas
pastoras amigas suyas, que cerca de
alli morauan; y quando Alanio lo supo,
forçado de su mudable pensamiento, se fue
en busca della, y la halló junto a un
arroyo, peinando sus dorados cabellos. Yo
siendo auisada por un pastor, mi uecino,
que Alanio yua a la floresta del ualle
(que assi se llamaua) tomando delante de
mí unas cabras que en un corral junto a
mi casa estauan encerradas, por no yr sin
alguna occasion, me fuy donde mi desseo
me encaminaua, y le hallé a él llorando
su desuentura, y a la pastora riendose
de sus escusadas lagrimas, y burlando de
sus ardientes sospiros. Quando Ysmenia me
uio, no poco se holgo comigo, aunque yo
no con ella; mas antes le puse delante
las razones que tenia para agrauiarme del
engaño passado; de las quales ella supo
escusarse tan discretamente, que pensando
yo que me deuia la satisfaction de tantos
trabajos, me dio con sus bien ordenadas
razones a entender, que yo era la que le
estaua obligada, porque si ella me auia
hecho una burla, yo me auia satisfecho
tan bien que no tan solamente le auia
quitado a Alanio, su primo, a quien ella
auia querido mas que a si, mas que aun
tan aora tambien le traya al su Montano
muy fuera de lo que solia ser. En esto
llegó Montano, que de una pastora amiga
mia, llamada Solisa, auia sido auisada
que con mis cabras uenia a la floresta
del ualle. E quando alli los quatro
discordantes amadores nos hallamos, no
se puede dezir lo que sentíamos, porque
cada uno miraua a quien no queria que le
mirasse. Y preguntaua al mi Alanio la
causa de su oluido; él pedia misericordía
a la cautelosa Ysmenia, Ysmenia quexauase
de la tibieza de Montano; Montano de la
crueldad de Seluagia. Pues estando de
la manera que oys, cada uno perdido por
quien no le queria, Alanio al son de su
rabel començo a cantar lo siguiente:
No más, nympha cruel: ya estas vengada,
no prueues tu furor en un rendido:
la culpa a costa mia está pagada.
Ablanda ya esse pecho endurescido,
y resuscita un alma sepultada
en la tiniebla escura de tu oluido;
que no cabe en tu ser, ualor y suerte,
que un pastor como yo pueda offenderte.
Si la ouejuela siempre ua huyendo
de su pastor, colerico y ayrado,
y con temor acá, y allá corriendo,
a su pesar se alexa del ganado;
mas ya que no la siguen, conosciendo
que es más peligro auerse assi alexado,
balando buelue al hato temerosa,
será no recebilla justa cosa.
Leuanta ya essos ojos que algun dia,
Ysmenia, por mirarme leuantauas,
la libertad me buelue que era mia,
y un blando coraçon que me entregauas.
Mira (Nympha) que entonces no sentia
aquel senzillo amor que me mostrauas,
ya triste lo conozco y pienso en ello,
aunque ha llegado tarde el conoscello.
¿Cómo que fue possible, di, enemiga,
que siendo tú muy más que yo culpada,
con titulo cruel, con nueua liga,
mudasses fe tan pura y estremada?
¿Qué hado, Ysmenia, es este que te obliga
a amar do no es possible ser amada?
Perdona, mi señora, ya esta culpa,
pues la occasion que diste me desculpa.
¿Qué honra ganas, di, de auer uengado
vn yerro a causa tuya cometido?
¿qué excesso hize yo, que no he pagado,
qué tengo por suffrir, que no he suffrido?
¿Qué animo cruel, qué pecho ayrado,
qué coraçon de fiera endurescido,
tan insuffrible mal no ablandaria,
sino el de la cruel pastora mia?
Si como yo he sentido las razones,
que tienes, o has tenido de oluidarme:
las penas, los trabajos, las passiones,
el no querer oyrme, ni aun mirarme,
llegasses a sentir las occasiones,
que sin buscallas yo, quissiste darme:
ni tú ternias que darme más tormento,
ni aun yo más que pagar mi atreuimiento.
Ansi acabó mi Alanio el suaue canto y aun
yo quisiera que entonces se me acabara
la uida, y con mucha razon, porque no
podria llegar a más la desuentura, que
a uer yo delante mis ojos aquel que más
que a mí queria, tan perdido por otra, y
tan oluidado de mí. Mas como yo en estas
desuenturas no fuese sola, dissimulé por
entonces, y tambien porque la hermosa
Ysmenia, puestos los ojos en el su
Montano, començaua a cantar lo siguiente:
¡Qvan fuera estoy de pensar
en lágrimas escusadas,
siendo tan aparejadas
las presentes, para dar
muy poco por las passadas!
Que si algun tiempo trataua
de amores de alguna suerte,
no pude en ello offenderte,
porque entonces m'ensayaua,
Montano, para quererte.
Enseñauame a querer,
suffria no ser querida:
sospechaua quan rendida,
Montano, te auia de ser,
y quan mal agradescida.
Ensayéme como digo,
a suffrir el mal de amor:
desengañese el pastor
que compitiere contigo,
porque en balde es su dolor.
Nadie se quexe de mi,
si me quiso, y no es querido;
que yo jamas he podido
querer otro sino a ti,
y aun fuera tiempo perdido.
Y si algun tiempo miré,
miraua, pero no uia;
que yo, pastor, no podia
dar a ninguno mi fe,
pues para ti la tenia.
Vayan sospiros a cuentos,
bueluanse los ojos fuentes,
resusciten accidentes:
que passados pensamientos
no dañarán los presentes.
Vaya el mal por donde va,
y el bien por donde quisiere:
que yo yre por donde fuere,
pues ni el mal m'espantará,
ni aun la muerte si uiniere.
Vengado me auia Ysmenia del cruel y
desleal Alanio, si en el amor que yo le
tenia cupiera algun desseo de vengança,
mas no tardó mucho Alanio en castigar
a Ysmenia, poniendo los ojos en mí, y
cantando este antiguo cantar.
Amor loco ¡ay amor loco!
yo por uos, y uos por otro.
Ser yo loco, es manifiesto:
por uos ¿quien no lo será?
que mayor locura está
en no ser loco por esto;
mas con todo no es honesto
que ande loco,
por quien es loca por otro.
Ya que uiendoos, no me ueys,
y moris porque no muero,
comed aora a mi que os quiero
con salsa del que quereys
y con esto me hareys
ser tan loco,
como uos loca por otro.
Qvando acabó de cantar esta postrera
copla, la estraña agonia en que todos
estauamos no pudo estoruar que muy
de gana no nos riessemos, en uer que
Montano queria que engañasse yo el gusto
de miralle, con salsa de su competidor
Alanio, como si en mi pensamiento cupiera
dejarse engañar con apariencias de otra
cosa. A essa hora comence yo con gran
confiança a tocar mi çampoña, cantando
la cancion que oyreys; porque a lo menos
en ella pensaua mostrar (como lo mostre)
quanto mejor me auia yo auido en los
amores, que ninguno de los que alli
estauan.
Pves no puedo descansar
a trueque de ser culpada,
guardeme Dios de oluidar,
más que de ser oluidada.
No solo donde ay oluido
no ay amor ni puede auello,
mas donde ay sospecha dello
no ay querer, sino fingido.
Muy grande mal es amar,
do esperança es escusada;
mas guardeos Dios de oluidar,
que es ayre ser oluidada.
Si yo quiero, ¿por que quiero,
para dexar de querer?
¿que más honrra puede ser,
que morir del mal que muero?
El biuir para oluidar,
es uida tan afrentada,
que me está mejor amar,
hasta morir de oluidada.
Acabada mi cancion, las lagrimas de los
pastores fueron tantas, especialmente
las de la hermosa pastora Ysmenia, que
por fuerça me hizieron participar de
su tristeza, cosa que yo pudiera bien
escusar, pues no se me podia atribuir
culpa alguna de mi gran desuentura (como
todos los que alli estauan, sabian muy
bien). Luego a la ora nos fuymos cada
uno a su lugar, porque no era cosa que a
nuestra honestidad conuenia estar a horas
tan sospechosas fuera dél. E al otro dia
mi padre sin dezirme la causa, me sacó
de nuestra aldea, y me ha traydo a la
nuestra, en casa de Albania mi tia, y su
hermana, que uosotros muy bien conoceys,
donde estoy algunos dias ha, sin saber
qué aya sido la causa de mi destierro.
Despues acá entendi, que Montano se
auia casado con Ysmenia, y que Alanio
se pensaua casar con otra hermana suya,
llamada Syluia. Plega a Dios que ya que
no fue mi uentura podelle yo gozar, que
con la nueua esposa se goce, como yo
desseo (que no seria poco) porque el amor
que yo le tengo, no suffre menos, sino
dessealle todo el contento del mundo.
Acabado de dezir esto la hermosa Seluagia
començo a derramar muchas lagrimas: y los
pastores le ayudaron a ello por ser un
officio de que tenian gran esperiencia.
E despues auer gastado algun tiempo en
esto, Sireno le dixo: hermosa Seluagia,
grandissimo es tu mal, pero por muy mayor
tengo tu discrecion. Toma exemplo en
males agenos, si quieres sobrelleuar los
tuyos; y porque ya se haze tarde, nos
uamos a la aldea, y mañana se passe la
fiesta junto a esta clara fuente donde
todos nos juntarémos. Sea assi como lo
dizes (dixo Seluagia) mas porque aya de
aqui al lugar algun entretenimiento, cada
uno cante una cancion, segun el estado en
que le tienen sus amores. Los pastores
respondieron que diera ella principio
con la suya: lo qual Seluagia començo a
hazer, yendose todos su passo a passo
hazia la aldea.
Zagal, quien podra passar
uida tan triste y amarga,
que para biuir es larga,
y corta para llorar?
Gasto sospiros en uano,
perdida la confiança:
siento que está mi esperança
con la candela en la mano.
¡Que tiempo para esperar
que esperança tan amarga,
donde la uida es tan larga,
quan corta para llorar!
Este mal en que me ueo,
yo le merezco ¡ay perdida!
pues uengo a poner la uida
en las manos del desseo.
Jamas cesse el lamentar[1234];
que aunque la uida se alarga,
no es para biuir tan larga
quan corta para llorar.
Con un ardiente sospiro, que del alma
le salia, acabó Seluagia su cancion,
diziendo: Desuenturada de la que se uee
sepultada entre celos y desconfianças,
que en fin le pornan la uida a tal
recaudo, como dellos se espera. Luego el
oluidado Sireno començo a cantar al son
de su rabel esta cancion:
Ojos tristes, no lloreys,
y si llorades pensad,
que no os dixeron verdad,
y quiça descansareys.
Pues que la imaginacion
haze causa en todo estado,
pensá que aun soys bien amado,
y teneys menos passion:
Si algun descanso quereys,
mis ojos, imaginad,
que no os dixeron uerdad,
y quiça descansareys.
Pensad que soys tan querido,
como algun tiempo lo fuystes.
Mas no es remedio de tristes
imaginar lo que ha sido.
Pues ¿qué remedio terneys,
ojos? alguno pensad,
si no lo pensays, llorad:
o acabá, y descansareys.
Despues que con muchas lagrimas el
triste pastor Sireno acabó su cancion,
el desamado Syluano desta manera dio
principio a la suya.
Perderse por ti la uida,
zagala, será forçado,
mas no que pierda el cuydado
despues de auerla perdida.
Mal que con muerte se cura
muy cerca tiene el remedio,
mas no aquel que tiene el medio
en manos de la uentura.
E si este mal con la uida
no puede ser acabado
qué aprouecha a un desdichado
uerla ganada, o perdida?
Todo es uno para mi
esperança, o no tenella:
que si oy me muero por uella
mañana porque la ui.
Regalara yo la uida,
para dar fin al cuydado,
si a mi me fuera otorgado,
perdella en siendo perdida.
Desta manera se fueron los dos pastores
en compañia de Seluagia, dexando
concertado de uerse el dia siguiente en
el mismo lugar; y aqui haze fin el primer
libro de la hermosa Diana.
_Fin del primer libro de la Diana._