MIÇILO.--_¡O qué cosa tan justa fue!_

GALLO.--Pues quedando la otra gente

del combite ansi muy confusos y

marauillados[964] de ver su poco sosiego

y templança y mal exemplo[965], _todos

los seglares se salieron cada qual con

su muger sin saludar al huesped ni ser

sentidos de alguno_. _Luego_ Dionico

maestro de capilla y todos sus compañeros

pensaron entender en algun recoçijo[966]

por boluer la fiesta a su deuido lugar,

y como la comida fue acabada y el misa

cantano echó[967] la bendiçion _y oraçion

de la messa_, llegó[968] Dionico[969]

con la mano llena de tizne de vna sarten

y entiznó[970] todo el rostro del

misacantano que no le quedo cosa blanca,

y como no tenía padrino le tomaron por

fuerça y le sacaron[971] de casa a la

puerta donde estaua el medio pueblo

que era llegado al ruydo y vozes de la

batalla pasada y vistieronle vn costal

abierto por el suelo que se acabaua de

vaçiar de[972] harina, y salio Dionico

á la calle en alta voz diziendo: _Ecce

homo._ Todos prosiguiendo gran grito y

mofa le tirauan trapos suçios y puños

del çieno que estaua en la calle, que me

hicieron llorar.

MIÇILO.--Por cierto con mucha razon[973].

GALLO.--Pues ansi le subieron en vn asno

y le lleuaron con gran denuesto por toda

la ciudad[974].

MIÇILO.--Pues en el entretanto, ¿qué

hazias tú?[975].

GALLO.--En el entretanto que estas cosas

passauan, que te tengo contado, estaua

yo entre mí pensando otras muchas[976].

Lo primero que consideraua era que aquel

nueuo vngido por saçerdote representaua

al verdadero Cristo Saçerdote eterno

segun el orden de Melchisedech, y alli en

aquel mal tratamiento se me representó

todo el que _Cristo_ padeçio por mí en

sus vituperios, injurias y tormentos; en

tanta manera que no me pude contener sin

llorar, y doliame mucho porque era tanta

la çeguedad de aquellos vanos saçerdotes

que sin templança alguna proseguian en

aquella vanidad con tanta disoluçion,

perdida la magestad y reuerençia deuida

a tan alta dignidad y representaçion de

nuestro Dios, y para alguna consolaçion

mia pense ser aquello como vexamen de

doctor; porque aquel nueuo saçerdote no

se ensoberuezca por ser de nueuo admitido

a tan çelestial[977] dignidad y despues

desto consideraua en todo lo que en la

comida auia proçedido entre aquellos

que tenian el titulo y preheminençia

en la auctoridad y sçiençias[978]

pensando que no ay cosa mas preçiosa

en las letras[979] que procurar el que

las estudia componer la vida con ellas,

porque no veo cosa más comun en el vulgo

que los que de la virtud más parlan estar

más lexos del hecho; y despues veniame a

la memoria quan corruptos estan en las

costumbres los que tienen obligaçion a

dar buen exemplo. Consideraua quanto

philosopho, religioso, cura y saçerdote

estaua alli, tan distraydos en el

recogimiento, que si los vnos hazian

vajezas los otros las dezian muy mayores,

y tanto que ya no podia echar toda la

culpa al vino y comida quando oy y ley

lo que estando ayuno escriuio Etimocles.

Pareçiome en alguna manera aquella

carta a lo que fabulosamene cuentan los

poetas de la diosa Eride: que por no ser

combidada a las bodas del rey Peleo hechó

en medio de las mesas aquella mançana que

despues fue causa de aquella brauissima y

memorable contienda troyana. Enfin todas

las cosas me pareçian que estauan alli

al reues, porque via alli una mesa de

feligreses, casados ydiotas populares,

callando y comiendo con mucho orden y

tenplança, que ni con el vino hablauan,

ni en el puesto ni meneo mostrauan algun

descuydo deshonesto, y solamente se reyan

de aquellos que hasta entonçes por solo

el hábito, estado y opinion venerauan

honrrauan y obedeçian pensando que en

si fuessen de algun valor y preçio: y

agora se acusan por verdaderos ydiotas

engañados, pues ven por experiençia

desto sus desmanes, su poco recogimiento

y poca vergüença. Quando los ven tan

desordenados, descomedidos en su comer

y beber, tan infames y disolutos en sus

injurias, con tantas vozes y grita por

tan façiles y ligeras ocasiones venir

á las manos y cabello; y sobre todo me

admiraua ver aquel monstruo de naturaleza

Alcidamas cura de San Nicholas tan

desbaratado en su vibir y costumbres,

obras, conuersaçion, que nos dexó

confusos y admirados a quantos estauamos

alli. Sin empacho ninguno de las dueñas

hazia cosas de su cuerpo y partes

vergonçosas, y dezia de su lengua que avn

avria empacho de lo dezir y hazer vn muy

profano joglar.

MIÇILO.--Por çierto que me has admirado,

gallo, con tu tan horrenda historia, o

por mejor dezir, atroz tragedia. ¡Quán

comun cosa es faltar los hombres de su

mayor obligaçion! Supliquemos a nuesto

Señor los haga tan buenos que no herremos

en los imitar, _y merezçan con su ofiçio

inpetrar graçia de nuestro Señor para sí,

y para nos, y auisemos de oy más a todos

los perlados que pues en la iglesia son

pastores deste ganado no permitan que en

los tales auctos y çelebridades de misas

nueuas aya estos ayuntamientos, porque

vengan a tanto desman_.

GALLO.--Ya, Miçilo, quiero dexar

guerras y contiendas y heridas y

muertes de honbres con las cuales te

he escandalizado hasta aqui, y quiero

que _agora_ oyas la más alta y más

feliçissima nauegaçion que nunca a

honbres aconteçio. En fin oyras vna

admirable ventura que te quiero contar,

la qual juntamente con el prospero suçeso

te dara tanto deleyte que holgarás

grandemente de le[980] oyr; y pues es ya

venido el dia abre la tienda, que en el

canto que se sigue lo oyras.

_Fin del deçimo septimo canto del gallo._

Orígenes de la novela, Tomo II · 第 230 / 605 题