LERIANO A LAVREOLA

¡O qvien tuuiesse, señora, tanto saber

para quexar mi mal como tengo razon

para padescello! Yo sabria tan bien

responderte como si pudiera biuir supiera

seruirte. Dizes, señora, que nunca

creyste que la fuerça de mi morir pudiera

mas que mi esfuerço. No te marauilles;

que como yo sin mi me hallaua, no tenia

con qué defenderme. Assi que lo que me

culpas, mereces la pena, pues tú que

podias remediallo consentiste hazello.

E si dizes que erré en no defenderme

affirmandote todauia que pudiera hazello,

si tú por prouarme o por burlar lo

hizieras, juzga lo que dizes e mira

qual estaua, e uerás que el coraçon

lastimado nunca toma la buena nueua por

cierta, ni la mala por dudosa, e con

esto todo lo que de tu parte me dezian,

creya, conosciendo tu mucha crueza e mi

poca dicha. E no pienses que tan poco

trabajo puse en defender mi uida por

seruir la tuya, que mas pena no me daua

defenderme de la muerte que padescella,

y en membrandome como no codiciaua biuir

sino para seruirte, ueya que era yerro no

querer lo que quesiste, pues de aquello

te seruias. E no pienses que tan poco

gané en ella que la do en mi por mal

empleada, pues en ella descobriste la

piedad que en la uida siempre ganaste.

E si dizes que me bastaua la esperança

que me dauas, no te lo niego segun quien

tú eres, que con solo mirarme, quanto

te pudiera seruirme pagaras, quanto más

con lo que dizes; porque quanto menos

esperança parescia cierta, tanto más

de lo mucho que merescias se membraua;

e de merescerte estaua dubdoso, porque

quanto mayor era la merced, tanto menos

la creya, e con esto hize las obras que

ues. E a lo que me dizes de la uentura en

que tu honra e uida se puso, bien sabes,

si lo cierto no oluidas, a quan poco

cargo te era, e la esperiencia de lo que

me pensaua tú la sabes, e las obras son

testigos. E si dizes que en lo primero

estauas sin cargo y en tanto peligro te

uiste, que mas aparejado estuuiera dando

occasion para que algo sospechassen, pues

andauan sobre el auiso, no te engañes,

que pues e a tu limpieza se hauia

mostrado, nunca nadie dixera lo cierto

que por dubdoso no se tuuiera, uiendo

la paga que a los otros hauia dado, de

quien menos el secreto se fiaua mas lo

temieran, e por esto uerás que con lo que

te escusas más te temieran, e por esto

uerás que con lo que te escusas mas te

condenauas. E pues no te puedo seruir,

no quiero enojarte ni más te hablar,

saluo pedirte en galardon de mi fe, que

me des las manos que te bese, porque

desta gloria goze en la muerte, pues en

la uida no pude ni tú me dexaste. E assi

me despido, supplicandote que del ánima

como dizes tengas memoria, pues el cuerpo

pussiste en oluido; e por mas enojoso no

serte, ni con mis razones importunarte,

acabo pidiendote por merced, que si

alguno presumiere aprouecharse de la

riqueza de seruirte, de la fé de mi

uoluntad te acuerdes, la qual delante tus

ojos pongo, porque de mi muerte hayas la

compasion que de la uida no huuiste.

Orígenes de la novela, Tomo II · 第 129 / 605 题