Qvando Laureola acabó de hablarme quedó
tan triste, e tan llenas sus uestiduras
de lagrimas de sus ojos que en gran
manera me ponia más manzilla su penada
uida que la muerte del muerto; e a
todo lo que me dixo quisiera mucho
respondelle, agradesciendole las
mercedes que queria hazerme, como la
cortesia con que me hablaua, saluo que
qvando mas seguro e pensatiuo en lo que
me hauia dicho estaua, se partió de mi
con vn gran sospiro, e con vna boz con
que pudo recordarme que dezia: Ya no
puede más doler la muerte, aunque está
cierta, que la uida que está muerta.