EL AUCTOR

Cuando Laureola vuo escrito dixome con

proposito determinado que aquella fuese

la postrimera vez que pareciese en su

presencia porque ya de mis pláticas

andaua mucha sospecha y porque en mis

ydas auia mas peligro para ella que

esperança para mi despacho. Pues vista

su determinada voluntad, pareciendome

que de mi trabaio sacaua pena para mí

y no remedio para Leriano, despedime

della con mas lágrimas que palabras y

despues de besalle las manos salime de

palacio con vn nudo en la garganta que

pense ahogarme, por encobrir la pasion

que sacaua, y salido de la cibdad, como

me vi solo, tan fuertemente comence á

llorar que de dar bozes no me podía

contener. Por cierto yo tuuiera por

meior quedar muerto en Macedonia que

venir biuo á Castilla; lo que deseaua

con razon pues la mala ventura se acaba

con la muerte y se acrecienta con la

vida. Nunca por todo el camino sospiros y

gemidos me fallecieron, y quando llegué

á Leriano dile la carta, y como acabó

de leella dixele que ni se esforçase,

ni se alegrase, ni recibiese consuelo

pues tanta razon auia para que deuiese

morir. El qual me respondió que más que

hasta alli me tenia por suyo porque

le aconseiaua lo propio, y con boz y

color mortal començo a condolerse. Ni

culpaua su flaqueça, ni avergonçaua su

desfallecimiento; todo lo que podie

acabar su vida alabaua, mostrauase

amigo de los dolores, recreaua con los

tormentos, amaua las tristezas; aquellos

llamaua sus bienes por ser mensaieros de

Laureola y porque fuesen tratados segund

de cuya parte venian, aposentólos en el

coraçon, festeiólos con el sentimiento,

convidólos con la memoria, rogauales

que acabasen presto lo que venian a

hazer porque Laureola fuese seruida.

Y desconfiando ya de ningun bien ni

esperança, aquexado de mortales males,

no podiendo sustenerse ni sofrirse vuo

de venir á la cama, donde ni quiso

comer ni beuer ni ayudarse de cosa de

las que sustentan la vida, llamandose

sienpre bienauenturado porque era venido

á sazon de hazer seruicio á Laureola

quitandola de enoios. Pues como por la

corte y todo el reyno se publicase que

Leriano se dexaua morir, ybanle a ueer

todos sus amigos y parientes y para

desuialle su proposito dezianle todas

las cosas en que pensauan prouecho, y

como aquella enfermedad se auia de curar

con sabias razones, cada uno aguzaua

el seso lo meior que podia; y como vn

cauallero llamado Tefeo[276] fuese

grande amigo de Leriano viendo que su

mal era de enamorada pasion puesto que

quien la causaua él ni nadie lo sabia

dixole infinitos males de las mugeres

y para fauorecer su habla truxo todas

las razones que en disfamia dellas pudo

pensar, creyendo por alli restituylle la

vida. Lo qual oyendo Leriano, acordandose

que era muger Laureola, afeó mucho á

Tefeo porque tal cosa hablaua y puesto

que su disposicion no le consintiese

mucho hablar, esforçando la lengua con la

pasion de la saña començo a contradezille

en esta manera.

LERIANO CONTRA TEFEO Y TODOS LOS QUE

DIZEN MAL DE MUGERES

Tefeo, para que recibieras la pena que

merece tu culpa, onbre que te tuuiera

menos amor te auie de contradezir, que

las razones mias mas te seran en exenplo

para que calles que castigo para que

penes. En lo qual sigo la condicion de

verdadera amistad, porque pudiera ser,

si yo no te mostrara por biuas causas

tu cargo, que en qualquiera plaça te

deslenguaras como aqui has hecho; asi

que te será mas prouechoso emendarte

por mi contradicion que auergonçarte

por tu perseverança. El fin de tu habla

fue segund amigo, que bien noté que la

dexiste porque aborreciese la que me

tiene qual vees, diziendo mal de todas

mugeres, y como quiera que tu intencion

no fue por remediarme, por la via que

me causaste remedio tú por cierto me

lo as dado, porque tanto me lastimaste

con tus feas palabras, por ser muger

quien me pena, que de pasion de auerte

oydo beuire menos de lo que creya, en

lo qual señalado bien recebi, que pena

tan lastimada meior es acaballa presto

que sostenella más; assi que me truxiste

alivio para el padecer y dulce descanso

para ella acabar. Porque las postrimeras

palabras mias sean en alabança de las

mugeres, porque crea mi fe la que tuuo

merecer para causalla y no voluntad para

satisfazella.

Y dando comienço á la intencion tomada,

quiero mostrar quinze causas porque

yerran los que en esta nacion ponen

lengua, y veynte razones porque les

somos los onbres obligados, y diuersos

enxenplos de su bondad. Y quanto a lo

primero que es proceder por las causas

que hazen yerro los que mal las tratan,

fundo la primera por tal razon. Todas

las cosas hechas por la mano de Dios

son buenas necesariamente, que segun el

obrador han de ser las obras; pues siendo

las mugeres sus criaturas, no solamente á

ellas ofende quien las afea, mas blasfema

de las obras del mismo Dios. La segunda

causa es porque delante dél y de los

onbres no ay pecado más abominable ni más

graue de perdonar quel desconocimiento;

¿pues quál lo puede ser mayor que

desconocer el bien que por Nuestra Señora

nos vino y nos viene? Ella nos libró

de pena y nos hizo merecer la gloria;

ella nos salua, ella nos sostiene, ella

nos defiende, ella nos guia, ella nos

alumbra, por ella que fue muger merecen

todas las otras corona de alabança.

La tercera es porque a todo onbre es

defendido segund virtud mostrarse fuerte

contra lo flaco, que si por ventura los

que con ellas se deslenguan pensasen

recebir contradicion de manos, podria

ser que tuuiesen menos libertad en la

lengua. La quarta es porque no puede

ninguno dezir mal dellas sin que a si

mismo se desonrre, porque fue criado y

traydo en entrañas de muger y es de su

misma sustancia, y despues desto, por

el acatamiento y reuerencia que a las

madres deuen los hijos. La quinta es por

la desobediencia de Dios, que dixo por

su boca que el padre y la madre fuesen

onrrados y acatados, de cuya causa los

que en las otras tocan merecen pena. La

sesta es porque todo noble es obligado a

ocuparse en autos virtuosos assi en los

hechos como en las hablas; pues si las

palabras torpes ensusian la linpieza, muy

a peligro de infamia tienen la onrra de

los que en tales platicas gastan su vida.

La setima es porque quando se establecio

la caualleria, entre las otras cosas que

era tenudo a guardar el que se armaua

cauallero era vna que a las mugeres

guardase toda reuerencia y onestad, por

donde se conosce que quiebra la ley de

nobleza quien vsa el contrario della. La

otaua es por quitar de peligro la onrra;

los antiguos nobles tanto adelgazauan

las cosas de bondad y en tanto la tenian

que no auian mayor miedo de cosa que de

memoria culpada; lo que no me parece que

guardan los que anteponen la fealdad de

la virtud poniendo macula con su lengua

en su fama, que qualquiera se iuzga

lo que es en lo que habla. La nouena

y muy principal es por la condenacion

del alma. Todas las cosas tomadas se

pueden satisfazer y la fama robada

tiene dudosa la satisfacion, lo que más

conplidamente determina nuestra fé. La

dezena es por escusar enemistad. Los

que en ofensa de las mugeres despienden

el tiempo hazense enemigos dellas y no

menos de los virtuosos, que como la

virtud y la desmesura diferencian la

propiedad no pueden estar sin enemiga.

La onzena es por los daños que de

tal auto malicioso se recrecian, que

como las palabras tienen licencia de

llegar á los oydos rudos tanbien como

a los discretos, oyendo los que poco

alcançan las fealdades dichas de las

mugeres, arrepentidos de auerse casado

danles mala vida o vanse dellas, o por

ventura las matan. La dozena es por las

murmuraciones, que mucho se deuen temer,

siendo vn onbre infamado por disfamador

en las plaças y en las casas y en los

canpos y donde quiera es retratado su

vicio. La trezena es por razon del

peligro, que quando los maldizientes que

son auidos por tales tan odiosos son

a todos[277] que qualquier les es mas

contrario, y algunas por satisffazer a

sus amigos, puesto que ellas no lo pidan

ni lo quieran[278], ponen las manos

en los que en todas ponen la lengua.

La catorzena es por la hermosura que

tienen, la qual es de tanta ecelencia

que avnque copiesen en ellas todas las

cosas que los deslenguados les ponen,

más ay en vna que loar con verdad que

no en todas que afear con malicia. La

quinzena es por las grandes cosas de que

han sido causa. Dellas nacieron onbres

virtuosos que hizieron hazañas de dina

alabança, dellas procedieron sabios que

alcançaron a conocer qué cosa era Dios

en cuya fé somos saluos; dellas vinieron

los inuentiuos que hizieron cibdades

y fuerças y edeficios de perpetual

ecelencia; por ellas vuo tan sotyles

varones que buscaron todas las cosas

necesarias para sustentacion del linage

vmanal.

DA LERIANO VEYNTE RAZONES PORQUE LOS

ONBRES SON OBLIGADOS Á LAS MUGERES

Tefeo, pues as oydo las causas porque

soys culpados tú y todos lo que

opinion tan errada seguis, dexada toda

prolixidad, oye veynte razones por donde

proferí a prouar que los onbres á las

mugeres somos obligados. De las quales

la primera es porque á los sinples y

rudos disponen para alcançar la virtud

de la prudencia y no solamente á los

torpes hazen discretos mas á los mismos

discretos mas sotyles, porque si de

la enamorada pasion se catyuan, tanto

estudian su libertad que abiuando con el

dolor el saber dizen razones tan dulces

y tan concertadas que alguna vez de

compasion que les an se libran della:

y los sinples de su natural inocentes

quando en amar se ponen entran con rudeza

y hallan el estudio del sentimiento tan

agudo que diuersas vezes salen sabios,

de manera que suplen las mugeres lo que

naturaleza en ellos faltó. La segunda

razon es porque de la virtud de la

iusticia tanbien nos hazen suficientes,

que los penados de amor, aunque desygual

tormento reciben, hanlo por descanso

iustificandose porque iustamente

padecen: y no por sola esta causa nos

hazen goçar desta virtud mas por otra

tan natural: los firmes enamorados para

abonarse con las que siruen buscan todas

las formas que pueden, de cuyo deseo

biuen iustificadamente sin eceder en

cosa de toda ygualdad por no infamarse

de malas costunbres. La tercera porque

de la tenplança nos hazen dinos, que

por no selles aborrecibles para venir

á ser desamados somos templados en el

comer y en el beuer y en todas las otras

cosas que andan con esta virtud. Somos

tenplados en la habla, somos templados

en la mesura, somos templados en las

obras, sin que vn punto salgamos de la

onestad. La quarta es porque al que

fallece fortaleza gela dan, y al que la

tiene gela acrecientan. Hacennos fuertes

para sofrir, causan osadia para cometer,

ponen coraçon para esperar; quando á los

amantes se les ofrece peligro se les

apareia la gloria, tienen las afrentas

por vicio, estiman mas ell alabança del

amiga quel precio del largo beuir. Por

ellas se comiençan y acaban hechos muy

hazañosos, ponen la fortaleza en el

estado que merece. Si les somos obligados

aqui se puede iuzgar. La quinta razon

es porque no menos nos dotan de las

virtudes teologales que de las cardinales

dichas. Y tratando de la primera ques

la fé, avnque algunos en ella dudasen,

siendo puestos en pensamiento enamorado

creerian en Dios y alabarian su poder

porque pudo hazer á aquella que de tanta

ecelencia y hermosura les parece. Iunto

con esto los amadores tanto acostumbran

y sostienen la fe que de vsalla en el

coraçon conocen y creen con más firmeza

la de Dios, y porque no sea sabido de

quien los pena que son malos cristianos,

ques vna mala señal en el onbre, son tan

deuotos católicos que ningun apostol les

hizo ventaia. La sesta razon es porque

nos crian en el alma la virtud del

esperança, que puesto que los sugetos á

esta ley de amores mucho penen, siempre

esperan en su fé, esperan en su firmeza,

esperan en la piedad de quien los pena,

esperan en la condicion de quien los

destruye, esperan en la ventura; ¿pues

quien tiene esperança donde recibe

pasion, como no la terná en Dios que le

promete descanso? Sin duda haziendonos

mal nos apareian el camino del bien como

por esperiencia de lo dicho parece. La

setena razon es porque nos hazen merecer

la caridad, la propiedad de la qual

es amor. Esta tenemos en la voluntad,

esta ponemos en el pensamiento, esta

traemos en la memoria, esta firmamos

en el coraçon, y como quiera que los

que amamos la vsemos por el prouecho de

nuestro fin, dél nos redunda que con

biua contricion la tengamos para con

Dios, porque trayendonos amor á estrecho

de muerte hazemos lymosnas, mandamos

dezir misas, ocupamosnos en caritatiuas

obras porque nos libre de nuestros

crueles pensamientos: y como ellas de

su natural son deuotas, participando

con ellas es forçado que hagamos las

obras que hazen. La otaua razon, porque

nos hazen contenplatiuos: que tanto

nos damos á la contemplacion de la

hermosura y gracias de quien amamos y

tanto pensamos en nuestras pasiones, que

quando queremos contenplar la de Dios,

tan tiernos y quebrantados tenemos los

coraçones, que sus llagas y tormentos

parece que recebimos en nosotros mismos;

por donde se conosce que tanbien por aquí

nos ayudan para alcançar la perdurable

holgança. La nouena razon es porque nos

hazen contritos, que como siendo penados

pedimos con lagrimas y sospiros nuestro

remedio acostunbrado en aquello, yendo á

confesar nuestras culpas assi gemimos y

lloramos quel perdon dellas merecemos. La

dezena es por el buen consejo que sienpre

nos dan, que á las vezes acaece hallar

en su presto acordar, lo que nosotros

con[279] largo estudio y diligencias

buscamos. Son sus conseios pacificos sin

ningund escandalo, quitan muchas muertes,

conseruan las pazes, refrenan la yra y

aplacan la saña; sienpre es muy sano su

parecer. La onzena es porque nos hazen

onrrados: con ellas se alcançan grandes

casamientos, muchas haziendas y rentas.

Y porque alguno podria responderme que

la onrra está en la virtud y no en la

riqueza, digo que tanbien causan lo vno

como lo otro. Ponen nos presunciones

tan virtuosas que sacamos dellas las

grandes onrras y alabanças que deseamos;

por ellas estimamos más la verguença que

la vida; por ellas estudiamos todas las

obras de nobleza, por ellas las ponemos

en la cunbre que merecen. La dozena razon

es porque apartandonos del auaricia nos

iuntan con la libertad, de cuya obra

ganamos las voluntades de todos; que

como largamente nos hazen despender lo

que tenemos, somos alabados y tenidos

en mucho amor, y en qualquier necesidad

que nos sobrevenga recebimos ayuda y

seruizio; y no solo nos aprouechan en

hazernos usar la franqueza como deuemos,

mas ponen lo nuestro en mucho recaudo

porque no ay lugar donde la hazienda esté

mas segura que en la voluntad de las

gentes. La trezena es porque acrecientan

y guardan nuestros averes y rentas, las

quales alcanzan los onbres por ventura

y conseruanlas ellas con diligencia. La

catorzena es por la limpieça que nos

procuran asi en la persona, como en el

vestir, como en el comer, como en todas

las cosas que tratamos. La quinzena es

por la buena criança que nos ponen, vna

de las principales cosas de que los

onbres tienen necesidad. Siendo bien

criados vsamos la cortesya y esquiuamos

la pesadumbre, sabemos onrrar los

pequeños, sabemos tratar los mayores;

y no solamente nos hazen bien criados

mas bien quistos, porque como tratamos

á cada vno como merece, cada vno nos

da lo que merecemos. La razon desiseys

es porque nos hazen ser galanes. Por

ellas nos desuelamos en el vestir, por

ellas estudiamos en el traer, por ellas

nos atauiamos de manera que ponemos por

industria en nuestras personas la buena

disposicion que naturaleza algunos negó.

Por artificio se endereçan los cuerpos

pidiendo[280] las ropas con agudeza y por

el mismo se pone cabello donde fallece

y se adelgazan ó engordan las piernas

si conuiene hazello; por las mugeres

se inuentan los galanes entretales,

las discretas bordaduras, las nueuas

inuenciones; de grandes bienes por cierto

son causa. La dezisiete razon es porque

nos conciertan la musica y nos hazen

gozar de las dulcedumbres della: ¿por

quién se asuenan las dulces canciones?

¿por quién se cantan los lindos romances?

¿por quién se acuerdan las bozes?

¿porquién se adelgazan y sotilizan todas

las cosas que en el canto consisten? La

dizeochena es porque crecen las fuerças á

los braceros, y la maña á los luchadores,

y la ligereza á los que boltean y corren

y saltan y hazen otras cosas semeiantes.

La dezinueue razon es porque afinan las

gracias. Los que como es dicho tañen y

cantan por ellas, se desuelan tanto que

suben á lo mas perfeto que en aquella

gracia se alcança. Los trobadores ponen

por ellas tanto estudio en lo que

troban que lo bien dicho hazen parecer

meior, y en tanta manera se adelgazan

que propiamente lo que sienten en el

coraçon ponen por nueuo y galan estilo

en la cancion ó inuencion ó copla que

quieren hazer. La veyntena y postrimera

razon es porque somos hijos de mugeres,

de cuyo respeto les somos mas obligados

que por ninguna razon de las dichas ni

de quantas se puedan dezir. Diuersas

razones auía para mostrar lo mucho

que á esta nacion somos los onbres en

cargo, pero la disposicion mia no me da

lugar á que todas las diga. Por ellas

se ordenaron las reales iustas y los

ponposos torneos y las alegres fiestas,

por ellas aprouechan las gracias y se

acaban y comiençan todas las cosas de

gentileza; no sé causa porque de nosotros

deuan ser afeadas. ¡O culpa merecedora

de graue castigo, que porque algunas

ayan piedad de los que por ellas penan

les dan tal galardon! ¿A qué muger deste

mundo no harán conpasion las lagrimas

que vertemos, las lastimas que dezimos,

los sospiros que damos? ¿Quál no creerá

las razones iuradas, quál no creerá

la fé certificada, á quál no moveran

las dadiuas grandes, en quál coraçon

no harán fruto las alabanças devidas,

en quál voluntad no hará mudança la

firmeza cierta, quál se podra defender

del continuo seguir? Por cierto segund

las armas con que son conbatidas, avnque

las menos se defendiesen, no era cosa de

marauillar y antes deurian ser las que no

pueden defenderse alabadas por piadosas

que retraydas por culpadas.

PRUEUA POR ENXENPLOS LA BONDAD DE LAS

MUGERES

Para que las loadas virtudes desta nacion

fueran tratadas segund merecen avisé de

poner mi deseo en otra plática porque no

turbase mi lengua ruda su bondad clara,

como quiera que ni loor pueda crecella

ni malicia apocalla segund su propiedad.

Si vuiese de hazer memoria de las castas

y virgines pasadas y presentes, convenia

que fuese por diurna reuelacion, porque

son y an sido tantas que no se puede con

el seso humano conprehender, pero dire

de algunas que he leydo assi cristianas

como gentiles y indias por enxenplar con

las pocas la virtud de las muchas. En las

autorizadas por santas por tres razones

no quiero hablar. La primera porque lo

que a todos es manifiesto parece simpleza

repetillo. La segunda porque la yglesia

les da devida y uniuersal alabança.

La tercera por no poner en tan malas

palabras tan ecelente bondad, en especial

la de Nuestra Señora que quantos dotores

y deuotos y contenplatiuos en ella

hablaron no pudieron llegar al estado

que merecia la menor de sus ecelencias,

assi que me baxo a lo llano donde mas

libremente me puedo mouer. De las castas

gentiles començaré en Lucrecia, corona

de la nacion romana, la qual fue muger

de Colatyno y siendo forçada de Tarquino

hizo llamar a su marido y venido donde

ella estaua dixole: sabras, Colatyno,

que pisadas de onbre ageno ensuziaron tu

lecho donde avnque el cuerpo fue forçado

quedó el coraçon inocente, porque soy

libre de la culpa, mas no me asueluo de

la pena porque ninguna dueña por enxenplo

mio pueda ser vista errada. Y acabando

estas palabras acabó con vn cuchillo su

vida. Porcia fue hija del noble Caton y

muger de Bruto varon virtuoso, la qual

sabiendo la muerte dél, aquexada de graue

dolor acabó sus dias comiendo brasas por

hazer sacrificio de si misma. Penelope

fue muger de Ulixes, e ydo él a la guerra

troyana, siendo los mancebos de Ytalia

aquexados de su hermosura pidieronla

muchos dellos en casamiento, y deseosa

de guardar castidad a su marido, por

defenderse dellos dixo que le dexassen

conplir vna tela como acostunbrauan las

señoras de aquel tienpo esperando a

sus maridos, y que luego haria lo que

le pedian, y como le fuese otorgado,

con astucia sotyl, lo que texia de dia

deshazia de noche, en cuya lauor pasaron

veynte años, despues de los quales venido

Ulixes vieio, solo, destruydo, asi lo

recibio la casta dueña como si viniera

en fortuna de prosperidad. Julia hija

del Cesar primero enperador en el mundo,

siendo muger de Ponpeo en tanta manera lo

amaua que trayendo vn dia sus vestiduras

sangrientas, creyendo ser muerto, cayda

en tierra supitamente murio. Artemisa

entre los mortales tan alabada, como

fuese casada con Mauzol rey de Ycaria,

con tanta firmeça lo amó que despues de

muerto le dió sepultura en sus pechos,

quemando sus huesos en ellos, la ceniza

de los quales poco a poco se beuio y

despues de acabados los oficios que en

el auto se requerian creyendo que se

yua para el matóse con sus manos. Argia

fue hija del rey Adrastro y caso con

Pollinices hijo de Edipo rey de Tebas, y

como Pollinices en vna batalla a manos de

su hermano muriese, sabido della salio

de Tebas, sin temer la inpiedad de sus

enemigos, ni la braueza de las fieras

bestias, ni la ley del enperador, la

qual vedaua que ningun cuerpo muerto se

leuantase del canpo, fue por su marido en

las tinieblas de la noche y hallandolo

ya entre otros muchos cuerpos leuolo a

la ciudad y haziendole quemar segund

su costunbre, con amargosas lagrimas

hizo poner sus cenizas en una arca de

oro, prometiendo su vida a perpetua

castidad. Ipola greciana, nauegando

por la mar quiso su mala fortuna que

tomasen su nauio los enemigos, los quales

queriendo tomar della mas parte que les

daua, conseruando su castidad hizose

a la vna parte del nauío y dexada caer

en las ondas pudieron ahogar a ella

mas no la fama de su hazaña loable. No

menos dina de loor fue su muger de Amed

rey de Tesalia, que sabiendo que era

profetizado por el dios Apolo que su

marido recebiria muerte sino vuiese quien

voluntariamente la tomase por él, con

alegre voluntad porque el rey biuiese

dispuso de se matar. De las iudias Sarra,

muger del padre Abraham, como fuese presa

en poder del rey Faraon, defendiendo su

castidad con las armas de la oracion

rogó a nuestro Señor la librase de sus

manos, el qual como quisiese acometer

con ella toda maldad, oyda en el cielo

su peticion enfermó el rey y conocido

que por su mal pensamiento adolecia,

sin ninguna manzilla la mandó librar.

Delbora dotada de tantas virtudes

mereció aver espiritu de profecia y no

solamente mostró su bondad en las artes

mugeriles mas en las feroces batalles,

peleando contra los enemigos con virtuoso

animo; y tanta fue su excelencia que

juzgó quarenta años el pueblo iudayco.

Ester siendo leuada a la catiuidad de

Babilonia, por su virtuosa hermosura,

fue tomada para muger de Asuero, rey que

señoreaua a la sazon ciento y veynte

y siete prouincias, la qual por sus

meritos y oracion libró los iudios de la

catiuidad que tenian. Su madre de Sanson

deseando aver hijo merecio por su virtud

que el angel le reuelase su nacimiento de

Sanson. Elisabel muger de Zacarias, como

fuese verdadera sierua de Dios, por su

merecimiento uvo hijo santificado antes

que naciese, el qual fue san Iuan. De las

antiguas cristianas mas podría traer que

escreuir pero por la breuedad alegaré

algunas modernas de la castellana nacion.

Doña María Cornel en quien se començo

el linage de los Corneles, porque su

castidad fuese loada y su bondad no

escurecida quiso matarse con fuego,

auiendo menos miedo a la muerte que a la

culpa.

Doña Isabel, madre que fue del maestre

de Calatraua don Rodrigo Tellez Giron

y de los dos condes de Hurueña don

Alonso y don Iuan, siendo biuda enfermó

de una graue dolencia, y como los

medicos procurasen su salud, conocida

su enfermedad hallaron que no podia

biuir sino casase, lo qual como de sus

hijos fuese sabido, deseosos de su vida

dixeronle que en todo caso recibiese

marido, a lo qual ella respondio: nunca

plega a Dios que tal cosa yo haga, que

meior me es a mi muriendo ser dicha madre

de tales hijos que biuiendo muger de otro

marido; y con esta casta consideracion

assí se dió al ayuno y disciplina que

quando murio fueron vistos misterios de

su saluacion.

Doña Mari Garcia la beata, siendo nacida

en Toledo del mayor linage de toda la

cibdad, no quiso en su vida casar,

guardando en ochenta años que biuio la

virginal virtud, en cuya muerte fueron

conocidos y aueriguados grandes miraglos

de los quales en Toledo ay agora y aurá

para sienpre perpetua recordança.

¡O! pues de las virgenes gentiles: que

podria dezir? Atrisilia, Seuila, nacida

en Babilonya, por su merito profetizó

por reuelacion diuina muchas cosas

aduenideras conseruando linpia virginidad

hasta que murio. Palas o Minerua vista

primeramente cerca de la laguna de

Tritonio, nueua inuentora de muchos

oficios de los mugeriles y avn de algunos

delos onbres, virgen biuio y acabó.

Atalante la que primero hirio el puerco

de Calidon, en la virginidad y nobleza

le parecio. Camila, hija de Macabeo

rey de los bolesques, no menos que las

dichas sostuuo entera virginidad. Claudia

vestal, Clodia romana, aquella misma ley

hasta la muerte guardaron. Por cierto

si el alargar no fuese enoioso no me

fallecerian daqui a mill años virtuosos

enxenplos que pudiese dezir. En verdad,

Tefeo, segund lo que as oydo, tú y los

que blasfemays de todo linage de mugeres

soys dinos de castigo iusto, el qual no

esperando que nadie os lo dé, vosotros

mismos lo tomays pues usando la malicia

condenays la verguença.

Orígenes de la novela, Tomo II · 第 113 / 605 题