VI

Así Lavalle como Radiguet en _L’Amérique Espagnole_, y Merimée en su

comedia _La Carrosse du Saint Sacrement_, refieren que cuando el rey de

Nápoles que después fué Carlos III de España, concedió a Amat la gran

orden de San Jenaro (gracia que fué celebrada en Lima con fiestas

regias, pues hasta se lidiaron toros en la plaza Mayor) la _Perricholi_

tuvo la audacia de concurrir a ellas en carroza arrastrada por doble

tiro de mulas, privilegio especial de los títulos de Castilla.

«Realizó su intento--dice Lavalle--con grande escándalo de la

aristocracia de Lima; recorrió las calles y la Alameda en una soberbia

carroza cubierta de dorados y primorosas pinturas, arrastrada por cuatro

mulas conducidas por postillones brillantemente vestidos con libreas

galoneadas de plata, iguales a las de los lacayos que montaban en la

zaga. Mas cuando volvía a su casa, radiante de hermosura y gozando el

placer que procura la vanidad satisfecha, se encontró por la calle de

San Lázaro con un sacerdote de la parroquia que conducía a pie el

sagrado Viático. Su corazón se desgarró al contraste de su esplendor de

cortesana con la pobreza del Hombre-Dios, de su orgullo humano con la

humildad divina; y descendiendo rápidamente de su carruaje, hizo subir a

él al modesto sacerdote que llevaba en sus manos el cuerpo de Cristo.

Anegada en lágrimas de ternura, acompañó al Santo de los Santos,

arrastrando por las calles sus encajes y brocados; y no queriendo

profanar el carruaje que había sido purificado con la presencia de su

Dios, regaló en el acto carruaje y tiros, lacayos y libreas a la

parroquia de San Lázaro.»

El hecho es cierto tal como lo relata Lavalle, excepto en un pormenor.

No fué en los festejos dados a Amat por haber recibido la banda y cruz

de San Jenaro, sino en la fiesta de la Porciúncula (que se celebraba en

la iglesia de los padres descalzos, y a cuya Alameda concurría esa

tarde, en lujosísimos coches, toda la aristocracia de Lima), cuando la

_Perricholi_ hizo a la parroquia tan valioso obsequio.

No hace aún veinte años que en el patio de una casa-huerta, en la

Alameda, se enseñaba como curiosidad histórica el carruaje de la

_Perricholi_, que era de forma tosca y pesada, y que las inclemencias

del tiempo habían convertido en mueble inútil para el servicio de la

parroquia. El que esto escribe tuvo entonces ocasión de contemplarlo.

Las mejores tradiciones peruanas · 第 78 / 206 题