Pues ¿por qué,

Si ese hermoso luminar

(Que á un tiempo ver y cegar

Hace) otra criatura fué,

Apénas nacer se ve,

Cuando con la majestad

De su hermosa claridad

Azules campos corrió,

Teniendo más alma yo,

Tengo ménos libertad?

¿Por qué, si es que es ave aquella

Que, ramillete de pluma,

Va con ligereza suma

Por esa campaña bella,

Nace apénas, cuando en ella

Con libre velocidad

Discurre la variedad

Del espacio en que nació,

Teniendo más vida yo,

Tengo ménos libertad?

¿Por qué, si es bruto el que á bellas

Manchas salpicó la piel

(Gracias al docto pincel

Que áun puso primor en ellas),

Apénas nace y las huellas

Estampa, cuando á piedad

De bruta capacidad,

Uno y otro laberinto

Corre, yo, con más instinto,

Tengo ménos libertad?

¿Por qué, si es pez el que en frio

Seno nace y vive en él,

Siendo argentado bajel,

Siendo escamado navío,

Con alas que le dan brío

Surca la vaga humedad

De tan grande inmensidad

Como todo un elemento,

Teniendo yo más aliento,

Tengo ménos libertad?

¿Qué mucho, pues, si se ve

Torpe el hombre en su creacion,

Que tropiece la razon

Donde ha tropezado el pié?

Y pues hasta hora no sé

Quién soy, quién seré, quién fuí,

Ni más de que ví y oí,

Vuelva á sepultarme dentro

Ese risco, en cuyo centro

Se duela mi autor de mí.

LUZ.

Sí hará, y aunque te han dejado,

A manera de dormido,

Tus sentidos sin sentido,

De mirarte á tí admirado,

De esa suerte transformado

Irás tras mi luz al real

Palacio, donde leal

Aplausos todos te den.

MÚSICA.

_(Dentro.)_ _¡Ven, Hombre, ven!_

LUZ.

Y pues en ventura igual

La Gracia te lleva á que sepas del bien,

No apagues su luz, y sepas del mal.

MÚSICA.

_Y pues en ventura igual_, etc.

ESCENA VI.

EL PRÍNCIPE DE LAS TINIEBLAS, LA SOMBRA.

SOMBRA.

¿Qué dirás, si el juicio aplicas

A una obra tan superior?

PRÍNCIPE.

¿Quién es el Hombre, Señor,

Que tanto le magnificas?

Pues aunque en barro le diste

Primer materia, si toco

Lo inmortal del alma, poco

Ménos que el ángel le hiciste.

Y áun en más le sublimaste,

Pues siguiendo el esplendor

De la Gracia, de tu honor

Y gloria le coronaste,

Vistiendo su desnudez

Rico aparente vestido,

Que en el místico sentido

Significará tal vez

La cándida estola hermosa,

Que, de virtudes tesoro,

Será en el ropaje de oro

Que dé el esposo á la esposa.

¡Y esto en trono soberano,

Donde tan liberal obras,

Que sobre todas las obras

De tu poderosa mano

Rey le constituyes; pues

En su terrenal esfera,

Desde el ave hasta la fiera

Todo se rinde á sus piés!

MÚSICA.

_(Dentro.)_ _¡Venid, corred, volad, Elementos,_

_A dar la obediencia al Príncipe vuestro!_

PRÍNCIPE.

¡Y tan de balde, ay de mí,

Como que no esté sujeto

A más que á un leve preceto!

SOMBRA.

¿Precepto dijiste?

PRÍNCIPE.

Sí.

SOMBRA.

Pues contra todo ese sér,

Majestad, pompa y honor

Vuelva á vivir mi dolor,

Si hay precepto que romper;

No en sofistería aparente

Lo fundo.

PRÍNCIPE.

Dímelo, pues.

SOMBRA.

¿La Sombra imágen no es

De la Culpa?

PRÍNCIPE.

Es evidente.

SOMBRA.

La Culpa, si introducida

Se ve, ¡que será, no advierte,

Otra imágen de la muerte!

PRÍNCIPE.

Es cierto.

SOMBRA.

Miéntras la vida

Durare, tambien el sueño

¿De la muerte no será

Otra imágen?

PRÍNCIPE.

Claro está.

SOMBRA.

Luego posible es mi empeño,

Si al hombre en su paz le asombra,

Sueño que de muerte es

Imágen, muerte despues

Que es culpa, y culpa que es sombra;

Confeccionemos, pues, lleno

De opio, beleño y cicuta,

En flor, en planta ó en fruta,

Tal hechizo ó tal veneno,

Que, de sentidos ajeno,

Rompa el precepto, y postrado,

Deshecho y aniquilado,

Duerma letargo tan fiero,

Que inhábil para heredero

Despierte del real estado.

PRÍNCIPE.

El veneno ó el hechizo

Fácil á los dos será

De confeccionar; mas ya

Que suponga que se hizo,

¿Cómo ha de lograr su fin?

SOMBRA.

Si á mí áspid me han de llamar,

Y á tí basilisco, ¿entrar

Quién nos quitará al jardin?

Ven, y el disfraz pensaremos

Que entre sus troncos y flores

Oculte nuestros rencores,

Por más que ahora escuchemos...

ELLOS Y MÚSICA.

_Venid, corred, volad, Elementos,_

_A dar la obediencia al Príncipe vuestro._

_(Vanse.)_

* * * * *

_Jardin._

ESCENA VII.

_Salen_ LOS ELEMENTOS _cantando, y sacando en las manos ricos vestidos

para_ EL HOMBRE.—EL ENTENDIMIENTO, EL ALBEDRÍO, LA LUZ, _con el hacha,

y_ EL HOMBRE _detras, y miéntras cantan le van vistiendo como dicen los

versos_.

MÚSICA.

_Venid, corred, volad, Elementos,_

_A dar la obediencia al Príncipe vuestro_.

TIERRA.

_Flores, sus sendas cubrid;_

_¡Venid, venid!_

AGUA.

_Fuentes, sus espejos sed;_

_¡Corred, corred!_

AIRE.

_Auras, su calor templad;_

_¡Volad, volad!_

FUEGO.

_Rayos, su pompa asistid;_

_¡Lucid, lucid!_

MÚSICA Y LOS CUAT.

_Y en fin, jurándole rey_

_De alcázar, monte y jardin,_

_¡Venid, corred, volad, lucid!_

LUZ.

Ya que en vuestro poder queda,

Donde ántes de confirmarme,

O por sí pueda ganarme,

O por sí perderme pueda,

Servidle hasta ver si atento,

Para rey y esposo mio,

Usa bien de su Albedrío,

O mal de su Entendimiento. _(Vase.)_

ESCENA VIII.

EL HOMBRE, LOS ELEMENTOS, EL ALBEDRÍO, LA LUZ, EL ENTENDIMIENTO.

LOS CUAT. ELEM.

_(Cantan.)_

_Por tí, á su obediencia_

_Todos le ofrecemos..._

TIERRA.

_La Tierra sus flores._

AGUA.

_El Agua su espejo._

AIRE.

_Sus auras el Aire._

FUEGO.

_Sus luces el Fuego._

MÚSICA.

_Sirviéndole á un tiempo_

_Luces, auras, espejos y flores_,

_El Agua, la Tierra, el Aire y el Fuego_.

HOMBRE.

¡Cielos! ¿qué es eso que veo?

¿Qué es esto, cielos, que miro,

Que si lo dudo me admiro,

Y me admiro si lo creo?

¿Yo de galas adornado,

De músicas aplaudido,

De sentidos guarnecido,

De potencias ilustrado?

¿En este instante no era

Del centro la masa dura

Mi triste prision obscura?

Pues ¿quién me trajo á una esfera

Tan rica, tan suntuosa

Y tan florida, que en ella

La más reluciente estrella

Aun no se atreve á ser rosa?

Otra vez vuelva á dudar,

Y otras mil, quién soy, quién fuí

Ó quién seré.

ENTEND.

De eso á mí

Me ha tocado el informar:

Polvo fuiste, polvo eres,

Y polvo despues serás.

ALBED.

_(Al hombre.)_ Ya que en su servicio estás,

¿Para qué afligirte quieres,

Sin ver cuánto escandaliza

Que pase tu mal humor

El que es Juéves del Señor

A Miércoles de Ceniza?

Si fuiste polvo, ya eres

La más perfecta criatura

Que vió del sol la luz pura;

Y pues á todas prefieres,

No sólo en lo humano, no

Sólo en lo racional, pero

En ser príncipe heredero

Del Rey, que hoy te declaró,

Goza la felicidad,

Sin que te entristezca nada.

HOMBRE.

Más tu despejo me agrada,

Que aquella severidad.

Saber de los dos intento

Quién sois en servicio mio.

ALBED.

Yo soy tu libre Albedrío.

HOMBRE.

Y tú ¿quién?

ENTEND.

Tu Entendimiento.

HOMBRE.

¿Cómo el primer dia tan cano

Estás?

ENTEND.

Éste es claro indicio

De que las canas del juicio

Amanecen más temprano

Que las del poco saber.

ALBED.

Si por mí lo dices, yo

Sé lo que me basta.

HOMBRE.

No

Más; y pues que mi sér

Sé ya que á todos prefiere,

¿Quién me mete en discurrir?

Dejarme quiero servir,

Y venga lo que viniere.

Cantad.

ENTEND.

Sea la cancion

Algun verso que le acuerde

Lo que gana ó lo que pierde

En seguir más mi opinion

Que no la del Albedrío.

HOMBRE.

Tú, miéntras me halaga el canto,

Vuelve á encarecerme cuánto

Es superior el sér mio.

_(Vanle vistiendo miéntras cantan.)_

ESCENA IX.

DICHOS.—_Salen_ LA SOMBRA Y EL PRÍNCIPE DE LAS TINIEBLAS, _de villanos_.

MÚSICA.

_Sobre áspid y basilisco_

_Seguro pisará el Hombre,_

_Si de basilisco y áspid_

_Los peligros reconoce._

_Y atento al precepto,_

_Mira que se esconden_

_Infestando flores y frutos,_

_El uno en los frutos, y el otro en las flores._

PRÍNCIPE.

_(Aparte.)_ A mala ocasion venimos,

Pues le avisa en esas voces

Sagaz el Entendimiento

Que si el precepto no rompe...

ÉL Y MÚS.

_Sobre áspid y basilisco_

_Seguro pisará el hombre._

SOMBRA.

_(Aparte.)_ Ya que aquí de jardineros

El disfraz nos desconoce,

No nos demos por vencidos

Del Entendimiento noble...

ÉL Y MÚS.

_Sí de basilisco y áspid_

_Los peligros reconoce._

SOMBRA.

Pues, villano el Albedrío,

Será posible le informe

Al contrario; y así, ocultos,

Hasta tener ocasiones

De introducir el veneno,

Prosigan nuestros rencores...

ÉL Y MÚS.

_Infestando las flores y frutos,_

_El uno en los frutos, y el otro en las flores._

HOMBRE.

En fin, ¿que heredero soy

De este imperio?

ALBED.

¿Quién lo duda?

ENTEND.

Quien sepa que no lo eres

Hasta lograr la ventura

De que, confirmado en Gracia,

Ella sea esposa tuya.

Bien esa letra lo ha dicho,

Pues ha dicho que se ocultan

Basilisco y áspid donde

Puede ser que alguna fruta

Avenenada...

HOMBRE.

Suspende

La voz. (_Ap._ ¡Cuánto me disgusta

Su anciano temor!) Y dime _(A Albedrío.)_

Tú, porque su enfado suplas,

¿Cómo, si príncipe soy,

Un sepulcro fué mi cuna?

ALBED.

Si el Albedrío en las penas

No es posible que concurra,

No le toca al Albedrío

Responder á esta pregunta.

ENTEND.

Al Entendimiento sí,

Que á él le es dado que discurra.

Los justos juicios del Rey,

Tu padre, por causas justas,

Hasta hoy no te declararon;

Y ser las entrañas duras

De la Tierra tu prision,

Fué porque en alta fortuna

Tengas entendido...

HOMBRE.

¿Qué?

ENTEND.

Que si á la ley no te ajustas,

Quedó en la cuna labrada

La materia de la tumba.

HOMBRE.

Ya temia yo que habia

De ser tu respuesta angustia.

No me hables más, que me afliges.—

Y díme tú, que me adulas,

¿Sobre príncipe heredero,

Es verdad que la criatura

Más perfecta soy del orbe?

ALBED.

Tú mismo al verte lo juzga.—

Agua, el espejo.

_(Va á llegar la Sombra, y al ver el espejo se retira.)_

PRÍNCIPE.

_(Ap. á Sombra.)_ En él puedes,

Pues basilisco me anuncian

Que es veneno de la vista,

Poner la mortal cicuta.

SOMBRA.

_(Al Príncipe.)_ Si haré, mas ¡ay infelice!

PRÍNCIPE.

_(A la Sombra.)_ ¿De qué te asombras y turbas?

SOMBRA.

_(Al Príncipe.)_ De haber visto en el cristal

Un rasgo, viso ó figura

De un espejo no manchado,

Cuya siempre intacta luna

No ha de empeñar el aliento

De la Sombra de la Culpa.

_(Llega el Agua, y se mira el Hombre al espejo.)_

AGUA.

En este cuajado vidrio

Del agua que el valle inunda,

Puedes verte al natural

Retratado.

HOMBRE.

¡Oh sábia, oh suma

Omnipotencia! ¿Yo soy

Aquel que allí se dibuja,

Como aquellos, que hasta aquí

No llegué á mirarlos nunca,

Son los ojos que lo ven,

Los labios que lo pronuncian,

Y así las demas facciones?...

Otra vez repite, y muchas,

Que es verdad que soy la obra

Que la potencia absoluta

Guardó para la postrera.

¡Qué fábrica tan augusta!

Si fuera primera, no

Llegara á tener segunda.

Dices bien: la más perfecta

Criatura soy.

ENTEND.

Es sin duda,

Supuesto que el Hacedor

Te hizo á semejanza suya;

Pero si de él recibiste

La perfeccion que te ilustra,

¿De qué te glorias, supuesto

Que la gozas sin ser tuya?

HOMBRE.

Sí es, supuesto que la gozo:

Y no tu vejez caduca

Siempre á mis gustos opuesta

Esté, ó podrá ser que alguna

Vez me halles...

ALBED.

Fuego, la espada.

PRÍNCIPE.

_(Ap. á Sombra.)_ Pon el veneno en su punta,

Pues áspid de acero es

Cualquiera espada desnuda.

_(Va á llegar la Sombra, y se retira al ver la espada.)_

SOMBRA.

_(Al Príncipe.)_ Sí haré. Mas no, no haré tal.

PRÍNCIPE.

_(A Sombra.)_ ¿Otra vez al ir te asustas?

SOMBRA.

_(Al Príncipe.)_ Sí, que está en su guarnicion

Un adorno que la cruza,

De quien es fuerza que yo

Atemorizada huya.

_(Llega el Fuego, y cíñele la espada.)_

FUEGO.

Ésta, señor, es la espada

De aquellos dos córtes, cuya

Cuchilla templada al fuego

Está del alma, tan pura,

Que no hay hierro que no ablande,

No deshaga, no consuma

Y purifique.

ENTEND.

Sí; pero

Advierte que, si la empuñas,

Se significan en ella

Las cuatro virtudes juntas:

La hoja es la Justicia; el pomo

La Fortaleza, y se aunan

En ser la Templanza el puño,

Y la vaina la Cordura.

Si usas mal de ella, con ella

Te herirás; mas si bien usas,

Vencerás tus enemigos.

HOMBRE.

¿Qué enemigos? ¿Habrá alguna

Criatura que contra mí,

Ni imagine, ni presuma

Oponerse?

ALBED.

Aire, el sombrero.

PRÍNCIPE.

_(A Sombra.)_ Puesto que en el Aire triunfas

Del ave, cuando tus sombras

Sus resplandores sepultan,

Y son del aire las aves,

Pon el hechizo en sus plumas.

_(Va á llegar, y tambien se retira.)_

SOMBRA.

_(Al Príncipe.)_ Sí haré. Mas tampoco puedo.

PRÍNCIPE.

_(A Sombra.)_ ¿Tercera vez te atribulas?

SOMBRA.

_(Al Príncipe.)_ Sí, que entre las demas aves,

Volar miro al cielo una

Tan remontada, que, llena

De gracia, hasta el sol se encumbra,

Donde no puede alcanzarla

Todo el vuelo de la Culpa.

AIRE.

Las plumas que de tu fama

Serán alas con que subas

Al más eminente solio,

El dia que en reales nupcias,

Siendo esposo de la Gracia,

Te corone su hermosura,

Son éstas.

ALBED.

¡Qué bien te está

De sus tremoladas plumas

El rizado airon!

ENTEND.

Alhajas

De Aire adornan, mas no ilustran:

Dígalo el pavon, y toma

Ejemplo en la pompa suya,

No sea su deshecha rueda

La rueda de tu fortuna.

HOMBRE.

Este sabio Entendimiento

Mucho mi paciencia apura.

ALBED.

Pues para que te diviertas,

Sin que su vejez te pudra,

Tierra, llega, llega, y goce

En tus flores la blandura

De sus aromas.

PRÍNCIPE.

_(A Sombra.)_ Y en flores,

Que son edades caducas,

¿Pondrás el veneno?

SOMBRA.

_(Al Príncipe.)_ Sí...

Pero tambien me perturba

Una cándida azucena,

Junto á una rosa purpúrea,

De cuyo vírgen albor

Quiere el cielo se produzca

Un enamorado lirio,

Que en lo cárdeno me ofusca,

Sombra de mi misma sombra.

PRÍNCIPE.

_(A Sombra.)_ Si hasta las flores te angustian,

De este prodigioso árbol,

Que á su sombra nos oculta,

Toma esta manzana; en ella

Nuestras iras ejecuta,

Y ya que en la flor no puedas,

Pon el veneno en la fruta.

SOMBRA.

_(Al Príncipe.)_ Muestra; que nunca más áspid,

Si es que me vale la industria...

TIERRA.

En estas flores la Tierra,

Para tu halago tributa

Sus matices, y...

SOMBRA.

Eso á mí

Toca; que tú, Tierra inculta,

Silvestres flores le dieras,

A no ser mi agricultura

La que diera á sus primores

Arreboles que las pulan.

Y pues te toca el que nazcan,

Y á mí me toca el que luzcan,

Más mias son.

TIERRA.

¿Cuándo la Tierra

Rendir sus frutos rehusa?

HOMBRE.

¿Quién eres, bella zagala,

Que sobre la Tierra triunfas,

Tan dueño de sus caudales,

Que para tí los usurpas,

Sin que ella te los defienda:

Y nueva aurora segunda,

Das á entender que amaneces

En bella oposicion suya,

_Compitiendo con las selvas_

_Donde las flores madrugan?_

SOMBRA.

Soy, no tan sólo en la Tierra

Agricultora, que estudia

Esmerar sus obras; pero

Tan sábia, que en ella apura,

Y en los demas elementos,

Las cualidades ocultas.

Caracteres para mí

En valles, montes y grutas,

Son sus plantas las estrellas,

En su campaña cerúlea,

Mis oráculos de fuego

Son, del Agua las espumas

Mis libros: y porque lea

Lo que sus vuelos anuncian,

Siendo para mí del año

Cualquiera estacion fecunda,

_Los pájaros en el viento_

_Forman abriles de plumas._

HOMBRE.

¡Qué raro bello prodigio!—

Albedrío; ¿viste nunca

Hermosura más discreta?

ALBED.

Yo no entiendo de hermosuras,

Mas para que á mí me agrade

Basta ver que á tí te gusta.

ENTEND.

Y para que á mí me ofenda,

Ver que tú no lo repugnas.

Advierte, Señor, que anda

Con humano rostro una

Serpiente en estos jardines,

Tan incautamente astuta,

Que Agua, Fuego, Tierra y Aire,

Siendo negra noche obscura,

_De su belleza engañados,_

_Por aurora la saludan._

Teme, pues, que puede ser,

Si la miras, si la escuchas,

Tu culpa escucharla y verla.

HOMBRE.

¿Qué importará, si en disculpa

De esa culpa, mis sentidos,

Por más que tú los acusas,

_En viendo sus bellos ojos,_

_Quedan vanos de su culpa?_

SOMBRA.

Pues porque tu entendimiento

No cauteloso me arguya

Y la verdad de mis magias

A experiencia se reduzca,

Toma esta dorada poma;

Si una vez su sabor gustas,

Verás que no solamente

En tí mis ciencias infunda,

Pero que inmortal te haga,

Para que no puedas nunca,

Igualándote al poder

Del Rey, perder de esta augusta

Majestad la accion, que hoy

No puedes decir que es tuya.

Del tiempo, que allá en la Tierra

Te ocultó, venga la injuria:

Come, y como el Rey, serás

Eterno edades futuras.

HOMBRE.

Mucho me ofreces, y mucho

De la poma la dulzura

Brindando está al apetito.

ALBED.

Pues ¿qué esperas? pues ¿qué dudas?

Llega, y come de ella.

ENTEND.

No,

Albedrío, á eso le induzcas;—

Ni tú á tocarle te atrevas. _(De rodillas.)_

HOMBRE.

No entre los dos te introduzcas

A embarazarlo tú.

ENTEND.

Mira

Que quizá en el Aire fundas

Altas torres, y que suelen

Ser soñadas las venturas;

Y podrá ser, si despiertas,

Que entre fantasmas confusas

Todo esto vuelva á la nada.

HOMBRE.

Ya ése es tema de locura

Más que lealtad: quita, quita,

Villano.

ENTEND.

Atiende, que usas

Muy mal de tu Entendimiento,

Si atropellado le injurias.

HOMBRE.

Peor usas tú de tu dueño,

Pues atrevido le luchas,

Sin ver que desde ese muro

Puedo arrojarte á esas duras

Peñas.

ENTEND.

No podrás, sin que

A tí mismo te destruyas.

HOMBRE.

¿Cómo que no podré? Pero

Las fuerzas lo dificultan,

No el valor.—Llega, Albedrío;

Tú á despeñarle me ayuda.

ALBED.

Sí haré, pues sin mí no puedes.

AGUA.

Mira...

TIERRA.

Advierte...

FUEGO.

Atiende...

AIRE.

Escucha...

HOMBRE.

¡Nadie á mi furia se oponga,

Ó teman todos mi furia!

_(Arrójanle entre los dos al vestuario, como precipitado.)_

ENTEND.

_(Dentro.)_ ¡Ay de tí, más que de mí!

PRÍNCIPE.

_(Ap.)_ Bien se ha logrado la industria.

ELEMENTOS.

¿Qué has hecho, Hombre?

HOMBRE.

Despeñar

A mi Entendimiento, y una

Vez despeñado, sin él

Comer la vedada fruta.

Muestra. Mas ¿qué es esto? ¡Cielo! _(Come.)_

_(Terremoto.)_

FUEGO.

Es que mis rayos se anublan.

TIERRA.

Que se estremecen mis montes.

AGUA.

Que mis cristales se enturbian.

AIRE.

Que mis vientos se embravecen.

ESCENA X.

DICHOS.—_Sale_ LA LUZ _con una hacha encendida_.

LUZ.

Pues todo el orbe caduca,

Grande daño hay. Elementos,

¿Qué es esto?

SOMBRA.

¿A quién lo preguntas,

Si mejor de tí podrás

Saberlo, viendo la pura _(Apágale el hacha.)_

Luz de la Gracia apagada

De la Sombra de la Culpa?

_(Vase con el Príncipe.)_

ESCENA XI.

EL HOMBRE, EL ALBEDRÍO, LA LUZ, LOS CUATRO ELEMENTOS.

HOMBRE.

¡Ay de mí infeliz, que todo

El orbe he dejado á escuras!

LUZ.

¡Ay dél, pues será tu error

Miserable herencia suya!

HOMBRE.

Albedrío, ¿dónde (¡ay triste!)

Estás?

ALBED.

En vano me buscas,

Que nadie con Albedrío

Padece: él á las holguras

Induce, mas no á las penas. _(Vase.)_

ESCENA XII.

DICHOS, _menos_ EL ALBEDRÍO.

HOMBRE.

¿Tierra?...

TIERRA.

¿Qué es lo que procuras

De mí, si ya son sangrientas

Espinas mis rosas rubias?

HOMBRE.

¿Agua?...

AGUA.

No esperes de mí,

Sino procelosas lluvias,

Que tal vez el mundo aneguen.

HOMBRE.

¿Fuego, Aire?...

AIRE.

En mí no presumas

Más que ráfagas que talen.

FUEGO.

Y en mí rayos que destruyan.

HOMBRE.

Todos ¡ay de mí! sus iras

Sin Albedrío ejecutan;

Mas no sin Entendimiento,

Que áun despeñado me acusa.

¿Qué frenesí, qué letargo,

Qué ira, qué rabia, qué furia,

Se va de mí apoderando?

El áspid era sin duda

El que, con humano rostro,

Bien que inhumana hermosura,

Me dió la hechizada poma;

Pues helado el pecho, muda

La voz, balbuciente el labio,

Turbada la vista, ruda

La razon, ciego el discurso,

Torpe el sentido, confusa

La vida, y suspensa el alma,

Me han dejado la escultura

Del barro no más; pues sólo,

Bronca informe estatua bruta,

Tengo ojos, y no ven;

Tengo oidos, y no escuchan;

Tengo manos, y no tocan;

Tengo labios, y no gustan;

Tengo piés, y no se mueven;

Tengo voz, y no pronuncia;

Y en fin, sin Entendimiento,

Ni Albedrío que me acudan,

Tengo aliento que no alienta,

Y corazon que no pulsa.

Hasta la piadosa llama

Que á estos jardines me alumbra,

A fuer de luz recien muerta,

Ya no arde, sino ahuma.

¿Qué mucho, pues, ¡ay de mí!

Si todos me desahucian,

Que en brazos de letal sueño,

Negra Sombra de la Culpa,

Pues dejó á la muerte viva,

Deje á la vida difunta? _(Caése como aletargado.)_

AGUA.

¡Qué asombro!

AIRE.

¡Qué pasmo!

FUEGO.

¡Qué ánsia!

TIERRA.

¡Qué pena!

LUZ.

¡Qué desventura!

ESCENA XIII.

EL HOMBRE, _dormido_; LA LUZ, LOS CUATRO ELEMENTOS.—_Salen_ PODER,

CIENCIA Y AMOR.

PODER.

¿De qué son vuestros lamentos?

LUZ.

Si á humano modo te ajustas,

A preguntar lo que sabes,

Dígalo esta luz ya obscura.

FUEGO.

Dígalo la mia eclipsada.

TIERRA.

Díganlo mis flores mustias.

AIRE.

Destemplados mis alientos.

AGUA.

Mis claras corrientes turbias.

LUZ.

Y en fin, dígalo, Señor,

Ver que, deshecha tu hechura...

LOS CUAT.

Dejando viva á la muerte,

Dejó á la vida difunta.

PODER.

¡Oh eterna Sabiduría,

Bien sus peligros anuncias!

¡Oh eterno Amor, mal el Hombre

De tus beneficios usa!

¿Qué mucho, pues, que tal vez

Digan sacras Escrituras

Que me pesó de haber hecho

Al Hombre? Y pues su fortuna,

Puesta en sus manos, no fué

Bastante á que se reduzca,

Retírate, Gracia, tú. _(Hácelo la Luz.)_

Vosotros, ya sin ninguna

Obediencia, retiradle _(A los Elementos.)_

A él tambien; que á la profunda

Tierra de donde salió

Es bien que se restituya.

Dejádsele allí á esa fiera

Poderosa Sombra injusta,

Que contra su Entendimiento

Cautelosamente triunfa.

Sufra, llore, gima y sienta

Cuánto un pecado le muda,

Al ver de un instante á otro

Que el que en su primera cuna

Durmió en brazos de la Gracia,

Despierta en los de la Culpa.

LOS CUAT.

_Sufra, llore, gima, sienta..._

TIERRA.

_El que por su desventura..._

FUEGO.

_Dejando á la muerte viva..._

AGUA.

_Deja á la vida difunta._

LOS CUAT.

_Sufra, sienta, gima y llore..._

AIRE.

_Quien, malogrando fortunas..._

AGUA.

_Vino en brazos de la Gracia,_

_Y vuelve en los de la Culpa._

MÚSICA.

_¡Sienta, gima, llore y sufra_!

_(Vanse los Elementos, llevándose al Hombre.)_

ESCENA XIV.

EL PODER, LA SABIDURÍA, EL AMOR.

PODER.

¿Todavía enternecido,

Amor, te muestras?

AMOR.

¿Quién duda

Que el Amor siempre es Amor?

Y aunque tu sentencia es justa,

Tambien lo es su apelacion:

Que si en la celeste curia

Decretado está que el Hombre

La falta del Ángel supla,

Capaz está de la enmienda.

PODER.

Es infinita la injuria

Contra infinito Poder,

Y no puede dar ninguna

Satisfaccion infinita

Por sí el Hombre.

SABID.

Pues es una

La voluntad de los Tres,

Si el Poder pone la suya,

Si la Sabiduría pone

Con la obediencia la industria,

Y el amor pone la obra,

Persona hay que enmiende y supla

La insuficiencia del Hombre;

Pues la humanidad conjunta

A la Sabiduría, como

Hipostáticas se unan,

Satisfaccion infinita

Tendrá la infinita culpa.

LOS DOS.

¿Qué determinas, pues?

PODER.

Que

Lo decretado se cumpla. _(Vase.)_

SABID.

¡Albricias, Hombre, que yo,

Que anteviendo tus fortunas,

Tambien anteví el reparo,

Iré á enmendar tus angustias! _(Vase.)_

AMOR.

¡Albricias, Hombre, que ya

Puedes pensar que se escuchan,

Anticipando sus tiempos

A las edades futuras,

Angélicas voces, que

Den á todas las criaturas,

Con paz al Hombre en la Tierra,

Gloria á Dios en las alturas!

* * * * *

_La gruta en que apareció el Hombre al principio._

ESCENA XV.

_Salen_ LOS ELEMENTOS _con_ EL HOMBRE, _como primero, vestido de

pieles_.

AGUA.

Aquí le hemos de dejar.

FUEGO.

¡Oh humana naturaleza!

Vuelva su sér donde empieza,

Como rio que del mar

Sale, y vuelve al mar despues.

_(Pónenle una cadena.)_

TIERRA.

Bien es, pues salió de mí,

Que á mí se me vuelva.

AIRE.

Así

Lo dirá el _Eclesiastés_. _(Vanse.)_

ESCENA XVI.

EL HOMBRE, _en sueños_.

HOMBRE.

Ya, ya sé quién soy, y aunque

La Tierra fuese mi madre,

Competir puedo á mi padre;

Pues sé sus ciencias, y sé

Que inmortal príncipe soy

Del orbe. Y pues ya me ví

Su dueño... Mas ¡ay de mí _(Despierta.)_

Infeliz! ¿Adónde estoy?

¿Esta no es de mi fortuna

La primera prision fiera?

¿No es ésta aquella primera

Bóveda que fué mi cuna?

¿No es ésta la desnudez

En que primero me ví?

¿Qué se hicieron ¡ay de mí!

La majestad, la altivez

El obsequio, el aparato,

Las músicas, los olores,

Plumas, cristales y flores,

Y en fin, el sublime ornato

De reales ropas, cercado

De gentes, cuyo desvelo

Me asistió? ¡Válgame el cielo,

Qué de cosas he soñado!...

Pero ¿qué me desconfia

Presumir que sueño fué,

Si por lo ménos saqué

De él, segun mi fantasía,

Saber quién soy? No encerrado

Viva, pues: salga á buscar

El alcázar, y á cobrar,

Pues es mio, el alto estado

En que me ví... Pero ¡cielos!

El orgullo reprimamos,

Por si ahora tambien soñamos:

Mas no, que heroicos anhelos

Me llaman; y así iré. ¡Ay triste!

Que áun es hoy mayor mi pena

De lo que fué. ¿Qué cadena

Es ésta, que me resiste

Que salir pueda? Y áun no

Pára en eso mi fortuna,

Pues no hay criatura ninguna

De que ya no tiemble yo,

Viendo en todas cuatro esferas,

Que afilan contra mí graves

Uñas y picos las aves,

Presas y garras las fieras.

Si miro al sol, me da enojos,

Pues no me alumbra y me abrasa;

Frio el Aire, me traspasa;

Si piso, toda es abrojos

La Tierra; el Agua, que fué

Claro espejo, me retrata

Feo; si la sed me mata,

Turbia está; y si el hambre ve

Frutas, que á ellas no me atreva

Dice, y por partido toma

Que pan de dolores coma,

Y agua de lágrimas beba.

¿Quién me dirá cuál ha sido

En mis mudanzas más cierto,

Lo que allá soñé despierto,

O lo que aquí veo dormido?

¡Oh Luz, cuya llama bella,

Deslumbrado me alumbró!

¿Quién me dirá de tí?

ESCENA XVII.

El HOMBRE.—_Sale_ LA SOMBRA.

SOMBRA.

Yo,

Que ya estoy en lugar de ella.

HOMBRE.

¡Horrible aspecto que asombra,

Mira que es contrario asunto,

Que lo que á la Luz pregunte,

Me lo responda la sombra!

¿Quién eres?

SOMBRA.

¿No me conoces?

HOMBRE.

No, porque nunca te ví,

Ni áun á lo léjos oí

El sonido de tus voces.

SOMBRA.

Esa es tu pena más fiera,

Y ésta mi astucia más rara;

Porque ¿qué al Hombre faltara,

Si su culpa conociera?

HOMBRE.

¿Luego eres mi Culpa?

SOMBRA.

Sí.

HOMBRE.

De tí huiré.

SOMBRA.

Teatro selecto, tomo 4 de 4 · 第 16 / 19 段