SYLUANO

Sireno, el crudo amor que lastimandome

jamas cansó, no impide el acordarseme

de tanto mal, y muero en acordandome.

Miré a Diana, y ui luego abreuiarseme

el plazer y contento, en solo uiendola,

y a mi pesar la uida ui alargarseme,

O quantas uezes la hallé perdiendola,

y quantas uezes la perdi hallandola,

y yo callar, suffrir, morir sirviéndola[1225]?

La uida perdí yo, quando topandola

miraua aquellos ojos, que ayradissimos

boluia contra mí luego en hablandola.

Mas quando los cabellos hermosissimos

descogia y peinaua, no sintiendome

se me boluian los males sabrosissimos.

Y la cruel Diana en conosciendome

boluia como fiera, que encrespandose

arremete al leon, y deshaziendome.

Vn tiempo la esperança, ansi burlandome

mantuuo el coraçon entreteniendole,

mas el mismo despues desengañandome,

burló del esperar, y fue perdiendole.

No mucho despues que los pastores dieron

fin al triste canto, uieron salir dentro

el arboleda que junto al rio estaña,

una pastora tañendo con una çampoña, y

cantando con tanta gracia y suauidad

como tristeza: la qual encobria gran

parte de su hermosura (que no era poca)

y preguntó Sireno, como quien auia mucho

que no repastaua por aquel valle, quién

fuesse[1226]. Syluano le respondió: esta

es una hermosa pastora, que de pocos

dias acá apascienta por estos prados,

muy quexosa de amor, y segun dize con

mucha razon, aunque otros quieren dezir,

que ha mucho tiempo que se burla con el

desengaño. Por uentura, dixo Sireno, está

en su mano el desengañarse? Si, respondió

Syluano, porque no puedo yo creer, que ay

muger en la uida, que tanto quiera que la

fuerça del amor le estorue entender si es

querida, o no.

De contraria opinion soy. De contraria

(dixo Syluano) pues no te irás alabando,

que bien caro te cuesta auerte fiado en

las palabras de Diana, pero no te doy

culpa, que ansi como no ay a quien no

uença su hermosura, assi no aurá a quien

sus palabras no engañen. ¿Cómo puedes tú

saber esso, pues ella jamas te engañó

con palabras, ni con obras? Verdad es

(dixo Syluano) que siempre fuy della

desengañado, mas yo osaria jurar (por lo

que despues acá ha sucedido) que jamas me

desengañó a mi, sino por engañarte a ti.

Pero dexemos esto, y oyamos esta pastora

que es gran amiga de Diana, y segun lo

que de su gracia y discreccion me dizen,

bien meresce ser oyda. A este tiempo

llegaua la hermosa pastora junto a la

fuente, cantando este soneto.

_Soneto._

Ya he uisto yo a mis ojos más contento

y he uisto mas alegre el alma mia,

triste de la que enfada do algun dia

con su uista causó contentamiento.

Mas como esta fortuna en un momento

os corta la rayz del alegria,

lo mismo que ay de vn es, a un ser solia,

ay de un gran plazer a un gran tormento.

Tomaos allá con tiempos, con mudanças,

tomaos con mouimientos desuariados,

vereys el coraçon quan libre os queda.

Entonces me fiaré yo en esperanças,

quando los casos tenga sojuzgados

y echado un clauo al exe de la rueda.

Despues que la pastora acabó de cantar

se uino derecha a la fuente adonde los

pastores estauan, y entretanto que uenia,

dixo Syluano (medio riendo) no hagas

sino hazer caso de aquellas palabras,

y acceptar por testigo el ardiente

sospiro con que dió fin a su cantar.

Desso no dudes (respondió Sireno) que

tan presto yo la quisiera bien como

aunque me pese creyera todo lo que ello

me quisiera dezir. Pues estando ellos en

esto llegó Seluagia, y quando conoscio

a los pastores, muy cortesemente los

saludó, diziendo: Qué hazeys, o desamados

pastores, en este verde y deleytoso

prado? No dizes mal, hermosa Seluagia,

en preguntar qué hazemos (dixo Syluano)

hazemos tan poco para lo que deuiamos

hazer, que jamas podremos concluyr cosa

que el amor nos haga dessear? No te

espantes desso, dixo Seluagia, que cosas

ay que antes que se acaben, acaban ellas

a quien las dessea. Syluano respondio:

a lo menos si hombre pone su descanso

en manos de muger, primero se acabará

la uida, que con ella se acabe cosa con

que se espere recebille. Desdichadas

destas mugeres (dixo Seluagia) que tan

mal tratadas son de uuestras palabras.

Mas destos hombres (respondio Syluano)

que tanto peor lo son de uuestras obras.

Puede ser cosa más baxa, ni de menor

ualor, que por la cosa más liuiana del

mundo, olvideys uosotras a quien más amor

ayais tenido? Pues ausentaos algun dia

de quien bien quereys, que a la buelta

aureys menester negociar de nueuo. Dos

cosas siento, dixo Seluagia, de lo que

dizes, que uerdaderamente me espantan,

la vna, es que ueo en tu lengua al reues

de lo que de tu condicion tuue entendido

siempre, porque imaginaua yo quando oya

hablar en tus amores, que eras en ellos

vn Fenix, y que ninguno de quantos hasta

oy an querido bien, pudieron llegar al

estremo que tú as tenido, en querer

a una pastora que yo conosco, causas

harto sufficientes para no tratar mal

de mugeres, si la malicia no fuera más

que los amores. La segunda es que hablas

en cosa que no entiendes, porque hablar

en oluido, quien jamas tuuo esperiencia

dél, más se deue atribuir a locura que a

otra cosa. Si Diana jamas se acordo de

ti, cómo puedes tú quexarte de su oluido?

A ambas cosas, dixo Syluano, pienso

responderte, si no te cansas en oyrme.

Plega a Dios que jamas me uea con más

contento del que aora tengo, si nadie,

por más exemplo que me trayga puede

encarecer el poder que sobre mi alma

tiene aquella desagradescida, y desleal

pastora (que tú conoces, y yo no quisiera

conocer) pero quanto mayor es el amor

que le tengo, tanto más me pesa, que en

ella aya cosa que pueda ser reprehendida;

porque ay está Sireno, que fue más

fauorescido de Diana que todos los del

mundo lo an sido de sus señoras y lo ha

oluidado de la manera que todos sabemos.

A lo que dizes, que no puedo hablar

en mal, de que no tengo esperiencia,

bueno seria que el medico no supiesse

tratar de mal que él no uuiesse tenido,

y de otra cosa, Seluagia te quiero

satisfazer, no pienses que quiero mal a

las mugeres, que no ay cosa en la uida a

quien más dessee seruir: mas en pago de

querer bien, soy tratado mal, y de aqui

nasce dezillo yo, de quien es su gloria

causarmele. Sireno que auia rato que

callaua, dixo contra Seluagia. Pastora,

si me oyesses, no pornias culpa a mi

competidor (o hablando mas propriamente,

a mi charo amigo Syluano) dime, por

qué causa soys tan mouibles, que en un

punto derribais a un pastor de lo más

alto de su uentura, a lo más baxo de su

miseria? Pero sabeys a qué lo atribuyo?

a que no teneys uerdadero conoscimiento

de lo que traeys entre manos; tratays

de amor, no soys capazes de entendelle,

ved cómo sabreys aueniros con el. Yo te

dixo Sireno (dixo Seluagia) que la causa

porque las pastoras oluidamos, no es

otra, sino la misma porque de uosotros

somos oluidadas. Son cosas que el amor

haze y deshaze: cosas que los tiempos

y los lugares las mueuen o las[1227]

ponen silencio: mas no por defecto del

entendimiento de las mugeres, de las

quales ha auido en el mundo infinitas que

pudieran enseñar a uiuir a los hombres,

y aun los enseñaran a amar, si fuera el

amor cosa que pudiera enseñarse. Mas

con todo esto, creyo que no ay mas baxo

estado en la uida, que el de las mugeres:

porque si os hablan bien, pensays que

estan muertas de amores; si no os hablan,

creeys que de alteradas y fantasticas

lo hazen; si el recogimiento que tienen

no haze a nuestro proposito, teneys lo

por hypocresia: no tienen desemboltura

que no os parezca demasiada: si callan,

dezis que son necias, si hablan, que son

pesadas: y que no ay quien las suffra,

si os quieren todo lo del mundo, creeys

que de malas lo hazen, si os oluidan,

y se apartan de las occasiones de ser

enfamadas, dezis que de inconstantes y

poco firmes en un proposito. Assi que no

está en más pareceros la muger buena,

o mala, que en acertar ella a no salir

jamas de lo que pide uuestra inclinacion.

Hermosa Seluagia (dixo Sireno) si todas

tuuiessen ese entendimiento y biueza de

ingenio, bien creo yo que jamas darian

occasion a que nosotros pudiessemos

quexarnos de sus descuydos. Mas para que

sepamos la razon que tienes de agrauiarte

de amor, ansi Dios te de el consuelo

que para tan graue mal es menester, que

nos cuentes la hystoria de tus amores,

y todo lo que en ellos hasta aora te ha

succedido (que de los nuestros sabes más

de lo que nosotros te sabremos dezir) por

uer si las cosas que en él as passado te

dan licencia para hablar en ellos tan

sueltamente. Que cierto tus palabras dan

a entender ser tú la más esperimentada en

ellos, que otra jamas aya sido. Seluagia

le respondio: si yo no fuere (Sireno)

la más esperimentada, seré la más mal

tratada que nunca nadie penso ser, y la

que con más razon se puede quexar de

sus desuariados effectos, cosa harto

sufficiente para poder hablar en él. Y

porque entiendas por lo que passé, lo que

siento de esta endiablada passion, poned

un poco uuestras desuenturas en mano del

silencio, y contaros he las maiores que

jamas aueys oydo.

En el ualeroso y inexpugnable reino de

los Lusitanos, ay dos caudalosos rios

que cansados de regar la mayor parte de

nuestra España, no muy lexos el vno del

otro entran en el mar Oceano, en medio

de los quales ay muchas y muy antiguas

poblaciones, a causa de la fertilidad

de la tierra ser tan grande, que en

el uniuerso no ay otra alguna que se

yguale. La uida desta prouincia es tan

remota y apartada de cosas que puedan

inquietar el pensamiento, que si no es

quando Venus, por manos del ciego hijo,

se quiere mostrar poderosa, no ay quien

entienda en más que en sustentar una

vida quieta, con sufficiente mediania,

en las cosas que para passalla son

menester. Los ingenios de los hombres

son aparejados para passar la uida con

assaz contento, y la hermosura de las

mugeres para quitalla al que mas confiado

biuiere. Ay muchas casas por entre las

florestas sombrias, y deleytosos ualles:

el termino de los quales siendo proueydo

de rocio del soberano cielo, y cultiuado

con industria de los habitadores dellas,

el gracioso uerano tiene cuydado de

offrecerles el fruto de su trabajo, y

socorrerles a las necessidades de la

uida humana. Yo uiuia en una aldea que

está junto al caudaloso Duero (que es

vno de los dos rios que os tengo dicho)

adonde está el suntuosissimo templo de

la diosa Minerua, que en ciertos tiempos

del año es uisitado de todas o las más

pastoras y pastores que en aquella

prouincia biuen. Començando un dia, antes

de la celebre fiesta a solemnizalla

las pastoras y nymphas, con cantos y

hymnos muy suaues, y los pastores con

desafios de correr, saltar, luchar, y

tirar la barra, poniendo por premio para

el que uictorioso saliere, quales una

guirnalda de uerde yedra, quales una

dulce çampoña, o flauta, ó un cayado de

nudoso fresno, y otras cosas de que los

pastores se precian. Llegando pues el dia

en que la fiesta se celebraua, yo con

otras pastoras amigas mias: dexando los

seruiles, y baxos paños, y uistiendonos

de los mejores que teniamos, nos fuymos

el dia antes de la fiesta determinadas de

uerlas aquella noche en el templo, como

otros años lo soliamos hazer. Estando

pues como digo en compañia de estas

amigas mias, uimos entrar por la puerta,

una compañia de hermosas pastoras, a

quien algunos pastores acompañauan: los

quales dexandolas dentro, y auiendo

hecho su deuida oracion, se salieron

al hermoso ualle, por que la orden de

aquella prouincia era que ningun pastor

pudiesse entrar en el templo, más que a

dar la obediencia, y se boluiesse luego

a salir, hasta que el dia siguiente

pudiessen todos entrar a participar

de las cerimonias y sacrificios que

entonces hazian. Y la causa desto era,

porque las pastoras y Nimphas quedassen

solas y sin ocasion de entender en

otra cosa, sino celebrar la fiesta

regozijandose vnas con otras, cosas que

otros muchos años solian hazer, y los

pastores fuera del templo en vn uerde

prado que alli estaua, al resplandor de

la nocturna Diana. Pues auiendo entrado

los pastores que digo en el suntuoso

templo, despues de hechas sus oraciones

y de haber offrescido sus offrendas

delante del altar, junto a nosotros se

assentaron. Y quiso mi uentura que

junto a mi se sentasse una dellas para

que yo fuesse desuenturada todos los

dias que su memoria me durasse[1228].

Las pastoras venian disfraçadas, los

rostros cubiertos con unos uelos blancos

y presos en sus chapeletes de menuda

paja subtilissimamente labrados con

muchas guarniciones de lo mismo tan

bien hechas y entretexidas, que de oro

no les lleuara uentaja. Pues estando

yo mirando la que junto a mi se auia

sentado, ui que no quitaua los ojos de

los mios, y quando yo la miraua, abaxava

ella los suyos fingiendome quererme uer

sin que yo mirasse en ello. Yo desseaua

en estremo saber quién era, por que

si hablasse comigo, no cayesse yo en

algun yerro a causa de no conocella.

Y todauia todas las uezes que yo me

descuydaua, la pastora no quitaua los

ojos de mí, y tanto que mil uezes

estime por hablalla[1229], enamorada de

unos hermosos ojos que ella solamente

tenia descubiertos. Pues estando yo con

toda la atencion possible, sacó la más

hermosa y la más delicada mano, que yo

despues acá he uisto, y tomandome la

mia, me la estuuo mirando un poco. Yo

que estaua más enamorada della de lo

que se podria dezir, le dixe: Hermosa y

graciosa pastora, no es sola essa mano,

la que aora está aparejada para seruiros,

mas tambien lo está el coraçon, y el

pensamiento de cuya ella es. Ysmenia (que

assi se llamaua aquella que fue causa de

toda la inquietud de mis pensamientos)

teniendo ya imaginado hazerme la burla

que adelante oireys, me respondio muy

baxo, que nadie lo oyesse: graciosa

pastora, soy yo tan uuestra, que como tal

me atreui a hazer lo que hize, suplicoos

que no os escandalizeys, porque en uiendo

uuestro hermoso rostro, no tuue más

poder en mi. Yo entonces muy contenta

me llegué más a ella, y le dixe (medio

riendo). ¿Cómo puede ser, pastora, que

siendo uos tan hermosa os enamoreys de

otra que tanto le falta para serlo, y

más siendo muger como uos? Ay pastora,

respondió ella, que el amor que menos

uezes se acaba es este, y el que más

consienten passar los hados, sin que las

bueltas de fortuna ni las mudanças del

tiempo les vayan a la mano. Yo entonces

respondi: si la naturaleza de mi estado

me enseñara a responder a tan discretas

palabras, no me lo estoruara el desseo

que de seruiros tengo: mas creeme,

hermosa pastora, que el proposito de ser

uuestra, la muerte no será parte para

quitarmele. Y despues desto los abraços

fueron tantos, los amores que la vna

á la otra nos deziamos, y de mi parte

tan uerdaderos, que ni teniamos cuenta

con los cantares de las pastoras, ni

mirauamos las danças de las Nymphas, ni

otros regozijos que en el templo se

hazia[1230]. A este tiempo importunaua

yo a Ysmenia que me dixesse su nombre, y

se quitasse el reboço, de lo qual ella

con gran dissimulacion se escusaua y con

grandissima astucia mudaua proposito. Mas

siendo ya passada media noche, y estando

yo con el mayor desseo del mundo de verle

el rostro, y saber cómo se llamaua, y de

adónde era, comence a quexarme d'ella,

y a dezir que no era possible que el

amor que me tenia fuesse tan grande,

como con sus palabras me manifestaua:

pues auiendole yo dicho mi nombre, me

encubria el suyo, y que cómo podia yo

biuir, queriendola como la queria, si

no supiesse a quién queria, o adónde

auia de saber nueuas de mis amores? E

otras cosas dichas tan de veras que las

lagrimas me ayudaron a mouer el coraçon

de la cautelosa Ysmenia, de manera que

ella se leuantó: y tomandome por la mano

me apartó hazia una parte, donde no auia

quien impedir nos pudiesse y començo a

dezirme estas palabras (fingiendo que

del alma le salian). Hermosa pastora,

nascida para inquietud de un espiritu,

que hasta aora ha biuido tan esento

quanto ha sido possible, quien podra

dexar de dezirte lo que pides auiendote

hecho señora de su libertad? Desdichado

de mí, que la mudança del habito te tiene

engañada aunque el engaño ya resulta

en daño mio. El reboço que quieres que

yo quite, ues lo aqui donde lo quito,

dezirte he mi nombre, no te haze mucho al

caso, pues aunque yo no quiera me uerás

mas uezes de las que tú podras suffrir.

Y diziendo esto, y quitandose el reboço,

vieron mis ojos un rostro que aunque

el aspecto fuesse un poco uaronil, su

hermosura era tan grande que me espantó.

E prosiguiendo Ysmenia su plática, dixo:

y por que, pastora, sepas el mal que tu

hermosura me ha hecho, y que las palabras

que entre las dos como de burlas han

passado son de ueras: sabe que yo soy

hombre y no muger, como antes pensauas.

Estas pastoras que aqui uees por reyrte

comigo (que son todas mis parientas) me

han uestido desta manera que de otra no

pudiera quedar en el templo, a causa de

la orden que en esto se tiene. Quando yo

hube entendido lo que Ysmenia me auia

dicho, y le ui como digo en el rostro, no

aquella blandura, ni en los ojos aquel

reposo que las donzellas por la mayor

parte solemos tener, crey que era uerdad

lo que me dezia, y quedé tan[1231] fuera

de mi, que no supe qué respondelle.

Todauia contemplaua aquella hermosura

tan estremada, miraua aquellas palabras

que me dezia con tanta dissimulacion

(que jamas supo nadie hazer cierto de

lo fingido como aquella cautelosa y

cruel pastora). Vime aquella hora tan

presa de sus amores, y tan contenta de

entender que ella lo estaua de mi, que

no sabria encarecello, y puesto caso

que de semejante passion hasta aquel

punto no tuuiesse experiencia (causa

harto sufficiente para no saber dezilla)

todavia esforzandome lo mejor que pude

la hablé desta manera: Hermosa pastora,

que para hazerme quedar sin libertad, o

para lo que la fortuna se sabe, tomaste

el habito de aquella que el de amor a

causa tuya ha professado, bastara el tuyo

mismo para uencerme sin que con mis armas

proprias me vieras rendido. Mas quién

podra huir de lo que la Fortuna le tiene

solicitado? Dichosa me pudiera llamar

si uuieras hecho de industria lo que a

caso hiziste: porque a mudarte el habito

natural, para solo verme y dezirme lo que

desseauas, atribuyeralo yo a merecimiento

mio y a grande afeccion tuya, mas ver que

la intencion fue otra aunque el efecto

aya sido el que tenemos delante, me haze

estar no tan contenta como lo estuuiera,

a ser de la manera que digo. Y no te

espantes, ni te pese deste tan gran

desseo: por que no ay mayor señal de una

persona, querer todo lo que puede, que

dessear ser querida de aquel a quien ha

entregado toda su libertad. De lo que tú

me as oydo podras sacar, qual me tiene

tu uista. Plegue a Dios que vses tambien

del poder que sobre mi as tomado, que

pueda yo sustentar el tenerme por muy

dichosa hasta la fin de nuestros amores,

los quales de mi parte, no lo ternán en

quanto la uida me durare. La cautelosa

Ysmenia me supo tambien responder a lo

que dixe, y fingir las palabras que para

nuestra conuersacion eran necessarias,

que nadie pudiera huyr del engaño en que

yo cay, si la fortuna de tan difficultoso

laberinto con el hilo de prudencia no

le sacara. Y assi estuuimos hasta que

amanescio, hablando en lo que podria

imaginar, quien por estos desuariados

casos de amor ha passado. Dixome que su

nombre era Alanio, su tierra Gallia,

tres millas de nuestra aldea: quedamos

concertados de uernos muchas uezes. La

mañana se uino, y las dos nos apartamos

con más abraços, y lagrimas, y sospiros

de lo que aora sabré dezir. Ella se

partio de mi, y boluiendo atras la cabeça

por uerla, y por uer si me miraua, ui

que se yua medio riendo, mas crey que

los ojos me auian engañado. Fuese con

la compañia que auia traydo, mas yo

bolui con mucha más porque lleuaua en la

imaginacion los ojos del fingido Alanio,

las palabras con que su vano[1232] amor

me auia manifestado, los abraços que dél

auia recebido, y el crudo mal de que

hasta entonces no tenia experiencia.

Aora aueys de saber, pastores, que esta

falsa y cautelosa Ysmenia tenia un primo,

que se llamaua Alanio, a quien ella más

que a si queria: porque en el rostro,

y ojos, y todo lo demas se le parecia,

tanto que si no fueran los dos de genero

differente, no uuiera quien no juzgara

el uno por el otro. Y era tanto el amor

que le tenia que quando yo a ella en

el templo le pregunté su mismo nombre,

auiendome de dezir nombre de pastor, el

primero que me supo nombrar fue Alanio:

porque no ay cosa más cierta, que en las

cosas súbitas encontrarse la lengua con

lo que está en el coraçon. El pastor la

queria bien mas no tanto como ella a él.

Pues quando las pastoras salieron del

templo para boluerse a su aldea, Ysmenia

se halló con Alanio su primo, y él por

usar de la cortesia que a tan grande amor

como el de Ysmenia era deuida, dexando

la compañia de los mancebos de su aldea,

determinó de acompañarla (como lo hizo)

de que no poco contentamiento recibio

Ysmenia, y por darsele a él en alguna

cosa, sin mirar lo que hazia, le contó lo

que comigo auia passado, diziendoselo muy

particularmente, y con grandissima risa

de los dos, que tambien le dixo, como yo

quedaua, pensando que ella fuesse hombre,

muy presa de sus amores. Alanio quando

aquello oyo, dissimuló lo mejor que él

pudo, diziendo que auia sido grandissimo

donayre. Y sacandole todo lo que comigo

auia passado que no faltó cosa, llegaron

a su aldea. E de ay a ocho dias (que para

mí fueron ocho mil años) el traydor de

Alanio (que assi lo puedo llamar con más

razon que él ha tenido de oluidarme), se

uino a mi lugar, y se puso en parte donde

yo pudiesse uerle, al tiempo que passaua

con otras zagalas a la fuente que cerca

del lugar estaua. E como yo lo uiese,

fue tanto el contentamiento que recibi,

que no se puede encarescer, pensando que

era el mismo que en habito de pastora

auia hablado en el templo. E luego yo

le hize señas que se uiniesse hazia la

fuente a donde yo yua y no fue menester

mucho para entendellas. El se uino, y

allí estuuimos, hablando todo lo que el

tiempo nos dio lugar: y el amor quedó

(a lo menos de mi parte) tan confiado

que aunque el engaño se descubriera,

(como de ay a poco dias se descubrio)

no fuera parte para apartarme de mi

pensamiento. Alanio tambien creo que me

queria bien, y que desde aquella hora,

quedó preso de mis amores, pero no lo

mostró por la obra tanto como deuia. Assi

que algunos dias se trataron nuestros

amores con el mayor secreto que pudimos,

pero no fue tan grande, que la cautelosa

Ysmenia no lo supiesse: y uiendo qne

ella tenia la culpa, no solo en auerme

engañado, mas aun en auer dado causa a

que Alanio descubriendole lo que passaua,

me amasse a mi, y pusiesse a ella en

oluido, estuuo para perder el seso, mas

consolose con parezelle, que en sabiendo

yo la uerdad, al punto oluidaria. Y

engañauase en ello, que despues le quise

mucho más, y con muy mayor obligacion.

Pues determinada Ysmenia de deshazer el

engaño, que por su mal auiame hecho, me

escriuio esta carta:

Orígenes de la novela, Tomo II · 第 247 / 605 题