II

El marqués se sintió como herido por un rayo.

Después de un rato de estupor, una chispa de esperanza brotó en su

espíritu.

Así es el corazón humano. La esperanza es lo último que nos abandona en

medio de los más grandes infortunios.

--¡Jactanciosa frase de mancebo pervertido! ¡Miente el infame¡--exclamó

el anciano.

Y llamó a su hija la dió la carta, síntesis de toda la vileza de que es

capaz el alma de un malvado, y la dijo:

--Lee y contéstame... ¿Ha mentido ese hombre?

La desdichada niña cayó de rodillas murmurando con voz ahogada por los

sollozos:

--Perdóname..., padre mío..., perdóname... ¡Lo amaba tanto!... ¡Pero te

juro que estoy avergonzada de mi amor por un ser tan indigno!...

¡Perdón! ¡Perdón!

El magnánimo viejo se enjugó una lágrima, levantó a su hija, la estrechó

entre sus brazos y la dijo:

--¡Pobre ángel mío!...

En el corazón de un padre es la indulgencia tan infinita como en Dios la

misericordia.

Las mejores tradiciones peruanas · 第 93 / 206 题