No sin razon los soberanos principes
pasados ordenaron conseio en lo que
vuiesen de hazer segund quantos prouechos
en ello hallaron, y puesto que fuesen
diuersos, por seys razones aquella ley
deue ser conseruada. La primera porque
meior aciertan los onbres en las cosas
agenas que en las suyas propias, porque
el corazon de cuyo es el caso no puede
estar sin yra ó cobdicia ó aficion ó
deseo ó otras cosas semejantes, para
determinar como deue. La segunda porque
platicadas las cosas siempre quedan
en lo cierto. La tercera porque si
aciertan los que aconsejan, avnque
ellos dan el voto, del aconseiado es la
gloria. La quarta por lo que se sigue
del contrario; que si por ageno seso
se yerra el negocio, el que pide el
parecer queda sin cargo y quien gelo da
no sin culpa. La quinta porque el buen
conseio muchas vezes asegura las cosas
dudosas. La sesta porque no dexa tan
ayna caer la mala fortuna y sienpre en
las aduersidades pone esperança. Por
cierto, Señor, turbio y ciego conseio
puede ninguno dar á ssi mismo siendo
ocupado de saña ó pasion, y por esto no
nos culpes si en la fuerça de tu yra te
venimos á enoiar, que más queremos que
ayrado nos reprehendas porque te dimos
enoio que no que arrepentido nos condenes
porque no te dimos conseio. Señor, las
cosas obradas con deliberacion y acuerdo
procuran prouecho y alabancia para quien
las haze, y las que con saña se hazen
con arrepentimiento se piensan. Los
sabios como tú quando obran, primero
delibran que disponen y sonles presentes
todas las cosas que pueden venir assí de
lo que esperan prouecho como de lo que
temen reues. Y si de qualquiera pasion
enpedidos se hallan no sentencian en nada
fasta verse libres; y avnque los hechos
se dilaten hanlo por bien, porque en
semeiantes casos la priesa es dañosa y
la tardanza segura; y como han sabor de
hazer lo iusto piensan todas las cosas,
y antes que las hagan siguiendo la razon
establecenles secucion onesta. Propriedad
es de los discretos prouar los conseios
y por ligera creencia no disponer, y en
lo que parece dubdoso tener la sentencia
en peso, porque no es todo verdad lo que
tiene semeiança de verdad. El pensamiento
del sabio agora acuerde, agora mande,
agora ordene, nunca se parta de lo que
puede acaecer, y siempre como zeloso de
su fama se guarda de error, y por no
caer en él tiene memoria en lo pasado
por tomar lo meior dello y ordenar lo
presente con tenplança y contenplar lo
porvenir con cordura por tener auiso de
todo. Señor, todo esto te avemos dicho
porque te acuerdes de tu prudencia y
ordenes en lo que agora estás, no segund
sañudo, mas segund sabidor. Assí buelue
en tu reposo, que fuerçe lo natural de tu
seso al acidente de tu yra. Auemos sabido
que quieres condenar á muerte á Laureola.
Si la bondad no merece ser iusticiada, en
verdad tu eres iniusto iuez. No quieras
turbar tu gloriosa fama con tal iuyzio,
que puesto que en él vuiese derecho,
antes serías, si lo dieses, infamado
por padre cruel que alabado por rey
iusticiero. Diste crédito á tres malos
onbres; por cierto tanta razon auía para
pesquisar su vida como para creer su
testimonio.
Cata que son en tu corte mal infamados,
conformanse con toda maldad, sienpre se
alaban en las razones que dizen de los
engaños que hazen. Pues por qué das más
fé á la informacion dellos que al iuyzio
de Dios, el qual en las armas de Persio
y Leriano se mostró claramente? No seas
verdugo de tu misma sangre, que serás
entre los onbres muy afeado; no culpes la
inocencia por conseio de la saña.
Y si te pareciere que por las razones
dichas Laureola no deue ser salua, por
lo que deues á tu virtud, por lo que te
obliga tu realeza, por los seruicios
que te auemos hecho, te suplicamos
hagas merced de su vida. Y porque menos
palabras de las dichas bastaban segun tu
clemencia para hazello, no te queremos
dezir sino que pienses quanto es meior
que perezca tu ira que tu fama.