IV

Tarde... Los que tú lames

para siempre jamás doblan sus lomos,

egregios eccehomos

ungidos de las mirras más infames;--

porque la frase artera

que lanzas al azar y medio trunca,

ya no se borra nunca,

ni aunque Dios, si hay un Dios, lo dispusiera.

V

Como va sin testigos,

bajo el dosel astral del firmamento,

desflorando el jumento

la fulgurante gloria de los trigos;

o como en el follaje,

trémula de ponzoña, la serpiente

fulmina de repente

la regia vida del león salvaje;

o como las carcomas,

en el frondoso, perfumado huerto,

con diabólico acierto

taladran la más roja de las pomas;

o como traicioneras,

ya mordidas del mal que no se cura,

sobre la tez más pura

ponen su placa impura las rameras;

tú matas, tú suprimes

la Virtud, el Honor, los Ideales,

y has poblado hospitales

con una multitud de almas sublimes.

Nuevas poesías y evangélicas con un estudio del Dr. Alfredo Palacios · 第 56 / 75 题