De los nombres propios que usan los griegos.
Platón ha compuesto un tratado en que aventura muchas etimologías de
los nombres de los héroes, los genios y los dioses; y en ello se toma
ciertas licencias de que esta especie de trabajo es tan susceptible.
Animado por su ejemplo, y menos osado que él, coloco aquí algunas
observaciones sobre los nombres propios que usan los griegos, hechas
casualmente en las dos conversaciones que acabo de referir. En ellas
ocurrieron varias veces digresiones, en que se habló de la filosofía y
muerte de Sócrates, y entonces supe circunstanciadamente lo que diré en
el capítulo inmediato.
Distínguense dos suertes de nombres: los propios y los compuestos.
Entre los primeros los hay que traen su origen de cierta semejanza
entre el hombre y tal animal, por ejemplo, Licos, _el lobo_; Sauros,
_el lagarto_; Alectrión, _el gallo_; y los hay también que parecen
derivados del color del rostro, como Argos, _el blanco_; Melas, _el
negro_; Pirro, _el bermejo_.
A veces ponen a un niño el nombre de una divinidad, dándole una ligera
inflexión, y así es que _Apolonio_ viene de Apolo, _Demetrio_ de
Deméter, etc.
Los nombres compuestos son en mayor número que los simples. Si dos
esposos creen haber alcanzado con sus oraciones el tener un hijo, en
señal de reconocimiento añaden con una leve mudanza al nombre de la
divinidad protectora la palabra _doron_, que significa _dádiva_; y de
aquí vienen los nombres de Teodoro, Diodoro, Olimpiodoro, Heliodoro,
etc.
Algunas familias pretenden descender de los dioses, y de aquí vienen
los nombres de _Teógenes_ o _Teágenes_, hijo de los dioses; _Diógenes_,
hijo de Zeus; _Hermógenes_, hijo de Hermes.
Es digno de notarse que la mayor parte de los nombres que menciona
Homero, son títulos de distinción, los cuales fueron concedidos
como premio a las calidades que más se apreciaban en los siglos
heroicos, tales como el valor, la fuerza, la ligereza en la carrera,
la prudencia y otras virtudes. De la palabra _pólemos_, que significa
la guerra, se compuso _Tlepólemo_, es decir, propio para sufrir las
fatigas de la guerra; añadiendo a la palabra _maco_, combate, algunas
preposiciones y diferentes partes de oración que modifican el sentido
de un modo siempre honroso compusieron los nombres de _Anfímaco,
Antímaco, Telémaco_, etc. Haciendo lo mismo con la palabra _henorea_,
que significa fuerza, intrepidez, compusieron la de _Agapénor_, el que
estima el valor; _Agénor_, el que le dirige, y otros muchos; de la
palabra _damao_, yo domo, yo someto, se formó _Damástor, Anfídamas,
Ifídamas, Polídamas_, etc.
De aquí es que muchos particulares tenían entonces dos nombres: el que
sus padres les pusieron, y el que merecían por sus acciones; pero con
el segundo olvidaron en breve el primero. Estos títulos honoríficos se
transmitían a los hijos para recordarles las acciones de sus padres y
empeñarlos a imitarlas, y así es que han llegado hasta nuestros días;
y como han pasado a toda clase de ciudadanos, no imponen obligación
alguna, antes bien algunas veces resulta un singular contraste con el
estado o el carácter de aquellos que lo han recibido en su infancia.