¡O qvien tuuiesse, señora, tanto saber
para quexar mi mal como tengo razon
para padescello! Yo sabria tan bien
responderte como si pudiera biuir supiera
seruirte. Dizes, señora, que nunca
creyste que la fuerça de mi morir pudiera
mas que mi esfuerço. No te marauilles;
que como yo sin mi me hallaua, no tenia
con qué defenderme. Assi que lo que me
culpas, mereces la pena, pues tú que
podias remediallo consentiste hazello.
E si dizes que erré en no defenderme
affirmandote todauia que pudiera hazello,
si tú por prouarme o por burlar lo
hizieras, juzga lo que dizes e mira
qual estaua, e uerás que el coraçon
lastimado nunca toma la buena nueua por
cierta, ni la mala por dudosa, e con
esto todo lo que de tu parte me dezian,
creya, conosciendo tu mucha crueza e mi
poca dicha. E no pienses que tan poco
trabajo puse en defender mi uida por
seruir la tuya, que mas pena no me daua
defenderme de la muerte que padescella,
y en membrandome como no codiciaua biuir
sino para seruirte, ueya que era yerro no
querer lo que quesiste, pues de aquello
te seruias. E no pienses que tan poco
gané en ella que la do en mi por mal
empleada, pues en ella descobriste la
piedad que en la uida siempre ganaste.
E si dizes que me bastaua la esperança
que me dauas, no te lo niego segun quien
tú eres, que con solo mirarme, quanto
te pudiera seruirme pagaras, quanto más
con lo que dizes; porque quanto menos
esperança parescia cierta, tanto más
de lo mucho que merescias se membraua;
e de merescerte estaua dubdoso, porque
quanto mayor era la merced, tanto menos
la creya, e con esto hize las obras que
ues. E a lo que me dizes de la uentura en
que tu honra e uida se puso, bien sabes,
si lo cierto no oluidas, a quan poco
cargo te era, e la esperiencia de lo que
me pensaua tú la sabes, e las obras son
testigos. E si dizes que en lo primero
estauas sin cargo y en tanto peligro te
uiste, que mas aparejado estuuiera dando
occasion para que algo sospechassen, pues
andauan sobre el auiso, no te engañes,
que pues e a tu limpieza se hauia
mostrado, nunca nadie dixera lo cierto
que por dubdoso no se tuuiera, uiendo
la paga que a los otros hauia dado, de
quien menos el secreto se fiaua mas lo
temieran, e por esto uerás que con lo que
te escusas más te temieran, e por esto
uerás que con lo que te escusas mas te
condenauas. E pues no te puedo seruir,
no quiero enojarte ni más te hablar,
saluo pedirte en galardon de mi fe, que
me des las manos que te bese, porque
desta gloria goze en la muerte, pues en
la uida no pude ni tú me dexaste. E assi
me despido, supplicandote que del ánima
como dizes tengas memoria, pues el cuerpo
pussiste en oluido; e por mas enojoso no
serte, ni con mis razones importunarte,
acabo pidiendote por merced, que si
alguno presumiere aprouecharse de la
riqueza de seruirte, de la fé de mi
uoluntad te acuerdes, la qual delante tus
ojos pongo, porque de mi muerte hayas la
compasion que de la uida no huuiste.