lúgubre clamor de las campanas anunció a Teruel la hora del funeral
aparato: hombres y mugeres de distintas edades acudieron a la casa del
difunto, así como los eclesiásticos de San Pedro y de las demás
parroquias: el entierro marchaba en esta forma: iban delante los
soldados en orden de batalla, detrás cuatro capellanes llevaban en
hombros el cuerpo de Marcilla; seguían los oficios con hachas
encendidas, los capuces, las gramallas[13] de los deudos y amigos; y en
pos de todos una pequeña escolta y casi todo el pueblo de Teruel.
La desconsolada Isabel apenas oyó desde su retrete los tristes cánticos
del entierro, hizo que la dueña que la acompañaba, subiese con ella a la
reja mas alta de la casa, para ver el funeral concurso: así que
descubrió el féretro donde iban los últimos despojos de su malogrado
amor, quedó pasmada por algunos momentos, y abandonándose luego a las
irresistibles inspiraciones de su corazón, se despojó de todas sus galas
vistiose con un mongil de bayeta, y despeinado el cabello, bajó a la
calle muy apresurada, y confundiéndose entre las muchas mugeres que
acompañaban el duelo, pudo seguir llena del mayor abatimiento: en el
tránsito se reconvenía de haber sido la causa de la desgracia de
Marcilla y ella misma se acusaba y condenaba, haciendo a la vez de
fiscal, de juez y de reo.
Entró el entierro en la Iglesia de San Pedro, el cadáver de Marcilla fue
colocado en un gran túmulo y diose principio al Oficio. La infeliz
Isabel, no pudiendo resistir mas, abrió al dolor la llave, dio rienda
suelta al llanto, y abalanzándose cubierta a donde estaba el féretro,
esclamó:
_¿Es posible que estando tu muerto, tenga yo vida? No tengas de mi fe
duda que pueda vivir un solo punto; ¡ay! perdona mi tardanza, que al
instante contigo me tendrás._
Dijo, y descubriéndole la cara le dio un beso tan fuerte que se oyó en
toda la Iglesia, y con un ¡ay! faltole el aliento en un instante y la
Parca puso un sello en sus ojos.
Creyeron los circunstantes sería alguna deuda o hermana del difunto,
pero cuando el clero principiaba el _In exitu_, fueron a apartarla y la
encontraron inmóvil: llámanla hasta tercera vez, y no responde;
descubren el manto que la velaba el rostro, y ven era Isabel que tenía
su boca pegada a la de Marcilla, y su cuerpo sirviéndole de losa
sepulcral: la sensible y virtuosa Isabel, después de haber apurado el
cáliz amargo de dilatadas penas, buscó en alas de la muerte la compañía
de su amante hasta el mismo templo de la eternidad.
La estraña singularidad del suceso, el respeto imponente del lugar
sagrado, el pavoroso aparato funeral, y la melancólica gravedad de todos
los semblantes, dejaron absortos a cuantos se hallaban en el templo:
Azagra, esposo de Isabel, procuró entonces quitar de esta toda sospecha
y refirió en voz alta el trágico suceso de su casa en la noche
precedente.
Todos quedaron perplejos, y nadie se atrevía a proponer la resolución
que debía adoptarse, hasta que un viejo, pariente de Marcilla, de mucha
autoridad y cuyas razones pasaban por oráculo, sacó al concurso de la
duda. «Supuesto, dijo, que es verdad cierta que Isabel y Diego, desde
niños se tuvieron entrañable amor, y que en su ausencia larga han pasado
los dos una pena y un tormento, y que juntos ambos han padecido un
género de muerte; y supuesto también que se ligaron los dos con palabra
y juramento de esposos, primero que Azagra, será razón que se entierren
los dos juntos en un sepulcro.»
Oído este parecer, mereció la aprobación de los padres de Isabel y de D.
Diego, del Justicia y Regimiento: Azagra consintió también en ello, y
colocaron juntos en un sepulcro de alabastro a _los dos Amantes_,
honrando su fidelidad con muchos epitafios.
Esto sucedió en el año 1217, siendo juez de Teruel D. Domingo Celada:
este y algunos eclesiásticos y vecinos de la parroquia de S. Pedro,
dejaron por escrito consignado el hecho para memoria de la posteridad.
Capítulo VIII.
_Los esqueletos de los Amantes de Teruel._
Según resulta de las apuntaciones del archivo de S. Pedro, y de
Escrituras públicas y demás documentos justificativos que en su citado
libro trae el Sr. Gabarda; el año 1555, siendo juez de Teruel Miguel
Perez Arnal, al labrarse una capilla antigua de la Iglesia de San Pedro,
se hallaron los cuerpos de _D. Diego Martínez de Marcilla y de Doña
Isabel de Segura_, en un sepulcro y enteros, sin estar casi nada
gastados.
En 13 de Abril de 1619, fueron encontrados sepultados juntos en la
capilla de los Santos Médicos Cosme y Damian, en la misma parroquia de
San Pedro, los esqueletos de dichos Amantes, con señales evidentísimas
de ser los pertenecientes a D. Diego y D.ª Isabel.
En 1708, con motivo de la nueva obra que se hizo en la Iglesia de San
Pedro, fueron trasladados al claustro inmediato que tiene la parroquia y
que servía de cementerio, y allí se colocaron los dos juntos, puestos en
pie, en un armario metido en la pared, donde recibían las visitas de
casi todos los forasteros estrangeros o nacionales, que aun cuando solo
se detengan pocas horas en Teruel, rara vez dejan de acudir a satisfacer
su curiosidad.
Sobre dicho armario se leía:
_Aquí yacen los celebrados Amantes de Teruel, D. Juan Diego Martínez de
Marcilla y D.ª Isabel de Segura. Murieron en 1216 y en el de 1708 se
trasladaron a este panteon._
En el año 1814 cuando pasó el rey D. Fernando VII por Teruel, se sacaron
del armario los dos esqueletos de los Amantes y los colocaron adornados
en la sacristía de la Iglesia de S. Pedro donde fueron visitados por el
rey y la grandeza de su comitiva, restituyéndolos después a su morada
ordinaria.
En Mayo de 1854, después de haber adquirido los fondos necesarios para
erigir a los dos esqueletos un sitio mas decente y que correspondiera a
su justa celebridad, fueron trasladados con gran regocijo de los
teruelanos al salón que se les tenía hecho en el mismo claustro de la
Iglesia parroquial de S. Pedro, y se les colocó en una magnífica urna de
nogal con preciosos embutidos, construida por el ebanista D. Antonio
Lacarrier, natural de París y concluida por su discípulo D. Policarpo
Serrano, también ebanista y vecino de Teruel.
Dicha _Urna_, que hemos examinado detenidamente, es un templete de orden
corintio, sostenido por ocho columnas, que se le puede dar vuelta al
rededor y ser vistos los _Amantes_ con toda claridad: la figura es
octógona y tiene un metro y noventa centímetros de ancho, y cuatro
metros, cuarenta y cinco centímetros de alto: se compone de seiscientas
quince piezas de pino para la armazón interior, de ochocientas noventa y
seis de nogal y de cuatro mil nuevecientas veinticinco de doradillo, que
al todo hacen 6436 piezas.
El _Salón_, que es una nave rectangular, está dividido por su longitud
en cuatro espacios de tres metros: tiene cuatro pilastras por lado que
limitan los espacios, y en cada uno de ellos hay un cuadro apaisado con
molduras de relieve, y encima de la puerta de entrada por la parte
interior hay otro cuadro igual a los anteriores: sobre dichas pilastras
descansa el cornisamento y se elevan unos esbeltos arcos apuntados y
decorados con molduras, y el todo está cubierto por bóveda de arista,
formando el conjunto de este salón, una bella nave que pertenece al
orden gótico-bizantino.
Los esqueletos de los _Amantes_, están bien conservados, y solo
cubiertos con unas enaguas cortas de gasa muy trasparente, para que
puedan ser vistos y examinados por los que les visiten: el de D.ª Isabel
está a la derecha del de D. Diego, y es de admirar como después de tanto
tiempo se hallan en tan buen estado.
¡Y qué diferente efecto, dice el Sr. Gabarda, produce la vista de estos
ilustres esqueletos a la curiosa multitud que los visita! El vulgo
admirador se sobrecoge por un especie de pavor sagrado; el liviano
superficial sale haciendo asquillos, porque sus ojos no han visto mas
que los materiales despojos de la humanidad; el ilustrado naturalista
contempla absorto el prodigio de este fenómeno físico; y el sabio, que
penetra el poder de las pasiones y la moralidad de las acciones
humanas, esperimenta en su presencia un recogimiento respetuoso, que
evocando los pensamientos mas serios, le hace esclamar en el silencio de
su corazón; ¡Padres de familia! procurad con la educación, con vuestro
ejemplo, con la persuasión y hasta con vuestra autoridad, precaver a
vuestros hijos del trato e inclinaciones con aquellas personas, que
vuestra prudencia no juzgue convenientes para unir con ellas la sangre,
la fortuna y el nombre de vuestra alcurnia; pero si vuestro descuido, o
la imperiosa voz de la naturaleza, en fuerza de irresistibles simpatías,
han llegado a crear la necesidad de la unión de dos almas sensibles,
respetad este inesplicable enajenamiento del amor, esta pasión que
consume y alienta, que no se enciende mas que una vez en la vida, y que
sacrificada con violencia, termina desastrosamente castigando la
terquedad de los padres con dolorosos remordimientos, que les acompañan
hasta las tristes sombras del sepulcro.
Sobre los AMANTES DE TERUEL han escrito: _Juan Yagüe de Salas_, un
poema; _Juan Perez de Montalvan_, una comedia; _Andrés Rey de Artieda_,
una tragedia; _D. Juan Eugenio Hartzenbusch_, un drama; _Renato de
Castel-Leon_, una novela histórica; _D. Isidoro Villarroya_, una novela;
_D. Esteban Gabarda_, una historia y además en distintas épocas han
escrito en menor estensión sobre dichos AMANTES, _Blasco de Lanuza_,
_Don Isidoro Antillon_, _D. Pedro Albentosa_, y algunos otros.
Capítulo IX.
_Los Obispos de Teruel._
Pocos años después de la fundación de Teruel, su primitiva Iglesia de
Santa María fue parroquial, como luego lo fueron las de San Salvador, S.
Miguel, San Juan, San Pedro, San Andrés, Santiago, San Martín y San
Esteban, la cual fue unida a la de S. Pedro en 1292: la misma de Santa
María se hizo Colegiata en 1423, con autoridad de Don Alonso, Obispo de
Zaragoza; dándole constituciones en 1425. El Rey D. Pedro el IV
ennobleció a Teruel con el título de Ciudad, aunque solicitó de la Santa
Sede la erección de Catedral, no tuvo efecto hasta que a petición de
Felipe II fue erigida por Gregorio XIII en 30 de Julio de 1577, y
arreglada por Sisto V en Bula de 5 de Octubre de 1587, y confirmada
después por Clemente VIII por la suya de 3 de Julio de 1593.
Al fallecimiento de D. Fernando de Aragón, Arzobispo XIII de Zaragoza,
ocurrido en 29 de Enero de 1577, fue nombrado en este año Obispo de
Teruel, _D. Juan Perez de Artieda_, Canónigo de Zaragoza, pero como
murió antes de ser consagrado no empezamos por él el Catálogo de los
Obispos, y sí por el que realmente lo fue.
PRIMER OBISPO DE TERUEL, _Don Andrés Santos_: este Prelado nació en
Quintanar de la Vega, diócesis de Leon: fue inquisidor en los tribunales
de Llerena, Cuenca, Córdoba, Valladolid y Zaragoza: tomó posesión en 20
de Diciembre de 1578, y fue muy estimado de los teruelanos por sus
virtudes, talento y prudencia: hizo varios reglamentos conforme a los
cánones y disciplina de la Iglesia, y de algunos se hace memoria en las
Constituciones Synodales de su sucesor: la Iglesia de Teruel le debe su
primer forma y orden, cuyos servicios fueron tan agradables al Rey que
le trasladó a la metropolitana de Zaragoza en Marzo de 1579; salió de
Teruel en 28 de Julio del mismo año, y la mayor parte de los vecinos de
esta ciudad le acompañaron hasta una gran distancia, habiendo sido
sentida por todos su partida, especialmente por los pobres. Asistió
después a las Cortés de Monzon, murió en 13 de Noviembre de 1585, y fue
enterrado con la mayor solemnidad en el templo del Salvador de la ciudad
de Zaragoza.
2. _D. Jayme Gimeno de Lobera_: natural de Ojos negros pueblo de la
provincia de Teruel: era Arcediano de la Cámara de Huesca y Jaca, y Juez
de competencias de Aragón: fue nombrado Obispo de Teruel en 25 de
Noviembre de 1579 y tomó posesión en 10 de Junio de 1580, edificó la
casa episcopal, gastando en está obra doce mil ducados; hizo Estatutos
para el buen gobierno de la Catedral que aprobó y confirmó Clemente VIII
en su Bula de 3 de Julio de 1593: se celebró con su autoridad en la
ciudad de Teruel el primer Sínodo diocesano en el mes de Febrero de
1589, cuyas constituciones arreglaron el buen orden en el culto divino
y funciones de dicha Iglesia. Visitó el Obispado dejando en todas partes
memoria de su liberalidad y misericordia con los pobres, y consagró la
Iglesia de Camañas, pueblo de la provincia de Teruel. En la Catedral hay
un Crucifijo de marfil en Cruz de plata dorada y otras alhajas que
recuerdan su episcopado. En las alteraciones del orden en el Reino, fue
nombrado Virrey, y después de haber procurado la paz se restituyó a su
Iglesia, en donde murió en 12 de Diciembre de 1594. Sus entrañas fueron
sepultadas en el Presbiterio de la Santa Iglesia Catedral de Teruel, y
su cuerpo fue trasladado a Zaragoza a la Iglesia del Pilar y colocado en
la capilla de San Miguel, que había sido construida a sus espensas.
3. _D. Francisco de Val_, natural de Cogolludo en el Obispado de
Sigüenza, era Arzobispo de Callér en Cerdeña cuando fue nombrado para la
Iglesia de Teruel, y habiendo pasado a Roma murió allí y no se verificó
su residencia.
4. _D. Martín Ferrer_, natural de Daroca, provincia de Zaragoza, fue
Colegial Mayor de San Ildefonso en Alcalá de Henares y Canónigo de la
metropolitana de la capital de Aragón: en 1593 fue electo Obispo de
Albarracin en donde permaneció tres años y algunos meses, dando ejemplos
de su piedad con los pobres socorridos por sus limosnas; a su costa se
edificó la torre de aquella Catedral, Iglesia que nunca olvidó pues en
1604 dotó competentemente la solemnidad de la octava de la fiesta al
Smo. Sacramento. Fue trasladado a la silla episcopal de Teruel y tomó
posesión de ella en 25 de Setiembre de 1596, y la gobernó por espacio de
diez y ocho años, aclamándosele universalmente con el tierno título
de--Padre de los pobres. Dio perfección a la obra de la casa episcopal,
y en sus días y a costa suya fueron levantadas las naves laterales de la
Catedral, la cual conserva también otras memorias de su liberalidad,
como son: el terno negro de terciopelo bordado en oro, un palio de tisú
y cenefa de terciopelo carmesí, y el verjado y sillería del coro: fundó
un Colegio en la Universidad de Alcalá de Henares para estudiantes
teólogos de Aragón, con dotación de mil escudos anuales: en Daroea se
construyó a sus espensas una capilla y capellanía, cuyo patronato es de
la casa del Marqués de Villalba. En el año 1612 celebró Sínodo en Teruel
y en él se formaron constituciones muy importantes para el servicio de
Dios y provecho de los fieles: después de haber gobernado diez y siete
años la Iglesia de Teruel, fue promovido a la de Tarazona en Abril de
1614, continuando los ejemplos de humildad y caridad con los pobres: en
los años 1614 y 1615 asistió al Concilio provincial de Zaragoza, en
donde hizo brillar su celo y doctrina. Murió en 28 de Noviembre de 1631
y fue sepultado en su capilla de Daroca.
5. _D. Tomás Cortés_: natural de Huesca, Canónigo de aquella Iglesia;
del Obispado de Jaca fue trasladado al de Teruel, y tomó posesión de
esta Silla en 5 de Noviembre de 1614; gobernó este Obispado con mucha
prudencia y paz en medio de algunas discordias que ocurrieron entre los
pueblos: murió en Huesca el 9 de Diciembre de 1624 y fue sepultado en el
presbiterio de la Iglesia de San Lorenzo en la que había fundado un
priorato y raciones.
6. _D. Fernando Valdés y Llano_, natural de Cangas de Tineo, del
Obispado de Oviedo en el Principado de Asturias; fue inquisidor de
Barcelona, Salamanca y Toledo; electo Obispo de Teruel, entró en esta
ciudad el 13 de Diciembre de 1625. En Octubre de 1627 celebró Sínodo
diocesano: en 1632 fue trasladado al Obispado de Leon. De allí pasó al
Arzobispado de Granada, y a instancia del Conde Duque de Olivares, le
nombró S. M. para Presidente del Consejo de Castilla, y en el desempeño
de este honorífico empleo, murió.
7. _D. Pedro Apaolaza_, hijo de Moyuela, pueblo del partido de Belchite
en la provincia de Zaragoza; nació en 13 de Julio de 1567, siguió su
carrera literaria en la Universidad Cesaraugustana, donde fue graduado
de Maestro en Artes y de Doctor en Sagrada Teología: siendo Beneficiado
de la Iglesia de su pueblo, pasó a Rector de la Iglesia de Santa Cruz de
Zaragoza, y después de la de Torres los Negros, lugar del Arzobispado.
En sus curatos dio los mayores ejemplos de celo y piedad; su virtud y
literatura hiciéronle digno de la Abadía de San Victorian en 1612, con
cuyo carácter fue diputado del Reino de Aragón en 1620, y luego fue
elegido Obispo de Barbastro y tomó posesión en 19 de Noviembre de 1622,
en que fue trasladado a la Silla de Teruel, habiendo renunciado antes
los Obispados de Orihuela, Lérida y Mallorca: en 18 de Agosto de 1635 y
después de gobernar su Obispado por espacio de diez años, fue promovido
a la Metropolitana de Zaragoza de la que tomó posesión en 1.º de Marzo
de 1635: en todos los Obispados manifestó el caudal de su doctrina, su
celo en la reforma de costumbres, e hizo brillar su paciencia en algunas
persecuciones que padeció; su humildad se insinuaba en su trato que se
llevaba tras de sí el respeto y la admiración de las gentes; en sus
frecuentes visitas diocesanas dejó decretos muy edificantes y empleó sus
rentas en el socorro de los pobres; cincuenta de estos asistieron en
Teruel a su mesa el día y octava de su cumple-años el primer año de su
Obispado en la misma ciudad: dejó fundaciones piadosas en la Iglesia de
su patria; renovó la capilla de N.ª S.ª de la Blanca en la Metropolitana
del Salvador de Zaragoza; dotó las cátedras de Filosofía y Teología en
su Universidad; dio a conocer su literatura en los dos tomos que
escribió con el título de _Mensa Eucharistica paraneticis excursionibus
illustrata_, y en otras diferentes obras y sermones que se hallan
impresos: su oratoria sagrada es digna de compararse con la de los
Santos Padres de la Iglesia y sus sermones eran tan frecuentes que en
ocasión de haber enfermado de gravedad en Teruel el orador cuaresmero,
predicó él en días alternados, llamando tanto la atención que la
Catedral el día de sermon llenábase de oyentes de la población y de
fuera, que se disputaban la entrada por colocarse donde poder oírle
mejor: otra vez en la Iglesia del Hospital de Zaragoza faltó también el
orador de cuaresma a consecuencia de haber tenido que salir de la ciudad
por muerte de su madre y una hermana; con este motivo el ilustrado
paisano y Obispo de que hablamos, predicó todos los días con el mayor
fruto, siendo la admiración de todos los zaragozanos, quienes le
regalaron un precioso terno: también los teruelanos le hicieron regalo
de un anillo de muchísimo valor, pero él pidió permiso para venderlo y
su producto fue repartido entre los mendigos, quienes le dieron el
honroso dictado de _El Obispo de los pobres_. Desempeñó su ministerio
apostólico con gloria inmortal, y murió en olor de santidad en Zaragoza
en 25 de Junio de 1643: fue depositado su cadáver en dicha capilla del
Salvador y al año siguiente trasladado a la Iglesia de Moyuela.
8. _D. Juan Cebrian_, natural de Perales, pueblo de la provincia de
Teruel; su familia noble es conocida con el título del Condado de
Fuenclara: entró religioso mercenario en el convento del Olivar donde
profesó solemnemente y cultivó su talento en los estudios literarios,
logrando todos los grados del Orden hasta el Magisterio general de la
misma electo en Toledo en 1617. Noticiosa la Córte de sus virtudes y
saber, el rey D. Felipe IV, le nombró Obispo de Albarracin, cuya Iglesia
gobernó desde 1632 hasta el 12 de Febrero de 1635, que fue promovido a
la silla episcopal de Teruel, de la que tomó posesión en 31 de Agosto
del mismo año, y la gobernó hasta el 21 de Junio de 1644, que fue
nombrado Arzobispo de Zaragoza: la presencia del rey, y las públicas
aclamaciones de la nobleza, el clero y el pueblo, hicieron solemnísima
su entrada en aquella ciudad, acompañándole desde su convento de San
Lázaro hasta la Iglesia. El Rey le nombró de su Consejo de Estado
Embajador y para acompañar a la reina D.ª Mariana de Austria que venía a
casarse con el rey. Desempeñó la comisión de conducir el cadáver del
Príncipe D. Baltasar al sepulcro del Escorial, con la mayor
magnificencia. El mismo Rey le dio el nombramiento de Capitán general de
Aragón. Sus virtudes pastorales fueron de acuerdo con su política y se
vio su caridad en el socorro de los enfermos en la peste del año 1651, y
sus limosnas con los pobres fueron estraordinarias: como obras debidas a
su piedad citaremos la renovación de su convento del Olivar, la
fundación del Colegio de San Pedro Nolasco para los estudios de los
religiosos de la provincia, y el convento de Capuchinas de Zaragoza
débele toda su perfección: casi en vísperas de perder para siempre la
salud, marchó a Juslibol, pueblo cercano a Zaragoza y construyó de su
bolsillo varias casas sobre cuyas puertas se lee el nombre de su
fundador: murió en el mismo pueblo el día 27 de Diciembre de 1662,
dejando dispuesto que su corazón se llevase a su Iglesia de Perales y su
cadáver fuera enterrado en la Iglesia de las Capuchinas.
9. _D. Domingo Abad y Huerta_, natural de Cubél, provincia de Zaragoza;
fue inquisidor de Barcelona donde sufrió mucho por su fidelidad en los
días de las turbaciones de aquel Principado, pero el Rey Felipe IV le
premió nombrándole Obispo de Teruel, de que tomó posesión en 19 de
Setiembre de 1644: los breves días de su pontificado privaron a esta
Iglesia de las esperanzas que concibió en los ensayos de su celo por la
paz y felicidad de los teruelanos: murió al año y medio de su residencia
en 16 de Mayo de 1646: su cuerpo fue enterrado al lado derecho del
Presbiterio de la Catedral, quedó heredera y enriquecida con sus
preciosos pontificales.
10. _D. Diego de Chueca_, hijo de Calcena, villa de la diócesis de
Zaragoza, en cuya ciudad hizo su carrera literaria, obtuvo el grado de
Teología, desempeñó cátedra de la facultad y consiguió la Canongía
Magistral de la Iglesia metropolitana donde frecuentemente predicó la
palabra divina con mucho fruto y edificación: el Rey Felipe IV le
nombró Obispo de Barbastro y luego de Teruel, donde tomó posesión en 5
de Setiembre de 1647, verificando su entrada en la ciudad el día 29 del
próximo mes: celebró Sínodo diocesano en 1657 y en él se arreglaron
todas las cosas pertenecientes al buen gobierno de la Catedral, de las
parroquias de la ciudad y las de las aldeas, tanto en sus rentas como en
sus funciones eclesiásticas. De acuerdo con el Cabildo procuró la
dotación competente de la renta de la fábrica de la Iglesia Catedral y
contribuyó para ello anualmente con sumas considerables de sus rentas,
gastando también en equipar de ornamentos la sacristía mayor. En sus
días se hizo la fundación del convento de Monjas descalzas de Santa
Teresa, en cuya fábrica gastó mas de 40,000 escudos, y al regreso de su
primera diputación del Reino se trajo de Zaragoza, en 1660, las Madres
fundadoras que salieron del convento de aquella ciudad, conocido con el
nombre de su fundador Diego Fecét, con el vulgar de las Fecetas,
debiéndose a su piedad este virtuoso establecimiento, que desde entonces
ha estado sujeto a la jurisdicción de los Obispos: murió en Zaragoza el
18 de Junio de 1672.
11. _D. Diego Antonio Francés_, hijo de Zaragoza, estudió jurisprudencia
en su Universidad, fue Arcipreste de Daroca, dignidad de la Iglesia
metropolitana, luego Obispo de Barbastro y después de Teruel: tomó
posesión en 18 de Mayo de 1673, y en 22 de Junio siguiente pasó a
Tarazona.
12. _D. Andrés Aznar_, natural de Zaragoza, religioso agustino, Obispo
de Jaca, y luego de Teruel, del que tomó posesión en 17 de Julio de
1674, y haciendo la visita de la diócesis murió en Bueña en 5 de Mayo de
1682.
13. _D. Gerónimo Zolivera_, nació en Barbastro, electo Obispo de Teruel,
tomó posesión en 20 de Abril de 1683, fue a Zaragoza diputado del Reino
en 1685: en sus días se reedificó la nave mayor de la Catedral de
Teruel, a él se debe la capilla que hay frente a la nave izquierda
dedicada a María Santísima, enriqueció la sacristía con varias alhajas,
y a sus espensas hízose un magnífico aparato fúnebre con terno, cubierta
de tumba y blandones para los Oficios de Difuntos; perfeccionó la obra
de la casa Episcopal, formando una portada de buen orden de
arquitectura en donde se ve el escudo de sus armas, todo de piedra: en
sus días edificáronse también los graneros de Camarillas y la Puebla
para la recolección de los frutos de la Mensa episcopal: murió en 28 de
Marzo de 1700, y su corazón fue depositado en su capilla, llamada
vulgarmente el Diario.