III

Por la misma época en que doña Angustias y su hija se establecían en

Huacho, llegó al lugar un mancebo de veinticinco años, buen mozo, de

aire truhán y picaresco y que probó ser hombre de escasos haberes, pues

arrendó un miserable tenducho en el que estableció una humildísima

cigarrería. La curiosidad de los vecinos no dejaba en reposo al

forastero, quien, dicho sea de paso, no gustaba de poca ni mucha

conversación con los huachanos. Un mozo tan nada amigo de amigos tenía

que ser la comidilla de la murmuración.

Una tarde llegaron dos viejas a la tienda, y después de comprar cigarros

se propusieron _meter letra_ con el forastero, y entre otras preguntas,

más o menos impertinentes, hubo las que consigna este diálogo.

--¿Y desde dónde ha venido usarced?

--Desde el Purgatorio.

La interpelante dió un salto, imaginándose que era ánima en pena quien

en realidad había residido en un frigidísimo mineral de Cajamarca

llamado Purgatorio. Repuesta de su espanto la curiosa vieja, aventuró

otra pregunta.

--¿Y qué piensa usarced hacer en Huacho?

--Cigarros y diabluras.

Nueva sorpresa para las viejas.

--¿Y qué edad tiene?

--¡La del demonio!--contestó fastidiado D. Dionisio.

Aquí las viejas se santiguaron y salieron a escape de la tienda. Las

contestaciones del cigarrero corrieron de boca en boca con notas y

comentarios, llevando a todos los ánimos la convicción de que el

forastero era por lo menos hereje y que el mejor día tendría Huacho la

visita de algún comisario de la Santa. Contribuyó también a que el

vecindario lo mirase como huésped peligroso la circunstancia de que no

le besaba la mano al padre cura ni asistía a la misa dominical,

pecadillos que en aquel siglo bastaban para que un prójimo tuviese que

habérselas con los torniceros de la Inquisición.

Las mejores tradiciones peruanas · 第 133 / 206 题