[298] En el códice de Gayangos _aguadero_.
[299] En el códice de La Romana se añade, á modo de apostilla, pero
de la misma letra: «y agora que son lutheranos no diffieren de la
gentilidad».
[300] La indicación del año que parece un paréntesis está en el códice
de Gayangos, pero falta en el de La Romana.
[301] Falta la palabra _tálamo_ en el códice de La Romana.
[302] En el códice de La Romana _ataviados_.
[303] En el mismo códice _agraciaban_.
[304] En el códice de Gayangos dice sólo que «colgaban de los ramos».
[305] En la Romana «y de allí la truxieron los de esta ciudad por cosa
admirable, y la daban agora al que fuese triunfoso en esta fiesta y
desafío».
[306] Así en La Romana. En Gayangos «vive Dios».
ARGUMENTO
DEL SEGUNDO CANTO DEL GALLO
En el segundo canto que se sigue, el
auctor imita a Plutarco en vn dialogo que
hizo entre Ulixes y vn griego llamado
Grilo; el qual auia Cyrçes conuertido
en puerco. En esto el auctor quiere
dar a entender, que quando los hombres
estan encenagados en los viçios y
prinçipalmente de la carne son muy peores
que brutos, y avn ay muchas fieras que
sin comparaçion los exceden en el vso de
la virtud.
GALLO.--Ya parece, Miçilo, que es hora
conueniente para començar a vibir, dando
gracias a dios que ha tenido por bien
de passar la noche sin nuestro peligro,
y traernos al dia para que con nuestra
buena industria nos podamos todos
mantener.
MIÇILO.--Bendito sea dios que ansi lo
ha permitido. Pero dime, gallo, es esta
tu primera cancion? Porque holgaria de
dormir vn poco más hasta que cantes
segunda vez.
GALLO.--No te engañes, Miçilo, que
ya canté a la media noche como
acostumbramos, y como estauas sepultado
en la profundidad y dulçura del primer
sueño, no te bastaron despertar mis
bozes, puesto caso que trabajé por cantar
lo mas templado y bien comedido que
pude por no te desordenar en tu suave
dormir. Por la fortaleza deste primer
sueño creo yo que llamaron los antiguos
al dormir ymagen de la muerte, y por su
dulçura le dixeron los poetas, apazible
holganza de los dioses. Agora ya será
casi el dia, que no ay dos horas de la
noche por passar, despierta que yo quiero
prosseguir en mi obligaçion.
MIÇILO.--Pues dizes ser essa hora yo
me quiero leuantar al trabajo, porque
proueyendo a nuestro remedio y hambre,
oyrte me sera solaz. Agora di tu.
GALLO.--En el canto passado quedé de te
mostrar la bondad y sosiego de la vida
de las fieras, y avn la ventaja que en
su natural hazen a los hombres. Esto
mostraré ser verdad en tanta manera que
podria ser, que si alguna dellas diessen
libertad de quedar en su ser, o venir a
ser hombre como vos, escogeria quedar
fiera, puerco, lobo o leon antes que
venir a ser hombre, por ser entre todos
los animales la especie mas trabajada
y infeliz. Mostrarte he el órden y
conçierto de su vibir, tanto que te
conuenças afirmar ser en ellas verdadero
vso de razon, por lo qual las fieras sean
dignas de ser en mas tenidas, elegidas y
estimadas que los hombres.
MIÇILO.--Parece, gallo, que con tu
eloquençia y manera de dezir me quieres
encantar, pues te profieres a me mostrar
vna cosa tan lexos de verdadera y natural
razon. Temo me que en eso te atreues a
mi presumiendo que facilmente como a
pobre çapatero qualquiera cosa me podras
persuadir. Agora pues desengañate de oy
mas que confiado de mi naturaleza yo
me profiero a te lo defender. Di, que
me plazerá mucho oyr tus sophisticos
argumentos.
GALLO.--Por çierto yo espero que no
te parezcan sophisticos, sino muy en
demostraçion. Prinçipalmente que no me
podras negar que yo mejor que quantos ay
en el mundo lo sabré mostrar, pues de
ambas naturalezas de fiera y hombre tengo
hecha esperiencia. Pues agora pareceme
a mi que el prinçipio de mi prueba se
deue tomar de las virtudes, justiçia,
fortaleza, prudençia, continençia
y castidad, de las quales vista la
perfeçion con que las vsan y tratan las
fieras conoçeras claramente no ser manera
de dezir lo que he propuesto, mas que
es muy aueriguada verdad. Y quanto a lo
primero quiero que me digas; si huviesse
dos tierras, la vna de las quales sin ser
arada, cabada ni sembrada, ni labrada,
por sola su bondad y generosidad de buena
naturaleza lleuasse todas las frutas,
flores y miesses muy en abundancia? Dime,
no loarias más a esta tal tierra, y la
estimarias y antepornias a otra, la qual
por ser montuosa y para solo pasto de
cabras avn siendo arada, muy rompida,
cabada y labrada con dificultad diesse
fruto poco y miserable?
MIÇILO.--Por çierto avnque toda tierra
que da fruto avnque trabajadamente es de
estimar, de mucho mas valor es aquella
que sin ser cultivada, o aquella que con
menos trabajo nos comunica su fruto.
GALLO.--Pues de aqui se puede sacar y
colegir como de sentençia de prudente y
cuerdo, que ay cosas que se han de loar y
aprobar por ser buenas, y otras por muy
mejores se han de abraçar, amar y elegir.
Pues ansi de esta manera verdaderamente
y con necesidad me conçederas que avnque
el ánima del hombre sea de gran valor,
el ánima de la fiera es mucho más; pues
sin ser rompida, labrada, arada ni
cabada; quiero dezir, sin ser enseñada
en otras escuelas ni maestros que de su
mesma naturaleza es mas abil, presta y
aparejada a produçir en abundançia el
fruto de la virtud.
MIÇILO.--Pues dime agora tú, gallo, de
qual virtud se pudo nunca adornar el alma
del bruto, porque pareze que contradize a
la naturaleza de la misma virtud?
GALLO.--Y eso me preguntas? Pues yo te
probaré que la vsan mejor que el más
sabio varon. Porque lo veas vengamos
primero a la virtud de fortaleza de la
qual vosotros, y principalmente los
españoles entre todas las naciones,
os gloriais y honrrais. Quan vfanos y
por quan gloriosos os teneis quando
os oys nombrar atreuidos saqueadores
de çiudades, violadores de templos,
destruidores de hermosos y sumptuosos
edifiçios, disipadores y abrasadores
de fertiles campos y miesses? Con los
quales exerçiçios de engaños y cautelas
aueis adquirido falso titulo y renombre
entre los de vuestro tiempo de animosos
y esforçados, y con semejantes obras os
aueis usurpado el nombre de virtud. Pero
no son ansi las contiendas de las fieras,
porque si han de pelear entre si o con
vosotros, muy sin engaños y cautelas lo
hazen, abierta y claramente las verás
pelear con sola confiança de su esfuerço.
Prinçipalmente porque sus batallas no
estan subjetas a leyes que obliguen a
pena al que desamparare el campo en la
pelea. Pero como por sola su naturaleza
temen ser vencidos trabajan quanto
pueden hasta vencer a su enemigo avn que
no obligan el cuerpo ni sus animos a
subjeçion ni vasallaje siendo vencidas.
Y ansi la vençida siendo herida cayda en
el suelo es tan grande su esfuerço que
recoxe el animo en vna pequeña parte de
su cuerpo y hasta que es del todo muerta
resiste a su matador. No hay entre ellas
los ruegos que le otorgue la vida; no
suplicaciones lagrimas ni petiçiones de
misericordia; ni el rendirse al vençedor
confesandole la vitoria, como vosotros
hazeis quando os tiene el enemigo a sus
pies amenaçandoos degollar. Nunca tú
viste que vn leon vençido sirua a otro
leon vençedor, ni vn cauallo a otro,
ni entre ellos ay temor de quedar con
renombre de cobardes. Qualesquiera fieras
que por engaños o cautelas fueron alguna
vez presas en lazos por los caçadores,
si de edad razonable son, antes se
dexarán de hambre y de sed morir que ser
otra vez presas y captiuas si en algun
tiempo pudieran gozar de la libertad.
Aunque algunas vezes aconteçe que siendo
algunas presas siendo pequeñas se vienen
a amansar con regalos y apazibles
tratamientos, y ansi aconteçe darseles
por largos tiempos en seruidumbre a
los hombres. Pero si son presas en su
vejez o edad razonable antes moriran que
subjetarseles. De lo qual todo claramente
se muestra ser las fieras naturalmente
naçidas para ser fuertes y vsar de
fortaleza, y que los hombres vsan contra
verdad de titulo de fuertes que ellos
tienen usurpado diziendo que les venga
de su naturaleza, y avn esto façilmente
se verá si consideramos vn prinçipio
de philosophia que es vniuersalmente
verdadero; y es, que lo que conuiene
por naturaleza a vna especie conuiene a
todos los indiuiduos y particulares igual
y indiferentemente. Como acontece que
conuiene a los hombres por su naturaleza
la risa, por la qual a qualquiera honbre
en particular conuiene reyrse. Dime
agora, Miçilo, antes que passe adelante,
si ay aqui alguna cosa que me puedas
negar?
MIÇILO.--No porque veo por esperiençia
que no ay honbre en el mundo que no
se rya y pueda reyr; y solo el honbre
propiamente se rye. Pero yo no sé a que
proposito lo dizes.
GALLO.--Digolo porque pues esto es verdad
y vemos que igualmente en las fieras
en fortaleça y esfuerço no diffieren
machos y hembras, pues igualmente son
fuertes para se defender de sus enemigos,
y para sufrir los trabajos neçesarios
por defender sus hijos, o por vuscar su
mantenimiento, que claramente pareçe
conuenirles de su naturaleza. Porque ansi
hallarás de la hembra tigre, que si a
caso fue a vuscar de comer para sus hijos
que los tenia pequeños y en el entretanto
que se ausentó de la cueua vinieron los
cazadores y se los lleuaron; diez y doze
leguas sigue a su robador y hallado
haze con él tan cruda guerra que veynte
honbres no se le igualaran en esfuerço.
Ni tampoco para esto aguardan favorecerse
de sus maridos, ni con lagrimas se les
quexan contándoles su cuyta como hazen
vuestras hembras. Ya creo que habrás
oydo de la puerca de Calidonia quantos
trabajos y fatigas dio al fuerte Theseo
con sus fuertes peleas. Que dire de
aquel sphinge de Pheniçia y de la raposa
telmesia? Que de aquella famosa serpiente
que con tanto esfuerço peleó con Apolo?
Tambien creo que tú abrás visto muchas
leonas y osas mucho mas fuertes que los
machos en su naturaleza. Y no se han
como vuestras mugeres las quales quando
vosotros estais en lo mas peligroso de
la guerra estan ellas muy descuidadas
de vuestro peligro sentadas al fuego, o
en el regalo de sus camas y deleytes.
Como aquella Reyna Clithenestra, que
mientra su marido Agamenon estaua en
la guerra de troya gozaua ella de los
bessos y abraços de su adultero Egisto.
De manera que de lo que tengo dicho
pareçeme no ser verdad, no ser natural la
fortaleza a los hombres, porque si ansi
fuesse igualmente conuernia el esfuerço
a las henbras de vuestra espeçie, y se
hallaria como en los machos como aconteçe
en las fieras. Ansi que podemos dezir,
que los honbres no de su voluntad, mas
forjados de vuestras leyes y de vuestros
principes y mayores venis a exercitaros
en esfuerço, porque no osais yr contra
su mandado temiendo grandes penas. Y
estando los honbres en el peligro más
fragoso del mar, el que primero en la
tenpestad se mueue no es para tomar el
mas pesado remo y trabajar doblado; pero
cada qual procura yr primero por escoger
el mas ligero y dexar para los de la
postre la mayor carga, y avn del todo
la reusarian sino fuesse por miedo del
castigo, o peligro en que se ven. Y ansi
este tal no se puede dezir esforzado, ni
este se puede gloriar ser doctado desta
virtud, porque aquel que se defiende de
su enemigo con miedo de reçebir la muerte
este tal no se deue dezir magnanimo
ni esforçado pero cobarde y temeroso.
Desta manera aconteçe en vosotros
llamar fortaleza lo que bien mirado con
prudencia es verdadera cobardia. Y si
vosotros os hallais ser mas esforçados
que las fieras, por qué vuestros poetas y
historiadores quando escriuen y decantan
vuestras hazañas y hechos en la guerra os
comparan con los leones, tigres y onzas,
y por gran cosa dizen que igualastes en
esfuerço con ellos? Y por el contrario
nunca en las batallas de las fieras
fueran en su ánimo comparadas con algun
hombre. Pero ansi como aconteçe que
comparamos los ligeros con los vientos,
y a los hermosos con los angeles,
queriendo hazer semejantes los nuestros
con las cosas que exceden sin alguna
medida ni tasa: ansi parece que desta
manera comparais los honbres en vuestras
historias en fortaleza con las fieras
como a cosas que exceden sin comparaçion.
Y la causa desto es, porque como la
fortaleza sea vna virtud que consiste
en el buen gouierno de las passiones y
impetus del animo, el qual más sincero y
perfecto se halla en las peleas que entre
si tienen las fieras. Porque los hombres
turbada la razon con la yra y la soberuia
los ciega y desbarata tanto la colera
que ninguna cosa hazen con libertad que
merezca nombre de virtud. Avn con todo
esto quiero dezir que no teneis porqué os
quexar de naturaleza porque no os diese
vñas, colmillos, conchas y otras armas
naturales que dio a las fieras para su
defensa, pues que vn entendimiento de
que os armó para defenderos de vuestros
enemigos le enbotais y entorpeçeis por
vuestra culpa y negligençia.
MIÇILO.--O gallo, quan admirable maestro
me has sido oy de Retorica, pues con
tanta abundançia de palabras has
persuadido tu proposito avn en cosa tan
seca y esteril. Forçado me has a creer
que hayas sido en algun tiempo vno de
los famosos philosophos que obo en las
escuelas de athenas.
GALLO.--Pues mira, Micilo, que por pensar
yo que querias redarguirme lo que tengo
dicho con algunos argumentos, o con
algun genero de contradiçion no pasaua
adelante en mi dezir. Y ya que veo que
te vas conuenciendo quiero que pasemos a
otra virtud, y luego quiero que tratemos
de la castidad. En la qual te mostraré
que las fieras exçeden a los hombres sin
alguna comparaçion. Mucho se preçian
vuestras mugeres tener de su parte por
exemplo de castidad vna Penelope, vna
Lucreçia Porçia, Doña Maria de Toledo,
y doña Ysabel Reyna de Castilla; porque
dezis que estas menospreçiauan sus vidas
por no violar la virtud de su castidad.
Pues yo te mostraré muchas fieras castas
mil vezes mas que todas esas vuestras, y
no quiero que comencemos por la castidad
de la corneja, ni Croton, admirables
fieras en este caso, que despues de sus
maridos muertos guardan la viudez no
qualquiera tiempo, pero nueue hedades
de hombres sin ofender su castidad. Por
lo qual neçesariamente me deues conçeder
ser estas fieras nueue vezes mas castas
que las vuestras mugeres que por exemplo
teneis. Pero porque tienes entendido de
mí, Miçilo, que soy retorico, quiero
que procedamos en el discurso desta
virtud segun las leyes de Retorica,
porque por ellas espero vençerte con
mas façilidad, Y ansi primero veamos la
difiniçion desta virtud continençia, y
despues deçenderemos a sus inferiores
espeçies. Suelen dezir los philosophos,
que la virtud de continençia es vna
buena y çierta dispusiçion y regla de
los deleytes, por la qual se desechan y
huyen los malos, vedados y superfluos y
se faboreçen y allegan los neçesarios y
naturales en sus conuenientes tiempos.
Quanto a lo primero vosotros los
hombres todos los sentidos corporales
corrompeis y deprabais con vuestros
malos vsos y costumbres y inclinaciones,
endereçandolos sienpre a vuestro viçioso
deleyte y luxuria. Con los ojos todas las
cosas que veis endereçais para vuestra
laçiuia y cobdiçia. lo qual nosotras las
fieras no hazemos ansi. Porque quando
yo era hombre me holgaua y regoçijaua
con gran deleyte viendo el oro, joyas
y piedras preçiosas, a tanto que me
andaua bobo y desbaneçido vn dia tras
vn Rey o principe si anduuiesse vestido
y adornado de jaezes y atauios de seda,
oro, purpura y hermosos colores. Pero
agora, como lo hacen las otras fieras,
no estimo yo en más todo eso que al
lodo y a otras comunes piedras que ay
por las pedregosas y asperas syerras y
montañas. Y ansi quando yo era puerco
estimaua mucho más sin comparaçion hallar
algun blando y humido cieno, o piçina
en que me refrescasse rebolcandome.
Pues si venimos al sentido del oler, si
consideramos aquellos olores suaues de
gomas, espeçias y pastillas de que andais
siempre oliendo, regalando y afeminando
vuestras personas. En tanta manera que
ningun varon de vosotros viene a gozar
de su propia muger si primero no se vnta
con vnçiones delicadas y odoriferas, con
las quales procurais inçitar y despertar
en vosotros a venus. Y esto todo avn
seria sufridero en vuestras hembras por
daros deleyte usar de aquellos olores
laboratorios, afeytes y vnturas; pero lo
que peor es que lo vsais vosotros los
varones para incitaros a luxuria. Pero
nosotras las fieras no lo vsamos ansi,
sino el lobo con la loba, y el leon con
la leona, y ansi todos los machos con sus
hembras en su genero y espeçie gozan de
sus abraços y açessos solamente con los
olores naturales y proprios que a sus
cuerpos dio su naturaleza sin admistion
de otro alguno de fuera. Quando mas ay, y
con que ellas mas se deleytan es al olor
que produçen de si los olorosos prados
quando en el tiempo de su brama, que es
quando vsan sus bodas, estan verdes
y floridos y hermosos. Y ansi ninguna
hembra de las nuestras tiene necesidad
para sus ayuntamientos de afeytes ni
vnturas para engañar y traer al macho
de su especie. Ni los machos tienen
neçesidad de las persuadir con palabras,
requiebros, cautelas ni ofreçimientos.
Pero todos ellos en su propio tiempo
sin engaños ni intereses hazen sus
ayuntamientos atsaydos por naturaleza
con las dispusiçiones y concurso del
tiempo, como los quales son inçitados y
llamados a aquello. Y ansi este tiempo
siendo passado, y hechas sus preñezes,
todos se aseguran y mortiguan en su
incentiuo deleyte, y hasta la buelta
de aquel mesmo tiempo ninguna hembra
cobdiçia ni consiente al macho, ni el
macho la acomete. Ningun otro interese se
pretende en las fieras sino el engendrar
y todo lo guiamos y ordenamos como
nuestra naturaleza lo dispone. Y añade
á esto que entre las fieras en ningun
tiempo se cobdiçia ni soliçita ni acomete
hembra a hembra, ni macho con macho en
açesso carnal. Pero vosotros los hombres
no ansi, porque no os perdonais vnos a
otros; pero muger con muger, y hombre
con hombre contra las leyes de vuestra
naturaleza, os juntais, y en vuestros
carnales açessos os toman vuestros
juezes cada dia. Ni por esto temeis la
pena, quanto quiera que sea cruel, por
satisfazer y cumplir uuestro deleyte
y luxuria. En tanta manera es esto
aborreçido de las fieras, que si vn gallo
cometiese açesso con otro gallo, avn
que le faltasse gallina, con los picos
y vñas le hariamos en breue pedaços.
Pareçe, micilo, que te bas conuençiendo
y haciendote de mi sentencia, pues tanto
callas sin me contradezir.
MIÇILO.--Es tan efficaz, gallo, tu
persuasion, que como vna cadena me llevas
tras ti sin poder resistir.
GALLO.--Dexemos de contar quantos varones
han tenido sus ayuntamientos con cabras,
ouejas y perras; y las mugeres que han
effectuado su lexuria con gimios, asnos,
cabrones y perros: de los quales açessos
se han engendrado çentauros, sphinges,
minotauros y otros admimirables monstruos
de prodigioso aguero. Pero las fieras
nunca vsaron ansi, como lo muestra por
exemplo la continencia de aquel famoso
mendesio, cabron egipcio, que siendo
encerrado por muchas damas hermosas para
que holgase con ellas, ofreçiéndosele
desnudas delante, las menospreçio, y
quando se pudo soltar se fué huyendo á
la montaña á tener sus plazeres con las
cabras sus semejantes. Pues quanto ves
que son mas inferiores en la castidad
los hombres que las fieras, ansi lo
mesmo se podra dezir en todas las otras
espeçies y differencias desta virtud
de continençia.--Pues en lo que toca
al apetito del comer es ansi, que los
honbres todas las cosas que comen y
beben es por deleyte y complacençia
de la suauidad. Pero las fieras todo
quanto gustan y comen es por neçesidad y
fin de se mantener. Y ansi los honbres
se engendran en sus comidas infinitos
generos y especies de enfermedades:
porque llenos vuestros cuerpos de
excesiuos comeres, es neçesario que á
la contina haya diuersidad de humores y
ventosidades: y que por el consiguiente
se sigan las indisposiçiones. Á las
fieras dio naturaleza á cada vna su
comida y manjar conueniente para su
apetito; a los vnos la yerua, á los otros
rayzes y frutas; y algunos ay que comen
carne, como son lobos y leones. Pero los
vnos no estorban ni vsurpan el manjar ni
comida á los otros, porque el leon dexa
la yerua á la oueja y el cieruo dexa su
manjar al leon. Pero el honbre no perdona
nada constreñido de su apetito, gula,
tragazon y deleyte. Todo lo gusta, come,
traga y engulle; pareçiéndole que solo á
el hizo naturaleza para tragar y disipar
todos los otros animales y cosas criadas.
Quanto á lo primero, come las carnes sin
tener dellas necesidad alguna que á ello
le constriña, teniendo tantas buenas
plantas, frutas, rayzes y yeruas muy
frescas, salutiferas y olorosas. Y ansi
no ay animal en el mundo que á las manos
puedan auer que los honbres no coman. Por
lo qual les es neçesario que para auer de
hartar su gula tengan pelea y contienda
con todos los animales del mundo, y que
todos se publiquen por sus enemigos. Y
ansi para satisfazer su vientre tragon
á la contina tienen guerra con las aues
del cielo y con las fieras de la tierra
y con todos los pescados del mar; y á
todos vuscan como con industrias y artes
los puedan caçar y prender, y han venido
á tanto extremo, que por se preçiar no
perdonan ninguna criatura de su gusto
acostumbran ya á comer las venenosas
serpientes, culebras, anguilas, lampreas,
que son de vna mesma especie; sapos,
ranas, que son de vn mesmo natural, y han
hallado para tragarlo todo vnas maneras
de guisados con ajos, especias, clauo,
pimienta, y açeyte en ollas y cazuelas,
en las quales hechos çiertos conpuestos
y mezclas se engañan los desuenturados
pensando que les han quitado con aquellos
coçimientos sus naturales ponçoñas y
veneno, quedandoles avn tan gran parte
que los bastan dar la muerte mucho antes
que lo requiere su natural. ¿Pues qué si
dezimos de los animales y cosas que de
su vascosidad y podridunbre produce la
tierra; hongos, turmas, setas, caracoles,
galapagos, arañas, tortugas, ratones y
topos? Y para guisar y aparejar esto
¿quantos maestros, libros, industrias y
artes de cozina vsan y tienen, tan lexos
del pensamiento de las fieras? Y despues
con todo esto quéxanse los desuenturados
de su naturaleza, diziendo que les dió
cortas las vidas, y que los lleua presto
la muerte. Y dizen que los medicos no
entienden la enfermedad, ni saben aplicar
la mediçina. ¡Bobos, neçios! ¿Que culpa
tiene su naturaleza si ellos mesmos se
corronpen y matan con tanta multitud de
venenosas comidas y manjares? Naturaleza
todas las cosas desea y procura conseruar
hasta el peryodo y tiempo que al comun
les tiene puesto _la vida_[307], y
para esto les tiene enseñados çiertos
remedios y mediçinas por si acaso por
alguna ocasion heridos de algun contrario
viniessen á enfermar. Pero es tanta la
golosina, gula y desorden en su comer
y mantenimiento de los hombres, que ya
ni ay mediçina que los cure, ni medico
que curarlos sepa ni pueda. Porque
ya las artes naturales todas faltan
para este tiempo: porque bastan más
corronper y quebrar de sus vidas con sus
comidas que puede remediar y soldar la
philosophia y arte de naturaleza. Pero
las fieras no hazen ansi: porque si al
perro dió naturaleza que viba doze años
y treçientos á la corneja: y ansi de
todas las otras fieras: si los honbres
no las matan, naturaleza las conserva,
de manera que todas mueran por pura
vejez; porque á cada vna tiene enseñada
su propria mediçina, y cada vna se es
á sí mesma médica. ¿Quién enseñó á los
puercos quando enferman yrse luego á
los charcos á comer los cangrexos con
que luego son sanos? ¿Quién enseñó al
galapago quando le ha mordido la vibora
paçer el orégano y sacudir luego de si
la ponzoña? ¿Quién enseñó á las cabras
montesas siendo heridas del caçador comer
de la yerua llamada dítamo, y saltarle
luego del cuerpo la saeta? ¿y al çieruo
en siendo herido yr huyendo á vuscar las
fuentes de las aguas porque en vañandose
son sanos del veneno? y á los perros
fatigados del dolor de la cabeça, quién
los enseñó á yr luego al prado y paçer
yerua porque luego son sanos con ella?
Naturaleza es la maestra de todo esto
para conseruarlos: en tanta manera que no
pueden morir sino por sola vejez, si la
guerra que les da vuestra gula insaçiable
çesasse. ¿Pues qué si hablassemos de
las bebidas, los vinos de estrañas
prouinçias adobados con coçimientos de
diuersidades de espeçias, despues de
aquellas curiosas y artifiçiales bebidas
de aloxa y cerbeça? Y sola la fiera
mantenida en todo regalo y deleyte sana
y buena con el agua clara que naturaleza
le da y le cria en las fuentes perenales
de la concauidad de la tierra. Pues
aquellas agudeças, industrias y vibezas
que saben y vsan las fieras qué diras
dellas? El perro al mandado de su señor
salta y vayla y entra çien vezes por
vn aro redondo que para ganar dineros
le tiene enpuesto y enseñado el pobre
peregrino. Los papagayos hablan vuestra
mesma lengua, tordos y cueruos. Los
cauallos se ponen y vaylan en los teatros
y plazas públicas. ¿Paréçete que todo
esto no es más argumento de vso de razon
que de flaqueza que aya en su naturaleza?
Por çierto _que_ no se puede dezir
otra cosa sino que todos estos doctes
les venga del valor y perfeçion de su
natural; en el qual con tanta ventaja
os exçeden las fieras á los honbres. Á
lo qual todo sino lo quisieres llamar
vso de razon, buen juizio, virtud de
buen injenio y prudençia: vista aquella
façilidad con que son enseñadas en las
mesmas artes y agudeças que vosotros, en
tanta manera que en las fieras parezca
verdaderamente que nos acordamos de
lo que por nuestra naturaleza sabemos
quando nos lo enseñan, lo que vosotros
no aprendeis sin grande y muy contino
trabajo de vosotros mesmos, y de vuestros
maestros. Pues si á esta ventaja no la
quisieres llamar vso de razon, con tal
que la conozcas auerla en las fieras,
llamala como más te pluguiere. Yo á lo
menos téngola tan conoçida, despues
que en cuerpos de fieras entré, que me
marauillo de la çeguedad en que muchos de
vuestros philósophos estan; los quales
con infinita diuersidad de argumentos
persuaden entre vosotros á que creais y
tengais por aueriguado, que las fieras
sean muy más inferiores en su naturaleza
que los hombres; diziendo y afirmando
que ellos solamente vsan de razon; y
_que_ por el consiguiente á ellos solos
conuenga el exerçiçio de la virtud. Y
ansi por esta causa llaman á las fieras
brutos. Añaden á esto afirmando que
solos los hombres vsen de la verdadera
libertad; siendo por esperiençia tan
claro el contrario. Como vemos que
las fieras á ningunas leyes tengan
subjeçion ni miramiento mas de a las
de su naturaleza; porque por su buena
inclinaçion no tuuieron de más leyes
neçesidad. Pero vosotros los honbres por
causa de vuestra soberuia y anbiçion,
os subjetó vuestra naturaleza á tanta
diuersidad de leyes, no solamente de
Dios y de vuestros prinçipes y mayores:
pero aueis os subjetado[308] al juizio
y sentençia de vuestros vezinos amigos
y parientes. En tanta manera que sin su
pareçer no osais comer, ni beber, vestir,
calçar, hablar ni comunicar. Finalmente
en todas vuestras obras soys tan subjetos
al pareçer ajeno, tan atentos a aquella
tirana palabra y manera de dezir (que
diran) que no puedo sino juzgar los
hombres por el más miserable animal y más
infeliz y descontento de todos los que en
el mundo son criados. Agora tú, Miçilo,
si algo desto que yo tengo alegado te
pareçe contrario á la verdad arguye y
propon, que yo te respondere si acaso
no me faltasse á mí el vso de la razon
con que solia yo en otros tiempos con
euidente efficaçia disputar.
MIÇILO.--¡O Gallo! quan admirado me
tiene esa tu eloquençia, con la qual
tan efficazmente te has esforçado á me
persuadir esa tu opinion. Que puedo
dezir, que nunca gallo cantó como tu oy.
En tanta manera me tienes contento que
no creo que ay oy en el mundo hombre más
rico que yo pues tan gran joya como á
ti poseo. _Pero_ de lo que me as dicho
resulta en mi vna dificultad _y dubda_
que deseo saber[309]: cómo anima de fiera
bruta pueda ver y gozar de Dios?
GALLO.--Y agora sabes que las vestias
se pueden saluar? Ansi lo dize el Rey
Dauid[310]: _Homines et jumenta saluabis
Domine_. Dime qué más bruta vestia puede
ser que el honbre ençenagado en vn viçio
de la carne, o auariçia, o soberuia, o
yra, o en otro qualquiera pecado? Pues
ansi teniendo Dauid á los tales por viles
brutos vestias ruega por ellos á Dios
diziendo en su psalmo o cançion: _yo_,
Señor, por quien vos sois os suplico que
salueis honbres y vestias. Y por tal
_vestia_ se tenia Dauid _con ser Rey_
quando se hallaua pecador que dezia[311]:
_Ut iumentum factus sum apud te_. Yo
señor soy vestia en vuestro acatamiento.
Y ansi quiero que entiendas que en todos
mis cantos pretendo mostrarte como por
el viçio son los honbres conuertidos en
brutos y en peores que fieras.
MIÇILO.--Dime agora yo te ruego, Gallo,
dónde aprendiste esta tu admirable manera
de dezir[312]?
GALLO.--Yo te lo dire. Sabras que demas
de ser asessor de Mercurio, el más
eloquente que fue en la antigüedad, y ser
el gallo dedicado a Esculapio, que no fue
menos eloquente que muchos de su tienpo,
y demas de criarme yo a la contina
entre vosotros los honbres, quiero que
sepas con todo esto que yo fue aquel
philosopho Pythagoras, que fue vno de los
mas facundos que la Greçia çelebró; y
prinçipalmente as de tener por aueriguado
que la mayor eloquençia se adquiere de la
mucha esperiençia de las cosas, la qual
he tenido yo entre todos los que en el
mundo son de mi edad.
MIÇILO.--Por çierto, yo me acuerdo que
quando yo era niño oy dezir vna cosa que
no me acordaua: que fueste vn paje muy
querido de Mars: y que te tenia para
que quando yua á dormir algunas noches
con Venus muger de Vulcano le velasses
la puerta que ninguno le viesse[313]: y
prinçipalmente se guardaua que venida la
mañana el sol no le viesse siendo salido:
porque no auisasse á Vulcano. Y dezian
que el sol te echó vna mañana vn gran
sueño[314]: por lo qual, viendolos el
sol juntos auisó a Vulcano, y viniendo
donde estaua el adultero de tu amo los
tomó juntos en vna red de hierro y los
presentó á Jupiter _que los castigasse
el adulterio_.--Y Mars enojado de tu
descuido te conuertió en gallo, y agora
de puro miedo pensando que siempre[315]
estás en guarda _velando al adultero de
tu amo_ cantas a la mañana, despertando a
todos mucho antes que salga el sol[316].
Y esto te dio Mars en pena de tu descuido
y sueño.
GALLO.--_Todo eso es fabula y fingimiento
de poetas para ocupar sus versos:
que tambien me han hecho asesor de
Mercurio: y los antiguos me dedicaron
á Esculapio. Pero la verdad es que yo
fue aquel filosofo Pythagoras que fue
vno de los mas facundos que la Greçia
çelebró, y principalmente es de tener por
aueriguado, que la mayor eloquencia se
adquiere de la mucha esperiencia de las
cosas: la qual he tenido yo entre todos
los que en el mundo son de mi edad._
MIÇILO.--Pues[317] dizes que fueste
philosopho Pytagoras dime[318] algo de
philosophos, _de su vida y costumbres_:
porque de aqui adelante teniendo tan buen
preceptor como á ti me pueda preçiar de
philosopho: y philosophe entre los de mi
çiudad y pueblo. Y muestrame como tengo
de vsar de aquella presunçion, arogançia,
y obstentaçion, desden y sobreçejo con
que los philosophos tratan á los otros
que tienen en la republica estado de
comunidad.
GALLO.--De todo te dire, de sus vidas y
costumbres. Pero porque se me ofreçen
otras cosas que dezir, mas á la memoria,
querria eso dexarlo para despues. Pero
por no te desgraçiar quiero te obedeçer.
Y ansi te quiero dezir de vn poco de
tiempo que fue clerigo: la qual es
profesion de philosopho[319] cristiano:
donde conjeturarás lo que en la vna y
otra philosophia son los honbres el dia
de oy. Y pues es venida la mañana abre
la tienda: y en el canto que se sigue te
dire lo demas.
_Fin del segundo canto del gallo de
Luçiano._