_Como su amo siendo asno lo vendio á los
recueros y lo que le sucedio._
GALLO.--Ofrecieronse unos recueros que
llegaban á una feria aceite y miel y
como me vieron con bueno y gordo dieron
á mi amo lo que por mi les fue pedido, y
comprado, porque entonces no habia carga
para mí, fue vacío hasta la feria, que
era unas veinte millas de ahí; y como me
pusieron en el camino pasé adelante de
todos y comence á caminar apriesa, y como
mis amos me vieron contentaronse de mi y
yo porque no me adelantase mucho acosaron
los otros asnos de manera que tanto
quanto yo andaba sin carga, con fuertes
palos les hacian caminar á ellos; iban
muy airados mis compañeros de mí porque
les fatigaban á mi causa, y cada uno que
me alcanzaba me mordía con grande enojo,
y como no tenian remedio alguno para su
trabajo esforzabanse á padescer haciendo
conjuracion que llegados al lugar yo se
lo pagaría. Y como continuando nuestro
camino llegamos á donde habiamos de parar
en la feria, echandonos á la caballeriza,
y todos descargados unos se volcaron por
estregar el sudor y otros tenian ojo
á la comida para vengarse de mí; y en
fin, despues que nuestros amos hubieron
puesto á recado su hacienda, comenzaron
echar á cada uno su paja é cebada, é
desque á todos dejaron contentos en
su pesebre y á mi tambien mi pesebre,
fueronse á cenar, e luego juntos todos
los otros asnos se vienen á mi pesebre
y mordiéndome y acoceándome quitaron
dél, y yo queriendome ir á los suyos
volvian con gran furia y no me consentian
llegar, á tanto que me fué nescesario
salirme fuera de la caballeriza, y como
había gana de comer acordeme que por
la puerta de aquella ciudad por donde
entramos había visto unos huertos frescos
con muy buenas berzas verdes, y corrí
y fue acertar por las calles allá, y
como llegué á los huertos, desbordando
los valladares y defensas que tenían
hechas y entrando, comi á medida de mi
estómago y satisfacion, y en lo mas
sabroso de mi comer sale un egicio
renegando con un gran varal y dame en
estas espaldas y cabeza tantos de palos
que no podia menearme y derrocado en el
suelo daba en mi sin tener piedad de
mi miseria. Estando el egicio e yo en
esta contienda, que me parescia que no
podia escapar de alli vivo ni se diera
por mi vida un maravedi, llegan los
recueros que ya me andaban á buscar,
porque cuando yo sali no me vieron, que
estaban comiendo, y pagan el daño hecho
en el huerto, y sin hacer cuenta de los
palos que hasta entonces me habia dado
aquel malaventurado egicio, me dieron
otros tantos para me levantarme de alli,
asiéndome unos de la cola y otros de
la cabeza, pensando que estaba beodo
de algun beleño que hubiese comido. Me
levantaron á poder de palos y aun por el
camino me daban tantos y daguijones que
aguijase; llegados al meson metieronme en
el establo donde hallé á mis compañeros
muy ufanos, y no contentos de concierto
se tornan á mi dandome muchas coces
y muesos, y con el trabajo pasado y
con este yo me eché en el suelo; y no
contentos con lo pasado no hacian sino
pasar por cima de mi, paresciendoles que
estaban contentos por haberse vengado
de mi; y yo me quedé en el suelo por
descansar; del dolor del cuerpo y de la
cabeza no pude dormir; pues venida la
mañana volvieron nuestros amos á nos
echar de comer; estaban tan enojados
los otros asnos, que no contentos no me
dejaron llegar al peseble, y yo por no
encorrir en otra como la pasada tuve
paciencia y callé y quedé sin comer hasta
el medio día que ya desenojados tuvieron
por bien de me dejar é comí é maté mi
hambre, é como duró la feria ese dia é
otro convalescí en salud algo, y como
los recueros vendieran su mercaderia
compraron cargas iguales de trigo para
todos, y cargados volvímonos para su
tierra y aun como no fuese bien sano
y con la carga no pudiese andar tanto
como mis compañeros, alli viérades la
gran priesa que de contino hacian de
varearme con muchos aguijones para que
anduviese como los otros, é yendo el
camino pasé hasta que fuemos llegado. La
vida de aquellos recueros desventurados
era á mi parescer la mas misera y la mas
trabajada de los hombres, porque nunca
hacian sino caminar por sierras y valles
y desiertos, por llanos y por pedriscos,
ellos á pie, nosotros cargados, con
tempestades, pluvias y siestas, sin
alguna piedad de si ni de nosotros, con
muy gran fatiga y ningun descanso; nunca
gozan de sus casas y mujeres é hacienda,
ni sosiego de un momento, mas contino
trabajo y afan, como verdaderos esclavos
alquilados por vil dinero é mandados por
su señor; su contino mantinimiento es
una pobre fruta ajo é cebolla y pan de
perros, y si alguna vez se desmandaban á
comer algun miserable tasajo en alguna
venta, danselo guisado que yo siendo
asno no lo querria ver y aquello tienen
por bueno y sano. Acaescio que venimos
en un arroyo y en un turbio cenagal
donde caidas las cargas reniegan como
perros y maldicen su ventura; teníamos
yo y mis compañeros metidos los brazos
y pies en el lodo hasta las espaldas y
el agua que nos cobría; ¡oh miseria de
nuestro vivir! qué trabajo era vernos sin
remedio de nuestra salud! que mientra
más fuerza poniamos para levantarnos más
se nos somian los pies en el lodo hasta
más no poder entrar ya la agua que nos
cubria por cima; ¡oh miseria de nuestro
vivir! ¡qué trabajo era vernos sin
remedio de poder escapar con las vidas!
En fin, como pudieron desliaron el trigo
y atollando en el lodo hasta la cintura
lo sacaron á la orilla, no les pesando
tanto por nosotros como porque perdian
el interés y trabajo pasado; buscaron
unas mulas de carreta uncidas en uno,
echaron unas sogas, por medio del cuerpo
nos ataban y ansi las mulas nos sacaban
arrastrando del charco. Ansi, escapados
desta tempestuosa fragosidad, fuemos con
todo trabajo hasta sus casas, adonde
llegados salen unas brutas amazonas que
tenían por mujeres y puestas las cargas
en tierra y nos dan de comer. Estábamos
tan fatigados que ninguno curó de comer
ni llegar al peseble, sino arrojarnos en
aquel establo por descansar; y como las
mujeres supieron la fortuna acontecida,
rasgabanse con las uñas el rostro y
traian los hijos porque llorasen con
ellas. Despues que por algunos dias
hubieron llorado su dolor, como vieron
perdido el trigo acordaron de remediar
con vender algunos de nosotros para
tornar á tratar, y para esto nos trujeron
á una ciudad que estaba en los confines
de Grecia, adonde se hacía una feria.