Con tanta constancia de animo fue
Leriano respondido de sus caualleros
que se llamó dichoso por hallarse dino
dellos; y porque estaua ya ordenado
el conbate fuese cada vno á defender
la parte que le cabia; y poco despues
que fueron llegados tocaron en el real
los atauales y tronpetas y en pequeño
espacio estauan iuntos al muro cincuenta
mill onbres los quales con mucho vigor
començaron el hecho, donde Leriano tuuo
lugar de mostrar su virtud y segund los
de dentro defendian creya el rey que
ninguno dellos faltaua. Duró el conbate
desde medio dia hasta la noche que los
departio. Fueron heridos y muertos tres
mill de los del real y tantos de los de
Leriano, que de todos los suyos no le
auian quedado sino ciento y cincuenta, y
en su rostro segund esforçado no mostraua
ayer perdido ninguno, y en su sentimiento
segund amoroso parecia que todos le auian
salido del anima. Estuuo toda aquella
noche enterrando los muertos y loando
los biuos, no dando menos gloria á los
que enterraua que á los que veya. Y otro
día en amaneciendo, al tienpo que se
remudan las guardas acordo que cincuenta
de los suyos diesen en vna estancia que
vn pariente de Persio tenía cercana al
muro, porque no pensase el rey que le
faltaua coraçon ni gente; lo qual se
hizo con tan firme osadia que quemada la
estancia mataron muchos de los defensores
della, y como ya Dios tuviese por bien
que la verdad de aquella pendencia se
mostrase, fue preso en aquella vuelta
vno de los damnados que condenaron á
Laureola, y puesto en poder de Leriano
mandó que todas las maneras de tormento
fuesen obradas en él hasta que dixese
porqué leuantó el testimonio, el qual sin
premia ninguna confesó todo el hecho como
pasó. Y despues que Leriano de la verdad
se informó, enbiole al rey suplicandole
que saluase á Laureola de culpa y que
mandase iusticiar aquel y á los otros que
de tanto mal auien sido causa. Lo qual el
rey sabido lo cierto aceutó con alegre
voluntad por la iusta razon que para ello
le requeria. Y por no detenerme en las
prolixidades que en este caso pasaron,
de los tres falsos onbres se hizo tal la
iusticia como fue la maldad. El cerco
fue luego alçado y el rey tuuo á su hija
por libre y á Leriano por desculpado,
y llegado á Suria enbió por Laureola á
todos los grandes de su corte, la qual
vino con ygual onrra de su merecimiento.
Fue recebida del rey y la reyna con
tanto amor y lagrimas de gozo como
se derramaran de dolor; el rey se
desculpaua, la reyna la besaua, todos
la seruian y assi se entregauan con
alegria presente de la pena pasada. A
Leriano mandole el rey que no entrase por
estonces en la corte hasta que pacificase
a él y a los parientes de Persio, lo
que recibio a graveça porque no podria
ver á Laureola, y no podiendo hazer
otra cosa sintiolo en estraña manera.
Y viendose apartado della, dexadas las
obras de guerra, boluiose á las congoxas
enamoradas, y deseoso de saber en lo que
Laureola estaua rogome que le fuese á
suplicar que diese alguna forma onesta
para que la pudiese ver y hablar, que
tanto deseaba Leriano guardar su onestad
que nunca penso hablalla en parte donde
sospecha en ella se pudiese tomar,
de cuya razon él era merecedor de sus
mercedes. Yo que con plazer aceutaua
sus mandamientos, partime para Suria, y
llegado allá, despues de besar las manos
á Laureola, supliquele lo que me dixo,
a lo quél me respondió: que en ninguna
manera lo haria por muchas causas que
me dió para ello. Pero no contento con
dezir gelo aquella vez todas las que veya
gelo suplicaua; concluyendo respondiome
al cabo que si mas en aquello le hablaua
que causaria que se desmesurase contra
mi. Pues visto su enoio y responder fui
á Leriano con graue tristeza y quando
le dixe que de nueuo se comenzauan
sus desauenturas, sin duda estuuo en
condicion de desesperar. Lo qual yo
viendo, por entretenelle, dixele que
escriuiese á Laureola acordandole lo que
hizo por ella y estrañandole su mudança
en la merced que en escriuille le començo
á hazer. Respondiome que auia acordado
bien, mas que no tenia que acordalle lo
que auia hecho por ella pues no era nada
segund lo que merecia y tanbien porque
era de onbres baxos repetir lo hecho; y
no menos me dixo que ninguna memoria le
haria del galardon recebido porque se
defiende en ley enamorada escreuir que
satisfacen se recibe, por el peligro que
se puede recrecer si la carta es vista,
asi que sin tocar en esto escriuio á
Laureola las siguientes razones: