COMIENÇA LA OBRA

Despues de hecha la guerra del año

pasado, viniendo á tener el inuierno á mi

pobre reposo, pasando vna mañana, quando

ya el sol queria esclarecer la tierra,

por vnos valles hondos y escuros, que se

hazen en la Sierra Morena, vi salir á mi

encuentro por entre unos robredales do

mi camino se hazia, vn cauallero assi

feroz de presencia como espantoso de

vista, cubierto todo de cabello á manera

de saluaie. Leuaua en la mano ysquierda

vn escudo de azero muy fuerte y en la

derecha una ymagen femenil, entallada

en vna piedra muy clara, la qual era de

tan estrema hermosura, que me turbaua la

vista; salian della diuersos rayos de

fuego que leuaua encendido el cuerpo de

vn onbre quel cauallero forciblemente

leuaua tra si. El qual con un lastimado

gemido de rato en rato dezia: en mi fe se

sufre todo.

Y como empareió comigo, dixome con mortal

angustia: caminante, por Dios te pido que

me sigas y me ayudes en tan grand cuyta.

Yo que en aquella sazon tenia más causa

para temor que razon para responder;

puestos los oios en la estraña vision

estoue quedo, trastornando en el coraçon

diuersas consideraciones. Dexar el

camino que leuaua pareciame desuario, no

hazer el ruego de aquel que assi padecia

figurauaseme inumanidad. En siguille

auia peligro, y en dexalle flaqueza. Con

la turbacion no sabia escojer lo meior.

Pero ya que el espanto dexó mi alteracion

en algund sosiego, vi quanto era más

obligado á la virtud que á la vida: y

empachado de mi mesmo por la dubda en que

estuue, seguí la via de aquel que quiso

ayudarse de mi. Y como apresuré mi andar,

sin mucha tardança alcancé a él y al

que la fuerça le hazia, y assi seguimos

todos tres por vnas partes no menos

trabaiosas de andar, que solas de plazer

y de gente, y como el ruego del forçado

fué causa que lo siguiese, para acometer

al que lo leuaua faltabame apareio y para

rogalle merescimiento, de manera que me

fallecia conseio. Y despues que reboluí

el pensamiento en muchos acuerdos,

tomé por el meior ponerle en alguna

plática, porque como él me respondiese,

así yo determinase. Y con este acuerdo

supliquéle con la mayor cortesia que

pude, me quisiese dezir quien era, á lo

qual assi me respondió: Caminante, segund

mi natural condicion, ninguna respuesta

quisiera darte porque mi oficio mas es

para secutar mal que para responder bien;

pero como siempre me crié entre onbres

de buena criança, vsaré contigo de la

gentileza que aprendi y no de la braueza

de mi natural. Tú sabras pues lo quieres

saber. Yo soy principal oficial en la

casa de amor, llamanme por nombre Deseo.

Con la fortaleza deste escudo defiendo

las esperanças, y con la hermosura desta

ymagen causo las aficiones y con ellas

quemo las vidas, como puedes ver en este

preso que lieuo á la carcel de Amor donde

con solo morir se espera librar.

Quando estas cosas el atormentator

cauallero me yba diziendo, sobiamos

vna sierra de tanta altura, que á mas

andar mi fuerça desfallecia: y ya que

con mucho trabaio llegamos á lo alto

della, acabó su respuesta. Y como vido

que en más pláticas quería ponelle yo

que començaua á dalle gracias por la

merced recebida, supitamente desaparecio

de mi presencia. Y como esto pasó a

tienpo que la noche venia, ningund tino

pude tomar para saber donde guió: y como

la escuridad y la poca sabiduría de la

tierra me fuesen contrarias, tomé por

propio conseio no mudarme de aquel lugar.

Allí comence á maldezir mi ventura, allí

desesperaua de toda esperança, allí

esperaua mi perdimiento, allí en medio

de mi tribulacion nunca me pesó de lo

hecho; porque es meior perder haziendo

virtud, que ganar dexandola de hazer. Y

assí estuue toda la noche en tristes y

trabaiosas contemplaciones: y quando ya

la lumbre del día descubrio los canpos,

vi cerca de mí, en lo mas alto de la

sierra, vna torre de altura tan grande,

que me parecía llegar al cielo; era hecha

por tal artificio, que de la estrañeza

della comence á marauillarme. Y puesto

al pie, avnque el tienpo se me ofrecia

más para temer que para notar, miré la

nouedad de su lauor y de su edificio.

El cimiento sobre que estaua fundada, era

vna piedra tan fuerte de su condicion

y tan clara de su natural, qual nunca

otra tal iamás auia visto: sobre la

qual estauan firmados quatro pilares de

vn marmol morado muy hermoso de mirar.

Eran en tanta manera altos, que me

espantaua como se podian sostener. Estaua

encima dellos labrada vna torre de tres

esquinas, la más fuerte que se puede

contemplar. Tenia en cada esquina, en lo

alto della, vna ymagen de nuestra umana

hechura, de metal, pintada cada vna de

su color; la vna de leonado, y la otra

de negro, y la otra de pardillo. Tenia

cada vna dellas vna cadena en la mano

asida con mucha fuerza. Ví más encima de

la torre vn chapitel sobrél qual estaua

vn aguila que tenia el pico y las alas

llenas de claridad de vnos rayos de

lumbre que por dentro de la torre salían

á ella. Oya dos velas que nunca vn solo

punto dexauan de velar. Yo que de tales

cosas iustamente me marauillaua, ni

sabia dellas qué pensase, ni de mí qué

hiziese; y estando conmigo en grandes

dubdas y confusion, ví trauada con los

mármoles dichos vn escalera que llegaua

á la puerta de la torre, la qual tenia

la entrada tan escura, que parescia la

sobida della á ningund onbre posible.

Pero ya deliberado quise antes perderme

por sobir, que saluarme por estar, y

forçada mi fortuna, comencé la sobida.

Y á tres pasos del escalera hallé vna

puerta de hierro, de lo que me certificó

más el tiento de las manos que la lumbre

de la vista, segund las tinieblas do

estaua. Allegado pues á la puerta, hallé

enella vn portero, al qual pedí licencia

para la entrada, y respondiome que lo

hacia, pero que me conuenia dexar las

armas primero que entrase; y como le

daua las que leuaua, segund costumbre de

caminantes, díxome:

Amigo, bien paresce que de la usança

desta casa sabes poco. Las armas que te

pido, y te conuiene dexar, son aquellas

con que el _coraçon_ se suele defender

de tristeza, assí como Descanso, y

Esperança, y Contentamiento, porque con

tales condiciones ninguno pudo gozar de

la demanda que pides.

Pues sabida su intencion, sin detenerme

en echar iuyzios sobre demanda tan nueua,

respondile que yo venía sin aquellas

armas, y que dello le dava seguridad.

Pues como dello fue cierto, abrió la

puerta: y con mucho trabajo y desatino

llegué ya á lo alto de la torre donde

hallé otro guardador que me hizo las

preguntas del primero, y despues que

supo de mí lo que el otro, diome lugar á

que entrase. Y llegado al aposentamiento

de la casa, ví en medio della vna silla

de fuego en la qual estaua asentado

aquel cuyo ruego de mi perdicion fue

causa. Pero como allí con la turbacion

descargaua con los oios, la lengua más

entendía en mirar marauillas que en hazer

preguntas, y como la vista no estaua

despacio, ví que las tres cadenas de

las ymágines que estauan en lo alto de

la torre tenían atado aquel triste que

sienpre se quemaua y nunca se acabaua

de quemar. Noté más, que dos dueñas

lastimeras con rostros llorosos y tristes

le seruían y adornauan, poniendole con

crueça en la cabeza vna corona de vnas

puntas de hierro sin ninguna piedad, que

le traspasauan todo el celebro. Y después

desto miré que vn negro vestido de color

amarilla venia diuersas vezes á echalle

una visarma, y ví que le recebía los

golpes en vn escudo que supitamente le

salia de la cabeça y le cobria hasta los

pies. Ví más, que quando le truxeron de

comer le pusieron vna mesa negra, e tres

seruidores mucho diligentes, los quales

le dauan con graue sentimiento de comer.

Y bueltos los oios al vn lado de la

mesa, ví vn vieio anciano sentado en vna

silla, echada la cabeça sobre vna mano en

manera de onbre cuidoso, y ninguna destas

cosas pudiera ver segund la escuridad

de la torre, sino fuera por vn claro

resplandor que le salía al preso del

coraçon, que la esclarecía toda. El qual

como me vió atónito de ver cosas de tales

misterios, viendo como estaua en tienpo

de poder pagarme con su habla lo poco

que me deuia, por darme algund descanso,

mezclando las razones discretas con las

lágrimas piadosas, començo en esta manera

á dezirme:

Orígenes de la novela, Tomo II · 第 72 / 605 题