EL AVCTOR

Pves despues que ui que a la muerte dél

sin piedad consintiendo morir no podia

remediar, ni a mi consolar, acordé de

me partir para mi tierra, de baxo de

la qual antes quisiera morar que en la

memoria de mi pensamiento, e por uer e

por oyr las cosas que en la corte de su

muerte se dezian y Laureola por él hazia,

pensé de me yr por alli, assi por esto,

como por despedirme de algunos amigos que

en ella tenia, y por dezir a Laureola

(si en disposicion de arrepentida la

uiesse) quanto á mal le era contado entre

los leales amadores la crueldad que usó

contra tan quien merecido el galardon

le tenia; yo que en mi partida, no poca

priessa me daua por huyr de aquel lugar

donde le ui morir, por ver si fuyendo

pudiera partirme de pensar en él, llegué

a la corte más acompañado de tristeza que

de gana de biuir, membrandome como el

que de su conoscimiento me dió principio

hauia ya hecho fin, e despues de reposar,

no que el pensar reposasse, fuyme a

palacio, donde con mucha tristeza de

muchos que su muerte sabian fui recebido.

E despues de contalles la secreta muerte

del amigo suyo y enemigo de sí, fuyme a

la sala donde solia Laureola hablarme,

por uer si la ueria. Pero yo que la uista

de las lagrimas que por él lloraua tenia

quasi perdida, mirando no la ueya, e

como ella tan embaraçado me uiesse, e

como discreta sospechando que le queria

hablar, creyendo que no la hauia uisto se

bolvio a la camara do hauia salido; pero

yo que el sentir tan perdido como el uer

no tenia, sentí que se yua, e buelto en

mi ui que era la que a Leriano sin uida,

e a mi sin anima hauia hecho. A la qual

con muchas lagrimas e penados sospiros en

esta manera comenzé a dezir.

Orígenes de la novela, Tomo II · 第 118 / 605 题