III

Acababa Amat de encargarse del gobierno del Perú cuando en 1762 conoció

en el teatro a la Villegas, que era la actriz mimada y que se hallaba en

el apogeo de su juventud y belleza. Era Miquita un fresco pimpollo, y el

sexagenario virrey, que por sus canas se creía ya asegurado de incendios

amorosos, cayó de hinojos ante las plantas de la huanuqueña, haciendo

por ella durante catorce años más calaveradas que un mozalbete, con no

poca murmuración de la almidonada aristocracia limeña, que era por

entonces un mucho estirada y mojigata.

El enamorado galán no tenía escrúpulo para presentarse en público con su

querida, y en una época en que Amat iba a pasar el domingo en

Miraflores, en la quinta de su sobrino el coronel D. Antonio Amat y

Rocaberti, veíasele en la tarde del sábado salir de palacio en la dorada

carroza de los virreyes, llevando a la _Perricholi_ a caballo en la

comitiva, vestida a veces de hombre y otras con lujoso faldellín celeste

recamado de franjas de oro y sombrerillo de plumas, que era Miquita muy

gentil equitadora.

Amat no fué un virrey querido en Lima, y eso que contribuyó bastante al

engrandecimiento de la ciudad. Acaso por esa prevención se exageraron

sus pecadillos, llegando la maledicencia de sus contemporáneos hasta

inventar que si emprendió la fábrica del Paseo de Aguas, fué sólo por

halagar a su dama, cuya espléndida casa era la que hoy conocemos vecina

a la Alameda de los Descalzos y al pie del muro del río. También

proyectó la construcción de un puente en la Barranca, en el sitio que

hoy ocupa el puente Balta.

Un librejo de esa época, destrozando a Amat en su vida, ya pública, ya

privada, lo pinta como el más insaciable de los codiciosos y el más

cínico defraudador del real tesoro.

Dice así: «La renta anual de Amat como virrey era de sesenta mil pesos,

y más doce mil por las gratificaciones de los ramos de Cruzada, Estanco

y otros, que en catorce años y nueve meses de gobierno hacen un millón

ochenta mil pesos. Calculo también en trescientos mil pesos, más bien

más que menos, cada año lo que sacaría por venta de los setenta y seis

corregimientos, veintiuna oficialías reales y demás innumerables cargos,

pues por el más barato recibía un obsequio de tres mil duros, y empleo

hubo por el que guardó veinte mil pesos. De estas granjerías y de las

_hostias sin consagrar_ no pudo en catorce años sacar menos de cinco

millones, amén de las onzas de oro con que por _cuelgas_ lo agasajaba el

Cabildo el día de su santo.»

El mismo maldiciente escritor dice que si Amat anduvo tan riguroso y

justiciero con los ladrones Ruda y Pulido, fué porque no quería tener

competidores en el oficio.

No poca odiosidad concitóse también nuestro virrey por haber intentado

reducir el área de los monasterios de las monjas, vender los terrenos

sobrantes y aun abrir nuevas calles cortando conventos que ocupan más de

una manzana; pero fué tanta la gritería que se armó, que tuvo Amat que

desistir del saludable propósito.

Y no se diga que fué hombre poco devoto el que gastó cien mil pesos en

reedificar la torre de Santo Domingo, el que delineó el camarín de la

Virgen de las Mercedes, costeando la obra de su peculio, y el que hizo

el plano de la iglesia de las Nazarenas y personalmente dirigió el

trabajo de albañiles y carpinteros.

Como más tarde contra Abascal, cundió contra Amat la calumnia de que,

faltando a la lealtad jurada a su rey y señor, abrigó el proyecto de

independizar el Perú y coronarse. ¡Calumnia sin fundamento!

Pero observó aquí que por dar alimento a mi manía de las murmuraciones

históricas, me voy olvidando que las genialidades de la _Perricholi_ son

el tema de esta tradición. «Pecado reparado, está casi perdonado.»

Las mejores tradiciones peruanas · 第 76 / 206 题