EUGENIA.

Oye, aguarda,

Que para que consideres

Tanta amenazada ruina

Cuán fácil remedio tiene,

Me huelgo de haber venido

A esta ocasion. _(Llega á una ventana.)_

CLARA.

¿Pues qué emprendes?

EUGENIA.

_(Llamando)_ ¡Señor Don Pedro!

CLARA.

¿Qué haces?

EUGENIA.

Hablar un instante breve

A un caballero, que está

En la calle.

CLARA.

¿A eso te atreves?

EUGENIA.

Sí, que en su cuarto mi padre

Está ya con su accidente

De la gota, que hoy le ha dado,

Y Don Toribio no puede

Ver desde el suyo esta reja;

Y así he de satisfacerte.—

¡Señor Don Pedro!

ESCENA XXVI.

DON PEDRO, _á la reja_.—DICHAS.

D. PED.

Bien fué

Menester oir dos veces

Mi nombre, para que alguna

Creyera que dél se acuerde

Vuestra memoria; que un triste

No crê su bien fácilmente.

EUGENIA.

No prosigais, que esta reja

Es de otras tan diferente,

Cuanto hay de no serlo á ser

Ahora de las paredes

De mi padre; y si allí pudo

La seguridad hacerme

Usar de algunas licencias,

Mi honor prisionera tiene

Su libertad ya, y tan otra

Habeis de ver que procede,

Cuanto hay de que otros me guarden

A guardarme yo. Así, hacedme

Merced de volveros luego

Donde otra vez no os encuentre

Ni en mi calle ni en mi reja,

Suplicándôs que prudente

Deis de mano á una esperanza

Que no hay sobre qué se asiente.

D. PED.

Oid.

EUGENIA.

Perdonad, que no puedo.

D. PED.

Cuando por veros...

EUGENIA.

Hareisme

Ser, sobre ingrata, grosera.

D. PED.

¿Vos?

EUGENIA.

Sí.

D. PED.

¿Cómo?

EUGENIA.

Desta suerte.

_(Cierra la ventana.)_

CLARA.

Y al otro ¿qué has de decirle?

EUGENIA.

Haz cuenta que si le viere,

Le diré lo mismo al otro,

Clara; porque las mujeres

Como yo, puestas en salvo,

Si se esparcen y divierten,

Es para aquesto no más;

Que amor bachiller no tiene

Más fondo que sólo el ruido.

Aquel emblema lo acuerde

Del perdido caminante,

A quien de noche acontece

Que avisado del estruendo

Con que del monte desciende

Pequeño arroyo, le asusta,

Le perturba y estremece;

Y huyendo dél, da en el rio:

Porque á todos les parece

Que es manso cristal aquel

Que áun las guijas no le sienten

Y en su agua perecen. Pues

Que no tiene riesgo advierte

La ruidosa, porque el riesgo

El agua mansa le tiene:

Y así, fué del agua mansa

Lo mejor guardarse siempre. _(Vase.)_

ESCENA XXVII.

CLARA.

CLARA.

¡Qué escucho, cielos! ¡qué escucho!

«Que no tiene riesgo advierte

La ruidosa, porque el riesgo

El agua mansa le tiene:

Y así, fué del agua mansa

Lo mejor guardarse siempre.»

Sin duda (¡ay de mí!) que oyó

Cuanto dije, ó lo parece,

Segun el concepto habla

De lo que mi pecho siente.

Pues ya que el acaso hizo,

En las respuestas que ofrece,

Lo que el cuidado debiera;

Ya que por ella me tiene

El caballero que trajo

El papel, lograr intente

La ocasion, que con su nombre

Amor á mi amor ofrece;

Porque con más verdad pueda

Decir que riesgo no tiene

La ruidosa, porque el riesgo

El agua mansa le tiene:

Y así, fué del agua mansa

Lo mejor guardarse siempre.

JORNADA TERCERA.

ESCENA PRIMERA.

CLARA, MARI-NUÑO.

CLARA.

Esto pasa, y sólo á tí

Lo dijera.

MARI-NU.

Ya tú tienes

Experiencia de lo mucho

Que fiar de mí amor puedes.

Pero deja que me admire

De oir que á tal extremo lleguen

Los despejos de tu hermana.

CLARA.

Dos caballeros pretenden

Su favor, y á mí me toca

Que el escándalo remedie,

Ya que llegó á mi noticia;

Y así es fuerza hablar á este

Que me dió el aviso. Y para

Hacer que el daño se enmiende,

Tú has de darle un papel mio

En su nombre, porque llegue,

Ignorando que soy yo,

A hablarme más claramente

Esta noche, y... Pero luego

Proseguiré; que parece

Que anda gente ahí fuera: mira

Quién es. _(Vase Mari-Nuño.)_

Bien de aquesta suerte

Con la verdad se ha engañado

Mari-Nuño, que ha de hacerme

Lugar para conseguir

Hablarle de noche y verle,

Ya que mi pena...

ESCENA II.

DON TORIBIO, _que quiere entrar, y_ MARI-NUÑO _lo impide_.—CLARA.

MARI-NU.

Esperad,

Que no es bien que nadie éntre,

Sin avisar, á este cuarto.

D. TORIB.

Dos veces para mí eres

Dueña hoy.

MARI-NU.

¿De qué manera

Se entiende eso de dos veces?

D. TORIB.

Una en la que estorbas, y otra

En lo que un cuarto defiendes.

MARI-NU.

¿Será justo, si no están

Decentes, que á verlas lleguen?

D. TORIB.

¿Pues cómo pueden no estar

Siempre mis primas decentes?

CLARA.

¿Qué es eso?

D. TORIB.

Que esa estantigua

A mí el paso me defiende.

CLARA.

Hace muy bien, porque aquí,

Sin mi padre, nadie puede

Entrar.

D. TORIB.

Sí puede, y ya sé

De qué ese ceño procede,

Y así no quiero enojarme,

Porque sé tambien que tienen

Licencia las desvalidas

De llorar amargamente.

CLARA.

Yo confieso que lo estoy;

Y pues la dichosa en este

Cuarto no está, no teneis

Qué hacer en él: brevemente

Dél os id, ó yo me iré,

Porque de mí no se piense

Que me vengo en estorbaros,

Cuando hay más en que me vengue.

D. TORIB.

Eso es poco y mal hablado.

CLARA.

Ven, Mari-Nuño. (_Ap._ Que tienes

Que hacer por mí esta fineza.)

MARI-NU.

Tuya soy y seré siempre. _(Llaman.)_

Pero aguárdate, veré

Quién llama.

_(Vanse Clara y Mari-Nuño.)_

ESCENA III.

DON TORIBIO.

D. TORIB.

¡Cielos, valedme!

Que este remoquete, sobre

Aquella sospecha fuerte,

Que áspid del pecho, á bocados

Todo el corazon me muerde,

Es, ahora que caigo en ello,

Un bellaco remoquete.

Cuando buscamos la casa,

Ví... Lengua mia, detente:

No lo digas, sin que ántes

Te haya dicho yo que mientes.

Ví que detras de la cama

De Eugenia ¡oh malicia aleve!...

Estaba detras...

ESCENA IV.

MARI-NUÑO, _saliendo apresurada_.—DON TORIBIO.

MARI-NU.

Señora,

Albricias, que este billete

Con coche y balcon...

D. TORIB.

Mujer,

En lo que dices advierte;

Que balcon, billete y coche,

Sobre dueña, me parece

Es traer todo el yerro armado.

MARI-NU.

(_Ap._ Mal encuentro fuera este,

Si importara.) Mi señora...

D. TORIB.

_(Ap.)_ Memoria, no me atormentes.

MARI-NU.

¿Aquí no estaba?

D. TORIB.

Aquí estaba

Un poco ántes que se fuese.

MARI-NU.

A buscar á entrambas voy

Con este papel.

D. TORIB.

Detente,

Que ántes he de verle yo

Que ellas.

MARI-NU.

¿Qué llama verle?

Que aunque no importara nada,

No le he de dar, por no hacerle

Tan dueño de casa ya.

D. TORIB.

¿Qué va...

MARI-NU.

¿Qué?

D. TORIB.

Que de un puñete

Te abollo sesos y toca?

MARI-NU.

¿Qué va que no es mayor que este?

_(Dale una puñada.)_

D. TORIB.

Los dientes debieron de irse,

Pues he perdido los dientes.

MARI-NU.

_(A voces.)_ ¡Ay, que me matan! ¡Señores,

Acudan á socorrerme!

D. TORIB.

Sólo me faltaba ahora

Ser ella la que se queje.

MARI-NU.

¡Que me matan!

ESCENA V.

EUGENIA, CLARA, DON ALONSO, BRÍGIDA.—DON TORIBIO, MARI-NUÑO.

D. ALON.

¿Qué es aquesto?

CLARA.

¿Qué ha sucedido? ¿Qué tienes?

MARI-NU.

Don Toribio, mi señor,

Colérico é impaciente,

Porque no le quise dar

Aqueste papel, que viene

Para las dos, puso en mí

Las manos.

LAS DOS.

¡Jesus mil veces!

D. ALON.

Por cierto, señor sobrino,

Vuestro enojo, sea el que fuere,

Es muy sobrado. ¡A criada

De mis hijas desta suerte

Se ha de tratar!

D. TORIB.

Vive Dios,

Que soy yo...

D. ALON.

No hableis.

D. TORIB.

Quien tiene

De qué quejarse...

D. ALON.

Ya basta.

Dadme vos, dadme el billete;

Que quiero ver la ocasion

Que tuvo para ofenderse.

EUGENIA.

_(Ap.)_ ¡Ay de mí, si fuese acaso

De alguno de los ausentes!

CLARA.

_(Ap. á Eugenia.)_ Quiera el cielo que no sea

Que algo de tus cosas cuente.

D. ALON.

_(Lee.)_ _Sobrinas mias, yo tengo balcon en que esta tarde veais la

entrada de la Reina nuestra señora: el coche va por vosotras; que

no dudo que mi primo..._

Ahora de nuevo vuelvo

A enojarme y ofenderme

De que escrúpulo haya habido

En vuestro juicio. En aqueste,

Doña Violante, mi prima,

Hijas, os dice que quiere

Que con ella vais adonde

Veais la entrada excelente

De la Reina, cuya vida

El cielo por siglos cuente.—

Tomad, lêdle vos; vereis

Cuán necio, cuán imprudente

Habeis pensado otra cosa;

Que no quiero que se ausenten,

Hasta que vos le leais.

D. TORIB.

Mostrad. _(Toma el papel.)_

Dice desta suerte:

_(Lee.)_ _Sobrinas mias, yo tengo_

_Balcon..._ Tio, finalmente,

¿Hasta que yo lea, no han de ir?

D. ALON.

No.

D. TORIB.

Pues muy bien me parece;

Que no irán de aquí á dos años.

D. ALON.

¿Por qué?

D. TORIB.

Porque no sé lêrle,

Y esos habré menester

Para aprenderlo.

D. ALON.

¿Que llegue

A tanto vuestra ignorancia?

D. TORIB.

¿Pues qué defecto es aqueste?

Como desos lêr no saben,

Y lo saben todo. Esténse,

Hasta que lo aprenda, en casa,

Y entónces irán.

D. ALON.

Mal pueden,

Si hoy es la entrada.

D. TORIB.

¿Habrá más

De que la entrada se quede,

Hasta que yo sepa lêr?

D. ALON.

Hijas, aquesto sucede

Una vez en una edad:

Verlo es justo. Brevemente

Os poned los mantos, y id, _(Vase Brígida.)_

O pésele ó no le pese

A Don Toribio; que yo,

A causa de mi accidente,

No saldré de casa, y basta

Que vuestra voz me lo cuente,

Cuando volvais.

CLARA.

A tu gusto

Humilde estoy y obediente.

EUGENIA.

Si me das licencia á mí,

Contigo es bien que me quede.

D. ALON.

No, hija, ambas habeis de ir.

_(Vuelve Brígida.)_

BRÍGIDA.

Aquí ya los mantos tienen.

CLARA.

Pónme, Mari-Nuño, el mio.

(_Ap. á ella._ Toma, y lo que digo advierte.)

_(Dala un papel, y habla bajo con ella.)_

EUGENIA.

_(Ap.)_ Sola esta vez salgo triste,

Porque alguno no me encuentre

Destos dos necios amantes.

CLARA.

_(Ap.)_ Sola esta vez salgo alegre,

Por si en las fiestas, por dicha,

A este caballero viese.

MARI-NU.

_(Ap. á Clara.)_ Ve segura, y fía de mí.

D. TORIB.

_(Ap.)_ Aunque desairado quede,

Me huelgo, que quedo en casa,

Éntre la Reina ó no éntre,

Por si puedo averiguar

A mis solas esta fuerte

Sospecha, que en vivos celos

Amor en el alma enciende. _(Vanse.)_

* * * * *

_Sala en casa de Don Félix._

ESCENA VI.

DON FÉLIX, HERNANDO.

HERNAN.

¿Sin ver la fiesta te vienes,

Señor, hasta casa?

D. FÉLIX.

Sí,

Que no hay fiesta para mí

Donde no hay gusto.

HERNAN.

¿Qué tienes,

Que estás tan triste, señor?

D. FÉLIX.

¿Qué más tu lengua quisiera

De que yo te lo dijera?

HERNAN.

Ya me has dicho que es amor,

Con sólo eso.

D. FÉLIX.

¿Por qué?

HERNAN.

Porque obligarte á callar,

Sólo puede ser estar

Enamorado.

D. FÉLIX.

No sé

Cómo te diga que sí,

Y que una rara belleza

Es causa de mi tristeza:

Tan imposible, que ví

En el primero deseo

El primero inconveniente.

HERNAN.

¿Cómo?

D. FÉLIX.

A quien Don Juan ausente

Ama, y á Don Pedro veo

Venir siguiendo, es la dama

Que mi libertad robó;

Y aunque siempre he de estar yo

De la parte de mi fama,

Aun no estriba mi cuidado

En esta especie de celos,

Sino que de sus desvelos

Uno y otro me han fiado

El secreto; de manera,

Que obligado á embarazar

Su empeño estoy, y á callar.

ESCENA VII.

MARI-NUÑO, _en la calle_.—DON FÉLIX, HERNANDO.

MARI-NU.

_(Llamando por una reja.)_

Señor Don Félix.

D. FÉLIX.

Espera.

¿A quién han llamado?

MARI-NU.

A vos.

D. FÉLIX.

¿Pues qué es lo que me mandais?

MARI-NU.

Doña Eugenia, que leais

Aqueste papel, y adios.

_(Arrójale un papel y vase.)_

D. FÉLIX.

_(Lee.)_ _Agradecida al aviso que me disteis, he empezado ya á

obedeceros; y para ejecutarlo mejor, me importa hablaros. Venid

esta noche, que yo os estaré aguardando. El cielo os guarde._

¿Quién vió confusion más fiera,

Puesto que ni ir ni dejar

De ir puedo ya excusar?

ESCENA VIII.

DON JUAN.—DON FÉLIX, HERNANDO.

D. JUAN.

_(Ap. al salir.)_ ¡Cielos! ¿qué haré?

HERNAN.

_(Ap. á su amo.)_ Considera

Que viene Don Juan aquí.

D. FÉLIX.

¿Si vió arrojar el papel?

HERNAN.

No.

D. JUAN.

_(Ap.)_ ¡Qué sospecha tan cruel!

D. FÉLIX.

Don Juan, pues ¿qué haceis aquí?

¿No sois de fiestas?

D. JUAN.

No sé

Lo que os diga...

D. FÉLIX.

_(Ap.)_ ¡Muerto quedo!

D. JUAN.

Que ni hablar ni callar puedo.

D. FÉLIX.

¿Callar ni hablar?

D. JUAN.

Sí.

D. FÉLIX.

¿Por qué?

D. JUAN.

Porque os ofendo en hablar,

Y en callar me ofendo á mí:

Con que es preciso que aquí

No pueda hablar ni callar.

D. FÉLIX.

No os entiendo.

D. JUAN.

Yo tampoco;

Mas si entenderme quereis,

Como licencia me deis

(Propia dádiva de un loco),

Diré el dolor que me aqueja.

D. FÉLIX.

Sí doy. (_Ap._ ¡Empeño cruel!)

D. JUAN.

Pues enseñadme un papel

Que os dieron por esta reja.

D. FÉLIX.

Sólo eso en el mundo hubiera,

Siendo quien somos los dos,

Que yo no hiciera por vos;

Y no haciéndolo, quisiera

Que el crédito de mi fe

Os debiese crêr de mí

Que soy vuestro amigo.

D. JUAN.

Así

Lo creo; mas ¿no podré

(Viendo que habeis excusado,

Con pretexto de otro honor,

Ser tercero de mi amor,

Y que habiéndome llamado

Eugenia en el coche ahora,

Muy enojada me diga

Que ni la vea ni siga

Mas), no podré (¿quién lo ignora?)

Entrar en temor de que

Vuestra excusa y su crueldad

Nacen de otra novedad?

Y más viendo que llegué

A tiempo que daros ví

Por esa reja un papel,

Y que los secretos dél

Tanto recatais de mí,

Que turbado le escondais,

Habiendo yo el nombre oido

De Eugenia, y que ella ha sido

La que os dice que leais.

D. FÉLIX.

_(Ap.)_ ¡Válgame el cielo! ¿Qué haré?

Que el papel me llama á mí,

Y si me disculpo aquí,

A Don Pedro culparé.

D. JUAN.

¿Qué me respondeis?

D. FÉLIX.

Ya os tengo

Respondido con saber

Que soy, Don Juan, y he de ser

Amigo, y callar prevengo.

D. JUAN.

Confieso que sois mi amigo,

Y que vuestro huésped soy;

Pero el empeño en que estoy,

Vos le sabeis: y así, os digo

Sólo que me aconsejeis

En este lance, por Dios.

¿Qué hicierais conmigo vos?

D. FÉLIX.

Aunque contra mí teneis

Alguna razon, si yo

En el empeño me viera,

Que erais mi amigo creyera,

Y no os apurara.

D. JUAN.

No

Es tan fácil de tomar

Como de dar un consejo,

Y así de admitirle dejo,

Volviéndôs á suplicar

Que me enseñeis el papel.

D. FÉLIX.

Si otra causa no tuviera

Que la vuestra, yo lo hiciera.

D. JUAN.

Pues ¿hay otra causa en él

Más que ser suyo y venir

A vuestra mano?

D. FÉLIX.

Sí hay,

Pues la causa que le tray

Es la que no he de decir.

D. JUAN.

¿No fiais de mí un secreto?

D. FÉLIX.

Sí, mas no aqueste.

D. JUAN.

Mirad

Que puede nuestra amistad

Dilatar en mí el efeto

De verle, mas no excusalle.

D. FÉLIX.

Pues mirad cómo ha de ser,

Porque no le habeis de ver.

D. JUAN.

Saliéndonos á la calle.

D. FÉLIX.

Guiad donde quisiereis vos,

Que á guardarle estoy dispuesto. _(Vanse.)_

* * * * *

_Calle._

ESCENA IX.

DON PEDRO, _que se encuentra con_ DON FÉLIX, DON JUAN Y HERNANDO, _al

salir de la casa_.

D. PED.

¡Don Juan, Don Félix! ¿qué es esto?

¿Dónde vais así los dos?

D. FÉLIX.

Paseándonos vamos.

D. PED.

No

Es la deshecha bastante

A desmentir el semblante;

Y habiendo llegado yo

A tiempo que ya empuñadas

De ambos las espadas ví,

No habeis de pasar de aquí.

D. JUAN.

Prevenciones excusadas

Son las vuestras, vive el cielo.

HERNAN.

No son, que mi amo y Don Juan

A reñir, Don Pedro, van.

D. FÉLIX.

Calla, pícaro. _(Vase Hernando.)_

D. PED.

¿Qué duelo

Hay, que entre amigos lo sea

Que no se pueda ajustar,

Félix, ántes de llegar

Al último trance? Vea

Yo que haceis esto por mí,

Y sepa la causa.

D. FÉLIX.

Yo

No he de decirla, que no

Me está á mí bien.

D. JUAN.

A mí sí,

Que no quiero que se diga

Que sobre la obligacion

De huésped, es sinrazon

La que á este trance me obliga.

Y pues que sois caballero,

Que nos dejaréis reñir,

La ocasion he de decir...

D. FÉLIX.

No direis; porque primero

Yo...

D. PED.

Tened.

D. FÉLIX.

_(Ap.)_ ¡Oh quién pudiera

Su discurso suspender!

D. JUAN.

Que quiero con vos hacer

Lo que con otro no hiciera.

Yo, Don Pedro, he fiado

De Don Félix que estoy enamorado

De una dama; y habiéndome valido

Dél, no sólo[3] ayudarme ha pretendido,

Pero contra su honor, contra su fama,

Sé que festeja aquesta misma dama.

Ved si es justa mi queja,

Pues dándole un papel por esta reja...

[3] No solo _no_ ha pretendido ayudarme.

D. PED.

_(Ap.)_ ¡Qué es lo que escucho, cielos!

D. JUAN.

Oí (que oyen mucho contra sí los celos)

Que dijo la tercera

Que el dueño suyo Doña Eugenia era.

Su nombre dije, poco habrá importado

El haberla nombrado,

Siendo quien sois.

D. FÉLIX.

_(Ap.)_ Con nuevas penas lucho.

D. PED.

Esperad, que no importa, sino mucho,

Porque aquese desvelo

Me toca á mí con ambos, ¡vive el cielo!

Con vos, pues habeis sido

De Eugenia amante, que es la que he seguido;

Y con él, pues de vos á oir he llegado

Que está Don Félix de ella enamorado:

De suerte que en los dos vengar prevengo

La razon que teneis y la que tengo.

D. JUAN.

Si vos os declarais de Eugenia bella

Amante, cuando yo muero por ella,

Ya con vos es mayor empeño el mio,

Pues ya son dos de quien mis penas fío,

Y dos los que me ofenden.

D. FÉLIX.

Dos son tambien los que agraviar pretenden

Mi amistad, presumiendo

Que, siendo yo quien soy, á ambos ofendo,

Cuando en mi valor hallo

Que al uno por el otro su amor callo,

Y excusar el empeño solicito,

Pasando la fineza á ser delito.

D. JUAN.

¿Fineza es, cuando impío...

D. PED.

Cuando ingrato...

D. JUAN.

Con falsa fe...

D. PED.

Con fementido trato...

LOS DOS.

Ofendeis mi amistad?

D. FÉLIX.

Oidme primero,

Pues á los dos satisfacer espero.

D. JUAN.

Pláticas acortemos,

Y puesto que tenemos

Nuestro duelo empezado,

Venid conmigo.

D. PED.

Habiendo yo llegado

A tiempo que he sabido

Que los dos me ofendeis, ¿cómo he podido

Dejar de ir con los dos?

D. FÉLIX.

Y ¿cómo puedo

Yo dejar que los dos con tal denuedo

Presumais que traidor puedo haber sido?

LOS TRES.

De ambos está ofendido

Mi valor.

D. FÉLIX.

Por mi honor volver espero.

D. JUAN.

Calle la lengua pues, y hable el acero.

_(Riñen los tres.)_

ESCENA X.

DON ALONSO, DON TORIBIO.—DON FÉLIX, DON JUAN, DON PEDRO.

D. TORIB.

_(Dentro)_

¡Pendencia hay á la puerta de mi casa!

_(Salen Don Alonso y Don Toribio con espadas desnudas.)_

D. ALON.

¿Cómo entre tres amigos eso pasa?

D. JUAN.

Guárdeos Dios, que ya el duelo está acabado.

_(Vase.)_

D. ALON.

Esperad, porque habiendo yo llegado,

Ofendeis mi valor...

D. PED.

Nada esto ha sido.

(_Ap._ Seguir quiero á Don Juan, pues ya se ha ido.)

_(Vase.)_

D. TORIB.

Tenedlos, tio; que para ajustarlo,

Sobre mi ejecutoria han de jurarlo.

Aguardad; que ya vengo,

Miéntras voy á sacarla; que la tengo

Metida en las alforjas, como vino,

Porque no se me ajase en el camino.

D. ALON.

Merezca yo saber qué furia airada

Os ha obligado aquí á sacar la espada.

D. FÉLIX.

Nació esta competencia

Sobre una diferencia

Que en el juego los tres hemos tenido;

Y habiendo vos venido

A tan buena ocasion, no fuera justo

Que entre amigos durara este disgusto.

Perdonadme, señor, y dad permiso

Que los siga.

D. ALON.

Será muy cuerdo aviso.

Id, Don Félix, con Dios, que sabe el cielo

Que siento no cumplir hoy con el duelo,

Habiéndome aquí hallado.

_(Vase Don Félix.)_

(_Ap._ Pero es tal mi cuidado,

Que no éntre Don Toribio en mi sospecha,

Que más con él me importa la deshecha.)

_(Vanse.)_

* * * * *

_Cuarto de Eugenia en casa de Don Alonso._

ESCENA XI.

DON TORIBIO, _muy preocupado, trayendo á_ DON ALONSO _de la mano_.

D. ALON.

¿De qué tan pensativo

Habeis quedado?

D. TORIB.

Imaginando vivo,

Si nuestra solariega sangre acierta

En que riñendo, tio, á nuestra puerta,

Se vayan atufados

Sin ir los dos muy bien descalabrados,

Y áun los tres.

D. ALON.

¡Qué notable desvarío!

Pues ¿qué nos toca su disgusto?

D. TORIB.

¡Ay, tio!

¡Si hablara yo!...

D. ALON.

¿De qué es el sentimiento?

D. TORIB.

De mucho.

D. ALON.

Pues hablad.

D. TORIB.

Estadme atento.

Cuando yo iba á buscar fílis

Y fuisteis vos á traerme,

Desengañado de que

Burla de mi prima fuese,

Siendo hablilla que las damas

Decir por donaire suelen;

Al volver á casa, oimos

Voces, diciendo impaciente

Clara que un hombre habia en ella.

D. ALON.

Es verdad, y yendo á verle,

No le hallamos, aunque toda

La anduvimos.

D. TORIB.

Pues de aquese

Exámen que en ella hicimos

Todo mi dolor procede,

Todas mis penas se causan,

Y todos mis celos penden.

D. ALON.

¿Por qué?

D. TORIB.

Fáltame el aliento,

La voz duda, el labio teme...

Porque como no dejamos

Nada por ver diligentes,

Detrás de la cama (¡ay triste!)

De Eugenia...

D. ALON.

_(Ap.)_ ¡Cielos, valedme!

D. TORIB.

Ví...

D. ALON.

¿Qué? ¿Al hombre?

D. TORIB.

¡Mas nonada!

¿Verle y no darle la muerte?

¿No bastó ver...

D. ALON.

Proseguid.

D. TORIB.

Una clara seña, un fuerte

Indicio de que á deshora

En el cuarto salga y éntre?

D. ALON.

Ved, sobrino, qué decís:

No algun engaño os empeñe

A decir...

D. TORIB.

¿Cómo que engaño,

Si lo ví más claramente

Que cinco y cinco son diez,

Y diez y diez serán veinte?

D. ALON.

Pues ¿qué visteis?

D. TORIB.

Una escala

Que Eugenia escondida tiene.

D. ALON.

¿Escala escondida?

D. TORIB.

Sí,

Y de hartos pasos, con fuertes

Cuerdas y hierros atada.

D. ALON.

¡Vive Dios, si verdad fuese,

Que habia!...

D. TORIB.

¿Cómo verdad,

Si sólo porque la vieseis,

Os traigo aquí, cuando solo

Está el cuarto? Un punto breve

Esperáos: vereis cuán presto

Aquí la mirais patente. _(Vase.)_

D. ALON.

¡Ay de mí! No en vano, cielos,

Previne ausentar prudente

De la corte á Eugenia. Pero

Si ya Don Toribio tiene

Tan vivas sospechas, ¿cómo

Es posible que la llave?

Pues ya...

_(Vuelve Don Toribio con un guardainfante.)_

D. TORIB.

Mirad si es verdad...

Con más de dos mil pendientes

De gradas, aros y cuerdas.

D. ALON.

¡Necio, loco, impertinente!

¿Esa es escala?

D. TORIB.

Y escala

Que si se desdobla, debe

Poderse escalar con ella,

Segun las revueltas tiene,

La torre de Babilonia.

Esto es para quien lo entiende.

No la sé armar.

D. ALON.

¡Vive Dios,

Que no sé cómo consiente

Mi cólera no deciros

Mil pesares! porque ese

Es guardainfante, no escala.

D. TORIB.

¿Guarda... qué?

D. ALON.

¡Qué impertinente!

Guardainfante.

D. TORIB.

Peor es eso

Que esotro. ¿Qué infante tiene

Mi prima, que este le guarde?

D. ALON.

Hablar con vos es hacerme

Perder el juicio. No entienda

Aquesto nadie: volvedle

Donde estaba, y estimadme,

Bárbaro, y agradecedme

Que no os digo mil locuras. _(Vase.)_

D. TORIB.

Escalado seas mil veces,

Guardainfante de mi prima,

Quienquiera que fuiste y fueses:

¡Bueno me han puesto por tí

De bárbaro impertinente!...

Y hasta saber el oficio

Que en cas de mis primas tienes,

No he de parar.

_VOCES._

_(Dentro.)_ Pára, pára.

D. ALON.

_(Dentro.)_ Pues que ya mis hijas vienen,

Poned luces en su cuarto.

ESCENA XII.

MARI-NUÑO.—DON TORIBIO.

MARI-NU.

¡Ay de mí! que en él hay gente.

¿Quién es?

D. TORIB.

Yo soy, que no es nadie.

MARI-NU.

¿Qué haces aquí desta suerte,

Con aquese guardainfante?

D. TORIB.

Aquí, si saberlo quieres,

Me estaba pensando cosas...

MARI-NU.

Sitio habrá donde las pienses.

Suelta, y mira no te hallen

Aquí dentro cuando lleguen,

Que ya vienen.

D. TORIB.

Mira tú

No me obligues á que vengue

El pasado mojicon.

MARI-NU.

Mejor será, si lo adviertes,

No quieras que te dé otro.

D. TORIB.

¿Qué va que no es mayor que este?

_(Dala una puñada.)_

¡Ay, que me han muerto! ¡Señores,

Acudid á socorrerme!

¡Ay, que me matan!

ESCENA XIII.

EUGENIA, CLARA, DON ALONSO, BRÍGIDA.—DON TORIBIO, MARI-NUÑO.

D. ALON.

¿Qué es esto?

CLARA.

¡Qué voces!

EUGENIA.

¿Qué ruido es este?

D. TORIB.

Mari-Nuño, mi señora,

Estando en este retrete,

Porque la dije no más

Que buenas noches tuviese,

Puso las manos en mí.

MARI-NU.

Mas me dijo...

_(Ap. á Don Alonso, oyéndolo Don Toribio.)_

Pues pretende

Que le favorezca yo,

Porque dice que no quiere

Señora de guardainfante,

Y trae por testigo este,

De quien está haciendo burla.

D. TORIB.

¡Qué testimonio tan fuerte!

MARI-NU.

_(Ap.)_ A un traidor dos alevosos.

D. ALON.

_(Ap. á Mari-Nuño.)_

Advertid vos que no lleguen.

A entender nada las dos,

_(Ap. á Don Toribio.)_

Que de vuestras sencilleces,

O ignorancias ó locuras,

Estoy cansado de suerte...

Pero hablemos de otra cosa,

No sean delirios siempre.

_(A las damas.)_

¿Cómo en la fiesta os ha ido?

EUGENIA.

Como á quien viene, señor,

De ver el triunfo mayor

Que nuestra España ha tenido

Desde que su monarquía

A ser la mayor llegó.

D. ALON.

Ya que no lo he visto yo,

De algun consuelo sería

Oirlo de las dos aquí.

EUGENIA.

Yo, señor, te contaré

Lo que me acuerdo. (_Ap._ Veré

Si desvelar puedo así

La pena en que me ha tenido

La competencia cruel

Que vió Clara en su papel.)

CLARA.

_(Ap. á Mari-Nuño.)_

¿Viste á Félix?

MARI-NU.

Y advertido,

No dudo que venga.

CLARA.

Pues

Véle á abrir.

MARI-NU.

¿Cómo, si aquí

Todos están?

CLARA.

Mira, así.

(_A su padre._ Como atento nos estés,

Lo que ella olvide, señor,

Yo acordárselo pretendo.)

_(Ap. á Mari-Nuño.)_

¿Entiéndesme?

MARI-NU.

Ya te entiendo.

EUGENIA.

Oirás la fiesta mayor

Que habrás oido en tu vida.

CLARA.

Y vos oid tambien.

D. TORIB.

¿Pues no?

CLARA.

_(Ap. á Mari-Nuño.)_

Vé por él, miéntras que yo

Les doy con la entretenida.

_(Vase Mari-Nuño.)_

ESCENA XIV.

DON ALONSO, CLARA, EUGENIA, DON TORIBIO, BRÍGIDA.

EUGENIA.

Llegó el dia que trocando

La divina Marïana

En felices posesiones

Perezosas esperanzas,

De Madrid amanecieron,

Para su dichosa entrada,

En felices aparatos

Cubiertas calles y plazas.

Todas las vimos, porque

Transcendiendo por las vallas

Fingidas de jaspe y bronce,

Llegamos adonde estaba

En el Prado un arco excelso

Que á las nubes se levanta.

CLARA.

Teatro selecto, tomo 4 de 4 · 第 7 / 19 段