¿Fué la _Perricholi_ una belleza? No, si por belleza entendemos la
regularidad de las facciones y armonía del conjunto; pero si la gracia
es la belleza, indudablemente que Miquita era digna de cautivar a todo
hombre de buen gusto.
«De cuerpo pequeño y algo grueso, sus movimientos eran llenos de
vivacidad; su rostro oval y de un moreno pálido lucía no pocas
_cacarañas_ u hoyitos de viruelas, que ella disimulaba diestramente con
los primores del tocador; sus ojos eran pequeños, negros como el
_chorolque_ y animadísimos; profusa su cabellera, y sus pies y manos
microscópicos; su nariz nada tenía de bien formada, pues era de las que
los criollos llamamos ñatas; un lunarcito sobre el labio superior hacía
irresistible su boca, que era un poco abultada, en la que ostentaba
dientes menudos y con el brillo y limpieza de marfil; cuello bien
contorneado, hombros incitantes y seno turgente. Con tal mezcla de
perfecciones e incorrecciones podía pasar hoy mismo por bien laminada o
buena moza.» Así nos la retrató hace ya fecha un imparcial y prosaico
anciano que alcanzó a conocerla en sus tiempos de esplendor, retrato que
dista no poco del que con tan espiritual como galana pluma hizo
Lavalle.
Añádase a esto que vestía con elegancia extrema y refinado gusto, y que
sin ser limeña tenía toda la genial travesura y salpimentado chiste de
la limeña.