Mis pesares y desuentura tan sin plazer
me tienen que me pesa no poder hauerte
hecho aquella cortesia y acogimiento
que mi condicion requiere e tú mereces,
porque verdaderamente, Felisel, tanto
tu buena criança siempre me plugo que
me duele no poder dartelo con mis obras
a conocer. Verdad es que agora con tus
palabras y embaxada me has enojado
en tanta manera, e si a esto y a la
intencion de quien te embia no mirasse,
dudo que no te houiesse respondido más
asperamente, lo que tú no mereces por ser
mandado. E aun creo que si en mi houiera
lugar donde nueuo pesar pudiera caber,
que la yra houiera vencido la voluntad
a lo que no houiera querido, tratandote
no como la razon requiere más como tu
habla me ha puesto alteracion; pero como
dicho he, ya mis males tal me tienen que
los enojos que agora llegan lugar no
hallan do caber puedan. Tambien considero
que quien te ha embiado más a ello le
mouio amor que malicia, e por esto ni a
ti respondo como querria, ni a él como
deuiera, segun el fin de su mensajeria.
E tambien porque conozco que como á
mi la pasion me quita la razon de la
lengua, assi a él el aficion le ciega el
entendimiento para turbarle el verdadero
conocimiento de lo que dize.
E pues que ansi es, no quiero con larga
respuesta castigar su culpa ni crecer
mi enojo, porque la sana amistad de
entre nosotros la ponçoña de nuestras
enfermedades no la adolezca e sea causa
de tornarme a lastimar de nueuo con
perder mis amigos más de lo que me ha
lastimado con el haberme hecho perder
aquella en quien mi vida consistia.
Verdad es que no los querria para que
como él con tales consolaciones me
enojassen, mas para que de mi daño les
pese como es razon y les duela, pues que
remedio no tiene; e por tanto por agora
de mi parte no quiero que le lleues otra
respuesta sino una breue carta, la qual
no menos graveza me pone escreuirla que
tristeza e alteracion me puso oyrte,
solo por tratar de cosa que hauria más
menester oluidalla si possible fuesse
que reduzilla á la memoria. E como se
la des dile de parte mia que más valiera
que me pusiera remedio si en mi daño le
houiera, que no que me diera consejo de
lo que yo no pido ni me aprouecha.