Estos escrúpulos de Halicarnaso nos traen a la memoria los del
conquistador Alonso Ruiz, a quien tocó buena partija en el rescate de
Atahualpa, y que hizo barbaridad y media con los pobres indios del Perú,
desvalijándolos a roso y velloso. Vuelto a España, con cincuenta mil
duros de capital, asaltóle el escrúpulo de si esa fortuna era bien o mal
habida, y fuése a Carlos V y le expuso sus dudas, terminando por regalar
al monarca los cincuenta mil. Carlos V admitió el apetitoso obsequio,
concedió el uso del _Don_ a Alonso Ruiz, y le asignó una pensión
vitalicia de mil ducados al año, que fué como decirle: «Come, que de lo
tuyo comes.»