La reja del Coro, de gusto gótico, se ve adornada con grandes follages,

y algunos ramilletes ejecutados con el mayor primor: su sillería, regalo

del Obispo de Teruel D. Martín Ferrer, después de ser promovido a la de

Tarazona, a principios del siglo XVII, es de orden dórico con columnas

istriadas entre los asientos.

Varias son las alhajas que se conservan en este templo tales son: una

custodia de plata de orden plateresco con seis columnas abalaustradas;

en el tabernáculo ovalado y entre los dos ángeles que sostienen la

sagrada Hostia, hay un pequeño dosél y un arco para el monumento, todo

del mejor gusto, teniendo la siguiente inscripción: _Humilium

celsitudini Petrus Martínus Rubio, Decanus Turolensis, surdinæ vice

Regia Gubernator, sacræ Romanæ Rotæ auditor._ Posteriormente el Obispo

de Teruel, D. Francisco Perez Prado y Cuesta, regaló, según digimos al

tratar de los Obispos, otra preciosa custodia labrada en Córdoba, en

1742 por Bernabé García de los Reyes: consta de mas de catorce arrobas

de plata, su estilo es churrigueresco, su forma la de un templete de dos

cuerpos sobrepuestos, sostenidos por columnas con relieves y adornos de

buen gusto, y terminando en una corona imperial: costó dos mil pesos.

Otra reliquia notable es la cabeza de Santa Emerenciana, vírgen y

mártir, patrona de Teruel, cuya festividad se tiene trasladada a la

feria tercera después de la Ascensión: fue proporcionada esta

preciosísima reliquia el año 1361, por D. F. Juan de Heredia, Gran

Maestre de Rodas. La imagen de esta Santa, es de plata, como también la

de la Asunción de Nuestra Señora, y la de Santa Gerónima.

Nada mas de notable contiene este templo: tiene dos puertas, una que da

a la plaza que lleva su nombre, y otra al Palacio Episcopal, edificio

formado y estendido con otros adyacentes, y en el que nada llama la

atención del artista ni del curioso, si se esceptua su patio compuesto

de un intercolumnio jónico labrado con buen gusto.

El templo de la parroquial de _San Pedro_, acaso se conserva, a pesar de

su renovación en 1741, en general, como en su primitiva fundación:

parece atestiguarlo así su anchura y aplastada nave gótica, única de que

consta: estátuas colosales y de muy mediano gusto, representando en su

mayor parte el apostolado, se ven esculpidas en los postes. El altar

mayor, como obra de un mismo artífice, aunque mas en pequeño, es igual

en su orden al de la Catedral, con la diferencia de que así como en este

se representan pasages y misterios de la vida del Redentor, en aquel son

concernientes a la vida y martirio del santo Apóstol: también es obra de

Gabriel Yoli, otro retablito al lado de la Epístola, con relieves en

miniatura, y en cuya parte principal se ven representados de escultura,

los médicos San Cosme y San Damian: aquí se encontraron los cadáveres de

los _Amantes de Teruel_. Como se incorporó a esta parroquia la de San

Esteban, se ve este santo colocado en el testero de la reja de hierro de

la puerta donde fina el arco sobre que se halla, a manera de la de San

Martín y San Salvador, fundada su torre. Rebajada en 1795, perdió todo

su mérito artístico, porque se adulteró su primer cuerpo, y se hizo el

segundo de bastante mal gusto.

Cual perenne centinela se descubre por la carretera de Zaragoza, la

arabesca Torre de _San Martín_, pegada a su Iglesia e inmediata a la

puerta de la Anda-quilla: levantada la torre sobre un arco que abre paso

para la mencionada puerta, al verla, asalta a la imaginación la idea de

si fue o no árabe su artífice, por lo arabesco de su construcción, por

sus adornos del mismo género, y por las almenas que en el último término

la ciñen. Fundida al parecer en un mismo molde que la de San Salvador,

tienen ambas en sus cuatro lados multitud de compartimientos, cornisas y

frisos sobrepuestos, y cuadros en que están intercaladas algunas

pequeñas columnas de barro cocido y embarnizado de varios colores,

multitud de ladrillos formando una especie de mosaico muy grato a la

vista.

Consta el cuerpo superior de una galería de arcos ojivos, sobre los

cuales se dejan ver otros menores de forma también arábiga: desgastada

por los cimientos, tratose de su reparación en 1549, con cuyo objeto se

citaron los mas hábiles profesores que a la sazón había en el

territorio: presentó cada uno su plan, y por juzgarlo mas basado en

principios y por consiguiente de mas prontos y felices resultados, fue

admitido el de Pedro Bedel, francés; que se hallaba entonces labrando la

Iglesia de Mora (provincia de Teruel). Apuntaló la torre perfectamente y

con tal maestría, que sostenida por las vigas abrió el cimiento y lo

obró de cal y canto hasta la cara de la tierra, dejando suspendida la

torre y la obra en este estado para que formara asiento por espacio de

un año; y en 1551, comenzó a ir cortando y reparando poco a poco, hasta

que la dejó tal como en el día se encuentra, con gran admiración y

aplausos de todo el pueblo teruelano que acudió a ver quitar el

andamiage el día señalado al efecto. Fue la construcción de los andamios

y puntales tan portentosos, que ávidos corrían los viajeros instruidos a

estudiarlos, los curiosos a embeberse en su contemplación, y no pocos

trasladáronse a Teruel, con el único y esclusivo objeto de admirar la

obra del inmortal y modesto Bedel, que se concluyó en el mismo año. Como

homenage digno a su genio, se le encomendó después el acueducto, y

merced a su fama hubo de construir la célebre mina de Daroca, la fuente

de Celadas y últimamente la Catedral de Albarracin, donde murió en 1567:

el jornal de Bedel en los días que trabajaba era el de diez sueldos:

pago harto mezquino a tanto mérito.

La Iglesia de San Martín es una de las mejores de Teruel, y de orden

dórico sencillo; separada de su torre en la memorable guerra de la

Independencia, se reconstruyó con el objeto de volverla a unir por Mosen

Rafael Perez, prior que era del Capítulo, todo el crucero del trascoro,

pero tan perfectamente y tan bien continuado el orden arquitectónico,

que es necesario hasta el mas inteligente, que se le advierta la

renovación para conocerla: tiene esta Iglesia dos copias bastante bien

acabadas de Güercino y Aníbal Caraci, y un retablo en la sacristía de

dos cuerpos con cuatro columnas corintias, cuyas pinturas son de Antonio

Risquért.

Capítulo V.

_Las Iglesias de San Juan, San Andrés, San Salvador, Santiago y San

Miguel.--Los conventos y los ex-conventos de Teruel._

Poco tiene de notable el templo de la parroquia de _San Juan_; su torre

que data desde 1342, parece hallarse levantada sobre un torreón árabe,

que, con otros dos de igual orden que se hallaban donde hoy está el

ex-convento de Dominicos, y otro denominado la Torre del Redentor,

formaban el punto mas fuerte de Teruel que se llamaba la _Ciudadela_; el

templo se renovó a principios del siglo 18; sus altares respiran regular

gusto artístico: fue profanada esta Iglesia por las tropas a las que

sirvió de cuartel, pero después fue renovada y restaurada celebrándose

en memoria de esto último una solemne fiesta el día 7 de Febrero en que

se abrió nuevamente al culto, habiéndose encontrado enterrada, no

sabemos con que objeto una imagen de Jesucristo, que mas tarde fue

restablecida en la mayor veneración por su hallazgo, y devoción general

de los teruelanos.

Sobre la puerta de la parroquia de _San Andrés_, dascuella la torre

cuadrilonga y almenada, remedo de la de San Martín y Salvador, pero con

escasísimo número de labores: la Iglesia renovada también nada tiene de

notable en su orden arquitectónico: el altar mayor es de figura de

templete y en el centro se ve de bulto el santo patrono: en esta Iglesia

descansan las cenizas de D. Antonio Sanchez Muñoz, Obispo de Albarracin

y Segorbe, y miembro del Concilio Lugdunense en 1274: murió en Teruel su

patria en 1.º de Setiembre de 1318: este ilustre Señor y su familia

debieron ser decididos patronos de esta Iglesia, puesto que sus armas se

ven pródigamente repetidas en el cimborio y bóvedas del templo.

La Iglesia parroquial de _San Salvador_, dedicada en un principio a la

Epifanía, es de gran buque, pero de mal gusto: venérase en este templo

un Cristo (colocado ahora en el altar mayor y antes en la capilla de

Santa Ana,) llamado el _de las tres manos_, a causa de verse una pegada

en el costado derecho[24]: es la imagen en que mas fe tienen los

turolenses, y a quien muy devotos acuden en sus lances mas apurados de

sequía, epidemias y catástrofes, como la mejor áncora de su salvación.

Cuando el Rey D. Jaime hallábase en Teruel en disposición de emprender

la conquista de Valencia, adelantáronse los teruelanos a buscar al

enemigo sin orden del rey, y al tiempo de partir sacaron

procesionalmente al mismo Cristo hasta fuera de la población como en

señal de despedida. En Junio de 1867, hallándose los habitantes de

Teruel en el estado mas aflictivo por la grande escasez de aguas, causa

del aspecto desconsolador que presentaban los frutos de la tierra,

agostados por los abrasadores rayos del sol; se llevó a la Catedral en

solemne procesión rogativa dicha Sacratísima Imagen, a la que asistió el

pueblo entero de Teruel: concluido el tiempo de novena, durante el cual

llovió aunque poco, fue vuelta con la misma solemnidad a su Iglesia de

San Salvador, y al regresar el clero y demás acompañamiento a la

Catedral llovió de una manera tan abundante como pocas veces han visto

los ancianos de Teruel, algunos de los cuales así como los documentos

que hemos consultado, confirman lo que acabamos de consignar acerca del

Santísimo Cristo del Salvador.

* * *

Con referencia a papeles antiguos podemos añadir sobre esta Imagen, que

con favorable éxito fue sacada de su templo y llevada a la Catedral en

solemne procesión rogativa en el siglo pasado, en las fechas siguientes

y por los motivos puestos a continuación.--En 7 de Mayo de 1702 por

sequía; en 1,º de Setiembre de 1703, por epidemia: en 15 de Mayo de

1712, en 13 de Octubre de 1751, y en 29 de Setiembre de 1752, por

sequía: en 24 de Marzo de 1754, por terremotos; y en 2 de Junio de 1780,

por sequía. Consérvase en este mismo templo un esqueleto en el mejor

estado, de una estatura colosal, ignorándose hasta la fecha su auténtica

procedencia, si bien se supone sería algún militar, por descubrirse en

su cuerpo un agujero de la figura de un balazo.

En la primera capilla, entrando en la Iglesia parroquial de _Santiago_,

hay un magnífico retablo de Antonio Bisquert; no cediéndole en mérito

otro retablito que hay en la sacristía: su torre, según la tradición,

fue cárcel del tiempo de los romanos, y en ella estuvieron presos en su

paso para Valencia S. Vicente Martir y su maestro San Valero: también

según la tradición, fue esta Iglesia mezquita; y palacio árabe el

convento inmediato de religiosas de Santa Clara, o de las Monjas de

Arriba, como le dicen en la ciudad.

La Iglesia de _San Miguel_, parroquia de este nombre, consta de tres

naves iguales, separadas por ocho antas de arquitectura moderna: fue

renovada a mediados del siglo pasado: el altar mayor, costeado casi todo

por el Ilmo. Sr. Obispo turolense D. Francisco Perez de Prado, tiene en

su parte principal la Purísima, con cuya condición el prelado ayudó con

sus fondos particulares a la construcción: al lado de la Epístola y en

una urna, se ve a Santa María Magdalena, de bulto, en actitud penitente

y contemplativa, perfectamente acabada: debajo del órgano hay un altar

de San Jorge, de bastante mérito, y que se supone con mucho fundamento

ser de la época del Rey D. Jaime, así como un Nazareno con la Cruz a

cuestas, que va en las procesiones de Semana Santa: el mencionado Rey D.

Jaime, cuyo retrato se conserva al lado del retablito de San Jorge,

fundó en 1262 una cofradía de Caballeros de Teruel, siendo el monarca el

primer cofrade: hay en la Secretaría de esta Iglesia un San Juan

Bautista de cuerpo entero, que patentiza la valentía del pincel que le

esculpió en el lienzo.

El Convento de _Monjas Claras_, de _arriba_, fundado por los Reyes de

Aragón D. Pedro IV, y D.ª Leonor en 1367; tiene una Iglesia de tres

naves, en donde se ven algunos frescos de Vicente Vidal: su titular es

Santa Catalina Martir, cuya imagen se halla en el lienzo del altar

mayor: todo el edificio revela la antigüedad y magnificencia de sus

reales fundadores.

El Convento de _Monjas descalzas de Santa Teresa_, o Monjas de _Abajo_,

es de una nave con cruz latina: para esta fundación dejó sus bienes D.

Domingo de Vencochea, natural de la ciudad de Teruel, pero no siendo

suficientes, se proporcionaron mayores con la piedad del pueblo, y sobre

todo con los generosos auxilios del Ilmo. Sr. Obispo D. Diego de Chueca,

que dirigió la obra con la mayor magnificencia y tuvo el grato consuelo

de consumarla y establecer las fundadoras que llevó de Zaragoza en 1660.

El ex-convento de _San Francisco_, es de la mayor antigüedad y es de los

días del Santo Fundador, quien envió a dos religiosos llamados San Juan

de Perusia y San Pedro de Saxoferrato, italianos, los que fueron

admitidos en Teruel a principios del año 1217 precisamente en el que

ocurrió el trágico suceso de los _Amantes_, en cuya época tomaron

posesión de la ermita de San Bartolomé, que les concedió el Ayuntamiento

de Teruel, ermita que hoy se conserva dentro de los que fueron claustros

de dicho convento: cada uno se arregló su habitación a los dos lados de

la ermita, conservándose todavía el pozo llamado de los Mártires a cuyas

aguas atribuyen, algunas personas piadosas de Teruel, la virtud de

curar varias enfermedades: dichos religiosos edificaron al pueblo con

sus buenos ejemplos y llevados del celo de la religión pasaron a

Valencia en donde sufrieron el martirio, siendo rey de los moros,

Zeit-Abu-Zeit que algunos llaman _Azoto_, el cual se levantó con el

título de _Christíanorum maximus persecutor_, grandísimo perseguidor de

los Cristianos.[25]--El pueblo de Teruel pronuncia siempre con gran

respeto los nombres de aquellos Santos Mártires, a quienes tiene por

compatronos, y recuerda con su respeto los beneficios que hicieron, ora

llevando la paz a muchas familias, ora aquietando los ánimos de los

bandos de Teruel, en la época de los _Amantes_; ora, en fin, estendiendo

su consuelo en la mayor parte de los pueblos enclavados en la provincia

de Teruel. Al ser arrojados los moros de Valencia, en cuya empresa

distinguieronse no poco los hijos de la capital que historiamos,

pidieron por este motivo y por los indicados, los cuerpos de aquellos

ilustres Mártires que se conservan en la Catedral. En 1225 se hallaba ya

bastante número de religiosos que continuaron la empresa de sus Santos

Fundadores. En 1399 D. García Fernandez Heredia, Arzobispo de Zaragoza,

favoreció la renovación y fábrica de este convento, y a sus espensas se

hizo la Iglesia que fue magnífica por su solidez y arquitectura aunque

de una sola nave y adornada con buenos altares. Se celebraron allí

algunos capítulos provinciales, y allí también hacían antes mansión

todos los Obispos a su arribo a Teruel, y después de descansar del viaje

y recibir las primeras visitas, entraban solemnemente en la ciudad a

tomar posesión de su Silla.

El extinguido Convento que nos ocupa, situado extramuros de Teruel en la

ribera del Turia, a juzgar por la gran exornación de la puerta, el

gablete, las ventanas subdivididas, así como los rosones en gemelas

secundarias con columnitas fasciculadas, cruciformes y bases sencillas

con un solo toro bastante complanado; pertenecía a la arquitectura

gótica (estilo ojivál.)

En 1783, siendo Obispo de Teruel, D. Roque Martín Merino, inundose toda

la vega y llegó el agua hasta el mismo altar mayor, penetrando también

por todo el convento, con cuyo motivo dicho Prelado se llevó a su

Palacio mantuvo a todos los religiosos. Muchos años antes siendo prados

todo lo que hoy es la vega y a la sazón que se mantenían en ellos un

número considerable de animales, especialmente de ganado vacuno, hubo

grandes tronadas, aumentáronse las aguas de los ríos sobre todo las del

Guadalaviar, y arrastraron cuantos animales había en los prados

ocasionando además perjuicios sin cuento a los vecinos de Teruel: en

virtud de este triste acontecimiento, y para evitar en lo posible su

repetición, se construyó una magnífica compuerta y se colocó mas arriba

del puente de piedra que hay pasado el pueblecillo de San Blas, cerca de

la masía llamada de los Frailes, logrando con esto y con acequias que

abrieron, contener por un lado y desaguar poco a poco por otro la

corriente del Guadalaviar: andando el tiempo, no se tuvo cuidado de

sostener esta buena precaución, y ahora está espuesta con poca

diferencia la vega de Teruel, a las mismas inundaciones.

Capítulo VI.

_Continuación de los ex-conventos.--El Seminario.--La Sala

Capitular._

La fundación del Convento de _Religiosos Mercenarios_, es casi tan

antigua como su instituto: los Reyes de Aragón ayudaron mucho al

patriarca en esta empresa en la época precisamente en que el Rey D.

Alonso II había creado en Teruel la orden militar llamada del Redentor,

que por la semejanza en sus objetos fue una imagen de este instituto; y

este establecimiento que aquí tuvo su origen y centro, fue

posteriormente incorporado a la compañía de los caballeros de San Jorge

de Alfambra y en la Iglesia parroquial de San Miguel de Teruel,

consérvase una capilla y altar antiquísimo que pertenecía a dicha orden.

Por disposiciones capitulares fue agregado este convento a la provincia

de Valencia y en todos tiempos hubo en él religiosos doctos y

ejemplares: el edificio era muy hermoso, el templo muy digno de

admiración, y su titular era el _Salvador_: quedó dicho convento muy

arruinado en la guerra contra los franceses, casi del mismo modo que el

que fue Trinidad, y que hoy está destinado a escuelas públicas.

* * *

El Convento de _Capuchinos_, que por incidencia hemos nombrado en otro

lugar, fue fundado por los mismos religiosos en lo que ahora es paseo

del Obalo, ausiliados por D. Lupercio Arbizú, Caballero de la orden

militar de San Juan de Jerusalem y Comendador de Caspe, habiéndose

gastado en ello pingües rentas: El Obispo D. Fernando Valdés dio su

aprobación y el Ayuntamiento y el pueblo teruelano prestaron su

consentimiento y contribuyeron con la mayor liberalidad a su

engrandecimiento que les fue correspondido con usura por los religiosos

del convento, cuyo edificio se arruinó totalmente en los calamitosos

tiempos de la guerra: después la piedad del Rey y la del Obispo D.

Felipe Montoya proporcionaron a los religiosos en Setiembre de 1816 un

nuevo convento en el sitio de Villa-Vieja.

La fundación del convento de _Carmelitas descalzos_, preséntase en la

historia en una época mas moderna, y aunque hubo que vencer algunas

dificultades para su admisión, se les dio sitio para ello en la misma

entrada de la ciudad y fue edificado con la mayor magnificencia, siendo

su Iglesia de bella forma, su titular era San José y tenía destinados

para su conservación bienes de la noble casa de Castellót, amen de

muchísimas limosnas de los fieles, que después eran devueltas a un

número considerable de pobres que iban al convento a demandar la

caridad. Destruido este convento después de la fatal guerra civil, fue

demolida su Iglesia por donde hoy pasa la carretera de Zaragoza, y el

resto del edificio se destinó a cuartel de la tropa que guarnece la

ciudad: ahora está convertido en graneros desde los sucesos de 1868, y

la guarnición ocupa parte del Seminario.

El convento de Predicadores de la orden de _Santo Domingo_, ocupado

ahora por el Instituto, Oficinas de Hacienda y Guardia civil, se hallaba

fundado en el sitio que fue la Ciudadela o principal fuerte de la

ciudad de Teruel en el muro de la misma: hízose esta fundación en el año

1611, por D. Miguel Andrés, vecino de la capital cuya historia venimos

escribiendo, y su titular era San Raymundo de Peñafort: gastó sumas muy

considerables en la fábrica suntuosa de la Iglesia y Casa que sirvió de

Colegio de estudios con muchísima utilidad del pueblo y lugares

comarcanos, concurriendo a sus aulas un crecido número de discípulos, y

de este mismo establecimiento y del Seminario salieron hombres notables

hasta tal punto, que además de haber desempeñado altos cargos y

dignidades, honraron dentro y fuera de España la ciudad de Teruel y los

muchos pueblos de los que hoy constituyen su provincia. ¡Cuanto nos

alegraríamos que esta saliese de su marcada apatía en la instrucción y

se colocara a la altura de las capitales de España! Permítannos los

hijos de Teruel y sus comprovincianos que deploremos su estado en esta

digresión, somos aragoneses, nacidos en Zaragoza, y deseamos con toda

nuestra alma, que tanto aquella ciudad siempre heroica que con delirio

amamos, como las de Huesca y Teruel, no degeneren en nada de lo que

fueron en otro tiempo, y sigan con la nobleza de carácter que las

distingue, el camino de la gloria científica, artística y militar que la

legaron sus mayores, triple gloria que constituía el mas rico florón de

la antigua corona Aragonesa.

Reciban desde las pobres páginas de esta nuestra humilde _Historia_, el

tributo de la mas entusiasta admiración y gratitud, los aragoneses

contemporáneos nuestros que no se dan punto de reposo en honrar con su

pluma o con su palabra el noble país en que nacieron, entre los que

figuran los nombres de _D. Gerónimo Borao_, _Don Manuel Andreu_, D.

_Manuel Lasala_, _Don José Nadál_, _D. Bienvenido Comin_, _Don Mauricio

Martínez_, _D. Bartolomé Martínez_, _D. Vicente Ventura_, _D. José

Puente_, _D. Narciso Ena_, _D. Custodio_, _Don Mariano_ y _D. Vicente

Carderera_, _D. Angel Gallija_, _D. Tomás Lalaguna_, _D. José María

Huici_, _D. Esteban Gabarda_, _D. Miguel Ferrer_, _D. Joaquin Mateo_,

_D. Martín Sanchez_, _D. Leon Ros_, y _D. José Ríos_ y una distinguida

pléyade de jóvenes aragoneses en cuyo número se cuentan _D. Eusebio

Blasco_, _D. Joaquin Tomeo_, _D. Martín Villar_, _D. Pablo Gil_, _D.

Juan Clemente Cavero_, _D. Joaquin Marton_ _D. Agustin Paraiso_, _D.

Julio Monreal_, _D. Joaquin Gil Verges_, _D. Mariano Viscasillas_, _D.

Eugenio Borao_, _D. Francisco Codera_, _D. Constantino Gil_, _Don Juan

Pablo Solér_, _D. Francisco Navarro_, _D. Santos Pina_, _D. Bruno

Solano_, _el vizconde de Torres-Solanot_, _D. Iñigo Figueras_, _D.

Cándido Campo_, _Don Marceliano Isabal_, _D. Leon Abadías_, _D. Mariano

Supervia_, _D. Antonio Aparicio_, _D. Mariano Baranda_, _D. Pedro Andrés

Catalan_, _D. Andrés Cabañero_, _D. Joaquin Torres_, _D. Mariano

Martín_, _D. Pedro Pomar_, _D. Elías Vicente_, _D. Filomeno Cueva_, y,

en fin, otros muchos jóvenes que nos dispensarán si no les nombramos por

sernos infiel la memoria al entrar en prensa estas páginas, y que todos

dan y esperamos que darán días de gloria al país aragonés.

Contiguo al ex-convento de la Trinidad, descuella el _Seminario_,

edificio de colosales dimensiones pero sin ningún orden arquitectónico

marcado: fue en un principio colegio de jesuitas, parque en la guerra

civil, seminario después, y ahora en su mitad cuartel de infantería: en

toda época por su solidez, por sus proporciones y por su situación, ha

sido considerado como el mejor punto militar, y por consiguiente en

todas las guerras ha sido destinado para este objeto: tiene una

magnífica Iglesia de una nave con cruz latina, si bien aglomeradísimos y

confusos los adornos y frescos, de los que los hay de perfección rara y

muy bien conservados: lo mejor de este templo (en donde se ven unos

cuantos centenares de armas en mal estado e inútiles), es el busto de su

fundador el Obispo de Teruel e inquisidor general D. _Francisco Perez de

Prado_, ejecutado por D. Felipe de Castro.

Historia de Teruel · 第 5 / 7 段