Laureola, segund tu virtuosa piedad,
pues sabes mi pasion, no puedo creer que
sin alguna causa la consientas, pues
no te pido cosa á tu onrra fea ni á ti
graue. Si quieres mi mal ¿por qué lo
dudas? á sin razon muero, sabiendo tú
que la pena grande assi ocupa el coraçon
que se puede sentir y no mostrar. Si lo
has por bien pensado que me satisfazes
con la pasion que me das porque dandola
tú es el mayor bien que puedo esperar,
iustamente lo harias si la dieses a fin
de galardon. Pero ¡desdichado yo! que la
causa tu hermosura y no haze la merced
tu voluntad. Si lo consientes iuzgandome
desagradecido porque no me contento con
el bien que me heziste en darme causa
de tan ufano pensamiento, no me culpes,
que avnque la voluntad se satisfaze, el
sentimiento se querella. Si te plaze
porque nunca te hize seruizio, no pude
sobir los seruizios á la alteza de lo que
mereces; que quando todas estas cosas y
otras muchas pienso hallome que dexas de
hazer lo que te suplico porque me puse en
cosa que no pude merecer. Lo qual yo no
niego; pero atreuime á ello pensando que
me harias merced no segund quien la pedia
mas segund tú que la auies de dar. Y
tambien pense que para ello me ayudadaran
virtud y compasion y piedad porque son
acetas á tu condicion, que quando los que
con los poderosos negocian para alcançar
su gracia, primero ganan las voluntades
de sus familiares; y pareceme que en nada
hallé remedio. Busqué ayudadores para
contigo y hallélos por cierto leales y
firmes y todos te suplican que me ayas
merced; el alma por lo que sufre, la vida
por lo que padece, el coraçon por lo
que pasa, el sentido por lo que siente.
Pues no niegues galardon á tantos que
con ansia te lo piden y con razon te
lo merecen. Yo soy el más sin ventura
de los más desauenturados. Las aguas
reuerdecen la tierra y mis lagrimas nunca
tu esperança la qual cabe en los canpos y
en las yeruas y arboles y no puede caber
en tu coraçon.
Desesperado auria segund lo que siento
si alguna vez me hallase solo, pero como
siempre me acompañan el pensamiento que
me das y el deseo que me ordenas y la
contemplacion que me causas, viendo que
lo vo á hazer consuelanme acordandome que
me tienen conpañia de tu parte, de manera
que quien causa las desesperaciones me
tiene que no desespere. Si todavia te
plaze que muera, hazmelo saber, que
gran bien harás á la vida pues no será
desdichada del todo. Lo primero della se
pasó en inocencia y lo del conocimiento
en dolor; a lo menos el fin será en
descanso porque tú lo das, el qual, si
ver no me quieres, será forçado que veas.