CARTA DE DIANA A SIRENO

Sireno mio, quan mal suffriria tus

palabras, quien no pensasse que amor

te las hazia dezir! Dizes me que no te

quiero quanto deuo, no sé en que lo uees,

ni entiendo cómo te pueda querer mas.

Mira que ya no es tiempo de no creerme,

pues vees que lo que te quiero me fuerça

a creer lo que de tu pensamiento me

dizes. Muchas vezes imagino que assi como

piensas que no te quiero, queriendote

mas que a mi, assi deues pensar que me

quieres teniendo me aborrescida. Mira,

Sireno, que'l tiempo lo ha hecho mejor

contigo, de lo que al principio de

nuestros amores sospechaste, y quedando

mi honra a saluo, la qual te deue todo lo

del mundo, no auria cosa en él, que por

ti no hiziesse. Suplicote quanto puedo,

que no te metas entre zelos y sospechas,

que ya sabes quan pocos escapan de sus

manos con la uida, la qual te dé Dios con

el contento que yo te desseo.

¿Carta es esta, dixo Sireno sospirando,

para pensar que pudiera entrar oluido

en el coraçon donde tales palabras

salieron? ¿Y palabras son estas para

passallas por la memoria, al tiempo que

quien las dixo, no la tiene de mí? ¡Ay,

triste, con quanto contentamiento acabé

de leer esta carta, quando mi señora me

la embió, y quantas vezes en aquella

hora misma la bolui a leer. Mas págola

ahora con las setenas: y no se suffria

menos, sino venir de vn extremo a otro:

que mal contado le seria a la fortuna,

dexar de hazer comigo, lo que con todos

haze. A este tiempo por vna cuesta abaxo,

que del aldea venia al verde prado, vio

Sireno venir vn pastor su passo a passo,

parandose a cada trecho, vnas vezes

mirando el cielo, otras el verde prado

y hermosa ribera, que desde lo alto

descubria: cosa que mas le augmentaua

su tristeza, viendo el lugar que fue

principio de su desuentura: Sireno

le conoscio, y dixo buelto el rostro

hazia la parte de donde venia: ¿Ay,

desuenturado pastor, aunque no tanto como

yo, en qué han parado las competencias

que comigo trayas por los amores de

Diana? y los disfauores que aquella cruel

te hazia, poniendolos a mi cuenta? Mas si

tú entendieras que tal havia de ser la

summa, quánto mayor merced hallaras que

la fortuna te hazia, en sustentarte en un

infelice estado, que a mí en derribarme

dél, a tiempo que menos lo temia? A este

tiempo el desamado Syluano tomó vna

çampoña, y tañendo vn rato, cantaua con

gran tristezza estos versos:

Amador soy, mas nunca fuy amado;

quise bien, y querré, no soy querido;

fatigas passo, y nunca las he dado;

sospiros di, mas nunca fuy oydo:

quexarme quise, y no fuy escuchado,

huyr quise de amor, quedé corrido;

de solo oluido, no podré quexarme,

porque aun no se acordaron de oluidarme.

Yo hago a todo mal solo vn semblante,

jamas estuue oy triste, ayer contento,

no miro atras, ni temo yr adelante;

vn rostro hago al mal, o al bien que siento.

Tan fuera voy de mi, como el dançante,

que haze a qualquier son mouimiento,

y ansí me gritan todos como a loco;

pero segun estoy aun esto es poco.

La noche a vn amador le es enojosa,

quando del dia atiende bien alguno:

y el otro de la noche espera cosa

qu'el dia le haze largo y importuno;

con lo que vn hombre cansa, otro reposa,

tras su desseo camina cada vno,

mas yo siempre llorando el dia espero:

y en viendo el dia, por la noche muero.

Quexarme yo de amor, es escusado:

pinta en el agua, o da bozes al viento:

busca remedio en quien jamas le ha dado

que al fin venga a dexalle sin descuento.

Llegaos a él a ser aconsejado,

dirá os un disparate y otros ciento.

Pues quién es este amor? Es una sciencia

que no la alcança estudio ni experiencia.

Ama a mi señora a su Sireno;

dexaua a mí, quiça que lo acertaua:

yo triste a mi pesar, tenia por bueno,

lo que enla vida y alma me tocaua.

A estar mi cielo algun dia sereno,

quexara yo de amor si le añublaua,

mas ningun bien diré que me ha quitado,

ved cómo quitará lo que no ha dado.

No es cosa amor, que aquel que no lo tiene

hallará feria a do pueda comprallo,

ni cosa que en llamandola, se uiene,

ni que le hallareys, yendo á buscallo:

Que si de uos no nace, no conuiene

pensar que ha de nascer de procurallo:

y pues que jamas puede amor forçarse,

no tiene el desamado que quexarse.

No estaua ocioso Sireno, al tiempo

que Syluano estos versos cantaua, que

con sospiros respondia a los vltimos

accentos de sus palabras, y con lagrimas

solennizaua lo que dellas entendia. El

desamado pastor, despues que vuo acabado

de cantar, se començo a tomar cuenta

de la poca que consigo tenia: y como

por su señora Diana auia oluidado todo

el hato y rebaño, y esto era lo menos.

Consideraua que sus seruicios eran sin

esperanza de galardon, cosa que a quien

tuuiera menos firmeza, pudiera facilmente

atajar el camino de sus amores. Mas era

tanta su constancia que puesto en medio

de todas las causas que tenia de oluidar

a quien no se acordaua dél, se salia tan

a su saluo dellas, y tan sin perjuyzio

del amor que a su pastora tenia, que

sin miedo alguno cometia qualquiera

imaginación[1213] que en daño de su fe le

sobreuiniesse. Pues como viό Sireno junto

a la fuente, quedó espantado de velle tan

triste, no porque ignorasse la causa de

su tristeza, mas porque le paresció, que

si él huuiera rescebido el mas pequeño

fauor que Sireno algun tiempo rescibio

de Diana, aquel contentamiento bastara

para toda la uida tenelle. Llegó se a

él, y abraçandose los dos, con muchas

lagrimas se boluieron a sentar encima

de la menuda yerba: y Syluano començo á

hablar desta manera: ¡Ay, Sireno, causa

de toda mi desuentura, o del poco remedio

della, nunca Dios quiera que yo de la

tuya reciba uengança, que quando muy a mi

saluo pudiesse hacello no permitiria el

amor que a mi señora Diana tengo, que yo

no fuesse contra aquel en quien ella con

tanta voluntad lo puso. Si tus trabajos

no me duelen, nunca en los mios haya fin:

si luego que Diana se quiso desposar,

no se me acordo que su desposorio y tu

muerte auian de ser a vn tiempo, nunca

en otro mejor me vea que este en que

aora estoy. Pensar deues, Sireno, que te

queria yo mal, porque Diana te queria

bien y que los fauores que ella te hazia

eran parte para que yo te desamasse:

Pues no era de tan baxos quilates mi fe,

que no siguiesse a mi señora, no solo

en quererla, sino en querer todo lo que

ella quisiesse. Pesarme de tu fatiga,

no tienes porque agradescermelo: porque

estoy tan hecho a pesares que aun de

bienes mios me pesaria, cuanto más de

males agenos.

No causó[1214] poca admiracion a Sireno

las palabras del pastor Syluano; y ansi

estuuo un poco suspenso, espantado de

tan gran suffrimiento y de la qualidad

del amor que a su pastora tenia. Y

boluiendo en si, le respondio[1215]. Por

ventura, Syluano, has nascido tú para

exemplo de los que no sabemos suffrir

las aduersidades que la fortuna delante

nos pone? O acaso te ha dado naturaleza

tanto animo en ellas que no solo baste

para suffrir las tuyas, mas que aun

ayudes a sobrelleuar las agenas? Veo que

estás tan conforme con tu suerte, que no

te prometiendo esperança de remedio, no

sabes pedille mas de lo que te da. Yo te

digo, Syluano, que en ti muestra bien

el tiempo, que cada dia va descubriendo

nouedades muy agenas de la imaginacion

de los hombres. O quánta más embidia te

deue tener este sin ventura pastor, en

verte suffrir tus males, que tú podrias

tenelle a él al tiempo que le veias gozar

sus bienes. ¿Viste los fauores que me

hazia? Viste la blandura de palabras,

con que me manifestaua sus amores? Viste

como lleuar el ganado al rio, sacar los

corderos al soto, traer las ouejas por la

siesta a la sombra destos alisos, jamas

sin mi compañia supo hazello? Pues nunca

yo vea el remedio de mi mal, si de Diana

esperé, ni desseé, cosa que contra su

honrra fuesse, y si por la ymaginacion

me pasaua, era tanta su hermosura, su

valor, su honestidad, y la limpieza del

amor que me tenia, que me quitauan del

pensamiento qualquiera cosa que en daño

de su bondad imaginaua[1216]. Esto creo

yo por cierto, dixo Syluano sospirando:

porque lo mesmo podré affirmar de mi. Y

creo que no vuiera nadie que en Diana

pusiera los ojos, que osara dessear otra

cosa, sino verla y conuersarla. Aunque

no sé si hermosura tan grande, en algun

pensamiento, no tan subiecto como el

nuestro, hiziera algun excesso, y mas

si como yo un dia la vi, acertara de

vella, que estaua sentada contigo, junto

a aquel arroyo, peinando sus cabellos de

oro: y tú estauas teniendo el espejo, en

que de quando en quando se miraua. Mas

no sabiades los dos, que os estaua yo

acechando deste aquellas matas altas,

que estan junto a las dos enzinas: y aun

se me acuerda de los uersos que tú le

cantaste, sobre auerle tenido el espejo

en quanto se peinaua. Cómo los vuiste

a las manos, dixo Sireno? Syluano le

respondió: El otro dia siguiente hallé

aqui vn papel, en que estauan escritos,

y los leí, y aun los encomende a la

memoria. Y luego vino Diana por aqui

llorando, por auellos perdido, y me

preguntó por ellos; y no fue pequeño

contentamiento para mí, ver en mi señora

lagrimas que pudiesse[1217] remediar.

Acuerdome, que aquella fue la primera

vez que de su boca oí palabra sin yra,

y mira quan necessitado estaua de su

fabor[1218], que de decirme ella que me

agradecía darle lo que buscaba, hize tan

grandes reliquias[1219] que mas de un año

de grandisimos males desconte por aquella

sola palabra, que traya alguna apariencia

de bien. Por tu uida, dixo Sireno, que

digas los uersos, que dizes que yo le

canté, pues los tomaste de coro. Soy

contento, dixo Syluano, de esta manera

dezian.

De merced tan extremada

ninguna deuda me queda,

pues en la misma moneda,

señora, quedays pagada.

Que si gozé estando alli

viendo delante de mi

rostro, y oyos soberanos:

vos tambien viendo en mis manos

lo que en vuestros ojos vi.

Y esto no os parezca mal,

que de vuestra hermosura

vistes sola la figura,

y yo vi lo natural.

Vn pensamiento extremado,

jamas de amor subjetado,

mejor uee, que no el captiuo,

aunque el uno uea lo biuo,

y el otro lo debuxado.

Qvando esto acabó Sireno de oyr, dixo

contra Syluano: plega a Dios, pastor, que

el amor me dé esperança de algun bien

impossible, si ay cosa en la vida con que

yo mas facilmente la passasse que con tu

conuersacion, y si agora en estremo no

me pesa que Diana te aya sido tan cruel,

que siquiera no mostrasse agradecimiento

a tan leales seruicios, y a tan verdadero

amor como en ellos has mostrado. Syluano

le respondio sospirando. Con poco me

contentara yo, si mi fortuna quisiera; y

bien pudiera Diana, sin offender á lo que

a su honra, y a tu fe deuia darme algun

contentamiento, mas no tan solo huyó

siempre de darmele, mas aun de hazer cosa

por donde imaginasse que yo algun tiempo

podria tenelle. Dezia yo muchas vezes

entre mí: Aora esta fiera endurescida

no se enojaria algun dia con Sireno, de

manera que por vengarse dél, fingiesse

favorescerme a mi? Que vn hombre tan

desconsolado, y falto de fauores, aun

fingidos los ternia por buenos. Pues

quando desta tierra te partiste, pense

verdaderamente, que el remedio de mi

mal me estaua llamando a la puerta, y

que el oluido era la cosa más cierta,

que despues de la ausencia se esperaua,

y más en coraçon de muger. Pero quando

despues vi las lagrimas de Diana, el no

reposar en la aldea, el amar la soledad,

los continuos sospiros, Dios sabe lo que

senti. Que puesto caso que yo sabia ser

el tiempo vn medico muy aprouado para el

mal que la ausencia suele causar, vna

sola hora de tristeza no quisiera yo que

por mi señora passara, aunque della se

me siguieran a mí cien mil de alegria.

Algunos dias, despues que te fuyste,

la vi junto a la dehesa del monte,

arrimada a vna enzina, de pechos sobre

su cayado, y desta manera estuuo gran

pieça antes que me viesse. Despues alçó

los ojos, y las lagrimas le estoruaron

verme. Deuia ella entonces imaginar en

su triste soledad, y en el mal que tu

ausencia le hazia sentir, pero de ay a

vn poco (no sin lagrimas, acompañadas

de tristes sospiros) sacó vna çampoña,

que en el çurron traya; y la començo a

tocar tan dulcemente, que el valle, el

monte, el rio, las aues enamoradas, y

aun las sierras de aquel espesso bosque

quedaron suspensas, y dexando la çampoña

al son que ella auia tañido, començo esta

cancion:

_Cancion._

Ojos que ya no veys quien os miraua,

(quando erades espejo en que se via)

qué cosa podreys ver que os dé contento?

Prado florido y verde, do algun dia

por el mi dulce amigo yo esperaua,

llorad comigo el graue mal que siento.

Aqui me declaró su pensamiento,

oyle yo cuytada,

mas que serpiente ayrada,

llamandole mil vezes atreuido.

Y el triste alli tendido[1220],

paresce que es ahora, y que lo veo,

y aun esse es mi desseo,

¡ay si lo viesse yo, ay tiempo bueno!

ribera vmbrosa, qué es del mi Sireno?

Aquella es la ribera, este es el prado,

de alli parece el soto y valle vmbroso,

que yo con mi rebaño repastaua.

Veys el arroyo dulce y sonoroso,

a do pascia la siesta mi ganado

quando el mi dulce amigo aqui moraua.

Debaxo aquella haya verde estaua,

y veys alli el otero

a do le vi primero,

y a do me vio: dichoso fue aquel dia,

si la desdicha mia,

vn tiempo tan dichoso no acabara.

O haya, o fuente clara,

todo está aquí, mas no por quien yo peno.

Ribera vmbrosa, qu'es de mi Sireno?

Aqui tengo un retrato que me engaña,

pues veo a mi pastor quando lo veo,

aunque en mi alma está mejor sacado:

Quando de verle llega el gran desseo

de quien el tiempo luego desengaña,

a aquella fuente voy, que está en el prado,

Arrimolo a aquel sauze y a su lado

me assiento (ay amor ciego)

al agua miro luego,

y veo a mí y a él, tomo la via

quando él aqui viuia.

Esta inuencion vn rato me sustenta,

despues caygo[1221] en la cuenta

y dize el coraçon, de ansias lleno:

ribera vmbrosa, qu'es d'el mi Sireno?

Otras vezes le hablo, y no responde

y pienso que de mí se esta vengando,

porque algun tiempo no le respondia,

Mas digole yo triste assi llorando:

hablad, Sireno, pues estays adonde

jamas ymaginó mi fantasia.

No veys, dezi, que estays n'el alma mia?

Y él todavia callado

y estarse alli a mi lado:

en mi seso le ruego que me hable:

¡qué engaño tan notable

pedir a una pintura lengua o seso!

¡ay tiempo, que en un peso

está mi alma y en poder ageno!

ribera umbrosa, qu'es del mi Sireno?

No puedo jamas yr con mi ganado,

quando se pone el sol, a nuestra aldea,

ni desde ella uenir a la majada,

Sino por donde, aunque no quiera, uea

la choça de mi bien tan desseado,

ya por el suelo toda derribada:

Allí me assiento un poco y descuidada

do ouejas y corderos,

hasta que los uaqueros

me dan bozes diziendo: ha pastora,

en que piensas aora,

y el ganado pasciendo por los trigos?

mis ojos son testigos

por quien la yerua crece al ualle ameno;

ribera umbrosa, qu'es d'el mi Sireno?

Razon fuera, Sireno, que hizieras

a tu opinion más fuerça en la partida

pues que sin ella te entregué la mia:

¿Mas yo de quién me quexo? ¡ay, perdida!

¿pudiera alguno hazer que no partieras

si el hado o la fortuna lo queria?

No fue la culpa tuya ni podria

creer que tú hiziesses

cosa con que offendiesses

a este amor tan llano y tan sencillo,

ni quiero presumillo,

aunque aya muchas muestras y señales;

los hados desiguales

me an anublado vn cielo muy sereno;

ribera vmbrosa, qu'es del mi Sireno?

Cancion mira que vays adonde digo,

mas quedate comigo,

que puede ser te lleue la fortuna

a parte do te llamen importuna.

Acabado[1222] Syluano la amorosa cancion

de Diana, dixo a Sireno (que como fuera

de si estaua oyendo los uersos que

despues de su partida la pastora auia

cantado): quando esta cancion cantaua

la hermosa Diana, en mis lagrimas

pudieran ver si yo sentia las que ella

por tu causa derramaua: pues que no

queriendo yo della entender que la auia

entendido, dissimulando lo mejor que

pude (que no fue poco podello hazer)

llegueme adonde estaua. Sireno entonces

le atajó diziendo: Ten punto, Syluano;

¿que vn coraçon, que tales cosas sentia

pudo mudar fe? O constancia, o firmeza,

y quantas pocas uezes hazeis assiento

sobre coraçon de hembra, que quanto mas

subiecta está á quereros, tanto mas

propuesta[1223] para oluidaros. Y bien

creya yo que en todas las mugeres auia

esta falta, mas en mi señora Diana,

jamas pensé que naturaleza auia dexado

cosa buena por hazer. Prosiguiendo pues

Syluano por su historia adelante, le

dixo: Como yo me llegase más adonde

Diana estaua, vi que ponia los ojos en

la clara fuente, adonde prosiguiendo

su acostumbrado officio, començó a

dezir. Ay ojos y quanto más presto se

os acabaran las lagrimas que la ocasion

de derramabas; ay mi Sireno, plega a

Dios que antes que el desabrido inuierno

desnude el verde prado de frescas y

olorosas flores, y el ualle ameno de la

menuda yerua, y los arboles sombrios

de su uerde hoja, uean estos ojos tu

presencia tan desseada de mi anima, como

de la tuya deuo ser aborrecida. A este

punto alçó el diuino rostro, y me uido:

trabajó por disimular el triste llanto,

mas no lo pudo hazer, de manera que las

lagrimas no atajassen el passo a su

disimulacion. Leuantose a mi, diziendo:

Sientate aqui, Syluano, que asaz vengado

estás, y a costa mia. Bien paga esta

desdichada lo que dizes que a su causa

sientes si es uerdad que es ella la

causa. Es possible, Diana, (le respondi)

que eso me quedaua por oyr? En fin, no me

engaño en dezir, que nasci para cada dia

discubrir nueuos generos de tormentos, y

tú para hazerme más sinrazones, de las

que en tu pensamiento pueden caber. Aora

dudas ser tú la causa de mi mal? Si tú

no eres la causa d'el, quién, sospechas

que mereciesse tan gran amor? O qué

coraçon auria en el mundo si no fuesse el

suyo, a quien mis lagrimas no vuiessen

ablandado? E a esto añadi otras muchas

cosas, de que ya no tengo memoria. Mas

la cruel enemiga de mi descanso, atajó

mis razones, diziendo: Mira, Syluano, si

otra vez tu lengua se atreue a tratar de

cosa tuya y a dexar de hablarme en el mi

Sireno, a tu plazer te dexaré gozar de la

clara fuente donde estamos sentado. Y tú

no sabes que toda cosa que en mi pastor

no tratare, me es aborrescible y enojosa?

y que a la persona que quiere bien, todo

el tiempo que gasta en oyr cosa fuera de

sus amores le parece mal empleado? Yo

entonces, de miedo que mis palabras no

fuessen causa de perder el descanso que

su vista me offrescia, puse silencio en

ellas, y estuue alli vn gran rato gozando

de ver aquella hermosura sobrehumana,

hasta que la noche se dexó venir (con

mayor presteza de lo que yo quisiera) y

de alli nos fuymos los dos con nuestros

ganados al aldea. Sireno sospirando,

le dixo: grandes cosas me has contado

(Syluano) y todas en daño mio; desdichado

de mí, quán presto vine a esperimentar la

poca constancia que en las mugeres ay.

Por lo que los deuo me pesa. No quisiera

yo, pastor, que en algun tiempo se oyere

dezir, que en vn vaso, donde tan gran

hermosura y discrecion juntó naturaleza,

hubiera tan mala mixtura, como es la

inconstancia que comigo ha usado. Y lo

que más me llega al alma, es que el

tiempo le a de dar a entender lo mal que

comigo lo ha hecho: lo qual no puede ser

sino a costa de su descanso. ¿Cómo le

ua de contentamiento despues de casada?

Syluano le respondió: dizenme algunos que

le ua mal, y no me espanto, porque como

sabes, Delio su esposo, aunque es rico de

los bienes de fortuna, no lo es de los de

naturaleza, que en esto de la disposicion

ya ves quan mal le va. Pues de otras

cosas de que los pastores nos preciamos,

como son tañer, cantar, luchar, jugar al

cayado, baylar con las mozas el Domingo,

paresce que Delio no ha nascido para más

que mirallo. Aora pastor (dixo Sireno)

toma tu rabel y yo tomaré mi çampoña,

que no ay mal que con la musica no se

passe, ni tristeza que con ella no se

acresciente. Y templando los dos pastores

sus instrumentos con mucha gracia y

suauidad començaron a cantar lo siguiente.

SYLVANO

Sireno, en qué pensauas, que mirandote

estaua desde el soto, y condoliendome

de uer con el dolor qu'estás quexandote?

Yo dexo mi ganado alli, atendiendome,

que en quanto el claro sol no ua encubriendose

bien puedo estar contigo entreteniendome.

Tu mal me di[1224] pastor, que el mal diziendose

se passa a menos costa, que callandolo,

y la tristeza en fin va despidiendose.

Mi mal contaria yo, pero contandolo,

se me acrecienta, y más en acordarseme

de quan en vano, ay triste, estoy llorandolo.

La vida a mi pesar veo alargarseme,

mi triste coraçon no ay consolarmele,

y vn desusado mal veo acercarseme.

De quien medio esperé, vino a quitarmele,

mas nunca le esperé, porque esperandole,

pudiera con razon dexar de darmele.

Andaua mi passion sollicitandole,

con medios no importunos, sino licitos,

y andaua el crudo amor ella estoruandole,

Mis tristes pensamientos muy solicitos

de vna á otra parte reboluiendose,

huyendo en toda cosa el ser illicitos,

pedian a Diana, que pudiendose

dar medio en tanto mal, y sin causartele

se diesse: y fuesse vn triste entreteniendose.

Pues qué hizieras, di, si en vez de dartele

te le quitare? ay triste, que pensandolo,

callar querria mi mal, y no contartele.

Pero despues (Sireno) ymaginandolo

vna pastora inuoco hermosissima,

y ansi va a costa mia en fin passandolo.

Orígenes de la novela, Tomo II · 第 245 / 605 题