A las ocho de la mañana los oficiales y la tropa, antes de continuar la
marcha, almorzaban _pachamanca_ condimentada por D. Mauricio y su
_pongo_.
El cura dió por excusa para no comer con ellos que a las nueve tenía
obligación de celebrar; y terminado el desayuno abrazó a todos y los
acompañó algunas cuadras fuera del pueblo.
Pocas horas después aquellos infelices llegaban, sufriendo horribles
dolores de estómago, a otro pueblo vecino, donde la _médica_ o curandera
les dijo, tras breve examen, que estaban intoxicados; pero que ella
poseía un eficaz contraveneno. Dióles a beber no sé qué brebaje,
aplicóles al vientre un _cui_ negro, hízoles aspirar humo de lana de
carnero mocho, y les aseguró que ganarían como por ensalmo.
Sólo cuatro o cinco de los envenenados tuvieron la dicha de salvar, y
los restantes fueron al hoyo.