Primero que nada te diga, te suplico que
recibas la pena de aquel catiuo tuyo
por descargo de la inportunidad mia,
que donde quiera que me hallé siempre
toue por costunbre de seruir antes que
inportunar. Por cierto, señora, Leriano
siente más el enoio que tú recibes que
la pasion que él padece, y este tiene
por el maior mal que ay en su mal. De
lo qual quería escusarse, pero si su
voluntad por no enoiarte desea sufrir,
su alma por no padecer querria quexar.
Lo vno le dize que calle y lo otro le
haze dar bozes; y confiando en tu virtud,
apremiado del dolor, quiere poner sus
males en tu presencia, creyendo, avnque
por vna parte te sea pesado, que por otra
te causará conpasion. Mira por quantas
cosas te merece galardon. Por oluidar su
cuyta pide la muerte porque no se diga
que tú la consentiste. Desea la vida
porque tú la hazes; llama bienauenturada
su pena por no sentirla; desea perder el
iuyzio por alabar tu hermosura; quería
tener los agenos y el suyo. Mira quanto
le eres obligada que se precia de quien
le destruye, tiene su memoria por todo
su bien y esle ocasion de todo su mal.
Si por ventura siendo yo tan desdichado
pierde por mi intercesion lo quél merece
por fé, suplícote recibas vna carta
suya, y si leella quisieres, á él harás
merced por lo que ha sufrido, y á tí
te culparás por lo que le as causado,
viendo claramente el mal que le queda
en las palabras que enbia, las quales
avnque la boca las dezia, el dolor las
ordenaua. Assí te dé Dios tanta parte
del cielo como mereces de la tierra,
que la recibas y le respondas y con
sola esta merced le podras redemir.
Con ella esforçarás su flaqueza, con
ella afloxarás su tormento, con ella
fauoreceras su firmeza; pornasle en
estado que ni quiera mas bien ni tema mas
mal. Y si esto no quisieres hazer por
quien deues, que es él, ni por quien lo
suplica, que so yo, en tu virtud tengo
esperança, que segund la vsas no sabras
hazer otra cosa.